domingo, 22 de enero de 2017

Educación Llega la 'generación blandita'

MIRADA PROFESIONAL

COMPORTAMIENTO ACTUAL

¿Mimamos demasiado a los pequeños?, los padres están en una nueva época de educación, pero ¿será que se está enfocando adecuadamente?.

Suma escolar: padres que llevan la mochila del niño hasta la puerta del colegio + padres que piden que no se premie a los mejores de la clase porque los demás pueden traumatizarse + padres que le hacen los deberes a los niños que previamente han consultado en los grupos de WhatsApp = niños blanditos, hiperprotegidos y poco resolutivos.

Cuenta Eva Millet, la autora de Hiperpaternidad (Ed. Plataforma), que ya hay niños que, al caerse, no se levantan: esperan esa mano siempre atenta que tirará de ellos.

En ciertos colegios han empezado a tomar nota. Y, en algunos países, el carácter ya forma parte del debate sobre la Educación.

Esto no es la nueva pedagogía. Gregorio Luri, filósofo y autor del libro Mejor Educados (Ed. Ariel), suele recordar que la educación del carácter es tan tradicional en ciertos colegios británicos como para que haya llegado a nuestros días una frase atribuida al Duque de Welington: “La batalla de Waterloo se empezó a ganar en los campos de deporte de Eton”. En los campos de Waterloo o en las canchas del mítico colegio inglés, cuna del establishment, ningún niño esperaba que le levantaran si podía solo.

En España, se habla de “educación en valores”, pero puede que no sea lo mismo. El carácter se entiende como echarle valor, coraje, actuar en consecuencia cuando se sabe lo que está bien o está mal, no limitarse a indignarse. Como dice Luri, “ahora mismo en España les fomentamos la náusea en lugar del apetito”.

En su opinión, los niños de ahora saben cuándo se tienen que sentir mal ante determinadas conductas, pero educar el carácter es animarles a dar un paso, a ser ejemplo, a que sus valores pasen a la acción. Si están acosando a un niño, no callarse y protegerle. Decir no a la presión del grupo.

El carácter ha vuelto cuando se ha sido consciente de que podríamos estar criando a una oleada de niños demasiado blanditos.

Con padres que se presentan a las revisiones de exámenes de sus hijos, que abuchean a los árbitros en los partidos y que han hecho el vacío a niños que no invitaban a sus retoños a los cumpleaños. “Yo he tenido a un joven de 19 años que se me ha echado a llorar porque le suspendí un examen”, cuenta Elvira Roca, profesora de instituto. “Le dije que no me diera el espectáculo. Vino su madre a verme y me dijo que había humillado a su hijo. Le tuve que decir que estaba siendo ella quien le humillaba a él”.



COMO EN EL RUGBY

Nicky Morgan era ministra británica de Educación con David Cameron e hizo bandera de la educación del carácter.

“Para mí, los rasgos del carácter son esas cualidades que nos engrandecen como personas: la resistencia, la habilidad para trabajar con otros, enseñar humildad mientras se disfruta del éxito y capacidad de recuperación en el fracaso”, decía en su cruzada por extender ese tipo de educación, muy vinculada al rugby.

Suena familiar. Suena a Si, el poema de Rudyard Kipling y su verso sobre la victoria y el fracaso, esos dos impostores a los que hay que tratar de igual forma, que figura en la entrada de la cancha principal de Wimbledon.

Alfonso Aguiló escribió Educar el carácter (Ed. Palabra) hace 25 años. No ha parado de reeditarse y traducirse desde entonces: “Tener buen carácter no significa estar todos cortados por el mismo patrón. Pero estoy seguro que casi todos nos pondríamos de acuerdo en que ser honrado, trabajador, generoso, justo, leal, empático, valiente, austero, recio y organizado son buenas cualidades”. ¿Cómo se educa el carácter? No desde la teoría, desde luego. “La educación en valores es algo abstracto. Las virtudes son los valores integrados en la persona”, explica.

Este veterano profesor confirma que tenemos ahora a generaciones de niños blanditos y no se escandaliza: “Son ciclos normales del desarrollo de una sociedad. Cuando una familia quiere que sus hijos no pasen las dificultades por las que sí pasaron ellos la sociedad se vuelve más cómoda, blanda, menos esforzada. Pasa también con los países”. Según Aguiló, la educación del carácter no tiene que ver con el dinero y sí con el capital cultural de las familias, con el modo de transmitir cómo afrontar la vida: “He conocido a madres que limpiaban escaleras para que sus hijos llevaran unas zapatillas de marca y a gente de dinero que también los mimaba mucho”.

En EEUU, la cadena de colegios KIPP, con tasas de éxito académico inéditas en las zonas donde se instalan, insisten en la educación del carácter como indispensable: “Trabaja duro. Sé amable”, se ven esparcidos por todo el centro de educación.

En ese país, Angela Duckworth se ha convertido en la gurú del estudio de la personalidad. Tiene un laboratorio donde analiza qué rasgos hacen que los niños tengan éxito de mayores. Está tan ocupada que no da entrevistas, dice su equipo. Siempre cuenta que, pese a las buenas notas, su padre le decía que no se creyera especial. “La tendencia a mantener el interés y el esfuerzo para conseguir metas a largo plazo”, la fuerza de voluntad, es el rasgo que, según Grit, su reciente best seller sobre el poder de la perseverancia, define a las personas con éxito. Ha trabajado en barrios marginales y ha estado en West Point, la academia militar de EEUU, analizando cómo eran los 1.200 cadetes que pasaban las durísimas pruebas iniciales. Niños a los que no levantaron del suelo cuando podían ellos solos.

El peligro de

crecer sin obstáculo

Los niños que crecieron sin enfrentarse a muchos obstáculos no aprendieron a superar lo que podría venirse en el futuro.

Es por ello que cada vez más directivos de empresas manifiestan su sorpresa por la baja tolerancia a las críticas de los subalternos más jóvenes. O los profesores universitarios que se ven a la insólita tesitura de recibir las protestas de una madre o un padre cuyo hijo no pasó el examen.

Pero, ¿a qué se debe que las últimas generaciones choquen de frente contra los inevitables contratiempos de la vida? El experto en educación y autor de ‘La educación del carácter’, explica que se debe ayudar al niño a dominar su voluntad con la repetición de actos destinados a ese fin.

“Esta consolidación de la voluntad admite una sencilla comparación con la fortaleza física”, explica. “Unos tienen más fuerza de voluntad que otros, pero sobre todo influye la educación que reciben y el entrenamiento que tengan”.

Dado que la voluntad no se puede fortalecer de un día para otro, Aguiló propone que este autodominio se ejercite con una tabla de ejercicios, emulando la gimnasia. Y pone varios ejemplos: “Ahora hago esto porque es mi deber; y luego esto otro, aunque no me apetece, para agradar a esa persona que trabaja conmigo; y en casa cederé en ese capricho o en esa manía, en favor de los gustos de quienes conviven conmigo; y evitaré aquella mala costumbre que no me gustaría ver en los míos; y me propongo luchar contra ese egoísmo de fondo para ocuparme de aquél; y superar la pereza que me lleva a abandonarme en mi preparación profesional”.

Nótese que los educadores inciden en que la formación del carácter trasciende el plano meramente académico. Existen otras dimensiones de la vida llenas de contratiempos. La profesional es una de ellas, pero también existen otras no menos importantes como la sentimental o las relaciones sociales.

Los psicólogos han lanzado la voz de alarma por los casos de chantajes emocionales e incluso sexuales entre parejas jóvenes. Resistir ese tipo de actitudes a edades tempranas, como el famoso “si no te acuestas conmigo es que no me quieres”, evita problemas mucho mayores en el futuro.

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