martes, 30 de mayo de 2017

Mamás de corazón



La opción de adoptar es sin duda una de las acciones más nobles del ser humano. Otorgar la oportunidad a un niño de gozar del amor incondicional de una madre, aunque ésta no le dio la vida, es un verdadero acto de grandeza. Sin embargo, es también un acto que a cambio da muchas recompensas y alegrías. Es un acto de reciprocidad y de amor mutuo, que nace de la voluntad de una mujer de elegir cuidar y dar amor a un niño que, por distintas circunstancias, no fue criado por su madre biológica.

M quiere hacer un homenaje a esas mujeres, a través de estas madres de corazón, que hoy comparten sus historias con nosotras.

Los nombres de algunos de los testimonios que vienen a continuación se mantienen en reserva por un tema de protección a sus pequeños.


Verónica Vargas

“Dios nos juntó, yo siempre les digo: ´son mi regalito de Dios”

Verónica fue Guía Scout desde pequeña y entre las diferentes actividades que hacía, estaba también la de compartir y jugar con niños del Hogar Salomón Klein.

“Ahí descubrí que habían niños que crecían sin familia y eso me dejó una huella muy profunda que la descubrí años después, cuando Dios me presentó a mis hijas”, cuenta Verónica, que ha adoptado a dos niñas.

“Las niñas y niños que están en los hogares se te apegan buscando cariño, pero al mismo tiempo sienten desconfianza de que te vayas y los dejes. Yo sentí algo muy profundo que me hizo tomar una decisión que cambiaría mi vida para siempre y es el ser mamá, hacer familia con unas pequeñas a las que conocería no desde el vientre ni en su nacimiento, pero que sí son parte de mi vida y yo soy parte de las de ellas desde antes de nacer. Dios nos juntó, yo siempre les digo: ´son mi regalito de Dios´”, cuenta.

En cuanto al proceso, Verónica se informó con una amiga-prima, muy querida, Paula, que le dijo que debía buscar a una abogada para iniciar el “trámite de adopción”, porque las personas que adoptan no van al control prenatal sino al control psicosocial, médico, entrevista con equipos multidisciplinarios, juezas, etc….Me canso de solo acordarme. Pero si es por velar, por el bien superior de los niños, así debe ser”, dice.

Para ella, ver a sus hijas fue mágico, solo quieres abrazarlas y no soltarlas.

“La pena es que son visitas con tiempo limitado, así que es una mezcla de sentimientos: amor, alegría y de repente una se tiene que ir y surgen sentimientos de impotencia por no poder llevarlas con uno y saber que nuevamente dormirán es sus cunas, sin que nadie las cuide con el cariño y atención que necesitan, o les cambie el pañal o les de su mamadera cuando ellas pidan. Así crecen los niños en los hogares, relata, para añadir que es lamentable e irreparable el daño que se les hace a los niños institucionalizados.

“Lo peor es que la autoridades, desde el Alcalde y el Prefecto, no conocen esta realidad, porque me imagino que si la conocieran, tendrían equipos multidisciplinarios con ítem fijo, para encargarse solo de los hogares, niños en condiciones de adoptabilidad y la preparación de Familias Adoptivas”, dice.

Mi primer trámite duró un año y ocho meses y el segundo, tres años y eso que los hice cuando las cosas estaban más organizadas.

Hay una Ley, el código Niña Niño y Adolescente, en el que están los procedimientos para definir la condición legal de los niños, para adopción y otras cosas más. El problema es que no se cumplen los plazos para cada trámite y éste se va alargando y, repito, los niños siguen creciendo sin familia.

Hay mucho cambio de personal en la Defensoría de la NA y el SEDEGES y eso no permite dar continuidad a los procesos. Se capacita al personal y al poco tiempo ya no trabajan.

Verónica forma parte del grupo de Familias Adoptivas y dice que si algo podría pedir a las autoridades, sería que pongan personas con ítem en los equipos interdisciplinarios, así el personal estaría capacitado y comprometido con su trabajo.

Con relación a la adopción, Verónica piensa que la sociedad actual está más abierta, un pasito cada vez.

“En mi familia y en mi grupo de amigos es algo natural, no hay diferencias”, dice.

La adopción, para ella, al igual que todo en la vida, es una decisión y un reto que vale la pena.

LO DIJO:

“La adopción es una forma de construir familia. Mucha gente todavía no la entiende y te observa, cuchichea y te trata de sacar información para comprobar su sospecha, cuando no hay nada que ocultar. Hay muchos mitos en torno a la adopción y a los hijos adoptados. El amor por un hijo es infinito, imagínate si encima tú vas a buscarlo”





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Ana María Covarrubias T.
Hernán Andia

Ana María Covarrubias T.

“La decisión más sabia y hermosa”

Ana María tiene tres hijos biológicos. Cuando enviudó el año 2007 atravesó por momentos muy difíciles.

“Mi marido acababa de fallecer y mi nieta que iba al hospital a hacer voluntariado me convenció para que vaya con ella. No sabía que esa misma tarde conocería al amor de mi vida. Entramos al hospital y vi al pequeño de unos cuantos centímetros con tan solo tres meses y con sueros en su cabecita. Ni bien lo vi, sabía que era mío y de nadie más”, cuenta.

Él (Fernando) estaba internado en el hospital Germán Urquidi, en la camilla 32. Ahí, Ana María encontró al pequeño que conquistó su corazón, así que comenzó a ir todos los días a darle de comer, cambiarle el pañal y hacerlo jugar hasta que se recupere. Fernando tuvo que someterse a varias cirugías ya que tenía distintos problemas”.

Luego de un tiempo, Ana María llevó a Fernando a su casa para que se recupere.

“Cada día era algo con su sonrisa, su hermosa carita y sus lágrimas silenciosas cuando quería algo. Nos conquistó a todos y no pudimos dejarlo ir”, cuenta.

Sin embargo, el proceso de adopción no fue fácil debido a los tantos trámites, papeleos y las trabas que existen, pero fue “la decisión más sabia y hermosa. Es sentir crecer en el corazón el amor de una mamá en vez de en el vientre”.

En cuanto al proceso de adopción, Ana María piensa que debería facilitarse, aunque está consciente de que algunos requisitos a la hora de adoptar se deben tomar en cuenta para proteger a los menores.

LO DIJO:

“… es sentir crecer en el corazón el amor de una mamá en vez de en el vientre”



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“Todo aquello que había pensado una y otra vez ya no era un sueño, todo se había convertido en una hermosa realidad…Ahí estaba mi hijita para ayudarme a caminar por la vida. Era verla nacer físicamente, porque en mi corazón ella había nacido años atrás” Wenddy Paco.
Hernán Andia
Wenddy Paco

“Juntas en el camino de la vida”

“Para mí la adopción no fue considerada una opción, aun sabiendo que por problemas de salud no podría embarazarme, no consideré esta posibilidad. Gracias a una persona muy importante en mi vida, esta opción se abrió en mi corazón y es así que, sin siquiera pensarlo ni imaginar todo lo que implicaba la adopción, el domingo 28 de julio de 2014, me dijo vas a ser mamá”, cuenta Wenddy Paco.

En julio de 2014 inició los trámites legales. Posteriormente y luego de cumplir todos los requisitos, presentó la demanda al Juzgado solicitando la adopción de una niña que comprenda la edad de 0 a 2 años. A un mes de presentada la demanda, la juez asignada a su caso respondió indicando que no había niñas para ser adoptadas. Entonces solicitó una explicación a detalle del por qué la respuesta negativa si en Cochabamba existen diferentes hogares de acogida que están llenos de niños y niñas. Efectivamente, luego de buscar a diferentes autoridades le explicaron que sí había niños y niñas pero que los mismos no podían ser adoptados porque no tenían definida su situación legal, en términos que utilizan; no tenían definida su inexistencia familiar, que no había mucho que hacer y que debía esperar unos meses.

“Es así que tomo ese tiempo como una preparación, como estar embarazada y esperar la llegada de mi bebé. De igual manera, en casa vamos preparando todo para su llegada, elegimos el nombre, decoramos su habitación, compramos su ropita, hablamos sobre cómo sería su vida con la familia, a qué colegio iría…toda una ilusión”, dice. Pero esta espera, que debió ser solo de unos meses, se convirtió en una espera de dos años y medio, durante los cuales no hubo respuesta del juzgado y en los que Wenddy tampoco realizó gestiones sobre su demanda.

“Me desilusioné tanto que decidí guardar todo lo que había preparado para mi hijita y también acallar mi corazón guardando ese sentimiento, pensando: Dios sabe lo que hace y debo aceptar lo que El tenga dispuesto para mí”, confiesa.

En noviembre de 2016 recibió una llamada telefónica en la que le informaron que había una niña lista para ser adoptada.

“Con el corazón en la boca, dudando que esto pueda ser verdad, me apersoné a revisar los documentos. Era una bebé de ocho meses y pese a la presión, tuve que decidir en el momento si la aceptaba o no. Aún asustada y sin todavía creer lo que estaba sucediendo, dije que sí aceptaba, es mi hijita”, relata.

“Al verla, la sentí mi hijita porque todo aquello que había pensado una y otra vez ya no era un sueño, todo se había convertido en una hermosa realidad…Ahí estaba mi hijita para ayudarme a caminar por la vida. Era verla nacer físicamente, porque años atrás ella había nacido en mi corazón”, manifiesta Wenddy.

Antes de poder llevarse a la niña a su hogar, tuvo que cumplir con otros trámites, como visitar el hogar donde estaba y programar las visitas de acercamiento supervisadas por una psicóloga y una trabajadora social (dependientes del Sedeges), que se extendieron más de lo debido.

“Retornaba a casa por las noches con el corazón en la mano porque ya no quería dejarla…ya no éramos dos extrañas, nos convertimos en madre e hija”, asegura.

Para Wenddy, uno de los días más felices de su vida fue cuando la juez autorizó que podía llevarse a su niña a casa.

“Creo que nuestra sociedad no está preparada aún para la adopción, como lo están en otros países. Aquí todavía pensamos que adoptar no es bueno porque al no saber la procedencia de los niños o niñas, se piensa que son niños con problemas no solo de salud sino que pueden tener ciertos trastornos o pensar que muchas cosas se heredan genéticamente y que, a lo largo del tiempo, son niños que solo traerán problemas y sufrimiento a sus padres adoptivos, como si esta no fuera una probabilidad también con los hijos biológicos”, asegura.

Paco aprovecha este espacio para decir a las mujeres que quieren adoptar que no lo piensen más, porque hay un niño o niña que está esperando ser amado, cuidado y protegido, que sin duda alguna también la amará de forma incondicional.

También señala la importancia del rol de las autoridades para agilizar este proceso. Sin embargo, después de empaparse sobre el tema, pudo observar que la demora no está en la realización de los trámites, se debe a que los niños a ser adoptados no cuentan con la documentación de inexistencia familiar que permite que puedan ser adoptados. Hasta que se den estos trámites pueden pasar años. Los niños son los más afectados porque muy pocas personas quieren adoptar niños mayores de dos años.

“Hagamos algo para que los niños que son abandonados tan pequeñitos no pasen años en los hogares sino que puedan asignarles un hogar lo antes posible; mientras más temprano pertenezcan a un hogar, estarán mejor”, finaliza.

LO DIJO:

“Todo aquello que había pensado una y otra vez ya no era un sueño, todo se había convertido en una hermosa realidad…Ahí estaba mi hijita para ayudarme a caminar por la vida. Era verla nacer físicamente, porque en mi corazón ella había nacido años atrás”


Celia Jordán

De la experiencia surgen propuestas

Celia Jordán de Green cuenta que desde que era pequeña le gustaban los niños. Cuando se casó, decidieron tener hijos con su esposo y así lo hicieron. El primero se llama Samuel (22), luego adoptaron a Andrés (19) y finalmente, a Yara (16).

“Amamos a nuestros tres hijos”, dice.

Explica que sus tres hijos se quieren mucho, como todo grupo de hermanos, y que también se pelean pero nunca acerca de la adopción.

“Los hemos criado con valores como el respeto, la comprensión, la tolerancia y hemos ido trabajando estos valores durante toda su crianza”, añade.

Pensando en la honestidad y la verdad, y sobre todo respetando la identidad de sus hijos, hicieron conocer a Andrés y a Yara que eran sus hijos adoptivos.

“Cada vez y según la edad, iban comprendiendo más que son parte de una familia adoptiva que los quiere mucho y que los apoyará cuando quieran conocer a su familia biológica”, dice Celia, quien es fundadora y ha sido por muchos años presidente del grupo de Familias Adoptivas de Cochabamba; ahora radican en Estados Unidos.

“Muchos sentimientos llegan a nosotros la primera vez que nos encontramos con nuestros hijos adoptivos y depende también de cada niño y de la edad que tengan. En nuestro caso, fueron momentos muy emocionantes, llenos de felicidad, miedo, alegría, lágrimas, sorpresa, felicidad y nervios”, confiesa.

Celia asegura que ve a nuestra sociedad con esperanza de querer ser familia adoptiva, pero cree que hay mucho trabajo que hacer.

“Todos debemos realizar acciones conjuntas para informar, sensibilizar y capacitar a personas que quieran tener familia por la vía de la adopción. Por ejemplo, los medios de comunicación pueden ser nuestros aliados informando, dando a conocer requisitos y haciéndose cargos de la publicación gratuita de los edictos, que es un requisito para que un niño inicie su procero de su definición legal”, dice. Por otra parte, señala que las autoridades municipales, departamentales y nacionales deben poner toda su voluntad, todas las acciones y mucho presupuesto para trabajar en la prevención del abandono, en la reintegración familiar y en la adopción.

Celia aprovecha este espacio para mencionar un estudio de Amici dei Bambini que se realizó en Bolivia, del 2013 al 2014. Este reveló que existen 8,369 niños, niñas y adolescentes que residen en centros de acogida sin el derecho de gozar del cariño y cuidado de una familia.

Un aspecto positivo que recalca desde su experiencia es que cada vez las personas se enteran más sobre la adopción por medio de sus encuentros anuales que como Asociación Boliviana de Familias Adoptivas organizan. Este 2017, invita al “8vo Encuentro Nacional de Familias Adoptivas”, que se llevará a cabo el 1 y 2 de julio en la ciudad de Oruro.

Jordán subraya que, si tanto a una persona soltera o una pareja quiere adoptar, primero tiene que amar a los niños.

“Deben saber que criar a un niño es una gran responsabilidad y compromiso. También deben aprender mucho de la crianza adoptiva de niños, tienen que decirle la verdad y deberán haber trabajado sus duelos personales como la infertilidad y otros antes de adoptar. La persona o pareja que quiere adoptar debe estar preparada para muchos retos y tiene que tener mucho amor y paciencia”, resalta.

Acerca del proceso (trámites) de adopción en Bolivia, Celia explica que con el nuevo código se ha aumentado el periodo de acercamiento entre la familia y los niños a ser adoptados, entre otros aspectos.

“Eso crea más agonía tanto a niños como padres y a los amiguitos de los niños que se irán en adopción, quienes se quedan tristes porque siguen esperando una familia. Lo que pediría a las autoridades nacionales es que de una vez prioricen la definición legal de niños, niñas y adolescentes que viven encerrados en los centros de acogida esperando tener una familia, eso les permitiría ser reintegrados a su familia de origen o adoptados”, concluye.



Facebook: Asociación Boliviana de Familias Adoptivas

LO DIJO:

“La persona o pareja que quiere adoptar debe estar preparada para muchos retos y tiene que tener mucho amor y mucha paciencia”.


María (anónimo)

Un verdadero privilegio

María (anónimo) adoptó dos hijos, una mujer y un varón. Actualmente sus hijos ya están en la universidad. Ella accedió a compartir con M su historia como mamá de corazón.

“Creo que supe que quería adoptar desde que tuve conciencia del mundo que nos tocó vivir. Traer al mundo un niño era una gran irresponsabilidad y pensé que ya existían muchos niños que estaban entre nosotros, algunos no deseados, otros que por diversas circunstancias que no me atrevo a juzgar, estaban ya en el mundo sin recibir amor y esperando llegar a algún hogar. Mi historia tiene que ver con Jehová, él puso en mi vida a dos ángeles para que yo y mi compañero ejerzamos como padres y formemos una familia”, dice María.

Cada uno de sus hijos llegó de diferente manera y en tiempos diferentes.

“Cada uno llegó también para enseñarnos algo, pero sobre todo para que aprendamos a amar y no cambiaría por nada este privilegio”, asegura.

Cuando su primera hija llegó, María cuenta que lloró por casi un mes y no podía dormir de la emoción que sentía, pero también estaba abrumada.

“No tuve los meses de preparación que toda madre tiene, porque llegó sin previo aviso, pero igualmente fue hermoso. Para la llegada de nuestro segundo hijo, nos preparamos, fue distinto”, cuenta.

María dice que con el tema de la adopción, las mujeres que quieren hacerlo y no solo para ellas sino para la pareja, deben confiar en que el amor lo puede casi todo, más aun con Jehová a lado.

“Nada es fácil ni siquiera con los propios hijos, pero vale la pena porque completa la razón de la existencia. Lamentablemente en la sociedad en general es poca la gente que acepta o que entiende la adopción, pues puede conllevar ciertos riesgos, a veces muy grandes, y no todos están preparados para asumir lo que pueda venir, pero si están conscientes de ello, definitivamente es un privilegio”, dice María.

En cuanto al proceso de adopción, si bien entiende desde el punto de vista de la institucionalidad que deben estar seguros a qué familia irán los pequeños, también las parejas que van a adoptar pasan por penurias cuando en realidad lo único que quieren es tener cuanto antes a ese hijo en sus vidas.


Sara (anónimo)

Una apertura al amor

Cuando Sara (nombre anónimo) cumplió 43 años se dio cuenta que era hora de realizar su sueño, tener una bebé mujer, porque ya tenía tres hijos varones.

“Soy muy católica entonces no hablé con nadie, ni mi marido. Entraba a mi cuarto, cerraba la puerta y de rodillas dobladas, hablaba con Dios que quería una hijita…y nunca dejaba de agradecer por mis hijos que siempre fueron excelentes chicos”, comenta Sara.

Después de un mes, su vida cambió cuando llegó a ella una bebé con diez días de nacida. Sara recuerda con amor todos los detalles de su primer encuentro.

“Estaba dormidita, bañada con un pijamita floreado color naranja. Me la dieron en mis brazos. Pude sentir la emoción del primero momento en que miras a tu hijo y lo agarras en tus brazos”, resalta.

“El amor no nace de la barriga, nace del corazón. El embarazo es un detalle que, con el tiempo te olvidas, pero mirar a tu hijo por primera vez y poder tenerlo en tus brazos queda para siempre”, confiesa la feliz mamá.

Sara siente que hay un preconcepto en la sociedad respecto de la adopción.

“Me di cuenta que la gente no sabe lo que es el amor realmente verdadero. El amor no tiene color, no tiene raza, no tiene miedo, no tiene mentiras. El amor es amar... amar...amar”, enfatiza.

Persiste en explicar que no hay diferencia entre un hijo biológico y un hijo del corazón. “No me gusta el término hijo adoptado porque la adopción es un proceso de papeles, arreglado…es tu hijo del corazón”, recalca para añadir que es importante no tener miedo y tener fe en Dios y que las personas se abran al amor.

El mensaje que comparte Sara con las mujeres que atravesarán por ello es que busquen personas que pasaron por este proceso, que pregunten, pidan consejos y escuchen las historias.

LO DIJO:

“El amor no nace de la barriga, nace del corazón”

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