jueves, 25 de mayo de 2017

Madre soltera, pero no sola


Ya pasaron ocho meses desde que, con una mezcla de miedo y nervios, le dije a mi mamá “Lo voy a tener”. Me abrazó, se puso más nerviosa que yo, se largó a llorar, fuimos al encuentro de mi papa, “Lo va a tener”, le dijo. Se emocionaron. Me abrazaron. Y así comenzó mi embarazo.

¿El papá del bebé? Seis años “juntos”. Cuatro de novia (incluyendo dos de convivencia) y los últimos dos años yendo y viniendo. Escapada romántica veraniega que terminó en embarazo. Desconcierto. Dudas. Miedos. Peleas.

Vivir un embarazo soltera es difícil. No hay muchos grupos de apoyo (o yo no los encontré), por lo que me refugié en cuanto curso pude para conectar con mi cuerpo y con el bebé de la mejor forma posible (yoga y natación para embarazadas, escritura, meditación, alfarería.).

A los muchos cambios físicos y emocionales que conlleva un embarazo, en mi caso se sumó un regreso al país después de 6 años de vivir en el exterior, con todo lo que eso implica a nivel social y económico. Volver a “hacerme amiga de mis amigas”, a compartir espacios cotidianos con la familia, cambiar de trabajo. Por suerte tuve un entorno incondicional (familia, amigas y conocidos) que hicieron hasta lo imposible por ayudarme a levantarme y a atravesar los nueve meses lo más entera posible (y a disfrutar, ¿por qué no?).

No voy a mentir. Repito: fue difícil. Tuve semanas en las que hasta levantarme de la cama cada día me costaba un mundo. Momentos en los cuales el llanto y la angustia me invadían por completo. Desconsoladamente. Me acuerdo que un día mi mamá me dijo “te veo con los ojos tristes”. Y por supuesto los iba a tener tristes. No lograba entender lo que había pasado, cómo mi vida había cambiado tan rápido, de una forma maravillosa, pero a la vez dolorosa.

Como imagino le pasa a toda mujer, el embarazo me atravesó por completo, física y mentalmente. Pronto me di cuenta de que “no sabía nada”: ¿cuáles son los cuidados que una tiene que tener durante el embarazo? ¿cómo se puede hacer para ayudar al bebé a crecer lo más sano posible? ¿cuáles son los cambios que experimenta el cuerpo durante esos nueve meses? ¿qué tipo de parto quiero? Y así muchas preguntas más.

Encontré en el embarazo la necesidad y la excusa para explorar un mundo fascinante. Empecé a leer los típicos libros de maternidad, algunos más alternativos e incluso otros que abordaban el tema de manera antropológica. Creo que al vivir un embarazo soltera, la necesidad de buscar espacios de encuentro con otras embarazadas o de leer sobre el tema fue un poco más fuerte que en general (no quería tampoco volverme monotemática con la gente que no estaba en el mismo proceso).

De a poco fui aceptando los cambios en mi vida que se iban haciendo tangibles en mi cuerpo. En el sexto mes me salió la barriga (sí, un poco tarde!). En cuestión de 15 días pasé de una pancita tímida a una panza enorme. Los movimientos del bebé se fueron haciendo más fuertes y frecuentes. Aún dentro de la panza, el bebé empezaba a tener una presencia afuera. Y yo de a poco empecé a sentirme mejor, más fuerte, más entera.

Comprendí la importancia de la decisión que había tomado. Tener un hijo soltera es una decisión fuerte y valiente, que en silencio grita: “Vivir vale la pena”. Empecé a sentirme orgullosa por lo que estaba pasando, y me relajé.

Santi llegó a este mundo la madrugada del 19 de marzo (un día antes de mi cumpleaños numero 31 y el mismo Día del Padre) rodeado de amor, en un parto mucho más rápido de lo que había imaginado (5 horas desde que rompí bolsa hasta que salió!) y mucho más lindo (al parto me acompaño mi mamá / su abuela!). Las primeras semanas con él no fueron fáciles pero -ahora que pasaron- tampoco tan difíciles. De nuevo, el apoyo de familiares y amigos estuvo siempre allí para cuidarnos y mimarnos. Porque ahora somos dos.

Agradezco muchísimo estar rodeada de gente que me hizo dar cuenta de que lo que me estaba pasando es un regalo de la vida. Suena cliché, pero cada día que lo veo a Santi moverse como loco dando pataditas al aire, disfrutando de un baño, o poniendo cara de aburrido cuando está por dormirse me doy cuenta de que es así. De a poco lo voy descubriendo, conociendo, entendiendo sus llantos, sus silencios, sus miradas. Y amándolo más.

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