La posibilidad de que las pruebas científicas confirmen la teoría de la Policía en relación a que Omar y Alejandra sean los autores del asesinato de las hermanas Adriázola, motivó una interrogante en decenas de personas.
¿Puede una familia criar a un psicópata sin darse cuenta? Sí es posible, según la psicóloga clínica, máster en Psicología Forense, Medicina Legal y Ciencias Policiales, Lorena Cox.
“Es posible criar a un hijo de cualquier tipo de personalidad sin saber, realmente, a la persona que se está formando, pero también es cierto que como familia tenemos cierto conocimiento sobre el comportamiento de nuestros hijos, hermanos o padres en casos extremos”. Y muchas veces, asegura Cox, la familia solapa y consiente conductas inadecuadas, en nombre de un amor ciego.
CARACTERÍSTICAS
La principal característica de un o una psicópata es que tiene una afectividad plana, es decir, que no siente emociones y, por tanto, le cuesta expresarlas aunque tratará de fingirlas porque es muy inteligente. Esa ausencia de emociones le permite pasar el polígrafo aunque esté mintiendo.
La psicopatía no es genética, según la perito del Instituto de Investigaciones Forenses (IDIF) de Cochabamba Lorena Cox, sino que deviene de un sistema educativo solapado y muy permisivo.
Cuando son niños o niñas suelen cometer actos crueles que los parientes pasan por alto. Por ejemplo, pueden hacerle daño a insectos y animales domésticos sin sentir un mínimo de pena. Más bien disfrutan de esos actos, desarrollan orgullo y satisfacción al cometerlos. A una edad temprana, este tipo de comportamiento se llama trastorno disocial de la personalidad y la intensidad de sus síntomas puede ser reducida con un sistema educativo correcto, no permisivo, inculcándole valores, reforzando comportamientos positivos, etc.
Pero si los padres más bien premian sus transgresiones, solo estimularán su conducta y al crecer el hijo o hija, este trastorno disocial puede convertirse en una psicopatía o trastorno antisocial de la personalidad que en la edad adulta “tiene un pronóstico reservado porque implica una eminente peligrosidad criminal”.
Los psicópatas, en la edad adulta, no mejoran con tratamientos terapéuticos medicados y más bien los fármacos les dan más recursos para cometer transgresiones.
La Policía no puede declarar psicópata a nadie. Solamente peritos o especialistas pueden hacerlo después de someter a estas personas a una evaluación de los rasgos y características de la personalidad con metodología científica y técnica.
Lo ideal es no hacer diferencias entre los hijos, corregir sus errores y reconocer sus logros (premios y sanciones), estar alertas a los cambios de emociones en ellos y revisar con cierta frecuencia qué información buscan en internet y en sus celulares.
domingo, 31 de mayo de 2015
Decálogo para tener más paciencia con nuestros hijos
RELACIONES FAMILIARES
MEJOR COMUNICACIÓN
Las mujeres, sobre todo aquellas que trabajan y llevan en su mochila los problemas laborales del día, reconocen que viven la vida a mil por hora, que no les da tiempo a llegar a todo. Los hombres también se quejan de que las horas del reloj pasan demasiado rápido, lo que aumenta su sensación de estrés.
Lo peor de estas situaciones es que muchas veces, cuando llega el momento de entrar en casa y disfrutar de los hijos, aún quedan cosas por hacer: los deberes, los baños, la lavadora, la cena... Seguro que la historia les suena.
Los expertos en relaciones familiares apuntan que cada vez reciben en consulta más preguntas sobre cómo ganar en paciencia porque los padres y madres en vez de disfrutar de sus hijos, pierden los nervios si los pequeños no son obedientes y no les ponen las cosas fáciles para tener una mayor tranquilidad en el hogar.
La paciencia, entendida como la capacidad de padecer o soportar algo sin alterarse (tal y como enuncia el Diccionario de la Real Academia Española) es un tesoro que muchos padres desearían poseer.
Cristina García, pedagoga, educadora y autora de la guía “El método de la paciencia con hijos” del link EduKame.com, explica que se puede ganar en paciencia si entendemos, en primer lugar, que nuestros hijos o hijas son pequeños.
DIEZ ASPECTOS CLAVES
Esta especialista también recomienda tener en cuenta los siguientes diez puntos:
1. Hacen cosas de niños. No son personas adultas y, por tanto, hacen cosas de niños como no obedecer a la primera, querer tocarlo todo, cuestionar la autoridad de los padres, querer jugar sin parar para comer o dormir, decidir qué abrigo ponerse aunque sea verano, etc.
2. Necesitan nuestra atención. A cualquier hora del día (si es de noche se pierde más la paciencia) y en cualquier lugar: en la calle, en casa, en la bañera, mientras yo hablo por teléfono o cocino, etc.
3. Sus necesidades son diferentes a las nuestras. Mientras yo necesito descansar de un día agotador, mi hijo necesita la atención de su madre y padre: ya sea jugando o preguntando, con mimos o con regañinas, si todo lo demás falla.
4. Merecen respeto. Tratarles mediante ejercicios de sumisión (cachetes, humillaciones, castigos y gritos) hace que se sientan inferiores ahora y en el futuro.
5. No tienen prisa. Ni en comer, ni en vestirse, ni en caminar, ni para llegar a ningún sitio, ni en crecer. La prisa es de los adultos. ¡Prisa para todo; hasta para amar! Cuánta más prisa, menos paciencia.
6. No necesitan hacer muchas cosas. Ellos simplemente necesitan hacerlas y a su ritmo. En cambio los adultos, sí. Cuánto más cosas por hacer, más estrés y menos paciencia.
7. ¿Necesitan hacerlas bien? No es cosas de niños hacer las cosas bien. Sí es cosa de padres exigir o esperar que las hagan bien: obedezcan a la primera, ordenen, jueguen sin alboroto, comprendan a los hermanos, se lo coman todo, se duchen sin protestar, hagan bien sus deberes, etc.
8. Solicitan nuestro tiempo. Los hijos necesitan de nuestro tiempo y dedicación, pero cuando no lo tenemos en cuenta, nos hace perder la paciencia.
9. Requieren amor incondicional. La paternidad es amor incondicional, que seguro practicas cuando tu hijo te sonríe con esa carita tan linda. También es la misma carita linda de quien te hace perder la paciencia y gritarle o exigirle.
10. Les necesitamos. Nosotros necesitamos también a nuestros hijos. Abrir nuestro corazón, jugar, cantar, danzar sin por ello perder nuestra parte de adulto responsable que se vuelve más flexible, amoroso y sin exigencias.
Finalmente, recordar que la paciencia que deseas o buscas está en ti misma o mismo.
La paciencia con los hijos empieza por la negociación con uno mismo y entre la pareja. Debemos negociar con nuestras fuerzas, los límites solo son eficaces si se llevan hasta el final.
Es importante que en cada familia existan pocos límites pero que se respeten. Decir constantemente que no y después cambiar de actitud genera desconcierto y deja un margen de actuación amplio para el niño.
Cada padre debe negociar los límites que va a establecer y pactar con el otro progenitor si estos son compartidos. A partir de ahí es necesario buscar conjuntamente la estrategia. Tener pensado cómo actuar, aunque sea en solitario. Si en la estrategia acordada han participado los dos, el sentimiento de soledad es menor y la necesidad de salir del rol adulto disminuye. La co-presencia (aunque sea a distancia) de la pareja, inclusive en parejas divorciadas, disminuye la violencia de las reacciones adultas inadecuadas.
MEJOR COMUNICACIÓN
Las mujeres, sobre todo aquellas que trabajan y llevan en su mochila los problemas laborales del día, reconocen que viven la vida a mil por hora, que no les da tiempo a llegar a todo. Los hombres también se quejan de que las horas del reloj pasan demasiado rápido, lo que aumenta su sensación de estrés.
Lo peor de estas situaciones es que muchas veces, cuando llega el momento de entrar en casa y disfrutar de los hijos, aún quedan cosas por hacer: los deberes, los baños, la lavadora, la cena... Seguro que la historia les suena.
Los expertos en relaciones familiares apuntan que cada vez reciben en consulta más preguntas sobre cómo ganar en paciencia porque los padres y madres en vez de disfrutar de sus hijos, pierden los nervios si los pequeños no son obedientes y no les ponen las cosas fáciles para tener una mayor tranquilidad en el hogar.
La paciencia, entendida como la capacidad de padecer o soportar algo sin alterarse (tal y como enuncia el Diccionario de la Real Academia Española) es un tesoro que muchos padres desearían poseer.
Cristina García, pedagoga, educadora y autora de la guía “El método de la paciencia con hijos” del link EduKame.com, explica que se puede ganar en paciencia si entendemos, en primer lugar, que nuestros hijos o hijas son pequeños.
DIEZ ASPECTOS CLAVES
Esta especialista también recomienda tener en cuenta los siguientes diez puntos:
1. Hacen cosas de niños. No son personas adultas y, por tanto, hacen cosas de niños como no obedecer a la primera, querer tocarlo todo, cuestionar la autoridad de los padres, querer jugar sin parar para comer o dormir, decidir qué abrigo ponerse aunque sea verano, etc.
2. Necesitan nuestra atención. A cualquier hora del día (si es de noche se pierde más la paciencia) y en cualquier lugar: en la calle, en casa, en la bañera, mientras yo hablo por teléfono o cocino, etc.
3. Sus necesidades son diferentes a las nuestras. Mientras yo necesito descansar de un día agotador, mi hijo necesita la atención de su madre y padre: ya sea jugando o preguntando, con mimos o con regañinas, si todo lo demás falla.
4. Merecen respeto. Tratarles mediante ejercicios de sumisión (cachetes, humillaciones, castigos y gritos) hace que se sientan inferiores ahora y en el futuro.
5. No tienen prisa. Ni en comer, ni en vestirse, ni en caminar, ni para llegar a ningún sitio, ni en crecer. La prisa es de los adultos. ¡Prisa para todo; hasta para amar! Cuánta más prisa, menos paciencia.
6. No necesitan hacer muchas cosas. Ellos simplemente necesitan hacerlas y a su ritmo. En cambio los adultos, sí. Cuánto más cosas por hacer, más estrés y menos paciencia.
7. ¿Necesitan hacerlas bien? No es cosas de niños hacer las cosas bien. Sí es cosa de padres exigir o esperar que las hagan bien: obedezcan a la primera, ordenen, jueguen sin alboroto, comprendan a los hermanos, se lo coman todo, se duchen sin protestar, hagan bien sus deberes, etc.
8. Solicitan nuestro tiempo. Los hijos necesitan de nuestro tiempo y dedicación, pero cuando no lo tenemos en cuenta, nos hace perder la paciencia.
9. Requieren amor incondicional. La paternidad es amor incondicional, que seguro practicas cuando tu hijo te sonríe con esa carita tan linda. También es la misma carita linda de quien te hace perder la paciencia y gritarle o exigirle.
10. Les necesitamos. Nosotros necesitamos también a nuestros hijos. Abrir nuestro corazón, jugar, cantar, danzar sin por ello perder nuestra parte de adulto responsable que se vuelve más flexible, amoroso y sin exigencias.
Finalmente, recordar que la paciencia que deseas o buscas está en ti misma o mismo.
La paciencia con los hijos empieza por la negociación con uno mismo y entre la pareja. Debemos negociar con nuestras fuerzas, los límites solo son eficaces si se llevan hasta el final.
Es importante que en cada familia existan pocos límites pero que se respeten. Decir constantemente que no y después cambiar de actitud genera desconcierto y deja un margen de actuación amplio para el niño.
Cada padre debe negociar los límites que va a establecer y pactar con el otro progenitor si estos son compartidos. A partir de ahí es necesario buscar conjuntamente la estrategia. Tener pensado cómo actuar, aunque sea en solitario. Si en la estrategia acordada han participado los dos, el sentimiento de soledad es menor y la necesidad de salir del rol adulto disminuye. La co-presencia (aunque sea a distancia) de la pareja, inclusive en parejas divorciadas, disminuye la violencia de las reacciones adultas inadecuadas.
Campaña de adopción Tener un hijo de corazón
El valor de la familia. A veces la maternidad biológica no llega, pero la persona o pareja está lista para amar a un hijo. En estos casos, la adopción se convierte en una vía para ser padres.
Carlitos es un niño de cinco años, tiene el rostro moreno y los ojos rasgados; con sus pequeñas manitos sostiene una mamadera. Con la vista recorre palmo a palmo el cuarto y una media sonrisa delata su nerviosismo, y aunque no comprende bien lo que pasa, hoy su vida tomará un nuevo rumbo.
Tendrá una familia, una mamá y un papá, que quieren dar amor a un niño. Una decisión basada en que la paternidad o maternidad no siempre se gesta en un vientre sino en el corazón, en las ganas y el deseo de criar a un hijo.
Bien lo decía el papa Juan Pablo II, en uno de sus encuentros realizados con familias adoptivas en las Misioneras de la Caridad en Puerto Rico, allá por el 2000, “adoptar a un niño es una gran obra de amor. Cuando se realiza, se da mucho, pero también se recibe mucho. Es un verdadero intercambio de dones”.
CAMPAÑA DE ADOPCIÓN
Hace pocas semanas el Servicio de Gestión Social (Sedeges) de la Gobernación de Cochabamba lanzó una campaña de adopción, que este año tiene como grupo preferencial a niños institucionalizados mayores de cuatro años, con discapacidad y hermanitos que puedan ser adoptados juntos.
Ana María de la Fuente Bernal, directora del Sedeges, explica por qué se está impulsando la adopción de estos niños. El principal motivo es que una vez que el menor cumple los cuatro años su situación legal de abandono está resuelta y esto permite que la adopción se concrete en pocos meses.
Si bien la mayoría de las familias interesadas en adoptar quieren bebés o niños menores de dos años, el proceso de adopción, en muchos casos, podría demorarse porque los menores no tienen definida su situación legal, debido a que aún no se puede definir la inexistencia de una familia biológica y por lo tanto, legalmente, aún no pueden ser adoptados.
Los menores mayores de cuatro años que son entregados a familias adoptivas, son niños que están liberados de patria potestad o que la justicia entiende que no tienen vínculos con sus padres biológicos; por lo que éstos no tienen derechos sobre ellos, en caso de que quieran reclamar a los padres adoptantes.
Actualmente existen 2.100 niños en los centros de acogida de Cochabamba que esperan ser adoptados. Según el Sedeges en este corto tiempo desde que comenzó la campaña, 109 personas o parejas se han apersonado a sus oficinas buscando información del proceso de adopción.
Esta campaña de sensibilización sobre la adopción cuenta con el apoyo de artistas, deportistas y presentadores de televisión, que difunden los mensajes a través de los medios de comunicación.
Muestras de amor
Una de las personas que se acercó hasta el Sedeges para buscar información sobre la adopción es Francisco N.N., de 34 años, quien desea preservar su identidad.
Es un hombre de 1.75 centímetros de estatura, de casi 80 kilos y que por su modo de expresarse parece ser instruido; pero, ignora si él puede ser candidato a la adopción de un menor.
Algo apenado, pero con ganas de dar un cambio a su vida, sostiene que “no puedo tener hijos y por eso mis parejas me dejan. Ahora solo quiero tener un niño a quien cuidar y dar amor”.
Inmediatamente recibe información y grande es su alegría cuando se entera que puede aplicar a la adopción, en su calidad de soltería.
Zulma Cortés Mejía, responsable de la Unidad de Atención y Protección del Sedeges, informa que este Centro está promoviendo el proceso de adopción debido a que no desean que los niños queden institucionalizados en los centros de acogida.
“Se está tratando de restituir a los niños su derecho a tener una familia, puesto que a veces llegan con apenas algunos meses de vida y se quedan institucionalizados hasta cumplir los 18 años”, asegura Cortés.
Al respecto, la socióloga Rosario Romero, del Proyecto de Adopciones, afirma que el 10 por ciento de las personas interesadas en adoptar es soltera.
El 90 por ciento restante son parejas, con matrimonios consolidados o que viven en unión libre.
“La mayoría de las parejas son profesionales, cuyas edades fluctúan entre los 35 y 50 años”, asegura Romero.
Un dato importante del grupo de solicitudes de padres solteros es que están acudiendo en mayor número los varones, entre 30 y 40 años; y en menor número mujeres, cuyas edades superan los 45 años de edad”, informa la socióloga.
Luchando contra los tabúes
Mario y Ana Gonzales, casados hace más de 13 años, están con la firme idea de adoptar una hija; aunque ellos ya tienen una primogénita, el destino les impidió volver a embarazarse, situación por la cual quisieran tener una niña de unos 10 a 11 años, que pueda entablar lazos de familiaridad con su hermana mayor.
Rosario Romero asegura que el tema de la adopción debe ser muy bien meditado, puesto que no se está tratando con objetos sino con personas, cuyos sueños y anhelos son formar parte de un hogar estable.
Nueve de cada 10 personas que están solicitando una adopción superan los 55 años, muchos de ellos incluso con hijos biológicos que ya dejaron el hogar y ahora sus corazones sienten el deseo que albergar a un nuevo miembro en su familia.
En estos casos, estos padres solo pueden aspirar a hijos cuyas edades superen los 10 años, ya que el Sedeges cuida y vela por la situación futura del infante y que sus padres puedan acompañarlo durante su crecimiento. En cambio los aspirantes, cuyas edades sean menores puedes solicitar un niño o niña a partir de los cuatro años.
Es importante mencionar que los niños adoptados a esa edad ya tienen conciencia o por lo menos una idea de que no son los hijos biológicos, por lo tanto, el plantel psicológico del Sedeges se encarga de trabajar arduamente, tanto con los futuros padres como con los niños, para crear canales y vínculos afectivos de comunicación en la nueva familia y los hijos deben aprender a desarrollar el amor filial a partir de esa verdad.
Zulma Cortés asegura que también se está trabajando con la sociedad para generar conciencia colectiva acerca de la importancia de la adopción y de los derechos que contempla, ya que no debe existir diferencia entre un hijo biológico y uno nacido del corazón.
“A veces los hijos adoptados son discriminados por su condición, pero hay que reforzar el concepto de que estos niños están amparados y que gozan de los mismos derechos y deberes que los hijos naturales”, asegura Cortés.
Hijo de corazón
Zulma Cortes Mejía asegura que el trámite de adopción no solo contempla el trámite legal, sino que el postulante debe ser sometido a una serie de estudios para calificar como una persona idónea para abrazar la tarea de la paternidad.
“Entre algunos de los requisitos exigidos está que los padres deben gozar de buena salud física y mental, la cual debe ser acreditada mediante certificado médico y evaluación psicológica del Sedeges”, afirma Cortés.
Esta campaña de adopción también promueve la verdad, es decir que los hijos no son biológicos y que nacen del corazón de sus padres adoptivos.
De acuerdo a los profesionales esta verdad es lo que ayuda y refuerza el mensaje positivo de la adopción y que permite que el niño o la niña sepa y confíe en el amor que le brindan sus padres.
En algunas ocasiones los niños adoptados querrán hablar acerca de su adopción y los padres deben darle oídos y estimular este proceso, pero al final, los hijos deben sentirse igual de amados y protegidos que cualquier persona en el mundo.
Es por esta razón que la campaña de adopción lleva el nombre de Adopta: ten un hijo de corazón.
Es que todos los niños del mundo tienen el derecho al don de la vida, a ser amados y amar; a proyectarse, a trascender, a cumplir sus propios ideales y a ver realizados sus sueños como hijos del corazón.
Carlitos es un niño de cinco años, tiene el rostro moreno y los ojos rasgados; con sus pequeñas manitos sostiene una mamadera. Con la vista recorre palmo a palmo el cuarto y una media sonrisa delata su nerviosismo, y aunque no comprende bien lo que pasa, hoy su vida tomará un nuevo rumbo.
Tendrá una familia, una mamá y un papá, que quieren dar amor a un niño. Una decisión basada en que la paternidad o maternidad no siempre se gesta en un vientre sino en el corazón, en las ganas y el deseo de criar a un hijo.
Bien lo decía el papa Juan Pablo II, en uno de sus encuentros realizados con familias adoptivas en las Misioneras de la Caridad en Puerto Rico, allá por el 2000, “adoptar a un niño es una gran obra de amor. Cuando se realiza, se da mucho, pero también se recibe mucho. Es un verdadero intercambio de dones”.
CAMPAÑA DE ADOPCIÓN
Hace pocas semanas el Servicio de Gestión Social (Sedeges) de la Gobernación de Cochabamba lanzó una campaña de adopción, que este año tiene como grupo preferencial a niños institucionalizados mayores de cuatro años, con discapacidad y hermanitos que puedan ser adoptados juntos.
Ana María de la Fuente Bernal, directora del Sedeges, explica por qué se está impulsando la adopción de estos niños. El principal motivo es que una vez que el menor cumple los cuatro años su situación legal de abandono está resuelta y esto permite que la adopción se concrete en pocos meses.
Si bien la mayoría de las familias interesadas en adoptar quieren bebés o niños menores de dos años, el proceso de adopción, en muchos casos, podría demorarse porque los menores no tienen definida su situación legal, debido a que aún no se puede definir la inexistencia de una familia biológica y por lo tanto, legalmente, aún no pueden ser adoptados.
Los menores mayores de cuatro años que son entregados a familias adoptivas, son niños que están liberados de patria potestad o que la justicia entiende que no tienen vínculos con sus padres biológicos; por lo que éstos no tienen derechos sobre ellos, en caso de que quieran reclamar a los padres adoptantes.
Actualmente existen 2.100 niños en los centros de acogida de Cochabamba que esperan ser adoptados. Según el Sedeges en este corto tiempo desde que comenzó la campaña, 109 personas o parejas se han apersonado a sus oficinas buscando información del proceso de adopción.
Esta campaña de sensibilización sobre la adopción cuenta con el apoyo de artistas, deportistas y presentadores de televisión, que difunden los mensajes a través de los medios de comunicación.
Muestras de amor
Una de las personas que se acercó hasta el Sedeges para buscar información sobre la adopción es Francisco N.N., de 34 años, quien desea preservar su identidad.
Es un hombre de 1.75 centímetros de estatura, de casi 80 kilos y que por su modo de expresarse parece ser instruido; pero, ignora si él puede ser candidato a la adopción de un menor.
Algo apenado, pero con ganas de dar un cambio a su vida, sostiene que “no puedo tener hijos y por eso mis parejas me dejan. Ahora solo quiero tener un niño a quien cuidar y dar amor”.
Inmediatamente recibe información y grande es su alegría cuando se entera que puede aplicar a la adopción, en su calidad de soltería.
Zulma Cortés Mejía, responsable de la Unidad de Atención y Protección del Sedeges, informa que este Centro está promoviendo el proceso de adopción debido a que no desean que los niños queden institucionalizados en los centros de acogida.
“Se está tratando de restituir a los niños su derecho a tener una familia, puesto que a veces llegan con apenas algunos meses de vida y se quedan institucionalizados hasta cumplir los 18 años”, asegura Cortés.
Al respecto, la socióloga Rosario Romero, del Proyecto de Adopciones, afirma que el 10 por ciento de las personas interesadas en adoptar es soltera.
El 90 por ciento restante son parejas, con matrimonios consolidados o que viven en unión libre.
“La mayoría de las parejas son profesionales, cuyas edades fluctúan entre los 35 y 50 años”, asegura Romero.
Un dato importante del grupo de solicitudes de padres solteros es que están acudiendo en mayor número los varones, entre 30 y 40 años; y en menor número mujeres, cuyas edades superan los 45 años de edad”, informa la socióloga.
Luchando contra los tabúes
Mario y Ana Gonzales, casados hace más de 13 años, están con la firme idea de adoptar una hija; aunque ellos ya tienen una primogénita, el destino les impidió volver a embarazarse, situación por la cual quisieran tener una niña de unos 10 a 11 años, que pueda entablar lazos de familiaridad con su hermana mayor.
Rosario Romero asegura que el tema de la adopción debe ser muy bien meditado, puesto que no se está tratando con objetos sino con personas, cuyos sueños y anhelos son formar parte de un hogar estable.
Nueve de cada 10 personas que están solicitando una adopción superan los 55 años, muchos de ellos incluso con hijos biológicos que ya dejaron el hogar y ahora sus corazones sienten el deseo que albergar a un nuevo miembro en su familia.
En estos casos, estos padres solo pueden aspirar a hijos cuyas edades superen los 10 años, ya que el Sedeges cuida y vela por la situación futura del infante y que sus padres puedan acompañarlo durante su crecimiento. En cambio los aspirantes, cuyas edades sean menores puedes solicitar un niño o niña a partir de los cuatro años.
Es importante mencionar que los niños adoptados a esa edad ya tienen conciencia o por lo menos una idea de que no son los hijos biológicos, por lo tanto, el plantel psicológico del Sedeges se encarga de trabajar arduamente, tanto con los futuros padres como con los niños, para crear canales y vínculos afectivos de comunicación en la nueva familia y los hijos deben aprender a desarrollar el amor filial a partir de esa verdad.
Zulma Cortés asegura que también se está trabajando con la sociedad para generar conciencia colectiva acerca de la importancia de la adopción y de los derechos que contempla, ya que no debe existir diferencia entre un hijo biológico y uno nacido del corazón.
“A veces los hijos adoptados son discriminados por su condición, pero hay que reforzar el concepto de que estos niños están amparados y que gozan de los mismos derechos y deberes que los hijos naturales”, asegura Cortés.
Hijo de corazón
Zulma Cortes Mejía asegura que el trámite de adopción no solo contempla el trámite legal, sino que el postulante debe ser sometido a una serie de estudios para calificar como una persona idónea para abrazar la tarea de la paternidad.
“Entre algunos de los requisitos exigidos está que los padres deben gozar de buena salud física y mental, la cual debe ser acreditada mediante certificado médico y evaluación psicológica del Sedeges”, afirma Cortés.
Esta campaña de adopción también promueve la verdad, es decir que los hijos no son biológicos y que nacen del corazón de sus padres adoptivos.
De acuerdo a los profesionales esta verdad es lo que ayuda y refuerza el mensaje positivo de la adopción y que permite que el niño o la niña sepa y confíe en el amor que le brindan sus padres.
En algunas ocasiones los niños adoptados querrán hablar acerca de su adopción y los padres deben darle oídos y estimular este proceso, pero al final, los hijos deben sentirse igual de amados y protegidos que cualquier persona en el mundo.
Es por esta razón que la campaña de adopción lleva el nombre de Adopta: ten un hijo de corazón.
Es que todos los niños del mundo tienen el derecho al don de la vida, a ser amados y amar; a proyectarse, a trascender, a cumplir sus propios ideales y a ver realizados sus sueños como hijos del corazón.
jueves, 28 de mayo de 2015
REGULA LAS CONDUCTAS DE LOS INFANTES PARA deteneR SU AGRESIVIDAD
Gabriela Villarroel
Psicoanalista
Posgrado en Psicoanálisis en el Instituto Clínico
de Buenos Aires (ICdeBA)
Investigación y Docencia en Autismo y Psicosis
Infantil en Buenos Aires - Argentina
Estamos en una época en la cual el habla tiene cada vez menos valor e importancia para regular a la sociedad como a la familia. En esta misma línea, se puede también observar como los objetos tecnológicos reemplazan la posibilidad de hablar. Por ello, los lazos sociales son cada vez más frágiles. Esto tiene una incidencia importante en que los padres en la actualidad presentan dificultades para controlar a sus hijos, es decir que su palabra tenga efecto en ellos para poder convertirse en figuras que transmiten saberes e ideales. De hecho, estamos en un mundo acelerado con urgencia y necesidad de la tecnología y por lo tanto, con menos lugar para la palabra. De esta manera, es complicado establecer las bases de una educación sólida. La consecuencia de lo mencionado anteriormente deriva en que nos encontremos cada vez más con niños sin saber refrenarlos, ya que no cumplen con sus obligaciones o son agresivos en su modo de reaccionar tanto con el entorno familiar como con sus profesores o compañeros.
Es esencial destacar que la agresividad en los menores es parte de su desarrollo, debido a que se enfrentan a situaciones en las cuales tienen que compartir sus objetos o no logran obtener lo que desean. Estas situaciones les generan mucho malestar y suelen desarrollar reacciones agresivas. Sin embargo, la niñez es un tiempo en el cual lo fundamental es introducir la regulación en los infantes, ya que están en un momento en el que hay una búsqueda de satisfacción continua que se tiene que ir regulando progresivamente por medio de la palabra de los padres como de los educadores para lograr que toleren el límite.
Cuando la agresividad es excesiva y perdura en el tiempo, suele estar relacionada con el hecho de que no haya nadie que la regule, debido a que la autoridad tambalea. Entonces, los niños encuentran un vacío y surgen los comportamientos agresivos, ya que no pueden tolerar no obtener lo que desean o no logran aceptar la diferencia. Además, es una situación ante la cual no cuentan con el recurso del habla para tramitar su enojo y por ello, recurren al acto agresivo.
El Psicoanálisis de Orientación Lacaniana propone tomar en cuenta la particularidad de la agresividad, ya que cada manifestación agresiva es diferente. Hay que poder leer por qué un niño necesita comportarse de esta manera y darle un espacio donde se introduzca la palabra y la regulación.
Contactos: Calle Teodomiro Beltrán, entre
Av. Papa Paulo y Fray Domingo de Sto. Tomás
Edificio Castellón, Planta Baja.
Telf: 72273826
E-mail: v_c_gaby@hotmail.com
Psicoanalista
Posgrado en Psicoanálisis en el Instituto Clínico
de Buenos Aires (ICdeBA)
Investigación y Docencia en Autismo y Psicosis
Infantil en Buenos Aires - Argentina
Estamos en una época en la cual el habla tiene cada vez menos valor e importancia para regular a la sociedad como a la familia. En esta misma línea, se puede también observar como los objetos tecnológicos reemplazan la posibilidad de hablar. Por ello, los lazos sociales son cada vez más frágiles. Esto tiene una incidencia importante en que los padres en la actualidad presentan dificultades para controlar a sus hijos, es decir que su palabra tenga efecto en ellos para poder convertirse en figuras que transmiten saberes e ideales. De hecho, estamos en un mundo acelerado con urgencia y necesidad de la tecnología y por lo tanto, con menos lugar para la palabra. De esta manera, es complicado establecer las bases de una educación sólida. La consecuencia de lo mencionado anteriormente deriva en que nos encontremos cada vez más con niños sin saber refrenarlos, ya que no cumplen con sus obligaciones o son agresivos en su modo de reaccionar tanto con el entorno familiar como con sus profesores o compañeros.
Es esencial destacar que la agresividad en los menores es parte de su desarrollo, debido a que se enfrentan a situaciones en las cuales tienen que compartir sus objetos o no logran obtener lo que desean. Estas situaciones les generan mucho malestar y suelen desarrollar reacciones agresivas. Sin embargo, la niñez es un tiempo en el cual lo fundamental es introducir la regulación en los infantes, ya que están en un momento en el que hay una búsqueda de satisfacción continua que se tiene que ir regulando progresivamente por medio de la palabra de los padres como de los educadores para lograr que toleren el límite.
Cuando la agresividad es excesiva y perdura en el tiempo, suele estar relacionada con el hecho de que no haya nadie que la regule, debido a que la autoridad tambalea. Entonces, los niños encuentran un vacío y surgen los comportamientos agresivos, ya que no pueden tolerar no obtener lo que desean o no logran aceptar la diferencia. Además, es una situación ante la cual no cuentan con el recurso del habla para tramitar su enojo y por ello, recurren al acto agresivo.
El Psicoanálisis de Orientación Lacaniana propone tomar en cuenta la particularidad de la agresividad, ya que cada manifestación agresiva es diferente. Hay que poder leer por qué un niño necesita comportarse de esta manera y darle un espacio donde se introduzca la palabra y la regulación.
Contactos: Calle Teodomiro Beltrán, entre
Av. Papa Paulo y Fray Domingo de Sto. Tomás
Edificio Castellón, Planta Baja.
Telf: 72273826
E-mail: v_c_gaby@hotmail.com
Reduce los comportamientos agresivos de tu hijo
Forman parte del crecimiento normal y suelen ser frecuentes en la edad preescolar. Para lograr controlarlos, los pequeños necesitan la ayuda activa de sus padres, los cuales deben enseñarles a adoptar las conductas correctas.
12 maneras para prevenir el acto agresivo
Es posible intervenir para evitar que las actitudes agresivas se intensifiquen y ayudar a los menores a utilizar otras formas para expresar su frustración o enojo.
Modelo
Los padres son el modelo a seguir para sus hijos. Por eso, es fundamental que controlen sus conductas cuando se enfrentan a una frustración y no reaccionen con agresividad. De lo contrario, el pequeño puede copiar estos comportamientos. No dudes en hablar con tu familia para poder expresar tu enojo sin ser agresivo.
Enseñanza
Los niños necesitan que sus padres les enseñen cuáles son los comportamientos aceptables y los que son inadmisibles. De esta manera, explica a tu hijo que no debe utilizar la agresividad para obtener lo que desea y que nunca puede pegar, golpear, morder o arañar a un compañero. Asimismo, no permitas que esté agresivo contigo o con alguien del núcleo familiar. Toma en cuenta que esta enseñanza toma tiempo y requiere muchas repeticiones de tu parte. Por lo tanto, debes ser paciente para obtener resultados duraderos.
CUENTOS
Es importante leer cuentos a tu hijo para poder conversar con él sobre las reacciones de los personajes. Intenta ayudarle a descifrar los comportamientos de cada uno y pregúntale cuáles son las mejores conductas que podrían adoptar para controlar sus sentimientos. Luego, compara estas actitudes con situaciones que ha vivido el pequeño para lograr mejorar su proceder en la vida cotidiana.
ESPACIO
Es indispensable habilitar un espacio en tu casa para que tu hijo pueda jugar sin tener que prohibirle tocar ciertos objetos que podría romper. De esta manera, no se sentirá continuamente cohibido y estará más tranquilo. Explícale que este lugar es suyo, mientras que en otras habitaciones del hogar, debe respetar reglas preestablecidas. Esto permite limitar los periodos repetitivos de frustración.
JUEGO
Organiza sesiones de juego con tu hijo y sus amigos en las cuales estés presente para ayudar al pequeño a enfrentar de manera positiva las frustraciones (causadas por tener que compartir sus juguetes, por ejemplo) y desarrollar su sensibilidad hacia los demás. Incítale a adoptar una conducta altruista. Luego, cuando estés a solas con el niño, habla de las sensaciones que ha percibido para que pueda abrirse contigo.
GUIONES
Inventa guiones en los cuales las personas sienten frustración. Por ejemplo, una historia en la cual una niña está jugando con una pelota y su compañero se la roba. Pide a tu hijo que imagine cómo reaccionaría la pequeña. Según su respuesta, ayúdale a elegir una actitud adecuada para que pueda controlar sus sentimientos en situaciones de la vida que tendrá que enfrentar. Este ejercicio permite que los niños experimenten diferentes tipos de emociones, incluyendo el enojo y puedan encontrar una respuesta positiva a la frustración ocasionada.
FELICITAR
Debes felicitar a tu hijo cuando ha reaccionado de manera positiva en una situación que hubiera podido ocasionarle agresividad. De esta manera, el pequeño sabrá que ha elegido el comportamiento adecuado. Las felicitaciones permiten reforzar estas actitudes y limitar las conductas agresivas a futuro.
EDUCACIÓN
La educación de los padres es esencial. Nunca debes agredir a tu hijo físicamente o verbalmente, ya que esto favorece el desarrollo de agresividad en el pequeño. Intenta calmarte y reaccionar de manera positiva. También debes ser firme en los límites que le pones. No olvides que los niños necesitan constancia para entender las normas que deben respetar.
COMPRENSIÓN
Es fundamental intentar entender las razones por las cuales tu hijo se pone agresivo. Puede ser su forma de querer afirmar su autonomía o porque se siente frustrado. También es posible que se vuelva agresivo debido a que sus compañeros adoptan este comportamiento en su presencia. Toma en cuenta que la clave para disminuir las reacciones agresivas del pequeño consiste en ser comprensivo y hablar con él para encontrar una solución. Una vez establecida la causa, podrás efectuar cambios notables en su conducta.
SENTIMIENTOS
Ayuda a tu hijo a describir lo que siente. Por ejemplo, dile que notas que está enojado porque no lo has dejado hacer lo que quería. El pequeño necesita saber que un adulto lo comprende y puede hablar con él de todos los sentimientos que tiene. De esta manera, podrán encontrar juntos una forma adecuada de expresarse sin tener que recurrir a los comportamientos agresivos.
REGLAS
Tienes que instaurar la regla de que nunca se debe herir físicamente o verbalmente a un ser vivo, ya sea a una persona como a un animal. Es primordial destacar que los niños que son agresivos con las mascotas suelen tener también comportamientos inadecuados con su entorno. Los padres no deben olvidar que esta enseñanza se efectúa desde que su hijo nace y se repite constantemente para que logre asimilarla.
AYUDA
Generalmente, a partir de los 3 años de edad, los niños empiezan a controlar mejor sus sentimientos y logran adoptar conductas adecuadas. Sin embargo, si a pesar de tus esfuerzos, tu hijo se muestra agresivo, es necesario pedir ayuda profesional a un psicólogo o psicoanalista para que el pequeño aprenda a controlar sus emociones y reaccione de manera pacífica.
Razones que fomentan esta actitud
Antes de los 3 años de edad, suele ser una impulsión que origina la agresividad, es decir que el niño no es agresivo con el objetivo de herir a alguien. Por lo tanto, utiliza este comportamiento cuando quiere algo. Generalmente, recurre a la agresividad física (morder, golpear o empujar) para llamar la atención. En la edad preescolar, el infante es más calculador y puede utilizar la agresividad verbal, ya que maneja mejor el lenguaje, es decir que suele ridiculizar e insultar a algunas personas para obtener lo que desea.
Las principales razones que fomentan las actitudes agresivas (verbales y físicas) consisten en la falta de atención por parte de sus padres. Asimismo, algunos niños no aceptan la frustración y el hecho de compartir sus pertenencias. También pueden copiar el ambiente familiar cuando son testigos de conflictos recurrentes, ya que piensan que la agresividad es una reacción normal para solucionar los problemas. Es importante destacar que un niño puede volverse agresivo cuando está preocupado, ya sea por la llegada de un hermano menor, una separación, mudanza o duelo. En este caso, intenta adaptarse a los cambios, pero de manera errónea.
Es fundamental que los padres reconozcan precozmente los comportamientos agresivos para poder detenerlos.
12 maneras para prevenir el acto agresivo
Es posible intervenir para evitar que las actitudes agresivas se intensifiquen y ayudar a los menores a utilizar otras formas para expresar su frustración o enojo.
Modelo
Los padres son el modelo a seguir para sus hijos. Por eso, es fundamental que controlen sus conductas cuando se enfrentan a una frustración y no reaccionen con agresividad. De lo contrario, el pequeño puede copiar estos comportamientos. No dudes en hablar con tu familia para poder expresar tu enojo sin ser agresivo.
Enseñanza
Los niños necesitan que sus padres les enseñen cuáles son los comportamientos aceptables y los que son inadmisibles. De esta manera, explica a tu hijo que no debe utilizar la agresividad para obtener lo que desea y que nunca puede pegar, golpear, morder o arañar a un compañero. Asimismo, no permitas que esté agresivo contigo o con alguien del núcleo familiar. Toma en cuenta que esta enseñanza toma tiempo y requiere muchas repeticiones de tu parte. Por lo tanto, debes ser paciente para obtener resultados duraderos.
CUENTOS
Es importante leer cuentos a tu hijo para poder conversar con él sobre las reacciones de los personajes. Intenta ayudarle a descifrar los comportamientos de cada uno y pregúntale cuáles son las mejores conductas que podrían adoptar para controlar sus sentimientos. Luego, compara estas actitudes con situaciones que ha vivido el pequeño para lograr mejorar su proceder en la vida cotidiana.
ESPACIO
Es indispensable habilitar un espacio en tu casa para que tu hijo pueda jugar sin tener que prohibirle tocar ciertos objetos que podría romper. De esta manera, no se sentirá continuamente cohibido y estará más tranquilo. Explícale que este lugar es suyo, mientras que en otras habitaciones del hogar, debe respetar reglas preestablecidas. Esto permite limitar los periodos repetitivos de frustración.
JUEGO
Organiza sesiones de juego con tu hijo y sus amigos en las cuales estés presente para ayudar al pequeño a enfrentar de manera positiva las frustraciones (causadas por tener que compartir sus juguetes, por ejemplo) y desarrollar su sensibilidad hacia los demás. Incítale a adoptar una conducta altruista. Luego, cuando estés a solas con el niño, habla de las sensaciones que ha percibido para que pueda abrirse contigo.
GUIONES
Inventa guiones en los cuales las personas sienten frustración. Por ejemplo, una historia en la cual una niña está jugando con una pelota y su compañero se la roba. Pide a tu hijo que imagine cómo reaccionaría la pequeña. Según su respuesta, ayúdale a elegir una actitud adecuada para que pueda controlar sus sentimientos en situaciones de la vida que tendrá que enfrentar. Este ejercicio permite que los niños experimenten diferentes tipos de emociones, incluyendo el enojo y puedan encontrar una respuesta positiva a la frustración ocasionada.
FELICITAR
Debes felicitar a tu hijo cuando ha reaccionado de manera positiva en una situación que hubiera podido ocasionarle agresividad. De esta manera, el pequeño sabrá que ha elegido el comportamiento adecuado. Las felicitaciones permiten reforzar estas actitudes y limitar las conductas agresivas a futuro.
EDUCACIÓN
La educación de los padres es esencial. Nunca debes agredir a tu hijo físicamente o verbalmente, ya que esto favorece el desarrollo de agresividad en el pequeño. Intenta calmarte y reaccionar de manera positiva. También debes ser firme en los límites que le pones. No olvides que los niños necesitan constancia para entender las normas que deben respetar.
COMPRENSIÓN
Es fundamental intentar entender las razones por las cuales tu hijo se pone agresivo. Puede ser su forma de querer afirmar su autonomía o porque se siente frustrado. También es posible que se vuelva agresivo debido a que sus compañeros adoptan este comportamiento en su presencia. Toma en cuenta que la clave para disminuir las reacciones agresivas del pequeño consiste en ser comprensivo y hablar con él para encontrar una solución. Una vez establecida la causa, podrás efectuar cambios notables en su conducta.
SENTIMIENTOS
Ayuda a tu hijo a describir lo que siente. Por ejemplo, dile que notas que está enojado porque no lo has dejado hacer lo que quería. El pequeño necesita saber que un adulto lo comprende y puede hablar con él de todos los sentimientos que tiene. De esta manera, podrán encontrar juntos una forma adecuada de expresarse sin tener que recurrir a los comportamientos agresivos.
REGLAS
Tienes que instaurar la regla de que nunca se debe herir físicamente o verbalmente a un ser vivo, ya sea a una persona como a un animal. Es primordial destacar que los niños que son agresivos con las mascotas suelen tener también comportamientos inadecuados con su entorno. Los padres no deben olvidar que esta enseñanza se efectúa desde que su hijo nace y se repite constantemente para que logre asimilarla.
AYUDA
Generalmente, a partir de los 3 años de edad, los niños empiezan a controlar mejor sus sentimientos y logran adoptar conductas adecuadas. Sin embargo, si a pesar de tus esfuerzos, tu hijo se muestra agresivo, es necesario pedir ayuda profesional a un psicólogo o psicoanalista para que el pequeño aprenda a controlar sus emociones y reaccione de manera pacífica.
Razones que fomentan esta actitud
Antes de los 3 años de edad, suele ser una impulsión que origina la agresividad, es decir que el niño no es agresivo con el objetivo de herir a alguien. Por lo tanto, utiliza este comportamiento cuando quiere algo. Generalmente, recurre a la agresividad física (morder, golpear o empujar) para llamar la atención. En la edad preescolar, el infante es más calculador y puede utilizar la agresividad verbal, ya que maneja mejor el lenguaje, es decir que suele ridiculizar e insultar a algunas personas para obtener lo que desea.
Las principales razones que fomentan las actitudes agresivas (verbales y físicas) consisten en la falta de atención por parte de sus padres. Asimismo, algunos niños no aceptan la frustración y el hecho de compartir sus pertenencias. También pueden copiar el ambiente familiar cuando son testigos de conflictos recurrentes, ya que piensan que la agresividad es una reacción normal para solucionar los problemas. Es importante destacar que un niño puede volverse agresivo cuando está preocupado, ya sea por la llegada de un hermano menor, una separación, mudanza o duelo. En este caso, intenta adaptarse a los cambios, pero de manera errónea.
Es fundamental que los padres reconozcan precozmente los comportamientos agresivos para poder detenerlos.
lunes, 25 de mayo de 2015
Cómo inculcar a los hijos el respeto
Cuando las parejas comienzan a tener hijos se preocupan por su buena alimentación, que no ensucien tanto, que estén bien aseados, que aprendan modales de la sociedad; pero muchas veces olvidan lo más importante, el amor y respeto para sus padres. Por eso, en el mes de la madre, especialistas hablan sobre estos valores y las mejores maneras de inculcarlos en sus criaturas.
Dar para recibir. La psicóloga Nadia Rocabado explicó que padre y madre se tienen que tratar con respeto y de la misma manera tratar a sus hijos y demás personas. Todo esto el niño va aprendiendo por observación.
El también psicólogo Willian Villagómez indicó que primero que nada hay que saber que "los padres son el reflejo de lo que serán sus hijos".
Amor. Cuando el padre muestra que se ama a sí mismo, evitando ser una persona negativa, sin criticar a los demás y librándose de cualquier vicio; el niño crece viendo esos valores y trata de imitar.
"Otras maneras de enseñar el amor a los hijos es que los papás también respeten y amen a sus progenitores", ejemplificó Villagómez.
"El cariño se gana cuando la madre va sensibilizando al niño con sus abuelos, amigos, el medio ambiente, animalitos que hay en casa, etc.", recalcó Rocabado.
Respeto. Desde que el niño está pequeñito se debe enseñar que hay que respetar a sus padres sobre todas las cosas, además, que tiene que hacer respetar a sus padres, detalló el psicólogo y dio el ejemplo: "Cuando alguien habla más para su madre o padre, el niño tiene que aprender a defender a sus progenitores, a pesar que ellos no sean perfectos". También aseguró que cuando un padre es muy autoritario, de esa manera, no llega a obtener el respeto de su hijo.
Edades. Cuando la criatura tiene uso de razón, entre los 4 o 5 años y es criado sin gritos ni golpes, aprende a respetar a sus padres y entre los 11 y 12, los padres tienen que hacer un buen énfasis en lo que es el respeto y el amor porque "la preadolescencia es desafiante, en esta etapa piden a los padres que les compren cualquier cosa de moda. Lo que tienen que hacer es enseñar que todo en la vida tiene un valor y no se consigue fácil".
Dar para recibir. La psicóloga Nadia Rocabado explicó que padre y madre se tienen que tratar con respeto y de la misma manera tratar a sus hijos y demás personas. Todo esto el niño va aprendiendo por observación.
El también psicólogo Willian Villagómez indicó que primero que nada hay que saber que "los padres son el reflejo de lo que serán sus hijos".
Amor. Cuando el padre muestra que se ama a sí mismo, evitando ser una persona negativa, sin criticar a los demás y librándose de cualquier vicio; el niño crece viendo esos valores y trata de imitar.
"Otras maneras de enseñar el amor a los hijos es que los papás también respeten y amen a sus progenitores", ejemplificó Villagómez.
"El cariño se gana cuando la madre va sensibilizando al niño con sus abuelos, amigos, el medio ambiente, animalitos que hay en casa, etc.", recalcó Rocabado.
Respeto. Desde que el niño está pequeñito se debe enseñar que hay que respetar a sus padres sobre todas las cosas, además, que tiene que hacer respetar a sus padres, detalló el psicólogo y dio el ejemplo: "Cuando alguien habla más para su madre o padre, el niño tiene que aprender a defender a sus progenitores, a pesar que ellos no sean perfectos". También aseguró que cuando un padre es muy autoritario, de esa manera, no llega a obtener el respeto de su hijo.
Edades. Cuando la criatura tiene uso de razón, entre los 4 o 5 años y es criado sin gritos ni golpes, aprende a respetar a sus padres y entre los 11 y 12, los padres tienen que hacer un buen énfasis en lo que es el respeto y el amor porque "la preadolescencia es desafiante, en esta etapa piden a los padres que les compren cualquier cosa de moda. Lo que tienen que hacer es enseñar que todo en la vida tiene un valor y no se consigue fácil".
sábado, 23 de mayo de 2015
Bloqueo en la comunicación
Hoy se atraviesan muchos problemas de embarazos adolescentes. Se debe tomar en cuenta que es fundamental la orientación y la educación que el joven recibe en su casa, sin embargo, hay un bloqueo en la familia, por temores de los padres en hablar sinceramente con sus hijos de algo que es importante para la vida y el futuro de los hijos, como la sexualidad.
El daño que se produce en las adolescentes es el aspecto físico, porque de 14 a 17 años, su organismo no est?¡ muy desarrollado para tener hijos.
La preparación y conocimiento sobre las responsabilidades que debe asumir, el abandono de la pareja o la pelea de los padres hacen que su estado psicológico no sea de los mejores. Al encontrarse sola, sin apoyo le har?¡ daño a la madre como al bebé.
El aspecto económico es otro de los factores por los que atraviesa y debe enfrentar un sinfín de acontecimientos sometiéndose a situaciones que jam?¡s soñó. Es importante compartir el desarrollo del embarazo con la pareja y todas las condiciones que signifiquen salud y bienestar tanto para la madre como el bebé.
Se tiene que tomar en cuenta ese dicho: ?El embarazo es de dos?. Cuando la joven es apoyada por su compañero enfrenta menos problemas emocionales. Acepta los cuidados de la atención prenatal, evitando complicaciones durante el parto.
Los padres no podemos ignorar las preocupaciones e inquietudes de los hijos.
Los conocemos desde que nacen y sabemos cómo es una reacción de ellos, sin comunicación los abandonamos a su suerte.
?¿Cómo podemos reducir los embarazos adolescentes? Si desde la familia nos preocupamos de los hijos. Hay madres adolescentes e hijos abandonados sin los derechos de ciudadano a tener a sus padres, tener la protección y vivir con mayor dignidad.
El daño que se produce en las adolescentes es el aspecto físico, porque de 14 a 17 años, su organismo no est?¡ muy desarrollado para tener hijos.
La preparación y conocimiento sobre las responsabilidades que debe asumir, el abandono de la pareja o la pelea de los padres hacen que su estado psicológico no sea de los mejores. Al encontrarse sola, sin apoyo le har?¡ daño a la madre como al bebé.
El aspecto económico es otro de los factores por los que atraviesa y debe enfrentar un sinfín de acontecimientos sometiéndose a situaciones que jam?¡s soñó. Es importante compartir el desarrollo del embarazo con la pareja y todas las condiciones que signifiquen salud y bienestar tanto para la madre como el bebé.
Se tiene que tomar en cuenta ese dicho: ?El embarazo es de dos?. Cuando la joven es apoyada por su compañero enfrenta menos problemas emocionales. Acepta los cuidados de la atención prenatal, evitando complicaciones durante el parto.
Los padres no podemos ignorar las preocupaciones e inquietudes de los hijos.
Los conocemos desde que nacen y sabemos cómo es una reacción de ellos, sin comunicación los abandonamos a su suerte.
?¿Cómo podemos reducir los embarazos adolescentes? Si desde la familia nos preocupamos de los hijos. Hay madres adolescentes e hijos abandonados sin los derechos de ciudadano a tener a sus padres, tener la protección y vivir con mayor dignidad.
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