Imagina que tienes un novio encantador, te hace reír, te derrites por él y como si esto fuera poco, a ambos les gusta la pizza recalentada como desayuno. Todo va “viento en popa” así que no dudas que se trata de un buen partido con el que podrías compartir el resto de tu vida.
Sin embargo, la realidad es que el tiempo que compartan de novios, no garantiza el éxito de un matrimonio. Después de todo, más del 50% de los matrimonios acaba en divorcio.
Entonces, ¿cuál es la mejor manera de asegurar que alguien será un buen marido para el resto de la vida? Muchos dicen que si un hombre es buen hijo con su mamá, significa que será un excelente esposo. Esto puede ser cierto en algunos casos pero existen otros factores que se deben considerar a la hora de evaluar a un hombre.
Sin duda, tendrás que considerar otros comportamientos antes de decidir si te casas o no, pero sobretodo presta atención a tu sexto sentido y si éste te murmura que alguien te va a decepcionar, sigue tu instinto antes de caminar al altar. /
5 atributos de un buen esposo
He aquí cinco señales que indican si él tiene “madera” para ser buen esposo:
Él cree en ti: Te motiva a perseguir tus sueños o por lo menos no te detiene para que los logres.
No se mortifica con lo insignificante: Si le fastidia que dejes la pasta dental sin tapar o se enfurece porque llegaste 10 minutos tarde, imagina cómo será su reacción cuando lleguen los verdaderos problemas del matrimonio.
Puedes contarle todo: Con tu pareja, nunca debes tener miedo a abrir la boca. Si tienes que preocuparte por lo que vas a decir o hacer por miedo a enojarlo, no es el marido para ti.
Es generoso: Presta atención cuando deja propinas y fíjate si te hace caminar diez cuadras con tal de no pagar un estacionamiento privado. ¡Vivir con un tacaño es una tortura!
Es cooperador: Cuando te visita y te ve ocupada con las tareas de la casa, toma la iniciativa de ayudarte. Si no coopera ahora, menos lo hará cuando estén casados. ¡No hay nada más frustrante que lidiar con un vago!
QUICKIE
Un nuevo estudio reveló que los matrimonios son más felices y exitosos cuando el hombre goza de buena salud y tiene una personalidad positiva. Pero esa diferencia no se aplica al caso de la mujer.
jueves, 10 de abril de 2014
El chocolate, fuente de energía para los niños
Es muy difícil, no sólo para los niños, resistirse al chocolate. Casi a todo el mundo le gusta el chocolate. No existe nada más placentero que una chocolatina, una galleta o un helado de chocolate. ¡Son irresistibles!
El amor por el chocolate no es exclusivo de la sociedad moderna. Hace tanto unos dos mil años, los mayas crearon una bebida hecha de las semillas de cacao machacadas, y se referían al chocolate como “el alimento de los dioses”. No hay duda de que el chocolate sea bueno, pero según los nutricionistas, es recomendable consumirlo con moderación y estableciendo unos límites principalmente a la hora de determinar una dieta para los niños.
BENEFICIOS DEL CHOCOLATE PARA LOS NIÑOS
El chocolate es nutritivo y energético. Contiene nutrientes como el calcio (buenísimo para los huesos y los dientes de los niños), el fosfato, proteínas y otros minerales que son indispensables para el crecimiento de los niños. Además, contiene sustancias naturales, como los flavonoides, que protegen el organismo frente a enfermedades cardiovasculares, por sus efectos antioxidantes.
A MI HIJO LE ENCANTA EL CHOCOLATE. ¿QUÉ HAGO?
Durante mucho tiempo, el chocolate ha estado acusado de provocar vicios y adicciones incontrolables, de originar problemas metabólicos, cefaleas y sobrepeso y, sobre todo, de incrementar las caries infantiles. Sin embargo, las investigaciones demuestran que el chocolate es una fuente rica de salud. El chocolate fortalece la energía que el niño utiliza para jugar, estudiar, saltar y correr.
Si tu hijo quiere comer algo que posee chocolate, debes considerar algunas situaciones:
- Presenta sobrepeso
- Es alérgico a alguno de sus componentes
- Padece diabetes.
En estos casos, el consumo del chocolate debe estar orientado por el pediatra del niño. En algunas situaciones hay que restringirlo y en otras, prohibirlo. Pero aunque tu hijo no esté en estas situaciones, el consumo del chocolate debe ser siempre limitado. Si el niño consume chocolate en cantidades exageradas, puede sufrir una intoxicación, tener el estómago suelto, náuseas y vómitos. Si llega a esta situación, se debe suspender el chocolate hasta que los síntomas desaparezcan e hidratar al niño con mucho líquido.
¿CUÁNDO PUEDEN TOMAR CHOCOLATE?
El consumo de chocolate recomendable para los niños debe hacerse a media mañana o en la merienda, ya que se trata de un alimento muy energético y calórico, que no conviene mezclar o añadir a una comida principal. La cantidad de consumo indicada para niños saludables de 1 a 5 años es de 50 gramos al día (máximo).
Los niños diabéticos deben restringir su consumo y hacerlo con moderación siempre y cuando se trate de chocolate puro, que contiene menos grasa y azúcares que otros preparados. Los niños que no toleran la lactosa, pueden consumir el chocolate puro que no contiene leche.
La sensación de satisfacción que produce el chocolate es igual en adultos que en niños. La razón es que la ingestión de chocolate aumenta la producción de una sustancia, la feniletilamina, un neurotransmisor responsable de la sensación de bienestar.
El amor por el chocolate no es exclusivo de la sociedad moderna. Hace tanto unos dos mil años, los mayas crearon una bebida hecha de las semillas de cacao machacadas, y se referían al chocolate como “el alimento de los dioses”. No hay duda de que el chocolate sea bueno, pero según los nutricionistas, es recomendable consumirlo con moderación y estableciendo unos límites principalmente a la hora de determinar una dieta para los niños.
BENEFICIOS DEL CHOCOLATE PARA LOS NIÑOS
El chocolate es nutritivo y energético. Contiene nutrientes como el calcio (buenísimo para los huesos y los dientes de los niños), el fosfato, proteínas y otros minerales que son indispensables para el crecimiento de los niños. Además, contiene sustancias naturales, como los flavonoides, que protegen el organismo frente a enfermedades cardiovasculares, por sus efectos antioxidantes.
A MI HIJO LE ENCANTA EL CHOCOLATE. ¿QUÉ HAGO?
Durante mucho tiempo, el chocolate ha estado acusado de provocar vicios y adicciones incontrolables, de originar problemas metabólicos, cefaleas y sobrepeso y, sobre todo, de incrementar las caries infantiles. Sin embargo, las investigaciones demuestran que el chocolate es una fuente rica de salud. El chocolate fortalece la energía que el niño utiliza para jugar, estudiar, saltar y correr.
Si tu hijo quiere comer algo que posee chocolate, debes considerar algunas situaciones:
- Presenta sobrepeso
- Es alérgico a alguno de sus componentes
- Padece diabetes.
En estos casos, el consumo del chocolate debe estar orientado por el pediatra del niño. En algunas situaciones hay que restringirlo y en otras, prohibirlo. Pero aunque tu hijo no esté en estas situaciones, el consumo del chocolate debe ser siempre limitado. Si el niño consume chocolate en cantidades exageradas, puede sufrir una intoxicación, tener el estómago suelto, náuseas y vómitos. Si llega a esta situación, se debe suspender el chocolate hasta que los síntomas desaparezcan e hidratar al niño con mucho líquido.
¿CUÁNDO PUEDEN TOMAR CHOCOLATE?
El consumo de chocolate recomendable para los niños debe hacerse a media mañana o en la merienda, ya que se trata de un alimento muy energético y calórico, que no conviene mezclar o añadir a una comida principal. La cantidad de consumo indicada para niños saludables de 1 a 5 años es de 50 gramos al día (máximo).
Los niños diabéticos deben restringir su consumo y hacerlo con moderación siempre y cuando se trate de chocolate puro, que contiene menos grasa y azúcares que otros preparados. Los niños que no toleran la lactosa, pueden consumir el chocolate puro que no contiene leche.
La sensación de satisfacción que produce el chocolate es igual en adultos que en niños. La razón es que la ingestión de chocolate aumenta la producción de una sustancia, la feniletilamina, un neurotransmisor responsable de la sensación de bienestar.
El arte y el deporte hacen felices a los niños
“Un niño siempre puede enseñar tres cosas a un adulto: A ponerse contento sin motivo, a estar siempre ocupado con algo y a saber exigir con todas sus fuerzas aquello que desea”, una frase del escritor Paulo Coelho que resume la intención de la presente nota.
El adulto con frecuencia olvida que alguna vez fue niño. Entonces el menor se convierte en su mejor maestro para enseñar que la felicidad está en las cosas más sencillas de la vida. Femenina conversó al respecto con niños de distintas edades para conocer aquello que les hace felices y les apasiona.
RICHARD MIRANDA PONCE
Con 10 años edad, estudia en el colegio Boliviano Noruego y practica Taekwondo hace más de 3 años en la Asociación Departamental de Taekwondo La Paz. La disciplina y constancia le han permitido obtener distinciones en este deporte que lo apasiona.
“Nadie en mi familia práctica este deporte. Yo ingresé en la Asociación de Taekwondo porque uno de los entrenadores era amigo de mi papá y él me dijo que vaya a entrenar. Luego de la primera práctica me gustó y me quedé. He aprendido las patadas y la técnica que se utiliza”, recordó el taekwondista.
El niño deportista ha participado en 5 campeonatos representando a su institución y a la fecha cuenta con 4 medallas de oro y 2 de plata. Mencionó que con esta disciplina aprendió defensa personal, reglas a seguir, palabras en coreano y a realizar un grito que sale del interior en el momento del combate.
Preguntamos a Richard qué le hace feliz, a lo que respondió: “Practicar este deporte y poder contar con el apoyo de mis padres y familia”. En relación con los proyectos que tiene aseguró que le gustaría destacarse en taekwondo, en su colegio y como una buena persona.
MARÍA RENÉ ARTIEDA PACCIERI
Cuenta con 13 años de edad, estudia en el colegio Santa Ana e ingresó en el ballet clásico de la Escuela de Ballet Oficial hace 5 años. Tuvo varias presentaciones en el Teatro Municipal de La Paz y recibió diversas invitaciones para ser parte de eventos importantes.
“Siempre me ha gustado esa forma específica de arte y su expresión. Yo ingresé en el ballet a corta edad, a los 8 años, pero sé que a partir de los 10 años te hacen una valoración más técnica. Quisiera bailar hasta el último segundo que pueda y cuando ya no sea posible voy a abrir una academia para enseñar lo que aprendí”, dijo la niña.
La bailarina expresó que el ballet le permite relajarse lejos de las actividades escolares y que la ha vuelto más activa. En las presentaciones en las que participó en principio tuvo cierto nerviosismo, pero a medida que se desarrollaba la coreografía esa sensación desapareció.
Preguntamos a María René qué la hace feliz a lo que respondió: “Me hace feliz el bailar, llegar a mi casa y ver a mi mamá, y hermanita que me esperan, el tener a mi familia que me apoya”.
ANA LUCÍA ARTIEDA PACCIERI
Tiene 10 años de edad, estudia en el colegio Santa Ana e ingresó en el ballet clásico de la Escuela del Ballet Oficial hace 5 años. Al igual que su hermana María René tuvo varias presentaciones en el Teatro Municipal.
“Elegí el ballet porque veía bailar a mi hermana y me gustó mucho. Entonces dije yo también puedo hacerlo como ella. Ingresé hace 5 años y cuando lo hice me midieron, pesaron y consideraron mi constitución. Lo que me gusta de mis clases es que el profesor me ayuda a mejorar mi técnica”, dijo la pequeña Ana Lucía.
La práctica del ballet ayudó a que esta bailarina consiga olvidar el estrés que produce las actividades del colegio, algún disgusto y a lograr concentrarse en lo que más le gusta.
La pequeña bailarina fue consultada acerca de aquello que la hace feliz a lo que respondió: “Me hace feliz el ballet, mi familia, el salir a jugar al parque, el colegio y mis estudios”.
RENÉ CARLOS MORALES MAREÑO
Tiene 7 años de edad, estudia en el colegio Inglés Católico y practica Karate hace un año y medio en la Asociación Departamento de Karate La Paz. La disciplina y perseverancia le han permitido obtener distinciones en este deporte que disfruta.
“Una de las personas que me motivó a practicar este deporte fue mi sensei Christian Claure que falleció hace poco. Luego de esto mi mamá me preguntó si quería continuar con esta disciplina y le dije que sí. Hace 4 meses rendí mi examen para ser cinturón naranja y lo aprobé”, recordó René Carlos.
El pequeño Karateca afirmó que este deporte le sirvió para aprender a defenderse, a ser más ordenado, más tranquilo y que, con disciplina y esfuerzo, se pueden obtener reconocimientos como las medallas de oro y plata.
ALEJANDRA PANTOJA CALLE
Tiene 13 años, cursa estudios en el colegio Amoretti y practica karate hace 4 años en la Asociación Departamental de Karate La Paz. Ha participado en campeonatos locales y ha obtenido reconocimientos entre los primeros lugares.
“Mi papá fue quien me enseñó algunos golpes y bloqueos, porque él practicaba antes un arte marcial y sabe lo básico. Yo practico karate, porque me gusta aprender a defenderme por si alguien quiere agarrarme. He tenido 5 participaciones en campeonatos y obtuve medallas de oro y de plata”, dijo satisfecha Alejandra.
Consultada sobre aquello que la hace feliz, la deportista dijo: “Me hace feliz el practicar karate, el apoyo de mi familia, el cariño de mi padre y madre, además el apoyo de mis amigos. Quisiera en el futuro llegar a ser cinta negra”.
Al respecto, su entrenador Jorge Hitoshi explicó que este deporte de contacto y fuerza requiere de un entrenamiento riguroso para su posterior ejecución en los combates demostrativos que se realizan y aconseja su práctica a partir de los 5 años de edad, con la finalidad de ayudar a mejorar su psicomotricidad.
“El karate te enseña lo que es defensa personal, a elevar tu autoestima, autocontrol a nivel emocional y te da confianza. El proceso con estos deportistas ha sido largo, porque están más de un año en el doyo. Se ha escalado poco a poco, primero perdían, pero ganaron experiencia y ahora ya tienen mucha confianza en lo que hacen”, finalizó el Sensei.
El adulto con frecuencia olvida que alguna vez fue niño. Entonces el menor se convierte en su mejor maestro para enseñar que la felicidad está en las cosas más sencillas de la vida. Femenina conversó al respecto con niños de distintas edades para conocer aquello que les hace felices y les apasiona.
RICHARD MIRANDA PONCE
Con 10 años edad, estudia en el colegio Boliviano Noruego y practica Taekwondo hace más de 3 años en la Asociación Departamental de Taekwondo La Paz. La disciplina y constancia le han permitido obtener distinciones en este deporte que lo apasiona.
“Nadie en mi familia práctica este deporte. Yo ingresé en la Asociación de Taekwondo porque uno de los entrenadores era amigo de mi papá y él me dijo que vaya a entrenar. Luego de la primera práctica me gustó y me quedé. He aprendido las patadas y la técnica que se utiliza”, recordó el taekwondista.
El niño deportista ha participado en 5 campeonatos representando a su institución y a la fecha cuenta con 4 medallas de oro y 2 de plata. Mencionó que con esta disciplina aprendió defensa personal, reglas a seguir, palabras en coreano y a realizar un grito que sale del interior en el momento del combate.
Preguntamos a Richard qué le hace feliz, a lo que respondió: “Practicar este deporte y poder contar con el apoyo de mis padres y familia”. En relación con los proyectos que tiene aseguró que le gustaría destacarse en taekwondo, en su colegio y como una buena persona.
MARÍA RENÉ ARTIEDA PACCIERI
Cuenta con 13 años de edad, estudia en el colegio Santa Ana e ingresó en el ballet clásico de la Escuela de Ballet Oficial hace 5 años. Tuvo varias presentaciones en el Teatro Municipal de La Paz y recibió diversas invitaciones para ser parte de eventos importantes.
“Siempre me ha gustado esa forma específica de arte y su expresión. Yo ingresé en el ballet a corta edad, a los 8 años, pero sé que a partir de los 10 años te hacen una valoración más técnica. Quisiera bailar hasta el último segundo que pueda y cuando ya no sea posible voy a abrir una academia para enseñar lo que aprendí”, dijo la niña.
La bailarina expresó que el ballet le permite relajarse lejos de las actividades escolares y que la ha vuelto más activa. En las presentaciones en las que participó en principio tuvo cierto nerviosismo, pero a medida que se desarrollaba la coreografía esa sensación desapareció.
Preguntamos a María René qué la hace feliz a lo que respondió: “Me hace feliz el bailar, llegar a mi casa y ver a mi mamá, y hermanita que me esperan, el tener a mi familia que me apoya”.
ANA LUCÍA ARTIEDA PACCIERI
Tiene 10 años de edad, estudia en el colegio Santa Ana e ingresó en el ballet clásico de la Escuela del Ballet Oficial hace 5 años. Al igual que su hermana María René tuvo varias presentaciones en el Teatro Municipal.
“Elegí el ballet porque veía bailar a mi hermana y me gustó mucho. Entonces dije yo también puedo hacerlo como ella. Ingresé hace 5 años y cuando lo hice me midieron, pesaron y consideraron mi constitución. Lo que me gusta de mis clases es que el profesor me ayuda a mejorar mi técnica”, dijo la pequeña Ana Lucía.
La práctica del ballet ayudó a que esta bailarina consiga olvidar el estrés que produce las actividades del colegio, algún disgusto y a lograr concentrarse en lo que más le gusta.
La pequeña bailarina fue consultada acerca de aquello que la hace feliz a lo que respondió: “Me hace feliz el ballet, mi familia, el salir a jugar al parque, el colegio y mis estudios”.
RENÉ CARLOS MORALES MAREÑO
Tiene 7 años de edad, estudia en el colegio Inglés Católico y practica Karate hace un año y medio en la Asociación Departamento de Karate La Paz. La disciplina y perseverancia le han permitido obtener distinciones en este deporte que disfruta.
“Una de las personas que me motivó a practicar este deporte fue mi sensei Christian Claure que falleció hace poco. Luego de esto mi mamá me preguntó si quería continuar con esta disciplina y le dije que sí. Hace 4 meses rendí mi examen para ser cinturón naranja y lo aprobé”, recordó René Carlos.
El pequeño Karateca afirmó que este deporte le sirvió para aprender a defenderse, a ser más ordenado, más tranquilo y que, con disciplina y esfuerzo, se pueden obtener reconocimientos como las medallas de oro y plata.
ALEJANDRA PANTOJA CALLE
Tiene 13 años, cursa estudios en el colegio Amoretti y practica karate hace 4 años en la Asociación Departamental de Karate La Paz. Ha participado en campeonatos locales y ha obtenido reconocimientos entre los primeros lugares.
“Mi papá fue quien me enseñó algunos golpes y bloqueos, porque él practicaba antes un arte marcial y sabe lo básico. Yo practico karate, porque me gusta aprender a defenderme por si alguien quiere agarrarme. He tenido 5 participaciones en campeonatos y obtuve medallas de oro y de plata”, dijo satisfecha Alejandra.
Consultada sobre aquello que la hace feliz, la deportista dijo: “Me hace feliz el practicar karate, el apoyo de mi familia, el cariño de mi padre y madre, además el apoyo de mis amigos. Quisiera en el futuro llegar a ser cinta negra”.
Al respecto, su entrenador Jorge Hitoshi explicó que este deporte de contacto y fuerza requiere de un entrenamiento riguroso para su posterior ejecución en los combates demostrativos que se realizan y aconseja su práctica a partir de los 5 años de edad, con la finalidad de ayudar a mejorar su psicomotricidad.
“El karate te enseña lo que es defensa personal, a elevar tu autoestima, autocontrol a nivel emocional y te da confianza. El proceso con estos deportistas ha sido largo, porque están más de un año en el doyo. Se ha escalado poco a poco, primero perdían, pero ganaron experiencia y ahora ya tienen mucha confianza en lo que hacen”, finalizó el Sensei.
La primera amistad
En cuanto quieras darte cuenta, tu hijo ya estará socializando con otros niños y pronto hará su primer amigo.
El ser humano es un ser social desde que nace, nuestras primeras socializaciones, durante los primeros meses de vida, se realizan en nuestra familia. Desde el primer minuto de vida, los bebés están formando vínculos afectivos, primero con su madre y padre, después con su familia más cercana.
SOCIALIZAR FUERA DEL ENTORNO FAMILIAR
Durante al menos las primeras 16 semanas de vida, como mínimo, el bebé estará rodeado de su familia. A partir de los 4 meses, muchos aunque no todos -no podemos generalizar-, inician sus socializaciones fuera del entorno familiar, ya sea porque deben acudir a la escuela infantil o porque les cuida una persona ajena a la familia: niñera, educadora personal, etc.
LO NORMAL ES QUE EL PRIMER AMIGO LLEGUE A LOS 4 AÑOS
Si acuden a la escuela infantil empezarán a relacionarse también con otros bebés, que podríamos decir serán sus primeros amigos, pues comparten con ellos algunas horas al día, comparten actividades, comida, siestas, etc. Pero con estas edades ellos no pueden considerar que son amigos, o que tienen amigos. Simplemente comparten parte del día con otros niños más o menos de su misma edad, y juegan, ríen, lloran juntos...
VÍNCULO DE AMISTAD ENTRE LAS FAMILIAS
También podemos encontrar casos de niños que empiezan la escuela infantil juntos, en el mismo curso, con 4 meses, con 1 año o con 2 años, y que sus familias cultivan una amistad, por lo tanto van al parque juntos, siguen juntos toda la etapa de educación infantil y pasan al segundo ciclo infantil también juntos, es decir, a la escuela.
En estos casos, al comenzar el tercer grado ya podríamos decir que los niños son amigos, pues han compartido dos años juntos.
EL PRIMER AMIGO/A, SOBRE LOS TRES AÑOS
Por supuesto que hablando de niños nunca se puede generalizar. Pero, por mi experiencia, podría decir que muchos de ellos y ellas encuentran a sus primeros amigos en su primer año de escuela, entre los tres y cuatro años. Si tienen una buena adaptación al grupo, si todo marcha bien, empiezan cada vez a ser más autónomos, y en el aula empiezan a tener sus primeras relaciones de amistad, solos, sin mamá ni papá.
Es muy probable que nuestro hijo o hija al salir de la escuela se pase todo el día hablándonos de esa o ese amigo especial, con el que seguramente compartirá muchas cosas a lo largo del día. Jugarán siempre juntos en el patio, en el aula querrán hacer las actividades siempre juntos, o en el comedor, sala de psicomotricidad, de informática, etc.
Hay veces en que la amistad o el sentimiento es tan fuerte por parte de uno de los dos, que el otro puede sentirse abrumado: son etapas, muchas veces se idolatran y al mismo tiempo se quieren con locura o se enfadan por dibujar con el mismo color.
¿CÓMO DEBEMOS TRATAR LAS NUEVAS AMISTADES DE NUESTROS HIJOS?
Cuando nuestro hijo/a nos habla de su amigo/a especial, o de un grupo de amigos de la escuela, ya sea con tres o cuatro años, empezamos a darnos cuenta que nuestros hijos tienen una vida independiente a la nuestra. Se relacionan con unas personas a diario, comparten con ellas aprendizajes, juegos, música, danzas, y muchas cosas más, por lo tanto crean vínculos afectivos con ellas, mientras nosotros no estamos presentes.
Puede haber casos en que a algunos padres les cueste un poco superar esta etapa, pues es empezar a aceptar que nuestro bebé crece, que se hace mayor, y esto, seamos sinceros, no nos hace demasiada gracia. Pero normalmente es algo pasajero, y en seguida vemos cómo se desenvuelve nuestro pequeño o pequeña, cómo le quieren en su clase, cómo comparte con sus amigos, y las habilidades sociales que practica con personas de su misma edad, con sus mismas dudas, preocupaciones, ilusiones, etc.
Estos primeros amigos, puede que a veces se olviden, pues la vida puede separarlos de ellos, puede que cambien de escuela, o que la familia se mude a otro país, pero pienso que siempre ocuparan un hueco en el interior, y cuando crezcan puede que aún se mantenga la amistad, pero si no es así, para eso estamos los papis, para recordar lo bonito que fue compartir las primeras emociones de la amistad, las primeras peleas, o las primeras trastadas.
¡Qué bonita amistad, qué inocente y llena de buenas intenciones, la que siente un corazón tan pequeño de tamaño, pero tan grande en bondad!
El ser humano es un ser social desde que nace, nuestras primeras socializaciones, durante los primeros meses de vida, se realizan en nuestra familia. Desde el primer minuto de vida, los bebés están formando vínculos afectivos, primero con su madre y padre, después con su familia más cercana.
SOCIALIZAR FUERA DEL ENTORNO FAMILIAR
Durante al menos las primeras 16 semanas de vida, como mínimo, el bebé estará rodeado de su familia. A partir de los 4 meses, muchos aunque no todos -no podemos generalizar-, inician sus socializaciones fuera del entorno familiar, ya sea porque deben acudir a la escuela infantil o porque les cuida una persona ajena a la familia: niñera, educadora personal, etc.
LO NORMAL ES QUE EL PRIMER AMIGO LLEGUE A LOS 4 AÑOS
Si acuden a la escuela infantil empezarán a relacionarse también con otros bebés, que podríamos decir serán sus primeros amigos, pues comparten con ellos algunas horas al día, comparten actividades, comida, siestas, etc. Pero con estas edades ellos no pueden considerar que son amigos, o que tienen amigos. Simplemente comparten parte del día con otros niños más o menos de su misma edad, y juegan, ríen, lloran juntos...
VÍNCULO DE AMISTAD ENTRE LAS FAMILIAS
También podemos encontrar casos de niños que empiezan la escuela infantil juntos, en el mismo curso, con 4 meses, con 1 año o con 2 años, y que sus familias cultivan una amistad, por lo tanto van al parque juntos, siguen juntos toda la etapa de educación infantil y pasan al segundo ciclo infantil también juntos, es decir, a la escuela.
En estos casos, al comenzar el tercer grado ya podríamos decir que los niños son amigos, pues han compartido dos años juntos.
EL PRIMER AMIGO/A, SOBRE LOS TRES AÑOS
Por supuesto que hablando de niños nunca se puede generalizar. Pero, por mi experiencia, podría decir que muchos de ellos y ellas encuentran a sus primeros amigos en su primer año de escuela, entre los tres y cuatro años. Si tienen una buena adaptación al grupo, si todo marcha bien, empiezan cada vez a ser más autónomos, y en el aula empiezan a tener sus primeras relaciones de amistad, solos, sin mamá ni papá.
Es muy probable que nuestro hijo o hija al salir de la escuela se pase todo el día hablándonos de esa o ese amigo especial, con el que seguramente compartirá muchas cosas a lo largo del día. Jugarán siempre juntos en el patio, en el aula querrán hacer las actividades siempre juntos, o en el comedor, sala de psicomotricidad, de informática, etc.
Hay veces en que la amistad o el sentimiento es tan fuerte por parte de uno de los dos, que el otro puede sentirse abrumado: son etapas, muchas veces se idolatran y al mismo tiempo se quieren con locura o se enfadan por dibujar con el mismo color.
¿CÓMO DEBEMOS TRATAR LAS NUEVAS AMISTADES DE NUESTROS HIJOS?
Cuando nuestro hijo/a nos habla de su amigo/a especial, o de un grupo de amigos de la escuela, ya sea con tres o cuatro años, empezamos a darnos cuenta que nuestros hijos tienen una vida independiente a la nuestra. Se relacionan con unas personas a diario, comparten con ellas aprendizajes, juegos, música, danzas, y muchas cosas más, por lo tanto crean vínculos afectivos con ellas, mientras nosotros no estamos presentes.
Puede haber casos en que a algunos padres les cueste un poco superar esta etapa, pues es empezar a aceptar que nuestro bebé crece, que se hace mayor, y esto, seamos sinceros, no nos hace demasiada gracia. Pero normalmente es algo pasajero, y en seguida vemos cómo se desenvuelve nuestro pequeño o pequeña, cómo le quieren en su clase, cómo comparte con sus amigos, y las habilidades sociales que practica con personas de su misma edad, con sus mismas dudas, preocupaciones, ilusiones, etc.
Estos primeros amigos, puede que a veces se olviden, pues la vida puede separarlos de ellos, puede que cambien de escuela, o que la familia se mude a otro país, pero pienso que siempre ocuparan un hueco en el interior, y cuando crezcan puede que aún se mantenga la amistad, pero si no es así, para eso estamos los papis, para recordar lo bonito que fue compartir las primeras emociones de la amistad, las primeras peleas, o las primeras trastadas.
¡Qué bonita amistad, qué inocente y llena de buenas intenciones, la que siente un corazón tan pequeño de tamaño, pero tan grande en bondad!
miércoles, 9 de abril de 2014
¿Cuánto tiempo debo dedicar a los chicos?
Los adolescentes necesitan que sus padres les dediquen tiempo suficiente, tanto en cantidad como en calidad. Hay veces que tendemos a pensar que cuando nuestros hijos abandonan la infancia ya no nos necesitan y eso es un error. Los adolescentes necesitan a sus padres tanto o más que los niños.
Sí es cierto que el tiempo que pasamos con nuestros adolescentes es menor porque ellos ya tienen otros intereses fuera de la familia, que les ocupan una parte de sus vidas. Pero también es verdad que la adolescencia es una etapa muy compleja en la que nuestros hijos van a requerir que sus padres estén a su lado para guiarlos.
Si desde el principio de la adolescencia de nuestros hijos nos planteamos la necesidad de que parte de nuestro tiempo tiene que ser en exclusiva para ellos, conseguiremos una relación mucho más estrecha. Si usted tiene demasiado trabajo debe buscar estrategias para pasar tiempo con sus hijos.
Sí es cierto que el tiempo que pasamos con nuestros adolescentes es menor porque ellos ya tienen otros intereses fuera de la familia, que les ocupan una parte de sus vidas. Pero también es verdad que la adolescencia es una etapa muy compleja en la que nuestros hijos van a requerir que sus padres estén a su lado para guiarlos.
Si desde el principio de la adolescencia de nuestros hijos nos planteamos la necesidad de que parte de nuestro tiempo tiene que ser en exclusiva para ellos, conseguiremos una relación mucho más estrecha. Si usted tiene demasiado trabajo debe buscar estrategias para pasar tiempo con sus hijos.
¿Qué hacer si no quiere ir al colegio?
Expertos aconsejan que lo primero que deben hacer los padres es buscar los motivos del por qué los adolescentes no quieren ir al colegio. A continuación se explica los factores más comunes.
Lo físico. El psicólogo Oliver Olmedo indicó que pueden tener problemas de autoestima por su aspecto físico, “él ve que le está saliendo el acné, el cambio de la voz en los varones, en las chicas empiezan a crecer los pechos, tanto hombres como mujeres por los cambios físicos se llenan de demasiada ansiedad ante esos cambios que hacen que de alguna forma se sienta incómodo y no quiera pasar como el raro del grupo, por ello evita el colegio”, dijo.
Bullying. Olmedo informó que otro de los factores es que los muchachos tienen presión desde afuera, el famoso tema del bullying que ya se a tocado hasta el cansancio, que el muchacho no quiere ir al colegio porque siente que lo maltratan, que sus derechos son violentados o de alguna forma fue o aún es agredido.
Lo afectivo. Olmedo explicó que en esta etapa de la adolescencia es muy común que se vuelvan enamoradizos, “ellos pueden sentirse tremendamente atraídos por una persona del sexo opuesto y tal vez no es correspondido, por ello prefiere evitar ir al colegio, para no recordar ese momento que lo hace sentirse mal”.
Lo académico. El especialista enfatizó que están en una etapa en la que ellos se sobre exigen, por ejemplo si tiene un hermano mayor que saca buenas notas y el ve que sus notas no están siendo lo suficientemente buenas, entonces se siente incómodo y empieza a poner pretextos para evitar ir al colegio “buscar excusas para justificarse", estas son algunas de las razones porque el adolescente no quiere ir al colegio, pero existen más y los padres deben averiguar cuáles son.
Qué pueden hacer los padres. Para el psicólogo, lo primero que deben hacer los padres es establecer un canal de comunicación para que el adolescente pueda comentarle sus cosas sin esconderle nada, “porque si yo como padre lo veo desde mi pedestal hacia abajo, obviamente que el muchacho o la chica no van a querer contar sus cosas porque más allá de sentirse intimidados, se pueden llegar a sentir amenazados”. Asimismo, remarcó que los padres tienen que tener la capacidad de ponerse en el lugar de su hijo, de esta manera ganarán su confianza.
Debe existir la empatía. El psicólogo remarcó que los padres deben ser empáticos con el adolescente; “si nosotros establecemos la empatía como una característica de nuestra paternidad, de esta manera el muchacho podrá contar sus cosas, porque yo tengo la capacidad de ponerme en su lugar”.
Recomendaciones. La psicóloga Ana María Rivera dijo que los padres deben aconsejar al hijo “que tiene que seguir en la escuela, porque al final si existe un problema, también existe una solución, no podemos buscar solución si no sabemos cuál es el problema”, enfatizó. Además puntualizó que si la comunicación entre padres e hijos está deteriorada, es necesario recurrir a un profesional, en este caso a un psicólogo.
Lo físico. El psicólogo Oliver Olmedo indicó que pueden tener problemas de autoestima por su aspecto físico, “él ve que le está saliendo el acné, el cambio de la voz en los varones, en las chicas empiezan a crecer los pechos, tanto hombres como mujeres por los cambios físicos se llenan de demasiada ansiedad ante esos cambios que hacen que de alguna forma se sienta incómodo y no quiera pasar como el raro del grupo, por ello evita el colegio”, dijo.
Bullying. Olmedo informó que otro de los factores es que los muchachos tienen presión desde afuera, el famoso tema del bullying que ya se a tocado hasta el cansancio, que el muchacho no quiere ir al colegio porque siente que lo maltratan, que sus derechos son violentados o de alguna forma fue o aún es agredido.
Lo afectivo. Olmedo explicó que en esta etapa de la adolescencia es muy común que se vuelvan enamoradizos, “ellos pueden sentirse tremendamente atraídos por una persona del sexo opuesto y tal vez no es correspondido, por ello prefiere evitar ir al colegio, para no recordar ese momento que lo hace sentirse mal”.
Lo académico. El especialista enfatizó que están en una etapa en la que ellos se sobre exigen, por ejemplo si tiene un hermano mayor que saca buenas notas y el ve que sus notas no están siendo lo suficientemente buenas, entonces se siente incómodo y empieza a poner pretextos para evitar ir al colegio “buscar excusas para justificarse", estas son algunas de las razones porque el adolescente no quiere ir al colegio, pero existen más y los padres deben averiguar cuáles son.
Qué pueden hacer los padres. Para el psicólogo, lo primero que deben hacer los padres es establecer un canal de comunicación para que el adolescente pueda comentarle sus cosas sin esconderle nada, “porque si yo como padre lo veo desde mi pedestal hacia abajo, obviamente que el muchacho o la chica no van a querer contar sus cosas porque más allá de sentirse intimidados, se pueden llegar a sentir amenazados”. Asimismo, remarcó que los padres tienen que tener la capacidad de ponerse en el lugar de su hijo, de esta manera ganarán su confianza.
Debe existir la empatía. El psicólogo remarcó que los padres deben ser empáticos con el adolescente; “si nosotros establecemos la empatía como una característica de nuestra paternidad, de esta manera el muchacho podrá contar sus cosas, porque yo tengo la capacidad de ponerme en su lugar”.
Recomendaciones. La psicóloga Ana María Rivera dijo que los padres deben aconsejar al hijo “que tiene que seguir en la escuela, porque al final si existe un problema, también existe una solución, no podemos buscar solución si no sabemos cuál es el problema”, enfatizó. Además puntualizó que si la comunicación entre padres e hijos está deteriorada, es necesario recurrir a un profesional, en este caso a un psicólogo.
domingo, 6 de abril de 2014
Castigar con azotes inicia un círculo vicioso de violencia
Los padres que dan azotes a los niños revoltosos quizá no lo sepan, pero están participando en un círculo vicioso que llevará a que den más azotes y a que los niños se sigan comportando mal en los siguientes años, sugiere un nuevo estudio.
Los investigadores querían resolver la vieja cuestión ‘del huevo o la gallina’ que hay en torno a la cuestión de la disciplina física en la infancia: ¿Dar azotes fomenta la agresión en los niños, o los niños que son agresivos por naturaleza simplemente reciben más azotes a medida que sus padres tratan de controlar su comportamiento?
La respuesta es sí a ambas cuestiones, afirma el autor del estudio, Michael MacKenzie, profesor asociado en la Facultad de Trabajo Social de la Universidad de Columbia.
Así empieza
En los primeros diez años de vida de un niño, los azotes llevarán a un mal comportamiento en el futuro; pero el mal comportamiento actual también resultará en azotes en el futuro, según los investigadores. "Se puede ver como una escalada armamentística, en la que los padres se vuelven más coercitivos y el niño se hace más agresivo, y se quedan atrapados en este ciclo", dijo MacKenzie. "Estos procesos pueden empezar muy pronto, y cuando lo hacen hay continuidad a lo largo del tiempo".
Los hallazgos se basan en casi 1,900 familias que participaron en el Estudio de familias frágiles y bienestar infantil.
Las familias del estudio participaron en evaluaciones poco después del nacimiento de los niños y cuando éstos tenían aproximadamente 1, 3, 5 y 9 años de edad. Estas evaluaciones incluyeron preguntas sobre si los niños recibían azotes y hasta qué punto los niños se comportaban de forma agresiva y no acataban las normas.
El 28% de las madres que azotaron a sus hijos durante el primer año de vida aumentó hasta el 57% a los 3 años de edad y luego pasó al 53% a los 5 años de edad y al 49% cuando tenían 9 años
Las conclusiones y lo que se puede hacer
Aumento progresivo
En cada edad, los investigadores vieron que los niños con más problemas recibían más azotes a edad tardía. Eso indica que los niños difíciles fomentan el aumento del nivel de castigos.
Soluciones
Empezar con golpes en el primer año inicia el ciclo. En este momento los padres necesitan asesoría y consejos.
Con los bebés
Distráigalos del mal comportamiento retirándolos del escenario donde se está desarrollando el problema. Haga que cambien de actividad.
De uno a tres años
Mostrar desaprobación y sacarlos de la situación es efectivo. Palmearlos puede enseñarles que golpear a alguien está bien. Recompensarlos verbalmente por el buen comportamiento es más efectivo.
Desde los tres años
Dejar que piensen en un lugar apartado por pocos minutos y concentrarse en lo positivo. En sicología se llama ‘tiempo fuera’.
En la primaria
Involúcrelos en su disciplina. Con los adolescentes se pueden escribir reglas de lo que es o no aceptable y sus consecuencias.
Análisis
No existen los ‘azotes cariñosos’
Maribel Estaca / Educadora en Capacidades Especiales
Esto tiene que ver con el estímulo y la respuesta. Al azotarlos los bloqueamos, no les enseñamos que se deben pedir las cosas con cariño. Los condicionamos: “Si vos hacés esto, te golpeo”, entonces el niño asimila: “Me van a golpear”, y se convierte en rutina, por mucho que sea suave.
Hay que hallar formas de reprender.
A veces, durante las pataletas (rabietas) las mamás los golpean, cuando el niño solo quiere llamar la atención, no que lo golpeen. Hay que dejarlo, él va a reaccionar y se dará cuenta. Después hay que explicarles, porque los niños de esta era son inteligentes; tienen más respuestas que nosotros.
Estos son otros tiempos y hay otras necesidades. No existen los azotes cariñosos.
Lo que aconsejo incluso a quienes tienen niños con problemas de conducta violenta (como los que padecen esquizofrenia) es la llamada cariñoterapia, un enfoque desde la metodología de la ternura, desarrollado por Lidia Turner. Una actitud violenta es faltar el respeto a su cuerpo.
Estos conceptos se usaron con éxito en adolescentes privados de libertad en Qalauma (Bolivia) y en Mozambique
Los investigadores querían resolver la vieja cuestión ‘del huevo o la gallina’ que hay en torno a la cuestión de la disciplina física en la infancia: ¿Dar azotes fomenta la agresión en los niños, o los niños que son agresivos por naturaleza simplemente reciben más azotes a medida que sus padres tratan de controlar su comportamiento?
La respuesta es sí a ambas cuestiones, afirma el autor del estudio, Michael MacKenzie, profesor asociado en la Facultad de Trabajo Social de la Universidad de Columbia.
Así empieza
En los primeros diez años de vida de un niño, los azotes llevarán a un mal comportamiento en el futuro; pero el mal comportamiento actual también resultará en azotes en el futuro, según los investigadores. "Se puede ver como una escalada armamentística, en la que los padres se vuelven más coercitivos y el niño se hace más agresivo, y se quedan atrapados en este ciclo", dijo MacKenzie. "Estos procesos pueden empezar muy pronto, y cuando lo hacen hay continuidad a lo largo del tiempo".
Los hallazgos se basan en casi 1,900 familias que participaron en el Estudio de familias frágiles y bienestar infantil.
Las familias del estudio participaron en evaluaciones poco después del nacimiento de los niños y cuando éstos tenían aproximadamente 1, 3, 5 y 9 años de edad. Estas evaluaciones incluyeron preguntas sobre si los niños recibían azotes y hasta qué punto los niños se comportaban de forma agresiva y no acataban las normas.
El 28% de las madres que azotaron a sus hijos durante el primer año de vida aumentó hasta el 57% a los 3 años de edad y luego pasó al 53% a los 5 años de edad y al 49% cuando tenían 9 años
Las conclusiones y lo que se puede hacer
Aumento progresivo
En cada edad, los investigadores vieron que los niños con más problemas recibían más azotes a edad tardía. Eso indica que los niños difíciles fomentan el aumento del nivel de castigos.
Soluciones
Empezar con golpes en el primer año inicia el ciclo. En este momento los padres necesitan asesoría y consejos.
Con los bebés
Distráigalos del mal comportamiento retirándolos del escenario donde se está desarrollando el problema. Haga que cambien de actividad.
De uno a tres años
Mostrar desaprobación y sacarlos de la situación es efectivo. Palmearlos puede enseñarles que golpear a alguien está bien. Recompensarlos verbalmente por el buen comportamiento es más efectivo.
Desde los tres años
Dejar que piensen en un lugar apartado por pocos minutos y concentrarse en lo positivo. En sicología se llama ‘tiempo fuera’.
En la primaria
Involúcrelos en su disciplina. Con los adolescentes se pueden escribir reglas de lo que es o no aceptable y sus consecuencias.
Análisis
No existen los ‘azotes cariñosos’
Maribel Estaca / Educadora en Capacidades Especiales
Esto tiene que ver con el estímulo y la respuesta. Al azotarlos los bloqueamos, no les enseñamos que se deben pedir las cosas con cariño. Los condicionamos: “Si vos hacés esto, te golpeo”, entonces el niño asimila: “Me van a golpear”, y se convierte en rutina, por mucho que sea suave.
Hay que hallar formas de reprender.
A veces, durante las pataletas (rabietas) las mamás los golpean, cuando el niño solo quiere llamar la atención, no que lo golpeen. Hay que dejarlo, él va a reaccionar y se dará cuenta. Después hay que explicarles, porque los niños de esta era son inteligentes; tienen más respuestas que nosotros.
Estos son otros tiempos y hay otras necesidades. No existen los azotes cariñosos.
Lo que aconsejo incluso a quienes tienen niños con problemas de conducta violenta (como los que padecen esquizofrenia) es la llamada cariñoterapia, un enfoque desde la metodología de la ternura, desarrollado por Lidia Turner. Una actitud violenta es faltar el respeto a su cuerpo.
Estos conceptos se usaron con éxito en adolescentes privados de libertad en Qalauma (Bolivia) y en Mozambique
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