viernes, 24 de marzo de 2017

¿Por qué todos opinan sobre cómo criar a los hijos de los demás?



Hace 12 años. Eran las dos de la mañana y llevaba apenas unas horas estrenando, con sentimientos encontrados, esa maravilla que llamamos maternidad. Asombro, euforia, pero también culpabilidad, dolor y miedo. Nadie me había dicho que la lactancia iba a ser un calvario. Mientras luchaba en la penumbra, se me acercó una señora vestida con bata y, con un trato muy poco delicado, empezó a aleccionarme sobre la lactancia, introduciéndose en la recién estrenada intimidad madre-hija, sin que le hubiese pedido su ayuda. Me dijo que lo estaba haciendo muy mal y me hundió de consejos para ser una madre aceptable. “Muchas gracias”, le dije, esperando que nos dejara a solas. Qué sorpresa me llevé al verla dar media vuelta para seguir con su trabajo. Pertenecía al turno nocturno del equipo de limpieza del hospital.

Es curiosa la alegría y desenvoltura con la que la gente opina. ¿Por qué existirá esa especie de inercia irresistible en el ámbito educativo y de la crianza para opinar de todo lo que uno piensa, y a veces ni sabe? Las suegras, las cuñadas, las amigas, los expertos educativos, las redes, las empresas que venden productos, las revistas educativas. Todos opinan con una alegría, una contundencia y una seguridad que dan miedo. Menos mal que sabemos que la veracidad de un juicio no depende de la fuerza con la que se emite. Pero cuando uno va sin experiencia, cuánto afecta.

Sobre “los consejeros”

¿Qué mueve a dar consejos a todos y a todas horas? Sin duda, está el bienintencionado, el que por empatía auténtica quiere ayudar a toda costa, pero que no mide su propia fuerza. Prefiere soltar cualquier cosa que quedarse callado ante un problema. Intuyo que fue el caso de la señora que hace 12 años se me acercó en la penumbra mientras limpiaba. Luego está el resabido, el que lo sabe todo porque se conoce de memoria lo que predica la industria del consejo empaquetado y siempre tiene la respuesta a punto a todos los problemas. El resabido no es consciente de lo pesado que es, sobre todo cuando alecciona en público. Pero sin duda, la peor clase de consejo que podemos recibir, es la del oportunista. El mercado está repleto de consejos oportunistas, ajenos a la mentalidad científica, basados en modas educativas de turno y que intentan sintonizar con un sentimiento general afín para crear simpatía entre sus lectores.

Me atrevo a decir que los consejos oportunistas son los primeros enemigos de la educación con sentido. ¿Por qué? Si nos fijamos bien, usan un lenguaje tan general que, además de no decir nada concreto, acaban sembrando una confusión absoluta.

“La sobreprotección”

Ahora se ha puesto de moda advertir de la sobreprotección. Se leen artículos en numerosas revistas educativas “prohibiendo” tener una “preocupación excesiva por satisfacer al momento las necesidades de nuestro hijo y prevenirles o evitarles cualquier mal o sufrimiento”.

Para darnos cuenta del sinsentido del consejo oportunista, un ejercicio interesante puede consistir en analizar esa cita, procurando interpretarla.

¿Se considera una “preocupación excesiva por satisfacer al momento las necesidades de nuestros hijos” el calmarles con la tableta para dormirles o el comprarles un dulce cuando nos las reclaman con una pataleta con 3 años?

¿Se consideran las tabletas y los dulces “necesidades”? ¿Se considera una “preocupación excesiva por satisfacer al momento las necesidades de nuestros hijos” el dar el pecho a demanda, o el tener seis cámaras pendientes de sus movimientos nocturnos? ¿Y el tomar la temperatura del baño con 6 meses? ¿Y con 10 años? ¿Y el atenderlos cuando tienen frío al día de nacer, o cuando piden brazos llorando porque les duele el estómago o porque les asusta la vista de un extraño con 6 meses, o cuando lloran desconsolados al entrar al colegio con 18 meses? ¿Se considera una “preocupación excesiva por prevenirles o evitarles cualquier mal o sufrimiento” el impedir que abran el cajón de cuchillos con 4 años, el llevarles al colegio el bocadillo que se olvidaron en casa con 15 años o el impedirles que suban un árbol de cuatro metros de altura? ¿Y de 40 metros?

Con esos consejos genéricos, la confusión está servida. Quizás por eso, algunas madres llaman “histéricas” a otras que no se atreven a dejar a sus bebés en manos de canguros desconocidos. Consideran hacerlo una proeza para inculcar “madurez” y autonomía cuanto antes al retoño. Y llaman “hijitos de mamá” a niños que lloran al entrar por primera vez en el colegio.

Es curioso que exista una palabra en castellano, “mamitis”, que haga sonar a trastorno la natural y sana manifestación de la necesidad afectiva de un niño. No sorprende, dada la facilidad que tenemos en ponerle etiquetas de trastorno a absolutamente todo lo que consideramos fuera de la “normalidad”. Una vez definida la normalidad como lo que se sale de la norma, habría que ver quién marca la norma, si es la naturaleza misma, la dictadura de la mayoría, o un oportunista y seudocientífico interés en ella.

Sobre la dictadura de las modas

Lo que dice la literatura científica, que se ubica en las antípodas de la industria del consejo empaquetado, es que el vínculo del apego es clave para un buen desarrollo de la persona. Coinciden miles de estudios en que el vínculo del apego seguro se establece a base de atender a tiempo las necesidades básicas (biológicas, afectivas) del niño durante sus primeros dos años de vida. Y la literatura científica nos da pautas concretas de lo que significa eso. Sin embargo, hoy por hoy, suena bien decir que “no hay que tener una preocupación excesiva por satisfacer las necesidades de nuestros hijos”, sin matizar ni siquiera por edad. Porque es lo que se lleva. Y se considera que lo que se lleva manda. Es curioso eso. Las modas están sujetas a gustos y cambian, pero curiosamente, obligan. Y nosotros, por buscar lo mejor para nuestros hijos, porque andamos sin experiencia y no quisiéramos equivocarnos, aceptamos con resignación la dictadura de las modas. En la educación, si no sabemos y no tenemos medios de saber lo que conviene hacer, es mejor seguir la intuición y equivocarse cien veces para finalmente encontrar el punto, que seguir ciegamente un consejo oportunista y seudocientífico.

Lo que no va a ser nunca objeto de moda es lo que reclama la naturaleza de nuestros hijos, en función de cada edad. La dificultad de educar, y también paradójicamente el éxito en hacerlo, reside precisamente en eso: en la capacidad de discernir entre lo que reclama el niño y lo que reclama su naturaleza, que no siempre coinciden. Eso no lo puede hacer un manual de crianza escrito por personas que no conocen a nuestros hijos, no lo puede hacer una aplicación informática, por muy sofisticados que sean sus algoritmos, ni nos lo pueden resolver consejos, por muy bienintencionados que sean, y menos si son oportunistas y seudocientíficos. Esa capacidad de discernir nos la facilita la literatura académica. Pero no nos engañemos. Al fin y al cabo, lo hace una piel fina, y esa piel fina es la sensibilidad que desarrolla un padre, una madre, a base de estar tiempo con su hijo observándolo. Es “sentir con”, que se resume en una palabra: la empatía. No es casualidad que la literatura científica haya encontrado que el principal indicador para el buen desarrollo de un niño sea la sensibilidad de su principal cuidador, y que los niños con apego seguro sean más empáticos.

Y si alguien vuelve a hundirnos con consejos, bienintencionados o no, y a asegurarnos que lo estamos haciendo muy mal, deberíamos recordarle que antes de opinar sobre el estilo de crianza de otro, es mejor esperar a que nuestros hijos tengan por lo menos 90 años.



* Catherine L’Ecuyer es autora de Educar en el asombro y Educar en la realidad.

Cuida a tu padre sin tomar su lugar



Ni su salud ni su agilidad física y mental son las mismas de antes. Tus padres muestran en su humanidad el paso de los años y ahora te toca a ti cuidar de ellos. Pero, ¿esa atención respeta su grandeza o los invalida y empequeñece? ¿Quién hace de padre y quién de hijo?

“¡Papá, irás al doctor. Es el colmo que sigas así y no vayas al médico!”. Esa sentencia no es igual que decirle al progenitor: “Estoy preocupado por ti, ¿quieres que te acompañe al doctor?”. Desde el punto de vista de la psicoterapia sistémica, Patricio Asenjo describe que las formas de referirse y tratar a los padres dan idea de los roles y de quién ocupa el lugar de padre y quién el de hijo. “La salud de un vínculo familiar equivale, por lo general, a que cada integrante del sistema ocupe y honre el lugar que le corresponde dentro de él”, dice el también psicólogo y facilitador, quien además indica que ese respeto genera orden y éste, a su vez, calma.

Así, para una persona ubicada en el rol de hijo, “pequeño ante el padre, sin importar lo bueno o lo difícil de lo experimentado”, tiene según el creador de las Constelaciones Familiares, Berth Hellinger, un vínculo sano que “se manifiesta como gratitud, como un profundo respeto a las vidas y a los destinos difíciles de sus mayores, y como alegría de vivir”.

Caso contrario, si un hijo actúa como el padre del suyo, “la relación va a mostrar diferentes desórdenes”, advierte la visitadora social y facilitadora de la técnica, Marilú Krebes.

El artículo de unabuenavida.com se apunta que ese cambio de roles muestra diversas psicopatologías, odio, arrogancia y malestar. En ambos casos, el sentir marcará el trato y el relacionamiento. Lo importante es que recuerdes que, pase lo que pase, tú eres el hijo y él, tu padre, el único que tienes y quien te dio el regalo más preciado, la vida.

Trato

Pregunta y sugiere; no te impongas, ordenes o mandes. Recuerda que la relación no es horizontal y los padres están arriba y merecen respeto.

Rol

Si te toca cuidar a tus progenitores hazlo como un hijo, no como su padre. También recurre e incluye en esa responsabilidad a tus hermanos.

Control

Si aún tus padres tienen la capacidad para tomar decisiones, pregunta lo que desean o necesitan. No tomes decisiones por ellos y luego les informes.

Respeto

No los invalides, juzgues ni critiques. Al contrario, evoca su grandeza y fortaleza. Diles frases edificantes y constructivas sobre ellos y sus logros.

Mirada

Míralos con respeto, gratitud y amor, estos sentimientos engrandecen. La pena, la desesperación, el enojo y la culpa, en cambio, debilitan.

miércoles, 22 de marzo de 2017

La disciplina positiva, para educar a los niños

La educación de los hijos es una prioridad para los padres. Es necesario hacer de ellos personas responsables y respetuosas. Esto no se consigue utilizando la disciplina punitiva, es decir, castigando o dando azotes. Con esto solo se provoca resentimiento, baja autoestima, rebeldía, venganza. Todo lo contrario, debemos usar la disciplina positiva. Estas recomendaciones se ofrecen en el portal eresmama.com.

Se menciona que si se usa el castigo, el niño actuará de forma adecuada solo por miedo. Pero, si el chico no comprende la razón por la que no debe portarse mal,volverá a hacerlo cuando no esté presente lo que le causa miedo. Esto ocurre porque no entenderá que es responsable de sus actos, ni de las normas. Además, tampoco sabrá valorar las consecuencias.

Por eso es tan importante que en la educación de los hijos se use la disciplina positiva. Esta está basada en el respeto, se fomenta el autocontrol y autoestima del niño.

La disciplina es necesaria para educar a nuestros hijos, para que sepan lo que se puede o no hacer. De esta manera aprenderán que son responsables de su conducta y que todo lo que hagan tendrá una consecuencia. Así ellos serán capaces de comportarse y actuar correctamente.

La disciplina hay que entenderla como un medio para que los hijos tengan un desarrollo sano y feliz. Debe comenzar desde que son bebés, porque les proporciona seguridad. Es el camino para que ellos lleguen a ser independientes, responsables, sin provocar reacciones negativas y no lastimando su autoestima.

La psicóloga Anahí Navarro señala que la disciplina positiva hace que los niños y niñas maduren, para que el día de mañana sean jóvenes responsables y felices. Algunas técnicas que pueden ayudar para aplicar la disciplina positiva son las siguientes:



1. Elogiar lo bueno. Cuando el niño se comporte bien y actúe de manera correcta, hay que elogiarlo, reconocer su logro y felicitarlo. Con esto se refuerza las conductas que se quiere que se repitan.



2. Entender al niño. Es importante ponerse en el lugar de los niños, entender cómo se siente, saber cuáles son sus sentimientos y las razones que los llevan a hacer lo que hace. Si se identifican las creencias que los llevan a comportarse de esa manera se podrá trabajar para poder cambiarlas.



3. Ser ejemplo para tu hijo. Los pequeños suelen aprender mucho más de lo que observan que de lo que escuchan. Por esta razón hay que actuar con coherencia para servir de modelo.



4. Criticar la acción, no a la persona. Cuando haga algo malo, hay que criticar la acción en sí, explicar por qué no debe hacer eso. Nunca se lo debe insultar o ridiculizar por eso.



5. Establecer rutinas y normas. De esta manera se conseguirá que los pequeños no realicen las conductas no deseadas. Por ejemplo, si un niño sabe que hay que recoger sus cosas después de jugar, lo hará porque es una norma y sabe que si no lo hace tendrá consecuencias que no le agradan. Por ello, tratará de hacerlo bien.

Niños con-sumidos por las pantallas

Hoy quiero compartir con ustedes un tema que me llama particularmente la atención, las repercusiones que tienen las diferentes pantallas (celulares, televisión, computadora, tablet y otros) en los niños. En los últimos años se puede notar que -en muchos casos- los infantes se encuentran inmersos frente a estos objetos, lo cual no pasa desapercibido por las repercusiones que estas conllevan, como ser: el aislamiento, la falta de interés en el estudio, los deportes o la obviedad de las reglas, e ntre otras ¿Por qué el uso de estas pantallas tienen este tipo de repercusiones? ¿Por qué y cómo se ha llegado a que los niños en la época actual y desde muy temprana edad tengan como niñera a las diferentes pantallas?

Comencemos con un simple ejemplo, las familias a finales de la década de 1920 –cuando la era de los aparatos tecnológicos apenas comenzaba– se sentaban a almorzar juntas escuchando la radio; posteriormente, en la década de los 90 las familias se sentaban a la mesa mirando la televisión; y en la actualidad son pocas las que se sientan a almorzar juntas y sin que sus miembros estén pendientes de sus redes sociales, noticias o series transmitidas por las diferentes pantallas. Este ejemplo básico, muestra el cambio que ha sufrido la familia con el pasar de los años. Uno de los principales fenómenos que ha influido en este cambio ha sido la crisis económica y el capitalismo, ya que ambas obligan a las personas a trabajar más (o mejor dicho, las personas se obligan a trabajar más) para tener más cosas materiales, creyendo en el engaño del discurso imperante de la época, el capitalismo; gracias a ello, muchos padres dejan notar su ausencia en la educación y la crianza de sus hijos, y a la vez tratan de velar esta ausencia con diferentes regalos, que principalmente son pantallas. Y en este sentido, las pantallas se convierten en un velo que tapa la ausencia (no solo en el sentido físico) de los padres, ya sea por trabajo o porque ellos mismos están con-sumidos por sus pantallas o diferentes actividades.

Enfocándome ahora en los niños; la constitución de un sujeto se da a partir del apalabramiento, es decir, a través del discurso de las figuras parentales, este decir da significantes que “promueven” diferentes maneras de ser y estar en el mundo. ¿Pero, qué es lo que sucede cuando estas figuras parentales son las que ofrecen, frente a su ausencia, pantallas? Pues el lugar de estas figuras queda diluido, y junto a ella el aparato simbólico, que es el campo de la palabra y frente a esto deviene lo imaginario.

En consultorio, se escucha mucho acerca de niños que “no hacen caso” “no escuchan” y esto es porque estos niños no se conectan a lo simbólico, están desenganchados de la palabra, la palabra en estos, ya no tiene peso ni efecto.

Por si fuera poco, las diferentes pantallas están llenas de imágenes que muestran figuras idealizadas e irreales, que pueden hacer de lo imposible posible, de lo prohibido algo permitido. Estas imágenes efímeras y discursos vacíos sirven como modelos de identificación para los niños, pero son lábiles y se pulverizan al igual que un héroe de televisión cuando cumple su ciclo. Así también podemos ver que la fractura del orden simbólico repercute en algo muy primordial para el ser humano, que es el deseo –eso que mueve en la vida y da una dirección– de tal manera que, hace perder la brújula de este, es por ello que constantemente se escucha hablar sobre los niños/adolescentes “desinteresados”, ”sin ganas”, “aburridos”, “adormilados” y otros más. Ya que no hay razones por las cuales trabajar, ni sueños que soñar, porque todo lo imaginable o no, se lo encuentra apretando un botón.



NOTA: Para cualquier consulta o comentario sobre la columna, contactarse con Claudia Méndez Del Carpio al correo claudiamen@hotmail.com

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Tal vez no dan pecho, pero los padres sí nutren a sus hijos

Un padre también entiende de crianza con apego y disfruta de esa cercanía cotidiana que motiva afectos, mimos y canciones de cuna. El papá también nutre, aunque no pueda dar el pecho, también él pasa las noches en vela, ríe, sufre y se preocupa de ese niño que forma parte de su ser, aunque no haya crecido en su interior.

Los cambios asociados a los férreos roles de género se están transformando y eso es algo que sin duda se agradece. Al día de hoy, la paternidad ya no es una etiqueta que otorga al hombre la responsabilidad exclusiva del sustento de un hogar. Los padres “no ayudan” en la crianza, no son agentes auxiliares, sino figuras presentes, cercanas y siempre partícipes en la vida de esos pequeños a los que nutrir, amar y guiar es importante y en quienes dejar huella es vital.

Algo que suelen comentar muchos pedagogos y especialistas en crianza es que un niño es parte de una tribu. Siempre hablamos de la maternidad y de ese apego íntimo establecido entre una mujer y su bebé. Sin embargo, a nadie se le escapa que los niños de ahora crecen en un pequeño microcosmos habitado por sus padres, sus abuelos, los tíos, los amigos de los padres, los maestros…

Toda interacción, todo hábito, cada gesto y cada palabra deja huella en el cerebro infantil, y los padres tienen la capacidad de dejar un impacto enormemente positivo en sus hijos.

PADRE, FIGURA DE BIENESTAR

Algo que todos sabemos es que al igual que hay buenas y malas madres, también los padres son falibles, cometen errores o incluso los hay quienes eligen el papel de padre presente, pero ausente. Por ello, antes que figuras de referencia en la educación y crianza de un niño, los padres y las madres son personas, y dependiendo de su madurez y de su equilibrio psicológico y emocional serán capaces de garantizar un mejor o peor desarrollo en ese pequeño.

Tal y como nos revela un trabajo llevado a cabo en la Universidad de Michigan (Estados Unidos), una responsabilidad que tiene todo padre es cuidar de su propio bienestar psicológico con el fin de promover un adecuado equilibrio emocional en sus hijos. Algo que se ha podido constatar es que los efectos del desempleo, del estrés o el simple hecho de mostrar conductas erráticas, marcadas por un carácter desigual, impacta de forma negativa en el desarrollo cognitivo del niño e incluso en sus habilidades sociales.

Por otro lado, el impacto de la figura paterna en el desarrollo del habla

y el lenguaje de los bebés es, a su vez, innegable. Supone para los pequeños recibir mucho más estímulos, una voz diferente a la de mamá, con otro tono, con otro tipo de gestualidad, y beneficiarse de una gama más amplia de refuerzos. A lo largo de los 3 primeros años de vida esa presencia cercana, afectuosa, divertida y accesible del padre consolidará también esos delicados procesos asociados al lenguaje.

LOS NUTRIENTES DE PAPÁ

El número de familias monoparentales sigue ascendiendo. Cada vez son más los padres y las madres que afrontan la crianza de sus hijos en soledad, bien porque así lo han elegido o bien porque el destino lo ha querido. Sea como sea, la atención, el cuidado y la educación de un niño requiere, ante todo, de esa cercanía física y emocional con la que conferir a esa nueva vida una seguridad y un amor auténtico. Algo para lo que tanto hombres como mujeres deben estar capacitados.

Por otro lado, algo que todos sabemos es que los niños no llegan con un manual de instrucciones, y si esto es así se debe a una razón muy simple: no son máquinas. Los niños están hechos de carne, de necesidades, de un corazón que late con fuerza y un cerebro que lo anhela todo y que ansía poder conectarse con su entorno. Necesitan nutrientes y un tipo de alimento que va mucho más allá de la leche materna, ese que un padre también sabe y puede conferir.

¿Cuáles son esas “vitaminas” paternas que los padres de hoy pueden y deben dar a sus hijos? Básicamente, podríamos nombrar los siguientes:

a La disponibilidad emocional. La capacidad de respuesta ante las necesidades del niño y la calidad de la misma, garantiza un desarrollo óptimo y una mejor madurez en ese pequeño a lo largo de su vida.

a El reconocimiento. Todo niño necesita sentirse reconocido y valorado por parte de sus progenitores. Contar con esa mirada paterna atenta, cercana, valiosa y llena de afecto influye en un buen desarrollo de la autoestima en el niño.

a La participación. El buen padre no se limita solo a “estar”, sino a hacer sentir, a favorecer el descubrimiento, a despertar nuevas emociones y aprendizajes, a ser un “oyente” incansable, un negociador y un comunicador infatigable.

a La inspiración. Algo que sin duda hace la mayoría de los papás es abrir a sus niños nuevos mundos donde sentirse competentes y a la vez, autodescubrirse. Muchos de nuestros padres nos transmitieron sus pasiones, su amor por la música, los libros, la naturaleza... Valores todos ellos que ahora definen nuestra vida de adultos.

martes, 21 de marzo de 2017

Cómo hacer a los niños amigos de las legumbres



La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) lanzó una serie de cómics que enseñan a los niños la importancia de las legumbres de una manera divertida.
Dichas historietas forman parte de la serie FAO Kids que está compuesta por cinco superhéroes que tienen la misión de erradicar el hambre y la desnutrición, eliminar la pobreza y asegurar el uso sostenible de los recursos naturales.
Los cinco 'superhéroes' de la serie de historietas FAO Kids
Algo nuevo por aprender
Con motivo del Año Internacional de las Legumbres, celebrado en 2016, las dos primeras tiras de esa serie instruyen a los pequeños sobre los beneficios nutricionales de las legumbres y de una dieta saludable.
Se enfatiza que dichos vegetales son económicamente asequibles, se pueden cultivar en entornos secos y tienen un bajo impacto en la huella del despilfarro de alimentos ya que pueden ser almacenadas durante largos períodos de tiempo sin estropearse.
Las legumbres, como las lentejas, frijoles y arvejas, pueden ser pequeñas pero están llenas de proteínas
Útiles en casa y en el aula
Estas historietas se pueden leer en casa o en el aula. Los padres pueden utilizarlas como una herramienta divertida para aumentar el apetito de sus hijos por las legumbres, para involucrarlos en cocinar platos a base de legumbres y enseñarles la importancia de respetar y cuidar los recursos naturales del planeta.
Los educadores pueden incorporar FAO Kids en sus planes lectivos e involucrar a los niños en discusiones abiertas y tareas creativas.
Para descargar las historietas, haga clic aquí.

En el nuevo número de las historietas FAO Kids, Amina, uno de los superhéroes, enseña a los niños cómo las legumbres contribuyen a la seguridad alimentaria



lunes, 20 de marzo de 2017

Cómo involucrar al papá en el cuidado de los hijos




Muchas madres se quejan de que el padre no está involucrado en el cuidado de los hijos. Sin embargo, pocas mujeres se dan cuenta de que muchos hombres son -o al menos se sienten- excluidos cuando llega el bebé. Sin darnos cuenta, las mujeres cargamos con toda la responsabilidad del cuidado del bebé y no tomamos unilateralmente las decisiones sobre la crianza de los hijos.

Esta exclusión hace que muchos hombres se vayan desvinculando del cuidado de los hijos y que no muestren interés en tomar partido más allá “de lo que les sea mandado” o de lo que, por cultura o educación, hayan observado a lo largo de su vida.

Muchos estudios muestran que el padre juega un papel importante en el desarrollo de su hijo. Por lo tanto, es necesario hacer que se involucre en la crianza de los hijos, y no como una forma de ayudar a la madre, sino porque, además de ser una responsabilidad compartida, es importante para la educación y la crianza de los niños.

El embarazo es el proceso que va desde la fecundación del óvulo por el espermatozoide hasta el momento del parto. Es decir, tanto la madre como el padre asumen la responsabilidad de cuidar y educar a su hijo.

Seguramente conoces a algún hombre que cree que ser papá es solo ser proveedor material, pero está equivocado. La única actividad que pertenece a la mamá es la lactancia, por lo tanto, el padre debe involucrarse en el proceso del desarrollo del bebé.



¿Cómo iniciar ese proceso?

Involucra a tu esposo desde el momento que sabes que viene un niño en camino. Ayúdale a colocar sus manos sobre tu barriga, dile que puede hablarle y cantarle a su hijo. También puede leerle un libro.

Una de las etapas en la que tú, como madre, necesitas apoyo es en el momento de dar a luz.

“Es importante que tu pareja te apoye en ese día tan ‘doloroso’. Esto permitirá mayor comprensión en el estado de salud del bebé y la madre”, afirma el psicólogo Alberto Rengifo al portal Ser Padres.

Algunos consejos

Desde el portal Eres Mamá comparten algunas ideas para que el padre se sienta más involucrado en el cuidado de sus hijos. Además de sentirse responsable de la crianza de sus hijos, el papá podrá sentirse importante y valorado.



Dar de comer al bebé

Un bebé que se alimenta del pecho de su madre debe ser alimentado por su madre, evidentemente. Pero cuando el bebé toma biberón o cuando empieza tomar sólidos también puede ser alimentado por su padre.

La importancia de dar de comer al bebé radica en que esto crea un vínculo. El bebé aprenderá a confiar en la persona que le da de comer, ya que esa persona sacia una de sus necesidades más básicas. Además, es un momento ideal para abrazar al hijo, para sentirse piel con piel, para mirarse y para decirle cosas bonitas.

Por otra parte, el padre, además de dar de comer a su hijo, debe aprender a prepararle el biberón, la papilla o la comida que vaya a tomar, sin depender de que nadie tenga que hacerlo. Solo así empezará a sentirse seguro y completamente responsable.



Bañar y vestir al bebé

El papá debe participar desde el principio en los cuidados básicos del bebé, como cambiarle el pañal, bañarlo o vestirlo. Las madres deben permitir que el padre tome partido en esto y que lo hagan solos, sin supervisión.

El problema de muchos hombres no radica en que no sepan hacer estas cosas, sino en que las mujeres de la familia los hacen sentir inútiles porque constantemente les corrigen. Pero nadie nace enseñado ni con un gen “cuidabebés”. Tanto el padre como la madre están perfectamente capacitados para aprender, y no por ser hombre o mujer se es capaz de hacer mejor o peor estas cosas.

Cuando el papá participa en las rutinas diarias del bebé, favorece el vínculo y hace que los padres desarrollen el interés por otras cuestiones que vendrán después, como la toma de decisiones relacionadas con el aprendizaje y el respeto por las normas que se establezcan en casa respecto a la educación de los niños.



Pasar tiempo a solas con los hijos

Los padres deben pasar tiempo a solas con sus hijos, pero no solo tiempo de juego, sino que deben tener otro tipo de momentos. Momentos de estudio, salir a hacer cosas juntos, pasear o hacer una excursión, leer con ellos o hablar sobre sus actividades son algunos ejemplos de formas de pasar el tiempo juntos y sin mamá.

Los papás se sentirán así más seguros de sí mismos, podrán mostrar su lado más personal y compartir cosas exclusivas con sus hijos, tener sus secretos. Así los papás conocerán mejor a sus hijos y sus hijos conocerán mejor a su padre. Este vínculo favorecerá el interés, el respeto y la responsabilidad.



LA OPINIÓN DE LAS LECTORAS

M de Mujer consultó a madres lectoras qué consejos dan a sus parejas para involucrarlos en el cuidado de sus hijos. Estos fueron algunos de sus comentarios.



• “Es bueno q el papá tenga como su responsabilidad tareas diarias. Pueden ser simples, desde recogerlos del colegio cada día, bañarlos o darles de comer en la cena. La clave es que sepan que ellos lo deben resolver TODOS los días”, afirma Sandra (37), madre de dos niños.



• “Es bueno también que los papás se involucren más en la parte psicológica de sus niños, preguntándoles cada día cómo les fue en el colegio, saber quiénes son sus amigos y en su tiempo libre compartir actividades con sus niños”, explica Carla (35) madre de tres niños.



• “Las mamás debemos dar el espacio para que los papás puedan tener un momento de padre e hijos, donde la mamá no esté dando su opinión sobre cómo deberían hacerse las cosas. Lo importante es que haya la confianza en cualquier momento o situación y que se conozcan. Que disfruten otras formas de ver la vida es muy importante para el desarrollo de la personalidad de niñas y niños”, resalta Vania (36) madre de dos niños.



• “Atiendo a mi bebé todo el día y es importante que mi esposo también comparta con ella cuando vuelve de trabajar. Él juega con ella y los dejo solos totalmente hasta la hora del baño, que lo hacemos los dos”, dice Julia, madre primeriza de 29 años.



• “En una relación equilibrada es importante que le hagas saber al papá que el desarrollo de la personalidad de sus hijos depende mucho de lo involucrados que estén ambos padres en su crianza. Un equipo muchas veces funciona mejor que una sola persona. Para que el barco avance tienen que remar dos”, indica Cecilia de 29 años.



CONSEJOS PARA ÉL

El psicólogo Alberto Rengifo da consejos puntuales y específicos a los papás. Haz que tu pareja les dé un vistazo o háblale sobre ello.



1. Fijen horarios conjuntamente para dar biberón a su hijo.



2. ¡Papá! No esperes a que te pidan involucrarte, toma la iniciativa.



3. Carga a tu niño, su respiración le dará calor y afecto al pequeño.



4. Usa las licencias de paternidad solo para compartir con tu familia.



5. El nacimiento de un bebé es sinónimo de cuidados especiales, por eso su bienestar está por encima del tuyo y el de su madre.



6. Recuerda que tu hijo se comporta como lo haces tú. Sirve de ejemplo.



7. Inventa o investiga sobre juegos de bebé o niños mayores. Aprende más juegos para un bebé de 3 meses.



8. La calidad es más importante que la cantidad. Si tu tiempo es reducido, no te comprometas a otra cosa que no sea estar con tu hijo. Si pasas mucho tiempo en la oficina, llama al niño, lo saludas y le consultas cómo ha estado su día.