Sus hijos pueden ser de gran ayuda a la hora de preparar la cena. Además, es un momento excelente para compartir más con ellos. Primero debe establecer y definir las tareas de acuerdo con su edad.
Algunas ideas. Por ejemplo, si tienen menos de 3 años, puede preparar una minicocina de juguete, ahí pueden familiarizarse con los utensilios que se utilizan en la cocina mientras usted termina la cena. Si sus hijos tienen de 3 a 5 años pueden ayudarle buscando ciertos ingredientes y haciendo tareas básicas. No deje que utilicen cuchillos ni herramientas afiladas. Para los que ya están en cursos primarios puede asignarles tareas más avanzadas, como medir la harina o el azúcar. También puede darles la oportunidad de comenzar a preparar cosas simples, bajo su supervisión. Si sus niños están entre las edades de 10 a 12 años, es hora de que preparen recetas sencillas. Pueden hornear galletas, hacer una pasta simple o pancakes. Con estos consejos sus hijos serán parte esencial de la cocina de su hogar.
domingo, 31 de enero de 2016
sábado, 30 de enero de 2016
Mi hijo no quiere comer
La alimentación debe ser un hábito, que se va creando en el niño desde el momento en que se le introducen alimentos diferentes a la leche, por lo que se ha propuesto que al educar a los niños a comer verduras antes de conocer las frutas serán menos selectivos a lo dulce en lo sucesivo, y se acostumbrará al niño a comer con el mismo agrado cualquier alimento.
El horario es otra medida importante pues si permitimos que los niños tengan acceso a los alimentos constantemente, y sin horas establecidas, favorecemos la aparición de "antojos" y el niño solo comerá cuando lo que se le ofrezca sea atractivo, sin reparar en cantidad o calidad. Además, evitar que coman entre comidas logrará que cuando el niño tome sus alimentos lo haga en forma ordenada y que no se les distraiga el apetito.
La diversidad de platillos que se ofrece a los niños también deberá ser amplia, con la finalidad de que aprendan a comer de todo y no se fastidien de un mismo menú.
Evitar también riñas y castigos a la hora de comer ayudará a que el niño no sienta que la hora de la comida es una agresión.
¿Qué utilidad tienen las vitaminas y los estimulantes del apetito?
La utilidad de medicamentos como vitaminas y estimulantes del apetito es controvertida, ya que primero se debe descartar que el niño sea portador de alguna enfermedad, después tener en cuenta las medidas de disciplina en los hábitos de alimentación y posteriormente tener presente que existen muchos medicamentos que efectivamente estimulan el apetito, actuando en el cerebro en el centro que provoca la sensación de hambre.
Así, dichas medicinas se pueden administrar cuando un médico va a vigilar a los niños, porque pueden tener efectos secundarios como es la baja de glucosa en forma súbita, lo cual se presenta como un desmayo, por ejemplo, tornándose entonces una situación angustiante, puesto que no se conocen los efectos secundarios de estos estimulantes del apetito.
O bien no todos los niños tienen la misma susceptibilidad, algunos otros pueden tener mucho sueño y sed en forma transitoria, pero en otros niños el efecto es inmediato y la manifestación de hambre se hace evidente.
Los complementos vitamínicos pueden auxiliar en las situaciones de carencias específicas, más no sustituyen una comida, es decir si un niño no está comiendo en forma balanceada no se debe de pretender equilibrar su dieta con solo administrar vitaminas.
En algunos niños es muy evidente que la administración de hierro, por ejemplo incremente el apetito, pero también es cierto que dosis elevadas de vitaminas lo inhiben.
De tal forma que lejos de ser nocivo, dar medicamentos para que un niño coma bien, es aconsejable tener presente todas las causas de anorexia o falta de apetito en los niños pequeños ya que este puede ser el dato cardinal de alguna enfermedad que se esté desarrollando.
Si bien el objetivo no es alarmarse sin razón, sí es el crear conciencia de que una adecuada vigilancia pediátrica puede manejar estas situaciones antes de que se conviertan un serio problema de salud.
El horario es otra medida importante pues si permitimos que los niños tengan acceso a los alimentos constantemente, y sin horas establecidas, favorecemos la aparición de "antojos" y el niño solo comerá cuando lo que se le ofrezca sea atractivo, sin reparar en cantidad o calidad. Además, evitar que coman entre comidas logrará que cuando el niño tome sus alimentos lo haga en forma ordenada y que no se les distraiga el apetito.
La diversidad de platillos que se ofrece a los niños también deberá ser amplia, con la finalidad de que aprendan a comer de todo y no se fastidien de un mismo menú.
Evitar también riñas y castigos a la hora de comer ayudará a que el niño no sienta que la hora de la comida es una agresión.
¿Qué utilidad tienen las vitaminas y los estimulantes del apetito?
La utilidad de medicamentos como vitaminas y estimulantes del apetito es controvertida, ya que primero se debe descartar que el niño sea portador de alguna enfermedad, después tener en cuenta las medidas de disciplina en los hábitos de alimentación y posteriormente tener presente que existen muchos medicamentos que efectivamente estimulan el apetito, actuando en el cerebro en el centro que provoca la sensación de hambre.
Así, dichas medicinas se pueden administrar cuando un médico va a vigilar a los niños, porque pueden tener efectos secundarios como es la baja de glucosa en forma súbita, lo cual se presenta como un desmayo, por ejemplo, tornándose entonces una situación angustiante, puesto que no se conocen los efectos secundarios de estos estimulantes del apetito.
O bien no todos los niños tienen la misma susceptibilidad, algunos otros pueden tener mucho sueño y sed en forma transitoria, pero en otros niños el efecto es inmediato y la manifestación de hambre se hace evidente.
Los complementos vitamínicos pueden auxiliar en las situaciones de carencias específicas, más no sustituyen una comida, es decir si un niño no está comiendo en forma balanceada no se debe de pretender equilibrar su dieta con solo administrar vitaminas.
En algunos niños es muy evidente que la administración de hierro, por ejemplo incremente el apetito, pero también es cierto que dosis elevadas de vitaminas lo inhiben.
De tal forma que lejos de ser nocivo, dar medicamentos para que un niño coma bien, es aconsejable tener presente todas las causas de anorexia o falta de apetito en los niños pequeños ya que este puede ser el dato cardinal de alguna enfermedad que se esté desarrollando.
Si bien el objetivo no es alarmarse sin razón, sí es el crear conciencia de que una adecuada vigilancia pediátrica puede manejar estas situaciones antes de que se conviertan un serio problema de salud.
Individualidad en el matrimonio
El amor es fundamental en la relación del matrimonio, pero también son imprescindibles varios factores que se deben tomar en cuenta, en la relación de pareja ambos son quienes deben tomar responsabilidades de igual manera para que crezca mayor compromiso y responsabilidad en ambos.
Lo que ocurre algunas veces es que ya sea el hombre o la mujer se hace responsable de la mayoría de las actividades y no son compartidas con su pareja, la verdadera fuerza de la pareja consiste en unir capacidades y fortalezas.
Individualidad significa crecimiento personal, enriquecer las habilidades que a uno les gusta con la realización de actividades, no se debe confundir éste significado ya que algunas personas confunden la individualidad ocultando o haciendo cosas sin que sepa su pareja.
La relación de matrimonio debe ser abierta y comprometida, amar de forma sana y saludable, el crecimiento personal se debe dar en ambas partes, muchas veces sólo uno es quien estudia, trabaja o se supera constantemente sin dar oportunidad a su pareja.
Se debe procurar que las decisiones sean tomadas por ambos y en mutuo acuerdo y no así imponer decisiones sin consultar antes con la pareja, mantener una comunicación clara y que ésta además sea fructífera ayuda a consolidar el matrimonio.
Algunas personas no quieren llegar a comprometerse porque consideran que el matrimonio es sinónimo de esclavitud, en que además se pierde la libertad de hacer cosas o tomar decisiones, sin embargo, el sólo hecho de casarse no garantiza el éxito del matrimonio, el éxito dependerá del grado de compromiso que ambos adquieran.
Se debe estar consciente que en la vida de matrimonio se debe ser independiente en lugar de estar buscando una libertad falsa y mal entendida, en el momento en que uno se casa es preciso establecer cuáles son los objetivos y metas para que ambos se complementen y se unan esfuerzos para conseguir lo propuesto.
En la relación de pareja no se debe olvidar que cada uno son individuos diferentes con personalidades, gustos y hobbies propios y para compartir la vida con una persona no se pierde la esencia de uno mismo, se deben crear espacios personales para lograr con mayor facilidad un equilibrio que facilitará encuentros saludables sin perder la individualidad.
Lo que ocurre algunas veces es que ya sea el hombre o la mujer se hace responsable de la mayoría de las actividades y no son compartidas con su pareja, la verdadera fuerza de la pareja consiste en unir capacidades y fortalezas.
Individualidad significa crecimiento personal, enriquecer las habilidades que a uno les gusta con la realización de actividades, no se debe confundir éste significado ya que algunas personas confunden la individualidad ocultando o haciendo cosas sin que sepa su pareja.
La relación de matrimonio debe ser abierta y comprometida, amar de forma sana y saludable, el crecimiento personal se debe dar en ambas partes, muchas veces sólo uno es quien estudia, trabaja o se supera constantemente sin dar oportunidad a su pareja.
Se debe procurar que las decisiones sean tomadas por ambos y en mutuo acuerdo y no así imponer decisiones sin consultar antes con la pareja, mantener una comunicación clara y que ésta además sea fructífera ayuda a consolidar el matrimonio.
Algunas personas no quieren llegar a comprometerse porque consideran que el matrimonio es sinónimo de esclavitud, en que además se pierde la libertad de hacer cosas o tomar decisiones, sin embargo, el sólo hecho de casarse no garantiza el éxito del matrimonio, el éxito dependerá del grado de compromiso que ambos adquieran.
Se debe estar consciente que en la vida de matrimonio se debe ser independiente en lugar de estar buscando una libertad falsa y mal entendida, en el momento en que uno se casa es preciso establecer cuáles son los objetivos y metas para que ambos se complementen y se unan esfuerzos para conseguir lo propuesto.
En la relación de pareja no se debe olvidar que cada uno son individuos diferentes con personalidades, gustos y hobbies propios y para compartir la vida con una persona no se pierde la esencia de uno mismo, se deben crear espacios personales para lograr con mayor facilidad un equilibrio que facilitará encuentros saludables sin perder la individualidad.
Introversión y extroversión en la niñez
En ocasiones los padres suelen etiquetar a su niño de introvertido o extrovertido, sin conocer en profundidad qué cualidades positivas o negativas puedan tener estos términos. En muchos casos, el ser introvertido es visto con preocupación, porque se piensa que el niño no podrá adaptarse o relacionarse en el grupo al que integre.
“Para el psiquiatra Carl Jung, las personas introvertidas prefieren su mundo interno de pensamientos, sentimientos, fantasías y sueños, mientras que las extrovertidas prefieren el mundo externo de las cosas, las actividades y las personas”, dijo la psicóloga de Psinergia, Estela Loza.
Ambos términos son confundidos con el ser tímido o sociable debido, en parte, a que los introvertidos suelen tener ciertos rasgos de timidez y los extrovertidos de sociabilidad. Nadie es completamente ni lo uno ni lo otro. Sin embargo, cada individuo trata de favorecer una u otra actitud según la situación en que se encuentre.
CARACTERÍSTICAS
Según el autor Jung las principales características del extrovertido e introvertido son: las diferencias en su manera de pensar y de aprender. Por lo general, los extrovertidos son más sociables que los introvertidos, están más orientados a la acción y son más espontáneos. Los introvertidos no necesitan a los demás para estar contentos, tratan de entender las situaciones con mayor interés que los extrovertidos y son más reflexivos.
Los extrovertidos aprenden mejor explicando las cosas a otros, les resulta fácil trabajar en grupo e incluso lo encuentran divertido. El introvertido necesita entender toda la película para comprender totalmente, porque considera que un conocimiento es verdadero si aprende la relación entre los temas que lo conforman.
“Un niño introvertido utiliza sus herramientas consigo mismo, todo lo que realiza lo hace interiormente, se caracteriza por pensar en solitario, no requiere estar en sociedad, reflexiona sobre sí mismo, le gusta jugar con pocos amigos, no tiene mucho contacto con otros pequeños”, explicó Loza.
En cambio, el extrovertido tiene mayor capacidad para sentirse cómodo con otras personas y su forma de reflexionar va a depender de los demás, con el fin de extraer lo que necesite. Disfruta de la compañía de sus amigos, su charla, y en su juventud le gusta las fiestas, su visión se centra en lo externo.
“Existen muchos niños que siendo introvertidos, viven una situación que les permite sentirse cómodos y encuentran una herramienta de extroversión y van desarrollo esta cualidad a lo largo de su vida. Tanto la introversión como la extroversión fluctúan, no es algo que permanezca estático”, dijo la psicóloga.
Sucede que muchas personas piensan que la introversión es algo negativo para el niño y se ponen a pensar en que no podrá comunicarse, relacionarse con los demás y, peor aún, que estará indefenso frente al resto del grupo. Muchos llegan con esta inquietud y se encuentran con que hay que trabajar otros aspectos personales.
“Recuerdo un caso de un niño de 7 años, cuya madre muy preocupada trajo a su hijo porque tenía solo un amigo, no se comunicaba con la profesora ni con sus compañeros. Sucedía que el niño se sentía más cómodo actuando de esa manera y solo fue necesario trabajar en su autoconfianza. Además de trabajar con el sentimiento de culpa que tenía la madre, porque era hijo único, entre otros aspectos”, acotó Loza.
Los padres no deben presionar a los niños que son introvertidos a que cambien de una capacidad a otra rápidamente, simplemente deben respetar los tiempo de los niños y brindarles confianza, para que pasen de un estado al otro sin inconvenientes, porque de lo contrario van a provocar que el introvertido se cierre en sí mismo y no salga más de su mundo interno.
sábado, 23 de enero de 2016
El miedo en el niño
El miedo es un estado natural por el que todo ser humano atraviesa en algún momento de la vida, se puede llegar a tener miedo debido a la pérdida de personas queridas, fracasos, objetos, animales, etc. sin embargo, estos miedos pueden ser controlados e incluso en algunos casos perderlos.
El miedo se puede apoderar de las personas en cualquier momento y para una persona adulta es más fácil controlarlo, sin embargo, el miedo que pueden llegar a sentir algunos niños es diferente, los niños viven el miedo con mayor intensidad y tiene una duración más larga.
El miedo en los niños varía según la connotación y significancia que dan cada uno de ellos, además, se debe tomar en cuenta las experiencias que tuvieron que vivir para sentir el miedo, las diversas etapas en la niñez pueden caracterizarse por diferentes miedos.
Por ejemplo, en los primeros meses de vida hasta el año, el niño siente temor por los sonidos fuertes, alturas, objetos que le parezcan amenazantes y principalmente la separación del adulto con el que con más contacto se encuentre, pueden ser los padres o las personas que lo cuidan.
A medida que va creciendo los temores pueden ser los mismos, pero no con la misma intensidad o pueden aparecer otros, del año de vida a los dos años y medio aproximadamente los niños aún sienten temor cuando se separan de las personas a las que están acostumbrados.
Pero en esta etapa también siente miedo cuando conocen a extraños, a algunos animales o los sonidos que estos emiten, otros temen a las tormentas, cuando el niño empieza a ir a guarderías o se encuentran en etapa preescolar esto suele ser de 3 a 6 años, el niño teme a la oscuridad, no quiere estar solo, con algunos animales en específico o seres que ellos imaginan.
De los seis a los once, los miedos son escolares, temen a la muerte, en especial de seres queridos, problemas de salud, tienen miedos relacionados con su entorno social como miedo a perder a sus amigos, a quedar en ridículo, no ser aceptado por un grupo determinado.
De 11 a 13 años, se incrementan los miedos sociales y principalmente la autoimagen, el miedo a verse mal, con pautas precisas los miedos irán desapareciendo y los niños sabrán cómo afrontarlos en posteriores etapas y les servirá para el resto de su vida, pero si no se trabajan en forma apropiada pueden convertirse en fobias y perjudicar al niño.
El miedo se puede apoderar de las personas en cualquier momento y para una persona adulta es más fácil controlarlo, sin embargo, el miedo que pueden llegar a sentir algunos niños es diferente, los niños viven el miedo con mayor intensidad y tiene una duración más larga.
El miedo en los niños varía según la connotación y significancia que dan cada uno de ellos, además, se debe tomar en cuenta las experiencias que tuvieron que vivir para sentir el miedo, las diversas etapas en la niñez pueden caracterizarse por diferentes miedos.
Por ejemplo, en los primeros meses de vida hasta el año, el niño siente temor por los sonidos fuertes, alturas, objetos que le parezcan amenazantes y principalmente la separación del adulto con el que con más contacto se encuentre, pueden ser los padres o las personas que lo cuidan.
A medida que va creciendo los temores pueden ser los mismos, pero no con la misma intensidad o pueden aparecer otros, del año de vida a los dos años y medio aproximadamente los niños aún sienten temor cuando se separan de las personas a las que están acostumbrados.
Pero en esta etapa también siente miedo cuando conocen a extraños, a algunos animales o los sonidos que estos emiten, otros temen a las tormentas, cuando el niño empieza a ir a guarderías o se encuentran en etapa preescolar esto suele ser de 3 a 6 años, el niño teme a la oscuridad, no quiere estar solo, con algunos animales en específico o seres que ellos imaginan.
De los seis a los once, los miedos son escolares, temen a la muerte, en especial de seres queridos, problemas de salud, tienen miedos relacionados con su entorno social como miedo a perder a sus amigos, a quedar en ridículo, no ser aceptado por un grupo determinado.
De 11 a 13 años, se incrementan los miedos sociales y principalmente la autoimagen, el miedo a verse mal, con pautas precisas los miedos irán desapareciendo y los niños sabrán cómo afrontarlos en posteriores etapas y les servirá para el resto de su vida, pero si no se trabajan en forma apropiada pueden convertirse en fobias y perjudicar al niño.
jueves, 21 de enero de 2016
La pérdida en la vida de un niño
Alberto tiene seis años y acaba de perder a su papá. Su madre y sus abuelos no saben cómo decírselo ni cómo actuar para que lo supere. Darle la noticia de forma clara, fomentar el diálogo y trabajar en todos los ámbitos de su vida ayudarán a que el niño integre esa pérdida en su vida y que siga siendo feliz.
La rabia, la no aceptación y conductas de mal comportamiento para llamar la atención son síntomas de que un niño no está atravesando su duelo por la pérdida de un ser querido de forma correcta.
Por eso, la psicóloga infantil del Centro Álava Reyes, Silvia Álava, aconseja trabajar “con todas las áreas del niño: padres, colegio, hermanos o abuelos” además de las sesiones con el psicólogo en consulta.
Silvia Álava trató el tema del duelo, en concreto en la infancia, en el VIII Congreso Internacional y XIII Nacional de Psicología Clínica que tuvo lugar en Granada, a finales de noviembre.
Verbalizar para no enquistar el problema
¿Cómo darle a un niño la trágica noticia de, por ejemplo, la muerte de su padre o de su madre? “Aunque suene muy duro, hay que decirle al niño: murió, eso significa que no va a volver”, apunta la psicóloga infantil.
Es muy importante aclarar al menor la idea de la muerte como el no retorno, pues a veces son tan pequeños que no entienden qué significa morir.
También hay que evitar retrasar ese momento, pues el niño sabe que algo ha pasado. Silvia Álava recomienda ser directos pero sin excesos: “No les podemos ocultar la información, pero tampoco hay que darle más de lo que necesita por su edad, no hay que entrar en detalles”.
Una vez recibida la noticia, comienza el duelo. El primer paso es la expresión, que el niño sea capaz de verbalizar su estado “con una serie de estrategias de regulación emocional”, según la especialista.
“Hablar del tema cuando ha habido una pérdida evita que se enquiste el problema”, añade.
El duelo puede verse interrumpido o no iniciarse si el niño no habla, si no tiene un espacio para comentar cómo se siente. Además, hay ocasiones en las que el menor ve tan triste al adulto superviviente que tiende a protegerlo y no expresarse delante de él.
Álava explica que, en definitiva, en el duelo, hay que trabajar la memoria autobiográfica: ser capaces de integrar la pérdida del ser querido y, aunque en determinado momento le invada la tristeza, hay que aprender a ser felices aunque esa persona ya no esté.
Niños estimulados, emociones más inteligentes
En el mismo Congreso de Psicología Clínica de Granada, Silvia Álava se encargó de desarrollar un tema ligado a la infancia y con aplicaciones también en el duelo: Inteligencia Emocional: aplicaciones en la clínica infantil.
“La inteligencia emocional es un subconjunto de inteligencia social que comprende la capacidad de controlar los sentimientos y las emociones propios y de los demás, discriminar entre ellas y utilizar esta información para guiar nuestro crecimiento y nuestras acciones”, define Álava.
Para que el niño adquiera esa inteligencia, es imprescindible la estimulación desde su más temprana edad, pues su falta “va a tener un coste muy alto” en el desarrollo de su cerebro y sus relaciones con el entorno.
Esa estimulación en bebés comienza con el “diálogo tónico”, ese tono de voz característico de una madre al hablar a su hijo, con interrogaciones o exclamaciones, así como besos, mimos y caricias que crean un apego de seguridad.
En el taller de tres horas que impartió Silvia Álava sobre este tema, los psicólogos aprendieron los factores y modelos para trabajar el desarrollo de los niños “cuyo cerebro está en continuo crecimiento”, matiza la experta.
CUATRO CLAVES
La psicóloga española Patricia Díaz Seoane, de la Fundación Mario Losantos del Campo (FMLC) aconseja tener en cuenta cuatro cosas básicas para comunicar la muerte a los niños.
CLAVE 1. La muerte es universal.
“Deben comprender que todos nos vamos a morir, pero que es excepcional en personas jóvenes. Si uno de los dos progenitores muere, la preocupación del niño será cuándo se va a morir el otro, quién le llevaría a él al ‘cole’ en ese caso. Por eso es importante garantizarles sus rutinas y que se sientan arropados”.
CLAVE 2. La muerte es irreversible.
“La metáfora del viaje puede hacer que se queden esperando que el ser querido vuelva, que se pregunten si va a venir a su cumpleaños...”.
CLAVE 3. El cuerpo ha dejado de funcionar. “Otras explicaciones habituales, como que el abuelo se ha quedado dormido, pueden hacer que cojan miedo”.
CLAVE 4. Los sentimientos no se esconden.
“Ellos pueden manifestar su tristeza en forma de rabia o enfados, por eso es importante hablar con ellos, decirles que les comprendemos, que los adultos también se sienten mal. Si nos escondemos a llorar, pensarán que es algo malo que hay que ocultar y harán lo mismo”.
La rabia, la no aceptación y conductas de mal comportamiento para llamar la atención son síntomas de que un niño no está atravesando su duelo por la pérdida de un ser querido de forma correcta.
Por eso, la psicóloga infantil del Centro Álava Reyes, Silvia Álava, aconseja trabajar “con todas las áreas del niño: padres, colegio, hermanos o abuelos” además de las sesiones con el psicólogo en consulta.
Silvia Álava trató el tema del duelo, en concreto en la infancia, en el VIII Congreso Internacional y XIII Nacional de Psicología Clínica que tuvo lugar en Granada, a finales de noviembre.
Verbalizar para no enquistar el problema
¿Cómo darle a un niño la trágica noticia de, por ejemplo, la muerte de su padre o de su madre? “Aunque suene muy duro, hay que decirle al niño: murió, eso significa que no va a volver”, apunta la psicóloga infantil.
Es muy importante aclarar al menor la idea de la muerte como el no retorno, pues a veces son tan pequeños que no entienden qué significa morir.
También hay que evitar retrasar ese momento, pues el niño sabe que algo ha pasado. Silvia Álava recomienda ser directos pero sin excesos: “No les podemos ocultar la información, pero tampoco hay que darle más de lo que necesita por su edad, no hay que entrar en detalles”.
Una vez recibida la noticia, comienza el duelo. El primer paso es la expresión, que el niño sea capaz de verbalizar su estado “con una serie de estrategias de regulación emocional”, según la especialista.
“Hablar del tema cuando ha habido una pérdida evita que se enquiste el problema”, añade.
El duelo puede verse interrumpido o no iniciarse si el niño no habla, si no tiene un espacio para comentar cómo se siente. Además, hay ocasiones en las que el menor ve tan triste al adulto superviviente que tiende a protegerlo y no expresarse delante de él.
Álava explica que, en definitiva, en el duelo, hay que trabajar la memoria autobiográfica: ser capaces de integrar la pérdida del ser querido y, aunque en determinado momento le invada la tristeza, hay que aprender a ser felices aunque esa persona ya no esté.
Niños estimulados, emociones más inteligentes
En el mismo Congreso de Psicología Clínica de Granada, Silvia Álava se encargó de desarrollar un tema ligado a la infancia y con aplicaciones también en el duelo: Inteligencia Emocional: aplicaciones en la clínica infantil.
“La inteligencia emocional es un subconjunto de inteligencia social que comprende la capacidad de controlar los sentimientos y las emociones propios y de los demás, discriminar entre ellas y utilizar esta información para guiar nuestro crecimiento y nuestras acciones”, define Álava.
Para que el niño adquiera esa inteligencia, es imprescindible la estimulación desde su más temprana edad, pues su falta “va a tener un coste muy alto” en el desarrollo de su cerebro y sus relaciones con el entorno.
Esa estimulación en bebés comienza con el “diálogo tónico”, ese tono de voz característico de una madre al hablar a su hijo, con interrogaciones o exclamaciones, así como besos, mimos y caricias que crean un apego de seguridad.
En el taller de tres horas que impartió Silvia Álava sobre este tema, los psicólogos aprendieron los factores y modelos para trabajar el desarrollo de los niños “cuyo cerebro está en continuo crecimiento”, matiza la experta.
CUATRO CLAVES
La psicóloga española Patricia Díaz Seoane, de la Fundación Mario Losantos del Campo (FMLC) aconseja tener en cuenta cuatro cosas básicas para comunicar la muerte a los niños.
CLAVE 1. La muerte es universal.
“Deben comprender que todos nos vamos a morir, pero que es excepcional en personas jóvenes. Si uno de los dos progenitores muere, la preocupación del niño será cuándo se va a morir el otro, quién le llevaría a él al ‘cole’ en ese caso. Por eso es importante garantizarles sus rutinas y que se sientan arropados”.
CLAVE 2. La muerte es irreversible.
“La metáfora del viaje puede hacer que se queden esperando que el ser querido vuelva, que se pregunten si va a venir a su cumpleaños...”.
CLAVE 3. El cuerpo ha dejado de funcionar. “Otras explicaciones habituales, como que el abuelo se ha quedado dormido, pueden hacer que cojan miedo”.
CLAVE 4. Los sentimientos no se esconden.
“Ellos pueden manifestar su tristeza en forma de rabia o enfados, por eso es importante hablar con ellos, decirles que les comprendemos, que los adultos también se sienten mal. Si nos escondemos a llorar, pensarán que es algo malo que hay que ocultar y harán lo mismo”.
miércoles, 20 de enero de 2016
¿Por qué no castigarlos?
Desde generaciones atrás las bofetadas y los azotes se han utilizado como herramientas para reprender a los niños. Algunos padres consideran que es necesario pegarles de vez en cuando para corregirlos; ¿será que este es el método más efectivo? Continúe con la lectura de este artículo que expertos lo explican.
Aprende conceptos errados. El psicólogo Oliver Silva indicó que si el muchacho desde niño es amedrentado y si en algunas ocasiones sus padres le pegaron. El chico aprende que si ejerce violencia va a conseguir su objetivo.
La violencia se transmite. Silva mencionó con un ejemplo: "Si con un grito el padre lo amedrentaba, eso deja de ser efectivo, ya no es suficiente, entonces comienza a agredirlo mucho más, luego utiliza la violencia física y esto se establece más. El muchacho aprendió todos los pasos previos y él también en la edad adulta ejercerá la violencia".
Se convierten en víctimas o agresores. El psicólogo Christian André señaló que cuando los chicos son víctimas de violencia, cuando sean grandes serán golpeadores o sumisos, porque nunca aprendieron a defenderse de una manera correcta.
Edúquelos desde pequeños. André sostuvo que los progenitores deben educarlos desde que nacen, por ejemplo, cuando son bebés deben respetar los horarios de comida.
¿Cómo corregirlos? El experto comentó que "los progenitores antes de castigarlo, deben haber establecido una serie de parámetros. Si ponen reglas difíciles de cumplir, obviamente el niño o el adolescente no las va a cumplir". Así mismo añadió que en primer lugar los papás deben darles reglas claras, segundo los acuerdos tienen que ser de conveniencia mutua, y por último las reglas deben ser fáciles de cumplir.
Aprende conceptos errados. El psicólogo Oliver Silva indicó que si el muchacho desde niño es amedrentado y si en algunas ocasiones sus padres le pegaron. El chico aprende que si ejerce violencia va a conseguir su objetivo.
La violencia se transmite. Silva mencionó con un ejemplo: "Si con un grito el padre lo amedrentaba, eso deja de ser efectivo, ya no es suficiente, entonces comienza a agredirlo mucho más, luego utiliza la violencia física y esto se establece más. El muchacho aprendió todos los pasos previos y él también en la edad adulta ejercerá la violencia".
Se convierten en víctimas o agresores. El psicólogo Christian André señaló que cuando los chicos son víctimas de violencia, cuando sean grandes serán golpeadores o sumisos, porque nunca aprendieron a defenderse de una manera correcta.
Edúquelos desde pequeños. André sostuvo que los progenitores deben educarlos desde que nacen, por ejemplo, cuando son bebés deben respetar los horarios de comida.
¿Cómo corregirlos? El experto comentó que "los progenitores antes de castigarlo, deben haber establecido una serie de parámetros. Si ponen reglas difíciles de cumplir, obviamente el niño o el adolescente no las va a cumplir". Así mismo añadió que en primer lugar los papás deben darles reglas claras, segundo los acuerdos tienen que ser de conveniencia mutua, y por último las reglas deben ser fáciles de cumplir.
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