sábado, 16 de septiembre de 2017

Por qué es tan importante el amor

¿Te has parado a pensar alguna vez por qué es tan importante el amor? En la vida hay muchos otros sentimientos, como el cariño, la emoción, el miedo o la rabia. Sin embargo, el amor es realmente el sentimiento que unifica tantas emociones, que acaba siendo vital para nosotros.

Porque en realidad, si lo piensas bien, gran parte de las emociones que sentimos pueden estar englobadas por el amor. Tal vez sientas miedo mientras ves una película de terror, pero también por no sentirte querido o correspondido por otra persona. El amor impregna de su color a todas las emociones de una manera u otra.

Podríamos decir que el amor lo engloba todo. Es un sentimiento enorme, de grandes proporciones, que nos permite sentir todo tipo de emociones hasta poder convertirlas en un carrusel, y que da sentido a nuestras vidas. Por un lado, podemos decir que engloba gran número de emociones porque debido al amor podemos sentir de todo:

Rabia por la persona amada no te corresponde y ha preferido a otro ser.

Cariño por tus sentimientos hacia un hijo o amante, por ejemplo.

Frustración porque la persona a la que amas no te entiende.

Solidaridad porque has entablado una relación de amistad realmente profunda y plena de amor.

Como puedes ver, el amor engloba gran número de emociones, tanto positivas como negativas. Pero por cada una que encuentres y que pienses que te hace sentir dolor, siempre estará su opuesta que te permite gozar de un gran placer íntimo y personal. Piénsalo y date la oportunidad de descubrirlo.

El amor da sentido a nuestra vida desde el primer minuto en el que llegamos al mundo. Todos los niños que son alumbrados viven sus emociones con gran intensidad, pero ninguna como esta, puesto que sus madres son el alfa y el omega de su existencia. Todo empieza y acaba en la persona que le educa, le da cobijo, le cuida, le alimenta, le enseña y, en definitiva, le ama.

Poco a poco, el niño va creciendo y descubre el amor al prójimo. Comienza a conocer a familiares, amigos y compañeros. En ese momento, se empiezan a tejer las relaciones personales que darán sentido a la vida de los pequeños y que sentarán las bases para un futuro en armonía y cariño.

Después llegan los grandes amores de juventud. Un sentimiento tan fuerte, arraigado y profundo, que el chico siente que desfallecerá y su vida acabará si no es capaz de compartirla con la persona amada, en cuyo regazo comienza y acaba una existencia que únicamente tiene sentido a su lado.

Con el paso de los años, los amores se asientan. Las relaciones de amistad, familia y pareja se relajan para ser nuestras eternas compañeras de viaje en un mundo convulso y lleno de sinsentidos. Sin embargo, la solidaridad de los que están a nuestro lado nos permite que todo valga la pena.

Acabamos nuestra vida con los amores crepusculares. Todo se vuelve más tranquilo a la sombra de la experiencia vivida y las heridas sufridas durante los años pasados. Sin embargo, la intensidad de los sentimientos y las emociones permanece intacta.

Así pues, es evidente que el amor es el que mueve la vida de todas las personas. Y darle la espalda por una mala experiencia es un error tremendo que tal vez pagues durante muchos años y que puede hacer desgraciadas a las personas.

Nunca des la espalda al amor. Déjalo fluir por todos los poros de tu cuerpo. Déjale que insufle vida en tu cuerpo cansado. Déjalo que te haga vibrar, sufrir, sentir, gozar… Déjalo correr, porque él y solo él dan sentido a tu existencia. Aprovecha cada día de tu vida como si fuera el último, y ama con todas tus fuerzas, pues solo así conseguirás ser feliz y dar sentido a todo cuanto te rodea.

martes, 12 de septiembre de 2017

Consejos para evitar que los niños se lesionen en casa

En la capital cruceña suceden de forma frecuente accidentes que causan lesiones y hasta decesos de menores de edad, como dos casos registrados en agosto. Médicos del Hospital de Niños Mario Ortiz enseñan cómo cuidarlos

El 11 de septiembre se celebra el Día Mundial de los Primeros Auxilios y organismos internacionales, como la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja, sugieren que estos conocimientos se impartan en todos los países del mundo porque marcan la diferencia entre la vida y la muerte.
Es más, se piensa que los padres de familia deben dominar técnicas de auxilio primario para estar prestos en casos de que sus seres queridos, especialmente bebés, niños y adolescentes, fueran víctimas de percances, incluso fatales, en el hogar.

En agosto, en la capital cruceña, en un intervalo de cinco días, se registraron dos muertes de niños por imprudencia de sus respectivas madres. El primer caso ocurrió en el barrio San Francisco, zona de Los Lotes, donde una niña de un año y medio se ahogó al caer de cabeza dentro de un balde con agua próximo a un grifo.

La progenitora no se percató de la desgracia y pensó que la pequeña se había extraviado. Cuando retornó a su casa, luego de avisar a la Policía sobre su desaparición, halló a la criatura sin vida en el recipiente.

El otro suceso tuvo lugar en un barrio del Plan Tres Mil, donde una madre salió a trabajar por la noche a una rocola y dejó a su bebé de meses en su cuarto, a cargo de una vecina. La mujer retornó a descansar a las 5:00 y notó que el lactante estaba envuelto en una colcha y no se movía. Al no responder a ningún estímulo, lo llevó al hospital municipal Los Pocitos, donde comprobaron que falleció de asfixia por sofocación.

Lecciones prácticas
Otro caso reciente tiene que ver con la explosión de gas licuado en la cocina de una vivienda, en la que siete personas resultaron quemadas, entre ellas un niño de dos años, una adolescente, de 15 años y una joven de 24 años, que murió ayer.

Todos estos percances son evitables, manifestaron Arminda Morón, jefa del departamento de Neonatología, y el médico pediatra Luis Carlos Bernachi, del
Hospital de Niños Mario Ortiz, quienes dieron seis consejos: no se debe echar al lactante directamente después de mamar; ponerlo en posición semierecta para evitar el reflujo; la cuna debe tener un colchón duro sin cabeceras; cuando hay niños que ya caminan hay que cubrir los enchufes eléctricos; revisar periódicamente las conexiones de gas licuado y no darles de tomar o bañarlos con manzanilla y anís, porque son tóxicos.

La doctora Morón explicó que en su unidad las madres reciben capacitación en lactancia materna y la manera de posicionar al recién nacido. “Si preparamos a las madres desde el momento del nacimiento del bebé, vamos a evitar estos problemas que a veces tienen desenlaces fatales.

Antiguamente se recomendaba colocar a los recién nacidos de cúbito ventral (de barriga), después de lactar, pero se ha visto que hacen movimientos y pueden obstruirse las vías aéreas. Ahora se recomienda que los niños deben estar de cúbito dorsal, con la cabeza lateralizada (de lado)”, manifestó Morón.

Luis Carlos Bernachi dijo que uno de cada 900 bebés saludables muere repentinamente en la cuna. Muchas veces no se establecen las causas y se las registra como síndrome de muerte infantil súbita. No obstante, Bernachi recomienda hacer dormir al lactante en un colchón duro, porque un colchón blando puede complicar la respiración. La cuna no debe tener almohada, pues se les puede caer en la cara.

Luego de dar de lactar a una criatura, no hay que acostarla inmediatamente; debe estar en una posición semierecta, para que pueda eliminar gases y para que el contenido gástrico pueda vaciarse, pues si no lo hace el bebé puede vomitar y ahogarse con su propio vómito.

A decir de Bernachi, el reflujo gastroesofágico es otra causa de ahogamiento y muchas veces no se manifiesta con vómito y no siempre se diagnostica. Cuando los niños comienzan a caminar, hay que extremar cuidados con los enchufes eléctricos y con las fugas de gas licuado.

Manzanilla y anís son tóxicos

Bernachi recomendó con énfasis no dar de tomar manzanilla ni anís a los niños, porque estas infusiones les producen intoxicación que incluso les puede provocar la muerte.

“Hay que remarcarlo, la manzanilla y el anís son hierbas tóxicas que no se deben dar a los niños. La manzanilla produce un efecto vasoconstrictor y en un organismo en desarrollo puede causar una distensión abdominal y hasta una perforación gástrica. Es costumbre dar manzanilla. Hace poco hubo un caso de un bebé al que la abuela le daba leche y le alternaba manzanilla en biberón. Dicho paciente llegó a tener daños neurológicos”, aseguró Bernachi.




lunes, 11 de septiembre de 2017

Lo que conlleva ser mamá a los treinta y...



Tienes más de 30 y aún no piensas en ser madre. En este último tiempo te has enfocado en tu carrera y en tu estabilidad económica. Esta tendencia es cada vez más común en mujeres de entre 30 y 40 años, cuando en el pasado la maternidad era aplaudida a los 20.

“Actualmente se va reduciendo el número de mujeres que tienen como plan prioritario la maternidad. Ahora, anteponen su educación, profesionalización, viajes, bienes como departamentos, autos, etc. Por otra parte, muchas sienten que no están hechas para la responsabilidad de ser madres, porque quieren otra cosa en su vida, y eso no está mal”, dice el psicólogo Juan José Vargas.

Una vez apuntadas las causas por las que muchas mujeres postergan la maternidad, también es necesario conocer lo que conlleva la decisión de ser mamá luego de los 30 años.

Como toda elección en la vida, ésta también tiene sus pros y sus contras. Entre lo positivo está que las mujeres que tienen hijos después de los 30 viven más tiempo, según un estudio de la Universidad Coímbra de Portugal, publicado en Journal of Public Health, que analizó las expectativas de vida de las europeas, quienes, en su mayoría, son madres después de esa edad. “Quienes sobreviven a embarazos en edades más avanzadas, con el incremento de riesgos y complicaciones que existen, tienden a tener mejor salud”, dice actitudfem.com.

Entre los contras fisiológico-biológicos, según el ginecólogo Winston Uzín, las de más de 35 comienzan a disminuir la posibilidad de embarazo porque “se acercan a la menopausia y hay dificultad reproductiva. Además, mayor porcentaje de cesárea”.

Otros factores importantes a considerar, tanto en lo físico como en lo emocional, van apuntados en las columnas de la derecha.

Fuentes: Juan José Vargas

(psicólogo / jota2psycho@gmail.com),

Winston Uzín (ginecólogo / doctoruzin@hotmail.com)

VENTAJAS

Situación económica. La madre suele encarar su maternidad con una mayor solvencia económica.
Situación laboral. La mayoría de las parejas cuenta con un trabajo estable.
Situación emocional. La futura mamá sabe mejor lo que quiere para formar una familia.
Deseo de un hijo. El hijo es deseado, planificado y esperado.
Relación equilibrada. La pareja tiene un vínculo más sólido.
Educación del bebé. Los futuros padres se sienten más seguros al enfrentarse con la educación del bebé.
Cuidados del bebé. La pareja ve los cuidados del nuevo integrante como una compensación y no como una carga.

DESVENTAJAS

Fertilidad. Disminución de la fertilidad que puede atribuirse a una menor ovulación o a problemas como la endometriosis, que ocasiona que tejidos similares a los que recubren el útero se adhieran a los ovarios o a las trompas de Falopio e interfieran en la concepción.
Salud materna. La presión arterial alta y la diabetes, que pueden ocurrir por primera vez durante el embarazo, son frecuentes en mujeres de más de 35 años.
Riesgos para el bebé. El riesgo de dar a luz un niño con trastornos cromosómicos se incrementa con la edad de la mujer.
Cesárea. A partir de los 35 años, la tasa de partos por cesárea es más alta debido a que estas mujeres pueden presentar complicaciones durante el parto.

Más y menos en el rol

Menos energía... Las madres de 30 tienen menos energía a la hora de juegos y otras actividades de sus hijos...
... pero tienen más paciencia. Estas mujeres aprendieron con los años tolerancia y serenidad, cualidades básicas para el rol de mamá.
Menos academia.... Tener un hijo a los 30 significa no preocuparse tanto por sus notas o porque sobresalga en el colegio.
...más bienestar. Ella prefiere el bienestar psicológico y emocional de su niño porque con eso podrá enfrentar mejor los retos de la vida.


viernes, 8 de septiembre de 2017

Javier Urra: “Sí, es posible conseguir que los hijos sean obedientes”


Javier Urra ha publicado recientemente su último libro “Primeros auxilios emocionales para niños y adolescentes”. Asegura que sus páginas muestran una realidad muy práctica de lo que necesitan saber los padres para educar a sus hijos. “El libro puede ser criticado, pero lo que no puedo aceptar es que se diga que los niños vienen sin una guía para padres. Lo he escrito porque he estado muchos años en la Fiscalía del Tribunal Superior de Justicia, he sido defensor del menor y he trabajado con padres e hijos. En todo este tiempo me he dado cuenta de que pediatras, psicólogos, psiquiatras... solemos decir lo que hay que hacer a los padres, pero siempre de forma genérica. Ahora no hay excusas de no saber educar porque es un libro muy práctico”.

—¿Por qué hoy hacen falta guías si las generaciones de padres de antes no las necesitaron?

Hace años los niños se morían de polio, de tuberculosis, de problemas respiratorios... Eran los asuntos que preocupaban, mientras que los temas emocionales no se estudiaban ni se tenían en cuenta. Cuando los problemas físicos desaparecen en gran medida y aumenta la esperanza de vida, nos percatamos de que el 20% de los niños tienen problemas psicopatológicos; es decir, uno de cada cinco menores de 18 años. Se habla mucho de TDAH, pero a las consultas llegan niños obsesivos compulsivos, con problemas de trastornos de personalidad, que agreden a sus padres, con pensamientos psicóticos...

—¿Cuál es el motivo principal de estos problemas psicopatológicos?

Se ha acortado el tiempo de la infancia. Hay niños de 13 años que toman cinco copas en una hora y tienen comas etílicos —el año pasado 5.000 casos—. Vivimos en una sociedad estresante y eso a los niños les afecta mucho: sufren separaciones mal llevadas sus progenitores, están sobrecargados de tareas extraescolares, no tienen tiempo para jugar...

Antes educaban los padres, ahora los padres, la escuela, los medios de comunicación y las redes sociales. Las nuevas tecnologías influyen en ellos porque les permiten acceder a páginas que fomentan la anorexia, la violencia, el sexo sin límites... Y quieren emularlo. Sin embargo, les crea un vacío existencial. Yo he preguntado a jóvenes “¿te merece la pena vivir?”, y me miraban sin saber qué responder muy bien. Si no les importa su vida, qué les va a importar la de los demás. En sus vidas falta que aprendan lo que significa el “tú”, el ponerse en el lugar del otro. Hay que ayudarles a ponerse en el lugar del otro y descubran realidades distintas a las suyas. Los padres, por ejemplo, deberían llevarles a un hospital y mostrarles que allí hay niños ingresados niños, menores que van a morir, para que se den cuenta de lo que tienen en la vida y lo afortunados que son.

—¿No se les protege demasiado como para mostrarles esa dura realidad?

Los niños no conocen la muerte, el sufrimiento. Creen que el abuelito “se ha dormido”. La vida hay que mostrarla como es. Hay que llevarles a ver al abuelo con demencia que dice cosas sin sentido, que huele mal por su incontinencia, pero que quiere a su nieto y al que hay que querer. Que le de un beso. Es la verdadera vacuna para convertirle en un ser sensible, afectivo, cariñoso. No hay que ocultarle que la vida es un conflicto –para vivir en pareja, con uno mismo, con los hijos, con el compañero de trabajo...–. Si se le ofrece este tipo de educación, los problemas de psicopatía, de insensibilidad, de falta de empatía desaparecerán.

—¿Se trata correctamente a los niños que sufren depresión?

No exactamente. En el 60% de casos no se tratan. La depresión cursa en los niños de manera sorpresiva para los adultos. Normalmente, cuando una persona se deprime no tiene fuerza, esta triste, se levanta tarde... Pero un niño depresivo puede confundirse con un niño ansioso, nervioso, que corre. Los padres no saben identificarlo. El adulto sabe que las cosas van mal pero que mañana será otro día, relativiza, sabe que hay herramientas para mejorar su situación. El niño, sin embargo, se suicida para mejorar las cosas, teóricamente.

—¿Qué se puede hacer para reducir esta cifra? ¿De quién depende: de la familia, de la sociedad...?

Fundamentalmente de la sociedad. Hay que entender que hay cosas que están bien y otras mal, que hay gente corrupta, sin moral... Hay que ser moral, enseñar a los niños los dilemas. Plantearle a los adolescentes, por ejemplo, las dificultades de un embarazo no deseado, preguntarles qué ha-rían si tuvieran un bebé con un Síndrome de Down...

—¿Hace falta que los padres hablen más con sus hijos?

Los padres hablan más actualmente con los hijos que los de las generaciones anteriores. Hay que fomentar aún más esa conversación y decir a los hijos que nosotros fuimos adolescente y tuvimos problemas, pero también responsabilidades. La familia no es una democracia. Es un lugar donde mandan los adultos que son los encargados de transmitir los valores transcendentes de la vida. Hay muchas formas de hacerlo. ¿Como? Con pequeños gestos cada día. Ejemplos: dándole el fin de semana cuatro euros y sugerirle si quiere dar una parte del dinero a los más necesitados –porque aunque no lo haga, ya se le ha creado la disyuntiva de pensar en la solidaridad–; haciendo que dé un beso a la abuela demente a la que se le cae la baba... para que sea consciente del cuidado a los mayores...

—Pero no siempre obedecen a lo que les dicen los padres. ¿Ha habido una pérdida de autoridad?

La autoridad se ha diluido en general, no solo la de los padres. La misma Policía está preocupada porque los jóvenes les insultan por la ca-lle, sin motivo alguno. ¡Y ellos son la autoridad! O jueces que le dicen a un joven que tiene que ir a un internado y le contesta “¿por qué, porque lo digas tú?”. Ha habido una dejación porque incluso muchos docentes han querido establecer una relación cercana a sus alumnos, como si fueran amigos, y no lo son. Es un error. Y en la familia pasa igual, pero no hay que perder los roles. Uno es el padre y otro el hijo.

—¿Cómo se puede cambiar esta situación?

Habrá que enseñarles a mirar cómo trato yo a los abuelos, que aprecien el respeto, que no les grito... Los niños se rigen por lo que ven que hacen sus padres y la mayoría de la gente es sana. Deben darse cuenta, además, que las normas las ponemos nosotros, y que si no les gusta, se siente. El mundo es un juego de poder y en ese equilibrio deben aprender. Tienen que ver que ellos no pueden imponerse y que si no obedecen deben irse castigados a su habitación, aunque se enfaden. Los choques, chulerías o empujoncitos no se pueden consentir de ninguna manera ni aunque sean pequeños porque después tendrá 26 años y el empujón será peligroso. Si no se cortan este tipo de situaciones, el niño se acostumbra a repetir este tipo de actos y a no obedecer. No puede ser, debe obedecer a la primera. Y si se le castiga, que lo cumpla siempre. Hay que hacerles saber que se le educa así por que se le quiere y porque son las reglas de una convivencia feliz.

—Entonces, ¿es posible cambiar a los hijos para que sean obedientes?

Sí, se puede. Los padres deben invertir en educación sobre todo en los primeros años porque posteriormente los problemas se hacen más difíciles y los hábitos se instauran de forma que resulta cada vez más complicado cambiar. Si no saben muy bien cómo hacerlo en algún momento, los padres deben hablar con los abuelos o, en su caso, con los especialistas, pero que no piensen “ya cambiará”.

Laura Peraita

FUENTE. ABC

martes, 29 de agosto de 2017

Video En Hora Buena: Como hablar de sexo con los hijos?

Cómo ser un adulto resiliente

Gran parte de las investigaciones científicas sobre la resiliencia —nuestra capacidad de recuperarnos de la adversidad— se ha enfocado en cómo desarrollar esta en los niños. Sin embargo, ¿qué hay de los adultos?

Si bien la resiliencia es una habilidad fundamental para un desarrollo saludable en la niñez, la ciencia demuestra que los adultos también pueden tomar acciones para impulsarla; a menudo es cuando más la necesitamos. La adultez puede traer consigo todo tipo de factores que causan estrés, incluyendo un divorcio, la muerte de alguno de los padres, reveses profesionales y preocupación ante la jubilación, pero muchos de nosotros no cultivamos las habilidades para enfrentar tales adversidades, como se requiere para superar estos retos.

La buena noticia es que algunas de las cualidades de una edad más avanzada, como una mejor capacidad para regular las emociones, la perspectiva obtenida a partir de las experiencias de vida y la preocupación por las generaciones futuras, pueden darles a las personas mayores una ventaja sobre las más jóvenes en cuanto al desarrollo de la resiliencia, dijo Adam Grant, profesor de Administración y Psicología de la Facultad Wharton de la Universidad de Pensilvania.

“Hay un conjunto de comportamientos que se pueden aprender de manera natural y que contribuyen a la resiliencia”, dijo Grant, quien escribió junto con Sheryl Sandberg, la directora de operaciones para Facebook, el libro “Option B: Facing Adversity, Building Resilience and Finding Joy”. “Esas son las conductas hacia las que gravitamos cada vez más conforme vamos creciendo”.

El año pasado, Dennis Charney, un investigador de la resiliencia y decano de la Facultad de Medicina Icahn del Hospital Monte Sinaí, en la ciudad de Nueva York, salía de una tienda de alimentos cuando recibió un balazo de un exempleado insatisfecho. Charney pasó cinco días en terapia intensiva y tuvo una recuperación difícil. “Después de 25 años de estudiar la resiliencia, yo mismo tuve que ser resiliente”, dijo Charney, coautor del libro “Resilience: The Science of Mastering Life’s Greatest Challenges”. “Es bueno estar preparado de antemano, pero una vez impactado por un trauma no es demasiado tarde para cultivar la capacidad de salir adelante de manera resiliente”.

Los científicos que estudian el estrés y la resiliencia dicen que es importante pensar en esta última como si fuera un músculo emocional, el cual puede fortalecerse en cualquier momento. Aunque es útil desarrollar la resiliencia antes de que se presente una crisis pequeña o grande, también hay pasos activos que podemos tomar durante y después de las crisis para acelerar la recuperación emocional.

Estas son algunas de las formas en las que puedes cultivar la resiliencia en la adultez:

• Practica el optimismo. El optimismo es en parte heredado y en parte aprendido. Así que, si naciste en una familia de pesimistas, de cualquier forma puedes encontrar a tu optimista interior.

Ser optimista no significa ignorar la realidad de una situación difícil. Después de la pérdida de un empleo, por ejemplo, mucha gente se siente derrotada y piensa: “Nunca me recuperaré de esto”. Un optimista reconocerá el reto, pero con más esperanza, y dirá: “Esto será difícil, pero es una oportunidad de replantearme mis objetivos de vida y conseguir un trabajo que realmente me haga feliz”.

Aun cuando suene trivial, tener pensamientos positivos y rodearte de gente positiva en verdad ayuda. Steven Southwick, profesor de Psiquiatría de la Facultad de Medicina de Yale y coautor del libro de Charney, señala que el optimismo, al igual que el pesimismo, puede ser contagioso. Así que su consejo es: “Júntate con personas optimistas”.

• Reescribe tu historia. Cuando Charney estaba recuperándose del balazo, sabía que su vida había cambiado para siempre, pero reestructuró la situación, enfocándose en la oportunidad que le presentaba ese duro golpe. “Una vez que eres víctima de un trauma, eso se queda contigo”, dijo. “Pero yo sabía que podía ser un modelo. Tengo a miles de estudiantes que observan mi recuperación. Esto me da la oportunidad de usar lo que he aprendido”.

Ha sido demostrado en un estudio tras otro que podemos beneficiarnos de cambiar el discurso personal que moldea nuestra forma de ver el mundo y a nosotros mismos. En estudios sobre escritura expresiva, obtuvieron mejores calificaciones los estudiantes universitarios a los que se les enseñó a reformular sus conflictos como una oportunidad de crecimiento, y fue menos probable que abandonaran sus estudios. Una investigación realizada en Harvard encontró que las personas que consideraban el estrés como un combustible para un mejor desempeño obtenían mejores resultados en sus exámenes y manejaban mejor el estrés –desde el punto de vista fisiológico– que aquellos a quienes se les había enseñado a ignorarlo.

“Se trata de aprender a reconocer la historia explicativa que tiendes a usar para tu vida”, dijo Southwick. “Observa lo que te dices a ti mismo y cuestiónalo. No es fácil. Requiere práctica”.

• No te lo tomes personal. Tenemos la tendencia de culparnos por las adversidades de la vida y rumiar acerca de lo que podríamos haber hecho diferente. En su momento, una situación difícil parece no tener fin. Para fortalecer tu resiliencia, recuerda que incluso si cometiste un error, con toda seguridad hubo varios factores que contribuyeron al problema; cambia tu enfoque hacia los próximos pasos a seguir.

“Decirte a ti mismo que una situación no es personal, que no lo abarca todo ni es permanente, puede ser extremadamente útil”, dijo Grant. “Casi no hay fracasos que sean completamente personales”.

• Recuerda tus recuperaciones. En tiempos difíciles, a menudo recordamos que otras personas —como los refugiados de guerras o un amigo con cáncer— la han pasado peor. Aunque esto pueda ser cierto, obtendrás un mayor impulso resiliente si te recuerdas a ti mismo los retos que tú ya has superado personalmente.

“Es más fácil identificarte con quien eras antes que con alguien de otro país”, dijo Grant. “Recuerda y di: ‘Ya pasé por algo peor en el pasado. Esto no es lo más horrible que he enfrentado o enfrentaré. Sé que puedo lidiar con esto’”.

Sallie Krawcheck, antigua ejecutiva de Wall Street, dijo que después de un despido bastante público, se recordó a sí misma lo afortunada que era de tener una familia sana y un colchón financiero. Aunque nunca ha estudiado la resiliencia, cree que algunos retos que enfrentó a temprana edad —como el que la molestaran en la secundaria (“Fue brutal”, dijo) o pasar por un divorcio doloroso— la ayudaron a recuperarse también en el ámbito profesional. “Simplemente creo en los resurgimientos”, dijo Krawcheck, quien recientemente fundó Ellevest, una plataforma de inversión en línea para mujeres. “Considero estos reveses como parte de un viaje y no un fracaso que pueda terminar con mi carrera. No había nada que pudieran hacerme en Wall Street que fuera tan malo como la secundaria”.

• Apoya a otros. Los estudios sobre resiliencia muestran que las personas son más resilientes cuando cuentan con redes sólidas de apoyo de amigos y familiares que les puedan ayudar a enfrentar las crisis. Sin embargo, puedes obtener un impulso resiliente aún mayor cuando tú das el apoyo.

En un estudio sobre resiliencia psicológica realizado en 2017 entre veteranos del Ejército de Estados Unidos, quienes tenían niveles más altos de gratitud, altruismo y sentido de propósito también presentaban mayores habilidades de resiliencia.

“Cualquier manera en la que puedas acercarte a otros y ayudarlos es una forma de salir de ti mismo, lo que constituye una forma importante de aumentar tu propia fuerza”, dijo Southwick. “Una parte de la resiliencia es asumir la responsabilidad de tu vida y de crear una vida que consideres significativa y con propósito. No tiene que ser una misión elevada: puede ser tu familia. Mientras aquello en lo que participes tenga sentido para ti, eso puede impulsarte a superar todo tipo de adversidades”.

• Descansa del estrés. Los tiempos de estrés manejable representan una oportunidad de cultivar tu resiliencia. “Debes cambiar la manera en que piensas el estrés”, dijo Jack Groppel, cofundador del Johnson & Johnson Performance Institute, que hace poco comenzó a ofrecer un curso de resiliencia. “Debes invitar al estrés a tu vida. Un ser humano necesita estrés; el cuerpo y la mente quieren estrés”.

La clave, dijo Groppel, es reconocer que nunca eliminarás el estrés de tu vida. Por lo tanto, hay que crear oportunidades frecuentes para que el cuerpo se recupere de este, al igual que harías para dejar descansar a tus músculos entre repeticiones de levantamiento de pesas. Tomar una caminata a modo de descanso, dedicarle cinco minutos a meditar o ir a almorzar con alguna amistad son maneras de darles a tu cuerpo y a tu mente un descanso del estrés.

“El estrés es el estímulo para el crecimiento, y la recuperación es cuando el crecimiento ocurre”, dijo Groppel. “Así es cómo desarrollamos el músculo de la resiliencia”.

• Sal de tu zona de confort. La resiliencia no solo proviene de las experiencias negativas. Puedes cultivar tu resiliencia poniéndote en situaciones desafiantes. Groppel está planeando escalar el monte Kilimanjaro con su hijo, por ejemplo. Así que toma unas vacaciones intrépidas o corre un triatlón. Comparte tus habilidades poéticas secretas con extraños en un evento de lectura de poesía.

“Hay algo biológico en ello”, dijo Charney. “Tus sistemas para regular la hormona del estrés se harán menos reactivos al estrés para que puedas manejarlo mejor. Vive tu vida de manera que adquieras las habilidades que te permitan manejarlo”.



STEVEN SOUTHWICK, PROFESOR DE PSIQUIATRÍA DE LA FACULTAD DE MEDICINA DE YALE.

“Mientras aquello en lo que participes tenga sentido para ti, eso puede impulsarte a superar todo tipo de adversidades”.



DENNIS CHARNEY, DECANO DE LA FACULTAD DE MEDICINA ICAHN DEL HOSPITAL MONTE SINAÍ.

“Es bueno estar preparado de antemano, pero una vez impactado por un trauma no es demasiado tarde para cultivar la capacidad de salir adelante de manera resiliente”.

Mi hijo es tímido, ¿qué puedo hacer?



De Mamas y de Papas

Un niño tímido lo es en cualquier circunstancia y evento social que se preste. Sin embargo, aunque todos los niños presentan un cierto grado de timidez o vergüenza en algún momento de su infancia y es normal, existen algunos rasgos que diferencian a un niño tímido por naturaleza de lo que se denomina mutismo selectivo o fobia social (un trastorno diferente que no aparece hasta los 18 años).

¿Cuáles son, entonces, los rasgos que presenta un niño tímido? y ¿cómo podemos ayudar al niño?

La vergüenza es un rasgo común en la infancia. A menudo, los niños pequeños pasan por una etapa en la que se comportan de manera más temerosa hacia las figuras de autoridad o influencias en el entorno que ellos consideran negativas y por las que se puedan sentir agredidos. Julio Bobes, presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría (SEPSIQ) asegura que aparte “de que hay algunos genes relacionados con las conductas de inhibición, lo más relevante es la influencia del entorno”. “Que los niños se muestren tímidos es algo normal, pues es una condición inherente en su desarrollo”, explica. Incluso, el mutismo selectivo, es decir, “niños que no se comunican en el colegio, que son incapaces de leer un libro en voz alta o hablar con sus profesores, pero que hablan cómodamente en casa, también lo es”, añade.

“Normalmente, estos niños se muestran rígidos, sin apenas expresión en la cara, no responden a las preguntas o se camuflan detrás de los pantalones de sus padres”, comenta Bobes. “En estos casos, deben acostumbrarse a exponer sus deberes en el colegio, trabajar en grupos, o realizar actividades que impliquen el contacto verbal con otros niños, si no podrían bloquearse y dar lugar a no atreverse nunca a expresarse en común y comenzar así la evitación social”, agrega el experto. Pero ese es otro tema.

La timidez es un rasgo del carácter

“Es una cuestión de darles seguridad y confianza”, comenta Bobes. “Para no dar lugar a problemas mayores como la evitación social. Lo mejor es involucrar a los niños en actividades de ocio en el colegio: jugar por equipos a cualquier cosa que implique la relación directa con otros niños es lo mejor para empezar”, asegura. Además, Bobes, hace hincapié en la importancia que tiene por parte de los padres el hecho de cuidar el desarrollo sociológico del niño. “Hijos de padres en situación de conflicto -que se pelean mucho- son más propensos a mostrarse más cohibidos en otros contextos sociales, por lo que sería conveniente trasladarlos temporalmente a otros entornos más saludables como los abuelos, o los tíos y primos”, apunta.

Y es que, lo que puede parecer como solo timidez, en realidad tiene sus raíces en la ansiedad, específicamente, es un miedo subyacente a la expectativa de hablar. “Si la ansiedad aparece, habría que apoyar al niño con algún fármaco, pero en principio, la timidez es una forma de ser, una manera diferente de expresarse que, generalmente, se modifica y se supera con el paso del tiempo”. “El trabajo en grupo con sus compañeros del colegio es lo más sencillo para empezar y, otras actividades como el teatro también pueden aportar beneficios para completar el final del proceso”, argumenta.

¿Cuáles son las raíces de la timidez?

La relación entre la ansiedad y el miedo ha sido ampliamente estudiada por los científicos que aseguran que es la causa principal para el desarrollo de la timidez, sin embargo, aún hay mucho por descubrir. Las raíces de la timidez son ambiguas, de hecho, actualmente, un grupo de psicólogos estadounidenses, expertos en el desarrollo emocional infantil, están investigando acerca de su origen.

Vanessa Lobue, profesora de psicología en la RU-N University y una de las autoras, que lleva años observando cómo actúan y reaccionan los bebés en diferentes contextos sociales, sostiene la hipótesis de que los bebés que pasan más tiempo viviendo en entornos hostiles o conviviendo con padres de carácter hosco, arisco o con frecuentes cambios de humor tienen más probabilidades de desarrollar inhibición conductual a medida que envejecen. Por lo tanto, un bebé que pasa más tiempo percibiendo una cara de “enojo puede tener una mayor predisposición a prestar más atención a la información social negativa”, sostiene.

Frente a esto, Bobes considera que los niños, desde que son bebés, deben ser educados en ambientes armónicos ya que son muy sensibles al entorno y cualquier agresión tanto física como psicológica, a la larga, les afecta.

“Lo más recomendable son los ambientes estructurados y sanos, de modo que el niño se pueda desarrollar con la máxima normalidad”, concluye el experto.



¿CONTRIBUYES A LA TIMIDEZ DE TU HIJO?

La educación de un niño tímido puede ser un gran quebradero de cabeza para los padres pues, a menudo, se presentan como personas calladas, temerosas y evitan constantemente las interacciones sociales. Sin embargo, estudios recientes afirman que es una fase por la que todos los niños pasan en algún momento de su infancia. Pero, ¿cómo descubrir la línea que separa un simple comportamiento retraído de una timidez extrema?

La psicóloga clínica Infanto-Juvenil Pino Espegel asegura que el niño tímido sufre cierto malestar en las situaciones sociales, sobre todo, cuando no están presentes sus figuras de apego, en este caso, los padres. “La familia es la base en el aprendizaje de los pequeños. Los niños que aprenden por modelaje -imitación-, si provienen de una familia de padres tímidos, es más probable que ellos lo sean”, explica. “Por otra parte, un niño con padres muy sociales, o que vive bajo la sobreprotección, puede mantener su timidez en el tiempo”, añade.

Según un informe publicado en la revista canadiense Today´s Parent, especializada en salud infantil y de familias, los padres, a veces, sin querer, pueden contribuir a la timidez de sus hijos. En la publicación se recogen las declaraciones del reconocido escritor estadounidense y exprofesor de niños Michael Reist, el cual incide en que: “Cuando los padres u otros adultos hacen intentos de corregir la timidez, el niño intercepta el mensaje y se da cuenta de que no encaja, así que, en su lugar, debemos enseñarles que también está bien no hacer o comportarse igual que todos los demás”, explica.

El peligro de la sobreprotección

Una de las causas principales que genera la timidez es la sobreprotección. Proteger excesivamente a tus hijos puede acarrearles serios problemas de inseguridad y miedo, que influyen en los niños tímidos. Un reciente estudio realizado por The New York Times basado en una encuesta realizada a más de 100.000 estudiantes de la Universidad de Pensilvania aseguró que la ansiedad es un problema de salud bastante común entre los estudiantes y que uno de cada seis estudiantes padece de depresión, estrés o ansiedad. El informe aseguraba que una de las razones principales es la sobreprotección de sus padres. Según el informe “Muchos estudiantes que llegan a la Universidad no tienen la misma capacidad de resistencia que las generaciones anteriores y no soportan el malestar ni tener que luchar frente a las adversidades”.

Numerosos expertos aseguran que cuando los estudiantes llegan a la Universidad, continúan bajo una extrema supervisión por parte de sus padres, por lo que muchos de ellos, parecen incapaces de solucionar sus problemas o mantenerse por ellos mismos. De esta forma, se han generado jóvenes más inseguros y menos motivados a desarrollar sus habilidades para afrontar la vida.

Para la escritora y profesora estadounidense, Susan Cain, autora del libro ‘El poder de los introvertidos’, “si el niño presenta falta de progresión a través de un miedo en particular, llora cuando las lágrimas no se ajustan a la situación, se aísla regularmente o tiene frecuentes arrebatos emocionales, podría estar experimentando un trastorno de ansiedad social, por lo que, en estos casos, el niño debe ser evaluado por un profesional”, declara.

Por ello, si un niño en edad temprana manifiesta fobia social de una manera atenuada y persistente, se puede tratar el problema mediante la psicoterapia. Para Espegel, existen muchas técnicas que se pueden aplicar en estos casos, pero lo más importante es el apoyo por parte del entorno del niño. “Es fundamental contar con el apoyo de los dos entornos externos a la consulta como la familia y el colegio, que actúan como agentes reforzadores imprescindibles”, explica.

Timidez Vs. Introversión

Susan Cain, en su libro, asegura que se tiene la creencia universal de que la persona extrovertida es la personalidad ideal, en contraposición a la persona tímida que se le considera ciudadano de segunda clase pero, con mucho talento, sin explotar. “De hecho, algunos famosos introvertidos como Albert Einstein, JK Rowling y el Dr. Seuss demostraron sus cualidades como la innovación, la creatividad y la sensibilidad e hicieron grandes contribuciones a la sociedad y no destacaron precisamente por sus relaciones sociales”, matiza.

Para Cain, los introvertidos tienen preferencia por un ambiente tranquilo y más estimulante, los define como personas que tienden a disfrutar en silencio. “Los introvertidos tienden a pensar más las cosas, son menos imprudentes y tienen la capacidad de centrarse en lo que realmente les importa. Por el contrario, los extrovertidos se energizan con las situaciones sociales y tienden a pensar en voz alta”, expone.

Pino Espegel denomina a los niños introvertidos como “personas inmersas en sus pensamientos o emociones, que disfrutan en soledad y deciden estar más tiempo solos por decisión propia, no por inseguridad ni ausencia de habilidades”, explica.

Por lo tanto, cada niño, manifiesta su timidez de forma diferente, pero, al final, lo más importante es animarle para que se esfuerce en todas las actividades y diferentes áreas de su vida, de forma que se exprese en los ambientes que le resulten más agradables sin presión ni sobreprotección.