jueves, 27 de noviembre de 2014

Video ¿Qué piensas de una adolescente embarazada?

El poco incentivo al desarrollo educativo de las mujeres es uno de los factores que influyen en los embarazos adolescentes, una realidad difícil de negar en la actualidad.

El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) explica en este video cuáles son algunos de los factores que llevan a muchas mujeres menores de edad a terminar en estado de gestación.

¿Qué piensas cuando ves a una adolescente embarazada?

Después de ver este video es posible que cambies de respuesta.

La Minutopedia es una iniciativa del Banco Interamericano de Desarrollo, y es presentada cada semana por EL DEBER en su edición digital.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Pubertad Cómo saber si ya está en proceso del siguiente paso

Los primeros signos de que un hijo se está convirtiendo en adolescente son físicos, cambia su tono de voz (en los varones puede tonarse más grave, en las niñas menos agudo) y comienza el crecimiento del vello en zonas donde hasta ahora no había. En el caso de los varones, el vello comienza a crecer en sus axilas, genitales, pecho y cara, mientras que en las niñas crece en sus genitales y en las axilas.

También cuentan como cambios de transformación en la adolescencia los síntomas emocionales que muchas veces a los padres nos resultan violentos, desagradables y sin mucho sentido, pero ahí están y es bueno conocerlos para que podamos comprender mejor a "nuestros peques" que de eso ya tienen muy poco. Por ello, no es de sorprenderse si: su habitación es un total desorden, le preguntas qué tal ha ido su día y te mira como si hubieras preguntado algo terrible, te pide que no le preguntes tanto con respecto a todo, entre otros.

Qué se entiende por estrés infantil elevado

Podemos definir el estrés infantil como la falta de respuesta adecuada a las exigencias de la vida diaria, reacciones tanto a nivel biológico como psicológico que se producen por ciertas situaciones que el niño no puede controlar, alertando su equilibrio general. Las causas que provocan el estrés en la infancia son muchos, desde el dolor y la enfermedad, cambiar de profesor o etapa escolar, mudarse de casa, actividades extraescolares si son muchas hasta una separación o divorcio de los padres. Las señales que nos indican si un niño puede experimentar estrés son el dolor de cabeza, resfriados frecuentes, dolor de cuello, hombro o espalda, irritabilidad creciente, gritar mucho, tristeza, estar más inquieto de lo normal, problemas para relajarse o dormir, letargo durante el día, comer en exceso, bajo rendimiento escolar, movimientos motores involuntarios. Lo que puede apoyar a los niños/as con el estrés son el contacto físico como los abrazos, que ayudan a los niños a relajarse y acrecentar su autoestima.

viernes, 21 de noviembre de 2014

La difícil tarea de enseñar a los hijos a pedir perdón



Reconocer que tiene la culpa o que se siente arrepentido y necesita ser perdonado, es uno de los aprendizajes más difíciles tanto para quien enseña como para quien lo aprende. No se trata sólo de enseñar a los niños a pedir y a decir “perdón”, sino que además, tengamos que enseñarles a sentir.

Es una tarea difícil pero no imposible. Entre otras cosas, el pedir perdón enseña a los niños a reconocer sus errores, sus “meteduras de pata”, y a ponerse en el lugar de la otra persona.
Pedir perdón es un acto de humildad, de reconocer un error y de demostrar a uno mismo que nadie, pero nadie es perfecto. Que todos, absolutamente todos, podemos equivocarnos, y que por lo tanto debemos asumir y ser responsables de nuestros actos. Se puede pedir perdón de distintas y variadas maneras, y no solo a través de palabras. Si tu hijo ha tenido un mal comportamiento o una mala actitud contigo, con su padre, hermanos, o con sus amigos, anímale a pedir perdón.

Cómo enseñarles
A partir de los dos años, los niños pueden aprender que si pegan a otra persona ella posiblemente llorará y se sentirá triste. En este momento, se debe fomentar empatía mostrándoles qué es lo que siente una persona que fue “herida”. Además de reprenderles, debemos animarlos a que de alguna forma “curen” esta “herida”, haciendo con que su amigo se sienta mejor.
A partir de los 5 años, los niños ya poseen la capacidad de saber que su mal comportamiento ha resultado en una mala consecuencia. A esta edad, ellos ya entienden sobre lo que es correcto y lo que no, aunque eso no quiere decir que resulte más sencillo que aprendan a pedir disculpas. De este modo, debemos hacerles ‘recapacitar’ sobre lo que hizo, reprenderles con paciencia y firmeza, y hablarles sobre la importancia de “arreglar” lo ocurrido, reconociendo que se ha equivocado y pidiendo disculpas, con un abrazo, ofreciendo un regalo al amiguito ‘lastimado’, demostrando arrepentimiento, cambiando su forma de actuar para la próxima vez que lo encuentre, o simplemente diciéndole “perdón”, ‘lo siento’, ‘disculpas’,etc.
El niño que aprende a pedir perdón, sea de la forma que sea, será un niño preparado para tener buenas relaciones personales. Los padres que saben pedir perdón a su hijo por lo que sea, son un buen ejemplo para los hijos.

jueves, 20 de noviembre de 2014

Los beneficios para los niños de hacer deporte



El ejercicio regular favorece el desarrollo físico y mental en los niños, además de la salud integral. Es motor del buen comportamiento, del equilibrio emocional y la adopción de valores. Ayuda también a integrarse a la sociedad y a afianzar los lazos con sus padres, si es que las actividades se practican junto a ellos.

“Los deportes que se practican en equipo ayudan al niño en la socialización, a respetar reglas, a colaborar y a perseguir metas. Los que se practican en familia ayudan a la transmisión de valores como la constancia, la perseverancia, el esfuerzo, el trabajo en equipo, la disciplina, la cooperación y el compañerismo. Se debe tomar en cuenta que el ejemplo es la mejor manera de fomentar que los niños tengan actividad física con sus padres”, dice la psicóloga infantil Viviana Ríos. El desarrollo de la personalidad se verá favorecido, mejorará el estado psicológico del niño, la confianza en sí mismo y la autonomía.

La práctica deportiva tiene otros beneficios, como ayudar en la coordinación psicomotriz y favorece el desarrollo del aprendizaje escolar. “Mejora por lo tanto la atención y capacidad de desarrollo de la concentración, tan importante en este tiempo donde se incrementa el número de niños que presentan desórdenes de atención en su aprendizaje”, añade la profesional.

Ballet

Se recomienda su temprana práctica, ya que según el pediatra Ramiro Cisneros la danza favorece a la estimulación muscular, ayudando a la elasticidad del cuerpo, además de inculcar disciplina y favorecer a una buena postura. También se requiere de concentración para el dominio del cuerpo, que desarrollará la coordinación y elritmo.

Karate

Cisneros indica que los niños y las niñas se divierten mientras aprenden disciplina, tolerancia y respeto con las artes marciales, que ayudan al desarrollo óseo y muscular. Estas disciplinas además ayudan a desarrollar las destrezas, los reflejos y las reacciones. Es un deporte que potencia la fuerza, el equilibrio, la velocidad y la flexibilidad.

En familia

Se recomienda cualquier tipo de práctica deportiva que se pueda realizar en familia para lograr afianzar los lazos padre-madre-hijo, esto contribuirá a generar mayor confianza, tanto en sí mismo como familiar. Realizarlo ayuda al niño a tener una buena salud mental.

Equitación

Es un deporte muy completo que permite de-sarrollar la musculatura —principalmente de las piernas y los glúteos—, mejorar la coordinación motriz, el equilibrio y el sentido de la orientación.Ayuda en la socialización del niño, fomenta la confianza y seguridad en sí mismo y mejora su capacidad de concentración y disciplina. }

Fuente: Viviana Ríos (Psicóloga infantil/ 70668029) Ramiro Cisneros (Pediatra / Av. 20 de Octubre, Edif. Guadalquivir primer piso)

viernes, 14 de noviembre de 2014

Doce consejos para los padres de adolescentes



A pesar de que estos años pueden ser difíciles, la recompensa es lograr ver a los hijos convertirse en adultos independientes, preocupados y responsables.

La Academia Americana de Pediatría (AAP) ofrece los siguientes consejos para ayudarle a hacerle frente a los desafíos de su hijo-hija adolescente:

1. Disponga de tiempo familiar para su adolescente. Muchos preadolescentes y adolescentes parecen más pendientes de sus amigos, pero esto no significa que no estén interesados en la familia.
2. Invierta tiempo a solas con su hijo adolescente. Aunque su hijo o hija no quiera un tiempo a solas con usted, tómese el momento de recordarle que tiene siempre las puertas abiertas para él/ella, y que siempre estará disponible si necesita hablar. Recuérdeselo a menudo.
3. Ponga atención cuando su adolescente le hable. Mírelo al mismo tiempo que lo escucha, trate de no interrumpirlo, dígale que le explique las cosas más allá si no las entiende, si usted no tiene tiempo para cuando su hijo o hija quiere hablar, defina un momento para escucharlo con toda atención.
4. Respete los sentimientos de su adolescente. Puede estar en desacuerdo con su hijo o hija, pero hágalo de manera respetuosa, no ofensivamente. No crea que sus sentimientos u opiniones son ridículos o sin sentido. Puede que usted no siempre sea capaz de ayudar cuando su hijo está triste en relación a algo, pero es importante decirle “me gustaría entender” o “ayúdame a entender”.
5. Cuando las reglas se necesitan, defínalas y haga que se respeten. No tenga miedo de ser impopular y de no quedar bien con sus hijos por un día o dos. Créalo o no, los adolescentes ven los límites como una forma de preocupación.
6. Trate de no molestarse si su adolescente comete errores. Los errores ayudarán a su hijo a tomar responsabilidad por sus propios actos. Recuerde ofrecer orientación cuando sea necesario. Enfoque las discusiones hacia soluciones. “Qué pena encontrar toda tu ropa tirada en el suelo”, es mucho mejor que: “¡Eres un desordenado!”. Esté dispuesto a negociar y a hacer compromisos. Esto les enseñará a resolver problemas de una manera saludable. No pierda tiempo ni energías en cosas sin importancia.
7. Critique un comportamiento, no una actitud. En vez de decir: “¡Llegaste tarde! Eres tan irresponsable... no me gusta esa actitud”; trate de decir: “me preocupo mucho por ti cuando no llegas, pienso que te podría haber pasado algo... ¿qué podríamos hacer para que llegues a la hora? ¿Me podrías avisar dónde andas y si vas a llegar tarde?”.
8. Hágale saber cuándo las cosas le parecen adecuadas y le agradan. Así como los adolescentes necesitan saber cómo usted se siente cuando no están haciendo lo que se espera de ellos, también necesitan saber que usted aprecia las cosas positivas que hacen. Por ejemplo: “Estoy tan orgulloso(a) de que hagas las tareas y además me ayudes a poner la mesa”.
9. Permítale a su hijo o hija ser el adolescente que él desea ser, no el que usted quisiera que sea. No presione a su adolescente a ser como usted fue o como a usted le hubiera gustado haber sido a su edad. Permítale cierta libertad en cosas como la ropa o el corte de pelo. Muchos adolescentes pasan por un “período rebelde” en el cual ellos quieren expresarse en maneras distintas a cómo son los padres. Sin embargo, preocúpese de los mensajes que escucha en la música, películas y video juegos.
10. Recuerde que usted es el padre y no un amigo(a). La separación que el adolescente establece con los padres es normal. No hay que tomárselo a modo personal.
11. No se asuste en compartir con su adolescente que usted ha cometido errores. Cometer algunos errores no es tan malo. Trate de compartir con su hijo o hija los errores que usted cometió cuando era adolescente.

jueves, 13 de noviembre de 2014

Trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad

Es una enfermedad de origen neurológico que se caracteriza por dificultades para concentrarse, estar atento y realizar diversas acciones, la cual afecta a numerosas personas durante la niñez.
GENERALIDADES DE ESTA AFECCIÓN

DIAGNÓSTICO

Para diagnosticar el trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad (TDA-H), el neurólogo infantil realiza una evaluación profunda del niño y de su ambiente. Primero, se interesa en el desarrollo psicomotor del pequeño. También puede utilizar una serie de pruebas psicológicas y neuropsicológicas para evaluar sus capacidades de aprendizaje escolar. Asimismo, se basa sobre la presencia de síntomas que suelen ser observados en esta afección.

CAUSAS

El TDA-H es una enfermedad compleja que no tiene una causa única. Se trata de un trastorno de origen neurológico relacionado con anomalías del desarrollo y funcionamiento del cerebro. Las zonas cerebrales responsables de las capacidades de atención, organización y control de los movimientos se activan de manera anormal en las personas afectadas. También existe un desequilibrio en la cantidad de algunos neurotransmisores en el cerebro como ser la dopamina y noradrenalina.

CONSECUENCIAS

Cuando el TDA-H no es tratado y perdura en la edad adulta, suele ocasionar graves problemas comportamentales y sociales. De esta manera, muchas personas padecen trastornos ansiosos que perturban su equilibrio de vida. Además, son más susceptibles de presentar dependencia al alcohol y drogas. Por lo tanto, es fundamental diagnosticar este trastorno en la niñez y empezar el tratamiento lo antes posible.

FACTORES

DE RIESGO

Existen diferentes elementos que pueden favorecer la aparición del TDA-H. El abuso de alcohol, tabaquismo y absorción de drogas por la madre durante el embarazo suele reducir la producción de dopamina en el niño. Por otro lado, los pequeños que tienen antecedentes familiares de TDA-H son más susceptibles de padecer esta enfermedad, así como los niños que han sufrido un golpe en la cabeza, meningitis de origen bacteriana, una falta de oxígeno en el parto o que hayan nacido prematuros.

CUÁNDO

CONSULTAR

Es necesario acudir a un médico o neurólogo infantil cuando la agitación del niño está presente todo el tiempo, perturba sus interacciones sociales y aprendizajes. Asimismo, debes fijarte que los síntomas perduren más de 6 meses y que el pequeño tenga varias crisis por semana. Por otro lado, el TDA-H suele afectar la autoestima y los resultados escolares.

TRATAMIENTO

El objetivo principal de los tratamientos consiste en aminorar los efectos de la enfermedad para evitar las complicaciones en la edad adulta. La intervención debe ser individual y necesita la colaboración de diferentes especialistas como un neurólogo, psicólogo o neuropsicólogo y profesores. En los casos más graves, se puede administrar medicamentos para reducir los síntomas del TDA-H.

El tda-h, un síndrome conductual frecuente

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Paola Vargas Méndez

Licenciada en Psicología

Magíster en Salud Mental

El trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad (TDA-H) es una de las causas más frecuentes de fracaso escolar y de problemas sociales en la edad infantil. Aparece en la niñez, pero puede persistir y manifestarse en la edad adulta. Es un síndrome conductual con causas poco claras, en las que probablemente intervienen factores genéticos y ambientales, existiendo una alteración en el sistema nervioso central que se manifiesta mediante un aumento de la actividad, impulsividad y falta de atención. También es considerado un trastorno biopsicosocial: Bio porque es una situación que se localiza en nuestro cerebro. Psique porque tiene impacto sobre nuestra mente; y Social porque afecta al momento de relacionarnos con nuestro entorno.

El conjunto de síntomas que se observan en este trastorno se manifiesta en los siguientes comportamientos del niño:

-Su dificultad de concentración hace que se distraiga fácilmente, necesitando mayor tiempo de lo normal en la ejecución de las tareas escolares y su rendimiento tiende a ser bajo por su mala memoria secuencial, produciéndole dificultades de aprendizaje en operaciones aritméticas, como en lecto-escritura.

-La actividad motriz del niño hace que se levante continuamente de su asiento, charle con los compañeros y haga ruido, lo que provoca una interrupción constante al profesor.

-La impulsividad del menor se ve en el deseo de terminar rápidamente las tareas, lo que ocasiona una serie de errores como comerse sílabas o palabras cuando escribe o lee, confundir unas palabras con otras y cuando juega, tiende a ser torpe porque no mide sus impulsos.

A todo esto se suma la frustración que le produce el no realizar las tareas con la misma rapidez y diligencia de sus compañeros, las continuas quejas de sus profesores y el rechazo de su entorno. Esto en ocasiones le lleva a reaccionar con rabietas o estallidos, mostrándose hacia los demás como una persona con poca capacidad de autocontrol. Todo ello tiene como consecuencia una baja autoestima y suele acompañar ansiedad, depresión y conductas rebeldes, desafiantes o de aislamiento.

La forma de abordarlo es multidisciplinariamente: cuando es un niño en edad escolar, la maestra es la que se da cuenta de algunos síntomas que deben ser evaluados por el psicólogo y derivados oportunamente al neurólogo infantil, quien es el que realiza el diagnóstico final y nuevamente con sus recomendaciones pasa a trabajar el psicólogo. Este último coordina lo que debe realizar el colegio y la familia en cuanto al apoyo necesario que se debe dar al niño.

De manera general, el infante con TDA-H necesita un ambiente organizado con límites bien claros, las órdenes dadas deben ser una a la vez. Asimismo, tiene que terminar una labor (escolar o de recreación) antes de empezar una nueva, ejercitar su atención, concentración y memoria. Todo ello con un trato amoroso y cordial, de forma que también se trabaje la parte emocional y psicológica.