“Ha fallecido dignamente y al cuidado de sus amigos que la querían mucho”, informó ayer Scarly Ticona, amiga de Carmen del Pilar Chacón, la mujer que fue velada en vida por sus familiares en la funeraria Los Ángeles.
Tras seis días de permanecer en la Unidad de Terapia Intensiva (UTI) del Hospital del Tórax, cerca de las 10 horas del lunes, un paro cardiaco terminó con su vida luego de que presentara una leve mejoría, informó su hermano Federico Chacón, quien también es uno de los imputados en el caso.
La abogada Scarly Ticona y amiga de Chacón, minutos después de confirmarse la muerte, denunció que los representantes del Ministerio de Justicia nunca se hicieron presentes para coadyuvar con el tratamiento médico como se había comprometido la viceministra de Igualdad de Oportunidades Estefanía Morales.
“Ha fallecido dignamente y al cuidado de sus amigos que la querían mucho (…) nos vamos tranquilos, no como la otra vez que se la llevo aún con vida a una funeraria”, aseveró Ticona.
En la jornada del sábado, se conoció que los médicos del Hospital del Tórax pidieron que la paciente sea evaluada por un hematólogo y se le realice una tomografía para lo cual no se tenía recursos y los amigos de la señora estaban recolectando dinero.
DELITO
Son seis personas imputadas bajo el delito de “feminicidio en grado de tentativa” cinco de ellas están detenidas en diferentes centros penitenciarios de La Paz.
Paola Barriga, abogada de Federico Chacón, hermano de la mujer de 63 años, señaló que la tipificación del delito penal debe ser analizada luego de contar con el informe oficial de la autopsia.
Si se comprueba que el fallecimiento de Chacón fue a causa del maltrato o falta de cuidado por parte de los familiares, el tipo de delito penal puede cambiar y agravarse para los implicados en el caso.
Recordemos que en un inicio, el fiscal departamental minimizó el hecho al instruir que el caso sea investigado bajo la figura del delito de “homicidio piadoso”, que causó el repudio de la sociedad y tras una mejor investigación se modificó el tipo penal.
Karina Cuba, fiscal asignada al caso, reveló que se modificó el tipo penal, tras conocer el informe médico forense que menciona que Chacón presentaba una contusión en la cabeza.
HERMANO
La abogada Barriga informó que ya se tiene una orden de aprehensión en contra de su cliente pero esperan que la misma se active luego de que pase el entierro.
Federico Chacón es imputado debido a que fue uno de los que firmó el alta médica solicitada por los familiares, para sacarla del Hospital del Tórax el anterior miércoles y llevarla a la funeraria aún con vida.
Barriga explica que su cliente firmó dicha solicitud, debido a que una de las hijas de Chacón le aseguró que no había esperanza y el tratamiento por el cual su madre estaba internada desde el 22 de julio era muy caro, por lo que decidieron llevarla a su casa.
Pero no imaginó que su sobrina llevaría a su madre a una funeraria para que termine de agonizar.
Los primeros detenidos del caso fueron hija de Chacón, Claudia B. y su esposo Daniel T., además de Silvia B., tía de ambos.
El sábado por la madrugada corrieron la misma suerte, Joaquín B., hijo de Chacón; el gerente de la funeraria Los Ángeles, Antonio Chirinos, y Alicia Chacón, sobrina de la víctima.
martes, 8 de agosto de 2017
jueves, 3 de agosto de 2017
¿Eres de la generación mimi?
Mi bienestar, mi felicidad. El abuso del pronombre posesivo en cada vez más aspectos de nuestra vida ha dado origen a la generación ‘mimi’. Y es que es una forma (egoísta) de ver la realidad que, sin darnos cuenta, hemos ido adoptando a través de las redes sociales. Es como si, al no compartir un momento especial, este dejase de existir por completo. ¿De verdad necesitamos la continua aceptación de la gente que nos rodea?
“Obsesionados por estar conectados, los ´mimis´ defienden una nueva forma de entender la vida, de expresarla y, también, de consumirla. Porque ahora cualquier recuerdo pasa por el filtro del móvil y toda decisión tiene un único fin: parecer ser feliz y, por supuesto, que todos así lo vean”, explica el psicólogo Jesús Matos.
Dentro de este perfil, el experto sitúa a todos los jóvenes de entre 18 y 31 años que permanecen siempre online.
De hecho, esta obsesión también ha llegado al mundo VIP haciendo que personalidades de la talla de Kendall Jenner o Gigi Hadid decidiesen tomarse unas vacaciones para ‘desintoxicarse’ de las redes sociales. Es más, ambas coincidían en la necesidad de darse un respiro y de recuperar el control de su vida. Al menos, de la que exponen en la red. Uno de los motivos por los que, por ejemplo, la modelo Essena O’Neill, de 18 años abandonase sus exitosas publicaciones, es haberse sentido consumida por las redes sociales. En concreto, ella confesó que para conseguir la foto perfecta hacía cientos de tomas, e incluso dejaba de comer si lo creía necesario. Su vida se basaba en aparentar otra muy distinta. Al final, decidió cortar con todo y promover la Real Life.
NO SABEMOS ABURRIRNOS. LO QUEREMOS TODO YA
“Vivimos en un mundo en el que prima la inmediatez. No nos educan para tolerar la frustración ni la incertidumbre. Queremos todo y lo queremos ya, pero no estamos dispuestos a esforzarnos por ello. No sabemos aburrirnos”, asegura Matos. “Es la época más fácil para estar conectado con cualquier persona desde cualquier lugar y, sin embargo, estamos más solos que nunca”, añade con rotundidad.
¿Y si esa constante búsqueda de felicidad y aceptación se hubiese convertido en nuestro mayor obstáculo? Según Matos, en los últimos años se ha incrementado el interés por el propio bienestar, y ese ansioso deseo de ser feliz se está convirtiendo en una obsesión. “Buscamos resultados inmediatos y nos cuesta tolerar la incertidumbre. Los problemas surgen cuando aparecen la tristeza, la ira o la ansiedad”, añade. Sobre esto, asegura que no somos capaces de aceptar que esas también son emociones necesarias para la supervivencia y que “desde el punto de vista biológico y evolutivo, estar siempre feliz es un gasto innecesario de energía, que se multiplica si, además, necesitas la aprobación de todos”. ¿La solución? Reconectar con nosotros mismos y con el mundo real. Algo que solo conseguirás olvidándote de las pantallas.
“Obsesionados por estar conectados, los ´mimis´ defienden una nueva forma de entender la vida, de expresarla y, también, de consumirla. Porque ahora cualquier recuerdo pasa por el filtro del móvil y toda decisión tiene un único fin: parecer ser feliz y, por supuesto, que todos así lo vean”, explica el psicólogo Jesús Matos.
Dentro de este perfil, el experto sitúa a todos los jóvenes de entre 18 y 31 años que permanecen siempre online.
De hecho, esta obsesión también ha llegado al mundo VIP haciendo que personalidades de la talla de Kendall Jenner o Gigi Hadid decidiesen tomarse unas vacaciones para ‘desintoxicarse’ de las redes sociales. Es más, ambas coincidían en la necesidad de darse un respiro y de recuperar el control de su vida. Al menos, de la que exponen en la red. Uno de los motivos por los que, por ejemplo, la modelo Essena O’Neill, de 18 años abandonase sus exitosas publicaciones, es haberse sentido consumida por las redes sociales. En concreto, ella confesó que para conseguir la foto perfecta hacía cientos de tomas, e incluso dejaba de comer si lo creía necesario. Su vida se basaba en aparentar otra muy distinta. Al final, decidió cortar con todo y promover la Real Life.
NO SABEMOS ABURRIRNOS. LO QUEREMOS TODO YA
“Vivimos en un mundo en el que prima la inmediatez. No nos educan para tolerar la frustración ni la incertidumbre. Queremos todo y lo queremos ya, pero no estamos dispuestos a esforzarnos por ello. No sabemos aburrirnos”, asegura Matos. “Es la época más fácil para estar conectado con cualquier persona desde cualquier lugar y, sin embargo, estamos más solos que nunca”, añade con rotundidad.
¿Y si esa constante búsqueda de felicidad y aceptación se hubiese convertido en nuestro mayor obstáculo? Según Matos, en los últimos años se ha incrementado el interés por el propio bienestar, y ese ansioso deseo de ser feliz se está convirtiendo en una obsesión. “Buscamos resultados inmediatos y nos cuesta tolerar la incertidumbre. Los problemas surgen cuando aparecen la tristeza, la ira o la ansiedad”, añade. Sobre esto, asegura que no somos capaces de aceptar que esas también son emociones necesarias para la supervivencia y que “desde el punto de vista biológico y evolutivo, estar siempre feliz es un gasto innecesario de energía, que se multiplica si, además, necesitas la aprobación de todos”. ¿La solución? Reconectar con nosotros mismos y con el mundo real. Algo que solo conseguirás olvidándote de las pantallas.
miércoles, 2 de agosto de 2017
El grito como daña a muchas familias
El grito sobreexcita nuestro cerebro, nos pone en alerta y atenta contra el sutil equilibrio de nuestras emociones. Lamentablemente, esa forma de comunicación hiriente basada en un tono de voz siempre elevado es algo muy común en el seno de muchas familias. Así, el malestar y las agresiones invisibles impactan en unos y en otros dejando secuelas muy profundas.
Decía el siempre genial Jardiel Poncela que quien no tiene nada que decir, lo dice a gritos. Sin embargo, por curioso que parezca hay quien no entiende otra forma de comunicación más que esa donde el grito le sirve para pedir el cubierto que está en frente, para llamar la atención del hijo que tiene al lado o incluso para comentar el programa de televisión que está viendo en familia. Hay personas que no saben comunicarse sin ansiedad, la de ellas o la que proyectan.
“No lo puedo evitar”, se justifican. Evitar levantar la voz escapa a su control porque es el timbre y es el tono que han escuchado desde la más tierna infancia, porque es el grito quien les ha servido desde siempre para hacerse notar, para marcar territorio para enarbolar la autoridad y también, por qué no, para canalizar rabias, frustraciones y egos contenidos que buscan válvulas de escape.
No por alzar la voz nos van a oír mejor, lo sabemos, pero a menudo se necesita del grito porque es la única frecuencia que conocemos para comunicar, el único canal con el que visualizarnos ante los demás sin saber que si uno grita es muy probable que el otro responda del mismo modo, dando forma así a una dinámica relacional desordenada y coercitiva. Algo que lamentablemente, abunda en muchas familias…
DESTRUYE LAS RELACIONES
El grito, más allá de lo que pueda parecer tiene una finalidad muy concreta en la propia naturaleza, tanto del ser humano como del resto de animales: salvaguardar nuestra supervivencia y la del grupo ante un peligro. Pongamos un sencillo ejemplo. Estamos en medio de la selva, paseando, disfrutando de ese equilibrio natural. De pronto, se escucha un grito, es un mono capuchino que emite un chillido agudo que se clava en nuestro cerebro.
Ahora bien, ese grito no solo sirve de “alarma” de aviso para los suyos. La mayoría de animales de ese entorno, al igual que nosotros reaccionamos con miedo, con expectación. Es un mecanismo de defensa que controla una estructura muy concreta del cerebro: la amígdala. Basta con escuchar un sonido agudo, un tono de voz elevado para que al instante esta pequeña área cerebral lo interprete como una amenaza y active nuestro sistema nervioso simpático para activar la huida.
Sabiendo eso, entendiendo esta base biológica e instintiva, podemos deducir ya lo que supone por ejemplo, crecer en un entorno donde abundan los gritos y donde la comunicación se produce siempre con un tono de voz alto.
El cerebro vive en un estado de alarma constante. La adrenalina siempre está ahí, la sensación de que tenemos que defendernos de “algo” nos sume en un estado de estrés crónico, de angustia permanente, desquiciante.
Por otro lado, lo que intensifica aún más esta realidad, es que ante un estilo de comunicación agresiva es común generar respuestas defensivas con la misma carga emocional, con el mismo componente ofensivo. De este modo, caemos consciente o inconscientemente en un círculo vicioso y en una dinámica tan destructiva donde todos acumulamos secuelas en esta compleja selva de las relaciones humanas donde la calidad de la comunicación lo es todo.
Familias que se comunican con gritos
Laura tiene 18 años y acaba de darse cuenta de algo en lo que no había caído hasta el momento. Habla con un tono de voz muy elevado. Sus compañeros de universidad le señalan a menudo que su voz es la que más se oye en clase
y que cuando están en grupo su forma de comunicar resulta algo amenazante.
Laura quiere controlar ese aspecto de su persona. Sabe que no va a ser fácil, porque en su casa, sus padres
y sus hermanos siempre se comunican de ese modo: con gritos.
No es necesario que exista ninguna discusión, sencillamente, ese es el
tono de voz con el que ha crecido siempre y al que se ha acostumbrado. Sabe también que en su casa, quien grita es quien se hace escuchar,
y que alzar la voz es necesario porque la televisión siempre está abierta,
porque cada cual está en sus cosas
y porque… no hay excesiva armonía.
En este caso, Laura debe entender
que no se puede cambiar una dinámica familiar de un día para otro. No puede cambiar a los demás, ni a sus padres ni a sus hermanos, pero sí a sí misma.
Lo que puede y debe hacer es controlar cognitivamente sus propio estilo verbal para entender que quien grita agrede, que no hace falta alzar la voz para ser escuchada y que a menudo, un tono de voz sereno y calmado sirve para conectar mucho mejor con los demás.
Con este sencillo ejemplo queremos dejar claro algo muy simple: en ocasiones, no podemos cambiar a quienes nos educaron, no podemos editar nuestro pasado o borrar esas dinámicas familiares donde el grito siempre estaba presente aunque fuera solo para preguntarnos la hora o cómo nos había salido el examen.
No podemos cambiar el pasado pero sí impedir que ese estilo de comunicación nos caracterice a nosotros en nuestro presente, en las relaciones de amistad
o pareja, en nuestros propios hogares.
LOS GRITOS DAÑAN
EL CEREBRO INFANTIL
Pedro González Núñez
“Por la ignorancia se desciende a la servidumbre, por la educación se asciende a la libertad”, dijo una vez Diego Luis de Córdoba. Sin embargo, la educación poco tiene que ver con la imposición y nada con el grito. De hecho, este último puede producir daños importantes en el cerebro infantil.
Porque educar gritando es poco útil, o al menos, así lo señalan diferentes estudios. Además, detrás de muchos de estos gritos solo se encuentra la impotencia de los padres para trasmitir la información que desean de otra manera. Así, los gritos son una liberación de energía que no se trasmite necesariamente al contenido que tratan de imponer y más cuando los receptores son los niños.
IMPOTENCIA
Autores, como Aaron James, afirman que gritar más no te hace tener más razón ni te confiere necesariamente una posición de ventaja en una discusión. Así lo ha confirmado en sus estudios, refiriéndose incluso al actual presidente de Estados Unidos, Donald Trump. De esta manera, si queremos tener la razón, no será gritando como esta nos asistirá. Más bien habrá que razonar los motivos en vez de alzar la voz.
Por lo general, los gritos aparecen cuando alguien pierde el control. De manera que son el mensaje y el esta-do emocional los que se apoderan del control de la expresividad, haciendo que las formas emborronen precisamente el propio mensaje. Además, si con los adultos pasa, el efecto devastador de los gritos se vuelve exponencial cuando los receptores de los mismos son los niños.
SECUELAS IMBORRABLES
Ahora, según un nuevo estudio publicado desde la Universidad de Pittsburgh, se ha descubierto que estos gritos, especialmente cuando son emitidos con regularidad hacia el cerebro infantil, encierran un buen número de riesgos para su desarrollo psicológico.
Es decir, que todos aquellos que opten de manera frecuente por los gritos, con el objetivo de dirigir o regañar, están aumentando este riesgo del que hablábamos. De hecho, como consecuencia de los gritos es fácil que los niños emitan como respuestas conductas agresivas o defensivas.
El estudio fue llevado a cabo entre casi mil familias con niños entre uno y dos años. En él descubrieron que las formas de crianza que recurrían habitualmente a los gritos estaban asociadas con la aparición de síntomas depresivos y problemas conductuales durante su adolescencia, a partir de los 13 y 14 años.
De hecho, también publican que el grito no solo no minimiza los problemas, sino que los agrava. Por ejemplo, en lo referente a la desobediencia. Mientras, los padres más cálidos con sus hijos lograban que el impacto del grito se minimizase en gran medida.
Sin embargo, este no es el único estudio al respecto que se ha llevado a cabo. También, desde la prestigiosa Escuela de Medicina de Harvard, concretamente desde su departamento de psiquiatría, afirman que el maltrato verbal, el grito, la humillación o la combinación de los tres elementos alteran de for- ma permanente la estructura cerebral infantil.
Decía el siempre genial Jardiel Poncela que quien no tiene nada que decir, lo dice a gritos. Sin embargo, por curioso que parezca hay quien no entiende otra forma de comunicación más que esa donde el grito le sirve para pedir el cubierto que está en frente, para llamar la atención del hijo que tiene al lado o incluso para comentar el programa de televisión que está viendo en familia. Hay personas que no saben comunicarse sin ansiedad, la de ellas o la que proyectan.
“No lo puedo evitar”, se justifican. Evitar levantar la voz escapa a su control porque es el timbre y es el tono que han escuchado desde la más tierna infancia, porque es el grito quien les ha servido desde siempre para hacerse notar, para marcar territorio para enarbolar la autoridad y también, por qué no, para canalizar rabias, frustraciones y egos contenidos que buscan válvulas de escape.
No por alzar la voz nos van a oír mejor, lo sabemos, pero a menudo se necesita del grito porque es la única frecuencia que conocemos para comunicar, el único canal con el que visualizarnos ante los demás sin saber que si uno grita es muy probable que el otro responda del mismo modo, dando forma así a una dinámica relacional desordenada y coercitiva. Algo que lamentablemente, abunda en muchas familias…
DESTRUYE LAS RELACIONES
El grito, más allá de lo que pueda parecer tiene una finalidad muy concreta en la propia naturaleza, tanto del ser humano como del resto de animales: salvaguardar nuestra supervivencia y la del grupo ante un peligro. Pongamos un sencillo ejemplo. Estamos en medio de la selva, paseando, disfrutando de ese equilibrio natural. De pronto, se escucha un grito, es un mono capuchino que emite un chillido agudo que se clava en nuestro cerebro.
Ahora bien, ese grito no solo sirve de “alarma” de aviso para los suyos. La mayoría de animales de ese entorno, al igual que nosotros reaccionamos con miedo, con expectación. Es un mecanismo de defensa que controla una estructura muy concreta del cerebro: la amígdala. Basta con escuchar un sonido agudo, un tono de voz elevado para que al instante esta pequeña área cerebral lo interprete como una amenaza y active nuestro sistema nervioso simpático para activar la huida.
Sabiendo eso, entendiendo esta base biológica e instintiva, podemos deducir ya lo que supone por ejemplo, crecer en un entorno donde abundan los gritos y donde la comunicación se produce siempre con un tono de voz alto.
El cerebro vive en un estado de alarma constante. La adrenalina siempre está ahí, la sensación de que tenemos que defendernos de “algo” nos sume en un estado de estrés crónico, de angustia permanente, desquiciante.
Por otro lado, lo que intensifica aún más esta realidad, es que ante un estilo de comunicación agresiva es común generar respuestas defensivas con la misma carga emocional, con el mismo componente ofensivo. De este modo, caemos consciente o inconscientemente en un círculo vicioso y en una dinámica tan destructiva donde todos acumulamos secuelas en esta compleja selva de las relaciones humanas donde la calidad de la comunicación lo es todo.
Familias que se comunican con gritos
Laura tiene 18 años y acaba de darse cuenta de algo en lo que no había caído hasta el momento. Habla con un tono de voz muy elevado. Sus compañeros de universidad le señalan a menudo que su voz es la que más se oye en clase
y que cuando están en grupo su forma de comunicar resulta algo amenazante.
Laura quiere controlar ese aspecto de su persona. Sabe que no va a ser fácil, porque en su casa, sus padres
y sus hermanos siempre se comunican de ese modo: con gritos.
No es necesario que exista ninguna discusión, sencillamente, ese es el
tono de voz con el que ha crecido siempre y al que se ha acostumbrado. Sabe también que en su casa, quien grita es quien se hace escuchar,
y que alzar la voz es necesario porque la televisión siempre está abierta,
porque cada cual está en sus cosas
y porque… no hay excesiva armonía.
En este caso, Laura debe entender
que no se puede cambiar una dinámica familiar de un día para otro. No puede cambiar a los demás, ni a sus padres ni a sus hermanos, pero sí a sí misma.
Lo que puede y debe hacer es controlar cognitivamente sus propio estilo verbal para entender que quien grita agrede, que no hace falta alzar la voz para ser escuchada y que a menudo, un tono de voz sereno y calmado sirve para conectar mucho mejor con los demás.
Con este sencillo ejemplo queremos dejar claro algo muy simple: en ocasiones, no podemos cambiar a quienes nos educaron, no podemos editar nuestro pasado o borrar esas dinámicas familiares donde el grito siempre estaba presente aunque fuera solo para preguntarnos la hora o cómo nos había salido el examen.
No podemos cambiar el pasado pero sí impedir que ese estilo de comunicación nos caracterice a nosotros en nuestro presente, en las relaciones de amistad
o pareja, en nuestros propios hogares.
LOS GRITOS DAÑAN
EL CEREBRO INFANTIL
Pedro González Núñez
“Por la ignorancia se desciende a la servidumbre, por la educación se asciende a la libertad”, dijo una vez Diego Luis de Córdoba. Sin embargo, la educación poco tiene que ver con la imposición y nada con el grito. De hecho, este último puede producir daños importantes en el cerebro infantil.
Porque educar gritando es poco útil, o al menos, así lo señalan diferentes estudios. Además, detrás de muchos de estos gritos solo se encuentra la impotencia de los padres para trasmitir la información que desean de otra manera. Así, los gritos son una liberación de energía que no se trasmite necesariamente al contenido que tratan de imponer y más cuando los receptores son los niños.
IMPOTENCIA
Autores, como Aaron James, afirman que gritar más no te hace tener más razón ni te confiere necesariamente una posición de ventaja en una discusión. Así lo ha confirmado en sus estudios, refiriéndose incluso al actual presidente de Estados Unidos, Donald Trump. De esta manera, si queremos tener la razón, no será gritando como esta nos asistirá. Más bien habrá que razonar los motivos en vez de alzar la voz.
Por lo general, los gritos aparecen cuando alguien pierde el control. De manera que son el mensaje y el esta-do emocional los que se apoderan del control de la expresividad, haciendo que las formas emborronen precisamente el propio mensaje. Además, si con los adultos pasa, el efecto devastador de los gritos se vuelve exponencial cuando los receptores de los mismos son los niños.
SECUELAS IMBORRABLES
Ahora, según un nuevo estudio publicado desde la Universidad de Pittsburgh, se ha descubierto que estos gritos, especialmente cuando son emitidos con regularidad hacia el cerebro infantil, encierran un buen número de riesgos para su desarrollo psicológico.
Es decir, que todos aquellos que opten de manera frecuente por los gritos, con el objetivo de dirigir o regañar, están aumentando este riesgo del que hablábamos. De hecho, como consecuencia de los gritos es fácil que los niños emitan como respuestas conductas agresivas o defensivas.
El estudio fue llevado a cabo entre casi mil familias con niños entre uno y dos años. En él descubrieron que las formas de crianza que recurrían habitualmente a los gritos estaban asociadas con la aparición de síntomas depresivos y problemas conductuales durante su adolescencia, a partir de los 13 y 14 años.
De hecho, también publican que el grito no solo no minimiza los problemas, sino que los agrava. Por ejemplo, en lo referente a la desobediencia. Mientras, los padres más cálidos con sus hijos lograban que el impacto del grito se minimizase en gran medida.
Sin embargo, este no es el único estudio al respecto que se ha llevado a cabo. También, desde la prestigiosa Escuela de Medicina de Harvard, concretamente desde su departamento de psiquiatría, afirman que el maltrato verbal, el grito, la humillación o la combinación de los tres elementos alteran de for- ma permanente la estructura cerebral infantil.
martes, 1 de agosto de 2017
Cómo averiguar si su hijo será un psicópata (Con tan solo 5 años)
Cuando oímos hablar de psicópatas solemos pensar en el cine: Norman Bates, Hannibal Lecter, Jack Torrance. Nos dieron tanto miedo que recordamos sus nombres como si hubieran existido de verdad. Pero no hace falta ponerse delante de una pantalla para cruzarse con alguien capaz de dañar a la sociedad. “Puede ser el jefe, un compañero, la pareja, un vecino…”, dice la psicóloga Alicia Banderas, autora de “Pequeños tiranos” (Libros Cúpula, 2010) y miembro del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid (España).
“Podríamos definir al psicópata como la persona que carece de sentimientos importantes en el ámbito social, como la empatía o el cuidado de los demás. Para él, los otros son un medio para llegar a su fin”, señala Abel Domínguez Llort, psicólogo infanto-juvenil y director del gabinete Domínguez Psicólogos, de Madrid. Alicia Banderas también destaca como rasgo principal del prototipo de psicópata la carencia de empatía, y lo resume como “la imposibilidad de conectar con el dolor ajeno”.
La psicopatía se puede detectar a través de varios tests. Entre ellos están el clásico Test de empatía (Kerr y Speroff, 1954) y el Inventario de dureza e insensibilidad (Frick, 2004). Hasta hace poco se centraban solo en adultos y adolescentes pero, el año pasado, un equipo de investigadores de la Universidad de Nueva Gales del Sur (Australia) se propuso averiguar si estas pruebas también son válidas para augurar futuras conductas problemáticas en niños de tan solo cinco años. Y resultó que sí, que los pequeños con resultados más alarmantes en los tests también eran los que presentaban más dificultades a la hora de reconocer expresiones faciales, y prestaban menos atención a la angustia ajena, lo que indica una mayor propensión a ser antisociales y agresivos en la adultez.
EL PSICÓPATA... ¿NACE O SE HACE?
Un estudio de 2015, realizado por psicólogos de varias universidades británicas y publicado en Biological Psychiatry, sometió a una curiosa prueba a 213 bebés de cinco semanas: los pusieron frente a un rostro humano y un objeto inanimado (una pelota roja) y anotaron cuál de las dos cosas atraía más su atención. Cuando cumplieron dos años y medio, pidieron a los padres que rellenaran un cuestionario sobre los rasgos emocionales de sus hijos. Tras cruzar los datos, se dieron cuenta de que los niños con mayor índice de rasgos de dureza e insensibilidad eran aquellos que de bebés habían centrado una mayor atención en el objeto inanimado.
“Los psicólogos estimamos que el 50% de este trastorno tiene un origen genético, sobre todo en cuanto a la frialdad, pero luego hay una parte ambiental y educativa, que responde al otro 50%”, sostiene Alicia Banderas. Al margen de los experimentos científicos, hay detalles que se manifiestan en el día a día de los niños. "Los primeros indicadores se dan en torno a los cinco o seis años de edad -señala Banderas-. Puede haber más brotes en la preadolescencia, más o menos a los 10 años, para luego irrumpir hacia los 15".
Estos son algunos de los comportamientos que aparecen más temprano, y pueden estar advirtiendo a los padres de que su hijo es un psicópata en potencia:
Es cruel con los animales: Esa actitud es una clara muestra de su falta de empatía con el dolor ajeno. “También es posible que exprese esa crueldad con otros niños e incluso con bebés”, indica Abel Domínguez Llort.
No tiene remordimientos: Ni se arrepiente de sus malas acciones, ni tiene sentimientos de culpa. “Puede llegar a pensar que la otra persona se merece lo que él le ha hecho”, dice Banderas.
Es insumiso: Desafía los límites, las normas y la autoridad en general. “He visto a muchos niños que dicen: ‘Quién se ha creído que es mi madre para decirme que no vaya a una fiesta’. Someten a los padres y terminan confundiéndose los roles: el hijo es quien acaba mandando”, añade la psicóloga.
Cuando algo no le sale bien, lo destruye: Se frustra con facilidad. Alicia Banderas pone un ejemplo: “Si está jugando con piezas de construcción y lo que quiere hacer no le sale, es capaz de tirarlo todo. No sabe autorregular sus emociones”.
Se cree el centro del mundo: Es muy egocéntrico y exigente: lo quiere todo y lo quiere ya. “Y cuando no lo obtiene, agrede, insulta o escupe", dice la especialista.
Es vengativo: Piensa que merece tener privilegios, y cuando considera que han sido injustos con él, su respuesta es hacer daño. “Tuve un caso en el que el niño había roto unas cartas manuscritas porque sabía que tenían mucho valor sentimental para su madre”, recuerda Banderas.
Miente más que habla: “Como quiere salirse con la suya, utilizará una mentira, pero para taparla tendrá que utilizar cien más”, asegura la experta.
Los castigos le resbalan: “Aunque tenga que estar una semana sin usar la tableta, le da igual. Antepone su objetivo a las posibles represalias, porque ante estas buscará una venganza y hará el mal, que es lo que le mueve”, dice Banderas. "No son niños felices -añade- y cuando les castigan no se sienten peor, porque ya se sentían mal antes de ese momento".
¿Ha reconocido a su hijo en este repertorio de señales? No se asuste, está a tiempo de reconducir la situación. Los expertos sostienen que el componente antisocial de la psicopatía se puede revertir. Domínguez Llort recomienda intensificar el entrenamiento de la empatía (“hacerles ver las consecuencias que han tenido sus acciones”) y de las habilidades sociales (“para que el niño aprenda a decir las cosas de forma asertiva, pidiendo lo que necesita pero sin hacer daño a otros”).
A modo de prevención, “en las casas hay que poner unos límites”, afirma Banderas. “Por ejemplo, mediante lo que llamamos ‘economía de fichas’: para ganar derechos, tienen que cumplir con obligaciones. Hemos visto que esta frialdad y esta tiranía se expanden más en familias muy permisivas y también en el otro extremo, en familias muy autoritarias”.
“Podemos leerles cuentos especialmente creados para inculcar esas habilidades sociales”, aconseja Domínguez Llort, así como "fomentar el trabajo en equipo, ya sea en el ámbito del deporte o haciendo excursiones. Es fundamental dar el ejemplo: que vean que la solidaridad es buena. Hay que pedir a los hijos, por ejemplo, que compartan sus chuches, aunque ellos no vean la necesidad de hacerlo. También debemos ayudarles a enfrentarse a determinados mensajes que nos envía la sociedad y que empujan al individualismo”.
Hacer crucigramas rejuvenece
Las personas mayores aficionadas a los pasatiempos de palabras son mejores en tareas relacionadas con la atención, el razonamiento y la memoria, según un estudio.
Las personas mayores que hacen con regularidad juegos de palabras, como los crucigramas, tienen un cerebro 10 años más joven que lo que corresponde a su edad, según un gran estudio online realizado en Gran Bretaña. Los participantes, personas sanas a partir de 50 años, mostraron ser mejores en tareas relacionadas con la atención, el razonamiento y la memoria.
Expertos de la Facultad de Medicina de la Universidad de Exeter y del Kings College de Londres analizaron datos de más de 17.000 mayores de 50 años o más, presentados en un gran experimento por Internet para evaluar los aspectos centrales de la función cerebral.
El equipo preguntó a los participantes con qué frecuencia hacían crucigramas, autodefinidos u otros juegos de palabras. A partir de sus resultados, comprobaron que los que tenían estas aficiones respondían con capacidades propias de personas 10 años más jóvenes en las pruebas de velocidad de razonamiento gramatical y precisión de memoria a corto plazo. Así lo anunciaron en la Conferencia Internacional de la Asociación de Alzheimer 2017, que se celebra en Londres.
Las personas mayores que hacen con regularidad juegos de palabras, como los crucigramas, tienen un cerebro 10 años más joven que lo que corresponde a su edad, según un gran estudio online realizado en Gran Bretaña. Los participantes, personas sanas a partir de 50 años, mostraron ser mejores en tareas relacionadas con la atención, el razonamiento y la memoria.
Expertos de la Facultad de Medicina de la Universidad de Exeter y del Kings College de Londres analizaron datos de más de 17.000 mayores de 50 años o más, presentados en un gran experimento por Internet para evaluar los aspectos centrales de la función cerebral.
El equipo preguntó a los participantes con qué frecuencia hacían crucigramas, autodefinidos u otros juegos de palabras. A partir de sus resultados, comprobaron que los que tenían estas aficiones respondían con capacidades propias de personas 10 años más jóvenes en las pruebas de velocidad de razonamiento gramatical y precisión de memoria a corto plazo. Así lo anunciaron en la Conferencia Internacional de la Asociación de Alzheimer 2017, que se celebra en Londres.
Suegras tóxicas?
¿Es un mito urbano pensar que las suegras son entrometidas, controladoras y matriarcas sobre cuando se trata de sus hijos hombres? Pues parece que no, y aunque no todas son así, existen algunas que realmente sí son de temer y esto acarrea muchos problemas sobre todo si el hijo no pone freno a esa intromisión.
También existen nueras que son terribles, si que las hay, pero en esta edición abordaremos el tema suegra, sobre todo cuando son tóxicas.
Para la psicóloga Cristina Rubín de Celis, todo comienza desde el Complejo Edípico no resuelto: la madre “mujer ideal”, “mujer omnipotente”, la que domina en la opinión de los protagonistas de la familia nuclear que busca consciente o inconscientemente anular a la nuera.
“No olvidemos que el machismo comienza con la M de mamá, por lo tanto, el hijo que permite que su mamá se entrometa en su hogar, proviene de una madre machista”, explica la psicóloga.
Lastimosamente, en la mayoría de los casos, los hijos de mamás controladoras y dominantes se dan cuenta de esa intromisión después de uno o varios fracasos matrimoniales o de pareja. Lo más irónico de todo es que el hijo también pierde porque está al medio de dos mujeres que quiere. Las mamás deben pensar en eso también, si terminan con la relación, su hijo sufrirá.
¿Tóxica?
En el último tiempo se ha escuchado mucho el término tóxico cuando se habla de ciertas personas que puede ser desde un amigo, un novio, una novia, una hermana, e incluso se habla de familias enteras. En el caso de la suegra, Rubín de Celis explica que es aquella que se convierte en la perfecta saboteadora de la felicidad matrimonial de su hijo.
“Una suegra tóxica es la que va criticando a magnitud los defectos de la nuera con su hijo, incluso argumentando lo irreal para convencerlo de los defectos de su esposa, y también lo hace con los demás miembros de la familia, haciendo que todos vean a la nuera como la mujer defectuosa, por supuesto jamás miembro de su ´perfecta´ familia”, explica la psicóloga y nada más cierto que eso, sobre todo en sociedades como la nuestra.
Los expertos apuntan que los problemas surgen cuando en el clan hay celosos, con tendencia a amargar a los demás o cuando la mamá siente que pierde a su hijo cuando esté se casa.
“En realidad, no sólo se trata de celosos o de amarguras, si no de envidias y ambiciones. Generalmente ocurren estos casos, cuando la nuera pertenece a otro contexto social (cultural o económico) que moviliza complejos ya sean de superioridad o de inferioridad.
Parte de un menosprecio inconsciente de la madre por si misma ante el hijo (ya no seré la mejor mujer para mi hijo, por lo tanto, debo extinguir a esta mujer)”, asegura.
Testimonios y ejemplos
Quienes han tenido o tienen la desdicha de tener una suegra con esas características, saben que es un verdadero dolor de cabeza y un problema serio porque pone en peligro la unión de la familia, sobre todo si el hijo no pone un alto a esta situación y hacerlo una misma, es difícil también.
M realizó un sondeo con 25 mujeres casadas para saber cómo se sienten con relación a su suegra y sí la consideran tóxica. Trece de ellas dijeron tener suerte porque tienen una buena suegra y 12 aseguraron lo contrario. A continuación te contamos algunos ejemplos de las actitudes que tienen algunas suegras que fueron contadas por nuestras encuestadas, quizá con algunos testimonios te sientas identificada.
“A mi suegra parece que le encanta hablar de las ex novias o ex parejas de su hijo y lo hace en presencia de todos. A veces nombra a nuevas mujeres de forma intrigante, supongo que es para generar desconfianza y malestar entre nosotros”, cuenta una de las esposas que participó de nuestro sondeo.
También, aunque puede sonar exagerado, existen mamás que dan consejos maliciosos al hijo con el fin, inconsciente en muchos casos, de separarlo de su pareja.
“Mi suegra le dice a mi esposo que salga con sus amigos, la escucho decir: tienes derecho…” o le dice “no le des dinero, malgasta tu plata… si quiere algo que trabaje y se compre”, “Hijito abrí una cuenta a tu nombre sin que se entere”, cuenta otra encuestada.
La pena es que estas “recomendaciones” en muchas ocasiones son tomadas en cuenta por el hijo que sigue los “consejos” de su madre posesiva y dominante, madre que quizá pasó por esos daños.
La psicóloga asegura que las mamás que inducen al hijo a infidelidades, se deba quizá a que la suegra quiere que su nuera padezca lo que ella posiblemente sufrió de niña o en su matrimonio.
“Induce al hijo a que beba, en algunos caso hasta que insulte o golpee a su esposa como ella vivió, y argumenta: si te perdona y sigue contigo después de eso es porque te ama de verdad, así como yo soporté a tu padre”, dice Rubín de Celis y aunque pueda sonar extremo, si pasa en la realidad.
Otra de las participantes del sondeo cuenta un tanto amargada que es evidente cuando su esposo viene con el “cerebro lavado”.
“Conozco bien a mi esposo y es tan obvio cuando quiere seguir el consejo de su mamá. Por ejemplo decidimos comprar un sillón y estamos contentos con ese hecho, pero de repente (cuando vuelve de la casa de mi suegra) ha cambiado de opinión y me dice: estamos gastando mucho….creo que es un capricho tuyo…no es necesario, etc.,”.
Esta es una realidad también ya que como dice la Psicóloga consultada por M existen algunas suegras que incluso quieren controlar la actividad económica del hijo en su matrimonio, queriendo manejar o dirigir las finanzas y otras se inmiscuyen en cosas relacionados directamente con la casa de su nuera.
“Nos compramos un departamento y mi esposo quería darme una sorpresa entonces como es tan unido a su mamá ellos compraron el living, el comedor, los edredones para nuestra cama, etc. Es demasiado, mi esposo y sus hijos no han cortado el cordón umbilical con su mamá”, asegura una de las 25 mujeres que participaron del sondeo.
Otra dice bastante molesta que su suegra es demasiado machista y que tiene actitudes terribles.
“Me vive diciendo cómo debería hacer las cosas, se entra a mi casa sin tocar la puerta y me dice que tengo que atender a su hijo, pero lo más terrible es que siempre se hace a la enferma para manipular a sus hijos y así lograr que ellos estén pendientes y al servicio de ella”, cuenta.
Así existen miles de situaciones que generan malestar en las nueras, los ejemplos podrías ser interminables, pero como en todo, tendrá que ser hasta donde uno lo permita, aunque obviamente el primero que debe poner orden es el hijo, pero en la práctica no es así ya que vienen de mamás dominantes y controladoras.
Actitudes intolerables
Por lo general las suegras tóxicas tienen actitudes comunes que por su puesto causan mucha molestia en sus nueras y es que algunas sobrepasan los límites del respeto al prójimo y hasta rayan en la mala educación.
1 “Le traje su comida favorita”. Rubín de Celis asegura que de forma muy celosa, quieren competir y marcar territorio con el hijo ante la nuera, para marcar tiempos y territorios, que el hijo festeja y no limita. Obviamente la esposa jamás podrá igualar esa receta familiar, ese toque especial que tiene los platos de su mamá. Es una pérdida de tiempo competir en realidad, cada una tendrá una forma distinta de sazonar.
2 Abren la heladera. “Este hecho parte no sólo de la mala educación, mala costumbre, si no de un abuso de confianza. Esto crea por supuesto susceptibilidades “por qué miró”, “qué quería encontrar” “seguro me va a criticar”. Si la suegra no aporta con la alimentación del hogar de su hijo y aunque así fuera, no tiene por qué opinar sobre el contenido u orden de la heladera”, dice la psicóloga.
3 Su hijo nunca tiene la culpa. Cualquier error del hijo o mala conducta, para la suegra tóxica no tendrá importancia, (por el contrario, la festejará), ya que no aceptará que la nuera trate de mostrar o corregir errores en la educación de su hijo.
“Uno de los mayores problemas que afectan a la vida de pareja es cuando las suegras socapan conductas de su hijo y peor aún las justifican. Y en sociedades machistas como la nuestra suele ser común que no tenga nada de malo que “su pobre hijo” que “trabaja como burro” pueda irse de parranda cada que le viene en gana y pueda llegar a la casa cuando quiera y en el estado que quiera, pero si la nuera sale de casa “es una mujerzuela”, explica Rubín ce Celis.
4 La suegra que siempre critica a su o sus nueras. Siguiendo el dicho: dime de qué pregonas te diré de qué careces. Las personas que critican son las que anhelan tener lo que el otro hace o tiene, en este caso son las suegras que quisieran mantener al hijo a su lado haciendo lo que la nuera hace, pero “hace mal”, ya que para ellas son catalogadas de imperfectas en todos los sentidos, porque son las que “arrebataron” a su hijo de sus brazos.
Con este tipo de suegra nunca se tiene las de ganar. Hagas lo que hagas siempre está criticando y hablando a las espaladas. Además tienen habilidades para poner al hijo “en contra” de su esposa y la familia de ella conduciendo a susceptibilidades, incluso a “dimes y diretes”, asegura la psicóloga.
La mayoría de estas suegras tiene también la habilidad de lanzar indirectas tóxicas en reuniones familiares, pero nada peor que la suegra que pone sobrenombres peyorativos a las nueras, realzando defectos físicos.
5 Constantemente monitorean lo que la nuera hace. Parece extremo pero sí existen suegras que parecen pertenecer algún servicio secreto.
¿Qué hacer?
La psicóloga asegura que el primer paso lo debe dar el hijo. “Él debe confiar en su mujer, recordar con qué ilusión se casaron. Luego, debe mantener distancia, física y emocional. Vivir lejos de ella, llamarla día por medio o 1 vez al día pero no para contarle de su vida matrimonial o sus finanzas y es que no es aconsejable, prudente y racional, comentar los problemas maritales a los padres o familiares, a no ser que sean casos extremos y de ayuda inmediata”, dice Rubín de Celis a tiempo de recalcar que aquel hijo que comenta sus problemas a su madre, no puede esperar que ésta sea neutral y además porque abrirá espacios de intromisión a la relación de pareja y de mayor crítica a la nuera.
La clave para evitar que haya conflictos en la pareja y que el problema sea la suegra está en educar a los hijos en valores de libertad, sin posesión ni límites y con sentido de independencia y de la autoexploración absoluta, para que pueda vivir en libertad.
“El lazo de madre e hijo es irrompible, esta suegra tóxica doblegará al hijo con chantajes emocionales y el hijo, aunque mantenga distancia o se coloque en posición neutral, sentirá culpa. El hijo es quien debe mantener distancia, y marcar espacios y roles. De no funcionar estas opciones, la nuera de manera diplomática y directa deberá marcar su territorio si quiere que en su hogar reine la armonía.
“Ambos deben dialogar y ser firmes en la convicción del amor de pareja para que exista fortaleza en su matrimonio”, aconseja la psicóloga.
Pax Dettoni en su obra “La inteligencia del corazón”, dice que la libertad y la felicidad están en muchas ocasiones en esas milésimas de segundo entre el momento en el que recibimos un estímulo que nos enfada y el que reaccionamos. Si bien la autora está consciente de que no se deben reprimir las reacciones, pero sí se debe aprender a gestionarlas con reglas de educación emocional. Pax Dettoni apunta a que «quien no es dueño de sí mismo nunca será libre» y propugna que cuando se sienta un ataque por parte de la suegra por ejemplo, se respire profundamente, se sienta en el cuerpo la emoción y se espere a que se pase el enfado para decidir cuál es la mejor reacción. Algo que en muchos casos pasa por esbozar una sonrisa y no hacer nada más. Pero como mencionamos antes tampoco es bueno callar y dejar que te digan y hagan lo que quieran.
Definitivamente si tu marido no tiene los pantalones para delimitar su vida y la de su esposa e hijos, tendrás que armarte de valor y hacerlo tú para defender tu familia, puedes hacerlo de forma educada y respetuosa, pero tajante. De hecho, una persona hará lo que se le permita hacer. Si desde el primer episodio se le dice, amablemente, que no se entrometa en asuntos que no le incumben, hay más posibilidades de que eso quede solo como una anécdota, tal y como dice el refrán, mejor un momento colorado a mil amarillos.
También existen nueras que son terribles, si que las hay, pero en esta edición abordaremos el tema suegra, sobre todo cuando son tóxicas.
Para la psicóloga Cristina Rubín de Celis, todo comienza desde el Complejo Edípico no resuelto: la madre “mujer ideal”, “mujer omnipotente”, la que domina en la opinión de los protagonistas de la familia nuclear que busca consciente o inconscientemente anular a la nuera.
“No olvidemos que el machismo comienza con la M de mamá, por lo tanto, el hijo que permite que su mamá se entrometa en su hogar, proviene de una madre machista”, explica la psicóloga.
Lastimosamente, en la mayoría de los casos, los hijos de mamás controladoras y dominantes se dan cuenta de esa intromisión después de uno o varios fracasos matrimoniales o de pareja. Lo más irónico de todo es que el hijo también pierde porque está al medio de dos mujeres que quiere. Las mamás deben pensar en eso también, si terminan con la relación, su hijo sufrirá.
¿Tóxica?
En el último tiempo se ha escuchado mucho el término tóxico cuando se habla de ciertas personas que puede ser desde un amigo, un novio, una novia, una hermana, e incluso se habla de familias enteras. En el caso de la suegra, Rubín de Celis explica que es aquella que se convierte en la perfecta saboteadora de la felicidad matrimonial de su hijo.
“Una suegra tóxica es la que va criticando a magnitud los defectos de la nuera con su hijo, incluso argumentando lo irreal para convencerlo de los defectos de su esposa, y también lo hace con los demás miembros de la familia, haciendo que todos vean a la nuera como la mujer defectuosa, por supuesto jamás miembro de su ´perfecta´ familia”, explica la psicóloga y nada más cierto que eso, sobre todo en sociedades como la nuestra.
Los expertos apuntan que los problemas surgen cuando en el clan hay celosos, con tendencia a amargar a los demás o cuando la mamá siente que pierde a su hijo cuando esté se casa.
“En realidad, no sólo se trata de celosos o de amarguras, si no de envidias y ambiciones. Generalmente ocurren estos casos, cuando la nuera pertenece a otro contexto social (cultural o económico) que moviliza complejos ya sean de superioridad o de inferioridad.
Parte de un menosprecio inconsciente de la madre por si misma ante el hijo (ya no seré la mejor mujer para mi hijo, por lo tanto, debo extinguir a esta mujer)”, asegura.
Testimonios y ejemplos
Quienes han tenido o tienen la desdicha de tener una suegra con esas características, saben que es un verdadero dolor de cabeza y un problema serio porque pone en peligro la unión de la familia, sobre todo si el hijo no pone un alto a esta situación y hacerlo una misma, es difícil también.
M realizó un sondeo con 25 mujeres casadas para saber cómo se sienten con relación a su suegra y sí la consideran tóxica. Trece de ellas dijeron tener suerte porque tienen una buena suegra y 12 aseguraron lo contrario. A continuación te contamos algunos ejemplos de las actitudes que tienen algunas suegras que fueron contadas por nuestras encuestadas, quizá con algunos testimonios te sientas identificada.
“A mi suegra parece que le encanta hablar de las ex novias o ex parejas de su hijo y lo hace en presencia de todos. A veces nombra a nuevas mujeres de forma intrigante, supongo que es para generar desconfianza y malestar entre nosotros”, cuenta una de las esposas que participó de nuestro sondeo.
También, aunque puede sonar exagerado, existen mamás que dan consejos maliciosos al hijo con el fin, inconsciente en muchos casos, de separarlo de su pareja.
“Mi suegra le dice a mi esposo que salga con sus amigos, la escucho decir: tienes derecho…” o le dice “no le des dinero, malgasta tu plata… si quiere algo que trabaje y se compre”, “Hijito abrí una cuenta a tu nombre sin que se entere”, cuenta otra encuestada.
La pena es que estas “recomendaciones” en muchas ocasiones son tomadas en cuenta por el hijo que sigue los “consejos” de su madre posesiva y dominante, madre que quizá pasó por esos daños.
La psicóloga asegura que las mamás que inducen al hijo a infidelidades, se deba quizá a que la suegra quiere que su nuera padezca lo que ella posiblemente sufrió de niña o en su matrimonio.
“Induce al hijo a que beba, en algunos caso hasta que insulte o golpee a su esposa como ella vivió, y argumenta: si te perdona y sigue contigo después de eso es porque te ama de verdad, así como yo soporté a tu padre”, dice Rubín de Celis y aunque pueda sonar extremo, si pasa en la realidad.
Otra de las participantes del sondeo cuenta un tanto amargada que es evidente cuando su esposo viene con el “cerebro lavado”.
“Conozco bien a mi esposo y es tan obvio cuando quiere seguir el consejo de su mamá. Por ejemplo decidimos comprar un sillón y estamos contentos con ese hecho, pero de repente (cuando vuelve de la casa de mi suegra) ha cambiado de opinión y me dice: estamos gastando mucho….creo que es un capricho tuyo…no es necesario, etc.,”.
Esta es una realidad también ya que como dice la Psicóloga consultada por M existen algunas suegras que incluso quieren controlar la actividad económica del hijo en su matrimonio, queriendo manejar o dirigir las finanzas y otras se inmiscuyen en cosas relacionados directamente con la casa de su nuera.
“Nos compramos un departamento y mi esposo quería darme una sorpresa entonces como es tan unido a su mamá ellos compraron el living, el comedor, los edredones para nuestra cama, etc. Es demasiado, mi esposo y sus hijos no han cortado el cordón umbilical con su mamá”, asegura una de las 25 mujeres que participaron del sondeo.
Otra dice bastante molesta que su suegra es demasiado machista y que tiene actitudes terribles.
“Me vive diciendo cómo debería hacer las cosas, se entra a mi casa sin tocar la puerta y me dice que tengo que atender a su hijo, pero lo más terrible es que siempre se hace a la enferma para manipular a sus hijos y así lograr que ellos estén pendientes y al servicio de ella”, cuenta.
Así existen miles de situaciones que generan malestar en las nueras, los ejemplos podrías ser interminables, pero como en todo, tendrá que ser hasta donde uno lo permita, aunque obviamente el primero que debe poner orden es el hijo, pero en la práctica no es así ya que vienen de mamás dominantes y controladoras.
Actitudes intolerables
Por lo general las suegras tóxicas tienen actitudes comunes que por su puesto causan mucha molestia en sus nueras y es que algunas sobrepasan los límites del respeto al prójimo y hasta rayan en la mala educación.
1 “Le traje su comida favorita”. Rubín de Celis asegura que de forma muy celosa, quieren competir y marcar territorio con el hijo ante la nuera, para marcar tiempos y territorios, que el hijo festeja y no limita. Obviamente la esposa jamás podrá igualar esa receta familiar, ese toque especial que tiene los platos de su mamá. Es una pérdida de tiempo competir en realidad, cada una tendrá una forma distinta de sazonar.
2 Abren la heladera. “Este hecho parte no sólo de la mala educación, mala costumbre, si no de un abuso de confianza. Esto crea por supuesto susceptibilidades “por qué miró”, “qué quería encontrar” “seguro me va a criticar”. Si la suegra no aporta con la alimentación del hogar de su hijo y aunque así fuera, no tiene por qué opinar sobre el contenido u orden de la heladera”, dice la psicóloga.
3 Su hijo nunca tiene la culpa. Cualquier error del hijo o mala conducta, para la suegra tóxica no tendrá importancia, (por el contrario, la festejará), ya que no aceptará que la nuera trate de mostrar o corregir errores en la educación de su hijo.
“Uno de los mayores problemas que afectan a la vida de pareja es cuando las suegras socapan conductas de su hijo y peor aún las justifican. Y en sociedades machistas como la nuestra suele ser común que no tenga nada de malo que “su pobre hijo” que “trabaja como burro” pueda irse de parranda cada que le viene en gana y pueda llegar a la casa cuando quiera y en el estado que quiera, pero si la nuera sale de casa “es una mujerzuela”, explica Rubín ce Celis.
4 La suegra que siempre critica a su o sus nueras. Siguiendo el dicho: dime de qué pregonas te diré de qué careces. Las personas que critican son las que anhelan tener lo que el otro hace o tiene, en este caso son las suegras que quisieran mantener al hijo a su lado haciendo lo que la nuera hace, pero “hace mal”, ya que para ellas son catalogadas de imperfectas en todos los sentidos, porque son las que “arrebataron” a su hijo de sus brazos.
Con este tipo de suegra nunca se tiene las de ganar. Hagas lo que hagas siempre está criticando y hablando a las espaladas. Además tienen habilidades para poner al hijo “en contra” de su esposa y la familia de ella conduciendo a susceptibilidades, incluso a “dimes y diretes”, asegura la psicóloga.
La mayoría de estas suegras tiene también la habilidad de lanzar indirectas tóxicas en reuniones familiares, pero nada peor que la suegra que pone sobrenombres peyorativos a las nueras, realzando defectos físicos.
5 Constantemente monitorean lo que la nuera hace. Parece extremo pero sí existen suegras que parecen pertenecer algún servicio secreto.
¿Qué hacer?
La psicóloga asegura que el primer paso lo debe dar el hijo. “Él debe confiar en su mujer, recordar con qué ilusión se casaron. Luego, debe mantener distancia, física y emocional. Vivir lejos de ella, llamarla día por medio o 1 vez al día pero no para contarle de su vida matrimonial o sus finanzas y es que no es aconsejable, prudente y racional, comentar los problemas maritales a los padres o familiares, a no ser que sean casos extremos y de ayuda inmediata”, dice Rubín de Celis a tiempo de recalcar que aquel hijo que comenta sus problemas a su madre, no puede esperar que ésta sea neutral y además porque abrirá espacios de intromisión a la relación de pareja y de mayor crítica a la nuera.
La clave para evitar que haya conflictos en la pareja y que el problema sea la suegra está en educar a los hijos en valores de libertad, sin posesión ni límites y con sentido de independencia y de la autoexploración absoluta, para que pueda vivir en libertad.
“El lazo de madre e hijo es irrompible, esta suegra tóxica doblegará al hijo con chantajes emocionales y el hijo, aunque mantenga distancia o se coloque en posición neutral, sentirá culpa. El hijo es quien debe mantener distancia, y marcar espacios y roles. De no funcionar estas opciones, la nuera de manera diplomática y directa deberá marcar su territorio si quiere que en su hogar reine la armonía.
“Ambos deben dialogar y ser firmes en la convicción del amor de pareja para que exista fortaleza en su matrimonio”, aconseja la psicóloga.
Pax Dettoni en su obra “La inteligencia del corazón”, dice que la libertad y la felicidad están en muchas ocasiones en esas milésimas de segundo entre el momento en el que recibimos un estímulo que nos enfada y el que reaccionamos. Si bien la autora está consciente de que no se deben reprimir las reacciones, pero sí se debe aprender a gestionarlas con reglas de educación emocional. Pax Dettoni apunta a que «quien no es dueño de sí mismo nunca será libre» y propugna que cuando se sienta un ataque por parte de la suegra por ejemplo, se respire profundamente, se sienta en el cuerpo la emoción y se espere a que se pase el enfado para decidir cuál es la mejor reacción. Algo que en muchos casos pasa por esbozar una sonrisa y no hacer nada más. Pero como mencionamos antes tampoco es bueno callar y dejar que te digan y hagan lo que quieran.
Definitivamente si tu marido no tiene los pantalones para delimitar su vida y la de su esposa e hijos, tendrás que armarte de valor y hacerlo tú para defender tu familia, puedes hacerlo de forma educada y respetuosa, pero tajante. De hecho, una persona hará lo que se le permita hacer. Si desde el primer episodio se le dice, amablemente, que no se entrometa en asuntos que no le incumben, hay más posibilidades de que eso quede solo como una anécdota, tal y como dice el refrán, mejor un momento colorado a mil amarillos.
Cuidados del niño en invierno
Las enfermedades respiratorias, los procesos gripales y catarrales son las patologías más frecuentes que tratan los pediatras en las consultas cuando llega el invierno. Para abordar este tema, es necesario saber por qué enferman más los niños en esta temporada, conocer las enfermedades más comunes, cómo prevenirlas y los errores típicos que cometen los padres.
¿POR QUÉ LOS NIÑOS ENFERMAN MÁS EN INVIERNO?
“No es el frío por sí mismo el que nos enferma, pero sí propicia a que los virus se reproduzcan más rápidamente”, explica a M de Mujer el pediatra Moisés Ismael.
El especialista ejemplifica también una de las situaciones más comunes: “como hace frío, tendemos a mantener a nuestros niños mayor tiempo dentro de casa, usualmente en ambientes cerrados. Al estar conviviendo varias personas en una habitación cerrada, es mucho más probable que pasen los virus de una persona a otra a través de gotas de saliva al hablar, estornudar o al toser”.
Ismael expone que en invierno, nuestro sistema de defensas es menos efectivo: los cilios, que son las pequeñas vellosidades que tenemos en la nariz, tienden a moverse menos y son menos efectivos en filtrar el aire que respiramos. “Los niños pequeños son particularmente susceptibles a enfermarse en invierno porque su sistema inmune es inmaduro, con menor capacidad para defenderse. Además sus vías aéreas son muy pequeñas, tienen más glándulas secretoras por centímetro cuadrado y esto hace que generen mayor cantidad de secreciones, lo cual los hace más susceptibles a desarrollar problemas obstructivos o neumonías”, indica.
LAS ENFERMEDADES MÁS FRECUENTES Y CÓMO PREVENIRLAS
Ismael señala que las enfermedades más comunes son principalmente las de vías respiratorias como la gripe, faringitis, amigdalitis, bronquitis, neumonía, otitis y bronquiolitis.
Para prevenirlas, el especialista recomienda:
• Lavado frecuente de manos, sobre todo si limpiamos la nariz de nuestros pequeños, antes de tocar diferentes objetos, después de estar en contacto con mucha gente en la calle o en el trabajo (evitar la propagación del virus a través de las manos).
• Ventilar la habitación periódicamente abriendo ventanas, permitiendo que circule el aire (aunque haga frío).
• Utilizar productos de limpieza para evitar que los diferentes objetos en la habitación permanezcan contaminados por los agentes infecciosos.
Desde el portal EFE Salud recomiendan otros cuidados como:
• Evitar los cambios bruscos de temperatura y mantener la casa templada: no utilizar la calefacción a tope, sino permitir al organismo que utilice sus propios mecanismos reguladores de adaptación al frío.
• Mantener la casa con un adecuado nivel de humedad, el ambiente seco agrava las enfermedades respiratorias.
• Abrigar lo justo: evitar tanto el exceso de abrigo en ambientes calefaccionados como la falta de abrigo en la intemperie. Cubrir boca y nariz al salir a la calle o a espacios libres.
• Dentro de lo posible, mantener al niño alejado de personas enfermas.
• Evitar que comparta utensilios con otros niños como vasos, platos, cubiertos, toallas y por supuesto chupetes.
• Incluir en la dieta infantil frutas y verduras, especialmente alimentos ricos en vitamina A y C.
• Otra medida preventiva es la vacuna contra la gripe. Se recomienda solo a los pequeños que padecen ciertas enfermedades crónicas, a partir del sexto mes de vida. /
LOS ERRORES MÁS COMUNES DE CUIDADO EN TEMPORADAS FRÍAS
Muchas veces los padres caen en el error pensando que más bien están realizando un acierto. El pediatra Moisés Ismael señala y explica cuáles son los más comunes:
Uno de los principales errores es mantener a nuestros pequeños en habitaciones cerradas, usualmente conviviendo con varias personas (algo que se denomina hacinamiento). Al no ventilar las habitaciones, se facilita la propagación de los virus, además de la aparición de otros organismos como hongos y bacterias.
Evitar el contacto con el agua, no lavando o bañando a nuestros pequeños: muy común el dicho “nadie se muere de frío” lo cual hace que vayan propagando el virus por toda la habitación, propiciando el contagio al tocar otras personas los objetos contaminados (libros, ropa, juguetes, manijas de las puertas, teléfonos, etc. El contagio no solo es a través del aire, sino también por objetos contaminados.
La automedicación. No ir a la farmacia y pedir al dependiente que nos venda un medicamento para el resfrío. Sobre todo no dar antibióticos sin haber visitado al pediatra de su confianza. Recomienda no seguir consejos de la amiga, del vecino, de la prima sobre qué le hace bien a su niño.
Enviar al niño enfermo a la escuela, solo están contribuyendo a propagar el agente infeccioso entre los compañeros de clase.
MOISÉS ISMAEL
“Los niños pequeños son particularmente susceptibles a enfermarse en invierno, porque su sistema inmune es inmaduro, con menor capacidad para defenderse”.
“El contagio no solo es a través del aire, sino también por objetos contaminados”.
El Dr. Moisés Ismael Cuzmar es pediatra y cirujano pediatra. Trabaja en el Centro Clinimed (Cochabamba).
moises.ismael@gmail.com
Con datos de EFE Salud
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