martes, 12 de diciembre de 2017

Un tiempo a solas con papá o mamá

Planeas viajar con tus hijos, sin tu ex... Tal vez son unos días para cimentar la relación padre o madre e hijos y esto puede ser beneficioso siempre que no signifique que tus pequeños paguen los platos rotos de una relación que no funcionó. Solo así este tipo de vacaciones servirá para sanar una herida emocional. Recuerda que dejaron de ser pareja, pero no padres.

Por lo general es la madre la que tiene la custodia, lo que le facilita el viaje con los hijos, pero esto no quiere decir que el padre no pueda viajar con ellos, dice el psicólogo clínico Juan José Vargas. Esto tiene que ver con acuerdos previamente establecidos entre los progenitores.

El especialista también menciona que para no generar preocupación en el o la ex, ni angustia en los niños o adolescentes, quien viaja debe comunicar —independientemente de permisos y documentos— la ciudad o país de destino, días de estadía, actividades y fecha de retorno.

Pero, esto sería imposible si la relación entre los padres está llena de enojos y resentimientos, y la comunicación es pésima, pues esto anticipa una maleta cargada de malestar cuando la idea es que ese viaje o esas vacaciones sean un aliento para que los hijos satisfagan sus necesidades de tiempo y afecto con su papá o mamá, aclara la psicóloga Tatiana Jáuregui. Ambos padres, el que viaja y el que se queda, tienen la tarea de hacer de esa vacación una época de paz para los chicos. “Lo que se espera del progenitor que lleva a los hijos es que les dé seguridad y les quite esa sensación de separación, pena o culpa porque su madre o padre se queda solo”, resalta Jáuregui.

Del otro lado, quien se queda debe confiar en que su ex cuidará a los niños, resalta Vargas. Por otro lado, debe dar a los hijos la tranquilidad de que se quedará bien, al final ese bienestar físico y emocional es responsabilidad del adulto, no del niño.

El padre o la madre que se queda debe evitar victimizarse por tal situación, ya que el hijo siempre tendrá un proceso de identificación con el que se muestre más vulnerable, y esto puede generarle culpas que no le corresponden, dice la psicóloga.

También se debe tomar en cuenta que pueden ocurrir imprevistos, menciona el especialista, los cuales también se deben informar. Por ejemplo, demoras en el regreso, alguna enfermedad o accidente, entre otros.

Pueden haber situaciones más complicadas como cuando hay otra pareja después de la separación o divorcio, reconoce Vargas, pero enfatiza que en todo caso se debe llegar a un acuerdo y ponderar el bienestar integral de los hijos. “Ambos padres deben coadyuvar para que ellos no sientan que traicionan a uno o que solapan al otro”. Los temas de pareja son de adultos y no deben involucrar a los chicos, quienes tienen necesidad y derecho de ser hijos, de papá y de mamá.


Video El Mañanero: Como hacer productiva las vacaciones de los hijos

lunes, 11 de diciembre de 2017

Cómo saber si tu hijo es feliz

Para todo padre y madre uno de los mayores deseos es que sus hijos sean felices, la felicidad no es solo algo que puedes darle a un niño como un regalo, sino enseñarle, fomentando la gratitud, la amabilidad, el trabajo en equipo, la comunicación, la integridad y hacer actividades en familia.

Los niños demasiado mimados, ya sea porque se les den demasiados juguetes o muy sobreprotegidos, son más propensos a ser adolescentes inseguros. Los mejores indicadores de felicidad futura son internos, debemos ayudar a los niños a desarrollar recursos internos que puedan utilizar a lo largo de sus vidas. He aquí algunas sugerencias importantes.

1.- APRENDE A CONOCER SUS EMOCIONES

Un niño feliz sonríe, juega, es curioso, muestra interés en otros niños y no necesita estimulación constante. En cambio, cuando no se siente feliz es retraído, callado, no habla, no se involucra espontáneamente con otros niños, no juega, no hace preguntas, no ríe ni sonríe y habla muy poco. La timidez no es lo mismo que la tristeza, entonces se debe aprender a descifrar que señales presenta un niño. Los padres constantemente deben estar alertas para ver si se dan cambios significativos en su conducta que pudieran sugerir por algún problema que requiere su atención.

El enojo es angustia excesiva, cuando tu hijo golpea a su hermano o avienta sus juguetes, eso significa que está angustiado más allá de su nivel de tolerancia.

2.- LA DIVERSIÓN ENTRE PADRES E HIJOS

Cuando los niños se divierten con sus padres crean una niñez conectada, darás el mejor paso para garantizar que tu hijo sea feliz. El juego genera alegría, pero también es la forma en que tu hijo desarrolla habilidades esenciales para su futura felicidad.

3.- CONTRIBUYE A PERFECCIONAR SUS TALENTOS

Las personas felices son a menudo aquellas que dominan una habilidad. En todo su crecimiento observarás diferentes habilidades como ser; deporte, danza, canto aprender a tocar un instrumento u otras habilidades. Aprenderá de sus errores, aprenderá a ser persistente, disciplinado y luego experimentará la dicha de tener éxito debido a sus propios esfuerzos.

4.- CULTIVA HÁBITOS SANOS EN TU HIJO

Los niños pequeños hacen ejercicio de forma innata, darle a tu hijo tiempo de sobra para corretear en los parques, patios, esto lo ayudará con sus estados de ánimo. Inculca que tenga orden: Algunos niños se adaptan fácilmente a distintos horarios y circunstancias, la mayoría de ellos disfrutan y son más felices con un horario establecido que les permite saber qué va a suceder. Realizar diferentes tareas en casa de acuerdo con sus edades como poner la mesa, ordenar sus juguetes; fomentará una relación más íntegra en la familia.

5.- DEJA QUE TRATE DE RESOLVER SUS PROBLEMAS

Algunos padres piensan que sus niños son felices resolviendo todos sus problemas, los niños se equivocan y aprenden de ello, incluso mientras más difíciles o frustrantes sean las situaciones, les ayuda a obtener fuerza interior que conduce a la felicidad. No significa que los niños no deban pedir ayuda si la necesitan, pero su fundamental papel es ayudarlos a que encuentren una solución ellos mismos, no proporcionárselas. Si tu pequeño desarrolla un sentido de independencia y confianza, eso puede llevarlo a tener buena autoestima y ser más feliz.

6.- PERMÍTELE ESTAR TRISTE O ENOJADO

Los niños necesitan saber que a veces es normal sentirse triste, es parte de la vida. Necesitamos dejarlos experimentar sus sentimientos, incluyendo la tristeza.

Puedes alentar a tu hijo a dar nombre a sus sentimientos y a expresarlos verbalmente. Los niños pequeños comprenden rápidamente las palabras que tienen que ver con su estado emocional, como “contento” o “enojado”. Cuando pueden expresar con palabras sus emociones, adquieren una nueva capacidad de reconocer y regular sus sentimientos.

7.- ESCUCHA A TU HIJO

Es esencial tener el canal de comunicación abierto con tu hijo es fundamental para comprender su humor, preguntar: ¿hay algo que quisieras contarme? ¿Algo te molesta?” y después déjalo hablar, si no quiere hacerlo, pregúntale al día siguiente.

La mayoría del tiempo, los niños están tristes o molestos por algo que causa estrés en el ambiente en el que desarrollan: una discusión con un amigo, un problema con un hermano o una tensión en casa. Si los síntomas de tristeza en tu hijo persisten y notas comportamientos como falta de ganas de ir a la escuela o guardería, preocupaciones excesivas de que mamá o papá mueran, que finja estar enfermo, dificultades para comer o dormir, consulta con un médico y también un terapeuta.

8.- ENSÉÑALE A COMPARTIR Y A PENSAR EN LOS DEMÁS

Conforme tu hijo pequeño va creciendo puedes enseñarle la importancia y satisfacción que existe en ayudar a otros. Algunos estudios muestran que las personas que se interesan por su alrededor tienden a sentirse menos deprimidos.

9.- SÉ UN MODELO DE CONDUCTA

Los padres pueden pasar su temperamento a sus hijos, no necesariamente a través de los genes, sino a través del propio comportamiento y forma de educarlos. Para bien o para mal, los niños perciben el humor de sus padres. Incluso los bebés pequeños imitan el estilo emocional de sus papás, lo cual de hecho activa vías neurales específicas. Cuando sonríes, tu hijo sonríe y su cerebro se “prepara” para sonreír. Los padres tienen dificultades, problemas y deben aprender a controlar sus expresiones, si se encuentran deprimidos a menudo no son buenos para proporcionar disciplina y orden de manera constante, ni divertirse con ellos, entonces deben buscar ayuda.

En resumen, para que un niño sea feliz no necesita tener un juguete caro. Lo esencial es que los padres le dediquen tiempo, jueguen con él, participen en sus actividades, les dejen tener amigos. Es aconsejable sorprenderlo con un detalle inesperado, regalarle constantes besos y abrazos, apoyarle en cada fracaso, ser comunicativos y escucharlos todo el tiempo. Tener a un niño o niña feliz debe ser el propósito no solo de los padres, sino también de los profesores y de toda la sociedad.

domingo, 3 de diciembre de 2017

¿Por qué no entiendes mi humor?

Todo viene bien hasta que uno de esos comentarios con la intención fallida de ser gracioso estalla en medio del dialogo, abriendo paso a discusiones eternas. No comprendemos si el otro lo hace para molestarnos o si realmente sus chistes nos resultan inentendibles. Nos guste o no, el humor es una parte esencial de cualquier relación.

Cada pareja posee un lenguaje propio en el cual se entienden y se enamoran, construyendo de esta forma sus códigos. Esto además de ser gradual es la impronta que hace que cada vínculo sea único.

Hasta acá resulta claro, pero cuando este concepto se vuelve borroso, la relación entra en crisis. No significa que los dos nos tengamos que reír de lo mismo, sino de que ninguno se sienta ofendido con el humor del otro.

¿Por qué es tan necesario lograr esto? Porque el humor forma parte de la comunicación de la pareja y si eso falla es imposible que la misma pueda crecer y retroalimentarse positivamente. Muy por lo contrario, quedará estancada en confrontaciones que no conducen a ninguna parte.

Desde ya que es muy subjetivo lo que a uno lo hace reír o lo ofende, pero ese es un punto que ninguna pareja debe saltar, porque nunca podemos perder el registro del otro. También es cierto que muchas veces, en nombre del humor, se esconde una agresión disfrazada en un chiste, y por más que nos aseguren que no tuvo ese fin, sobrevuela el peso de la repercusión de la misma.

Cuando esto se vuelve repetitivo, es necesario ponerlo en relieve para darle un fin antes que se convierta en un patrón permanente de la dinámica de la pareja. Entendernos en el humor es un proceso que se elabora en cada vínculo y, si bien es espontáneo, también implica un conocimiento implícito de la persona que tenemos al lado.

El humor dentro de una relación puede tener múltiples usos, y es importante darnos cuenta para qué lo usamos y, de esa manera, entender la dimensión de su efecto.

PUEDE RESULTAR NEGATIVO SI LO USAMOS PARA:

Decirnos verdades. Cuando usamos los chistes para expresar lo que nos está pasando. Esto genera confusiones y malentendidos, porque nunca logra llegar del todo claro el mensaje que le queremos transmitir a nuestra pareja.

Para ofender al otro. Cuando sobrecargamos de contendido agresivo un discurso, no importa el formato que tenga, la consecuencia nunca puede ser positiva. Si esto se perpetúa en el tiempo expone al vínculo a un desgaste permanente.

Para escapar de diálogos serios. Cuando se usa el humor como comodín para evadir y no afrontar temas importantes. Esto genera un clima de tensión en la pareja que dista de generar risa.

A su vez, el humor se transforma en una herramienta positiva de la pareja si ambos lo toman como medio para distender la rutina sintiéndose a gusto con la complicidad que el mismo genera. Para esto es importante siempre escuchar al otro. La persona que tenemos al lado es la que nos va a marcar cuál es el límite de su humor. Saberlo es fundamental para que la comunicación no presente conflictos.

Reírse juntos es una de las partes que hace especial a una pareja. Aunque nuestro sentido del humor sea distinto, siempre debe existir el punto en el que ambos nos comprendamos y nos elijamos. Aceptarnos no es querer cambiar la forma de ser del otro, pero tampoco se trata de sentirnos incómodos con esa manera de ser. Siempre que exista una buena comunicación habrá una posibilidad de modificar conductas, porque como se suele decir: hasta las parejas imperfectas logran una relación perfecta si logran aprender de sus diferencias.

jueves, 9 de noviembre de 2017

Miedo al ‘monstruo del armario’

La imaginación desbordante de un niño puede hacer que vea seres de fantasía, pero también terroríficos, sobre todo por las noches. Esos personajes que cree que se esconden en el armario o están debajo de la cama lo perturban y asustan.

Ese tipo de miedos forman parte de su aprendizaje y son experiencias transitorias que lo ayudan a madurar. Los pequeños, entre cuatro y ocho años, viven una etapa en la que su imaginación vuela y cualquier historia que escuchan puede despertar temores. “Hay que tomar en cuenta que están en un momento en el que dan vida a todos los cuentos. Ven una sombra y ya piensan que es un monstruo”, comenta Alhena Alfaro, psicóloga familiar.

Esa es una de las principales razones por la que los pequeños desarrollan el pánico a quedarse solos. Ese estrés puede aumentar de nivel cuando los padres amedrentan al niño con ciertas historias o con temidos personajes que de alguna manera hacen que se sienta amenazado, en riesgo.

La socióloga Graciela Majluf explica que hay personas que manejan el miedo para ejercer control sobre otros y así lograr obediencia óptima. “Una forma de someter a las personas es con el miedo. Si alguien desea que un niño no salga solo a la calle se le dice que vendrá el ropavejero y que se lo llevará o usa la historia del roba niños”.

El miedo puede intensificarse con la oscuridad. Este temor se relaciona con el peligro y lo desconocido, lo cual crea incertidumbre y por ende aumenta la ansiedad en el pequeño. Los niños saben de esa sensación porque en la actualidad están conectados con el mundo exterior por medio de las pantallas. “Ellos tienen miedo a la oscuridad por influencia de su entorno, ya sea por los padres o por la televisión. Por ejemplo, si van a la casa de un amigo y ven dibujos animados donde hay monstruos que aparecen en la noche, lo interpretan tal cual y así nace el temor”, explica la psicóloga familiar Cecilia Prado.

Por lo tanto, las penumbras están asociadas a lo tenebroso y hasta peligroso. Alfaro señala que los roperos, corredores y debajo de la cama lo reflejan. “La oscuridad puede provocar vulnerabilidad en cualquier persona, más aún en los niños. Por eso temen subir a desvanes, bajar a sótanos, abrir el ropero en las noches o buscar sus juguetes debajo de la cama”.

Si tu niña o niño te avisa que hay un monstruo en el ropero o debajo de su cama, no lo ignores. Si lo escuchas y muestras interés podrás ayudarlo a superar su miedo y angustia. Ambas psicólogas aconsejan acompañarlo a la habitación, ver el espacio e incentivarle a que expulse ese miedo. “Si el pequeño lo dice es porque realmente necesita sentirse protegido”, expone Prado.

Tu niño puede malentender si niegas rotundamente la existencia de un ente y de esta manera puede aumentar su tensión. Para tomar control del problema puedes hacer lo siguiente, según recomienda y ejemplifica Alfaro: abre la puerta del armario y métete, o entra debajo de su cama gritando “¡fuera!” para después “agarrar” y “tirar” al monstruo por la ventana.

El miedo es una reacción normal y adaptativa ante situaciones que implican peligro o amenaza. Las emociones esconden una necesidad y es preciso identificar esa necesidad para enfrentarse al temor. Por ello, “los padres deben estar atentos a los requerimientos como amor o atención y reforzar la sensación de seguridad en sus hijos, y sobre todo creer en lo que dicen. Tal vez realmente estén en peligro y sientan la amenaza de un acosador o sean víctimas de bullying”, advierte Alfaro.


Los niños y el uso de la Tecnología

Hoy en día los niños están rodeados de las nuevas tecnologías todo el tiempo, nacen y crecen junto a ellas, hay facilidad de obtener internet en las casas, en el celular o una tablet.

Nos impresiona el manejo que tienen los niños a temprana edad ya que no es necesario enseñarles a usarlas, no tienen que aprender como aprendimos los que hoy somos adultos, ellos manejan las nuevas tecnologías por imitación y de forma mucho más natural.Esta facilidad de acceso que tienen los niños a las nuevas tecnologías nos hace plantearnos muchas preguntas: Cuándo es conveniente introducirlas en la vida del niño, durante cuánto tiempo, cómo hacer un uso adecuado de ellas, qué se puede sacar de positivo y qué peligros tienen.

Las nuevas tecnologías son un buen instrumento, pero de ellas hay que hacer un buen uso. Esto quiere decir que el exceso en su uso es perjudicial para el niño. Los menores de dos años no deben pasar tiempo alguno frente a una pantalla, mientras que los mayores de dos años deberían hacerlo como máximo entre 1 y 2 horas al día. La sobreexposición a la pantalla puede tener efectos negativos como un mayor riesgo de obesidad, problemas de sueño o dificultades para mantener la atención en las actividades escolares, al ser éstas más “aburridas” que las nuevas tecnologías.

ACTIVIDADES ALTERNAS

Modificar un hábito siempre es difícil, y en este caso seguro que se encontrará con la oposición del niño. Sin embargo, puedes realizar pequeños cambios graduales como no conectar la televisión durante las comidas, retirar los dispositivos electrónicos de la habitación del niño o proponer actividades alternativas motivantes (juegos de mesa, manualidades, etc.). En cualquier caso, no hay una edad concreta para introducirlas en la vida del niño, pero sí pautas concretas sobre cómo hacerlo.

EDAD ADECUADA

Se establece los 12 años como la edad más adecuada para tener un móvil, coincidiendo con la etapa en la que el niño comienza a salir y a aumentar sus relaciones sociales. El móvil sirve tanto como herramienta de comunicación con sus amigos como de supervisión y control por parte los padres. Sin embargo, sea a la edad que sea siempre deben establecerse normas, como el que se prohíba que lleve el móvil a su colegio, no disponer de él mientras se estudia o se hacen deberes y llevar un seguimiento del tiempo de uso y del consumo que realiza, respetando siempre la intimidad del hijo. Los padres deben saber que existe un tiempo para usar teléfonos o tablets, pero también para hablar, para jugar, para estudiar, para escuchar música o para leer.

LO BUENO Y LO MALO DE LA TECNOLOGÍA

Se debe explicar todo lo positivo y tambien el peligro que puede encontrarse en ellas. No todo el contenido de Internet es apto para niños. Hay que hacer un uso adecuado en tiempo y edad, porque lo que es propio para un niño de 14 no es propio para un niño de 7. Hay cosas que no son acertadas para un niño menor de edad.

Las nuevas tecnologías sí tienen un lado positivo, y es que pueden ser un instrumento excepcional de aprendizaje para los niños, ya que podemos disponer de un elevado nivel de información en tiempo real. Actualmente existen cada vez más actividades para niños autistas, con TDAH (Trastorno de Déficit de Atención con Hiperactividad) o cualquier otro trastorno que se sirven de esta tecnología para ayudarles. Lo peor de las tecnologías son los riesgos que conllevan, todos ellos relacionados con el mal uso. Los niños están expuestos a peligros como el ciberbullying (acoso virtual), grooming (práctica de acoso y abuso sexual en contra de niños y jóvenes que sucede a través de las redes sociales) o sexting (envío de mensajes sexuales). El conocimiento de este tipo de acoso les ayudará a estar más protegidos y ser más precavidos.

OBSESIÓN

Un niño puede llegar a obsesionarse con las nuevas tecnologías. Se puede decir que es adicto cuando al pedirle que deje el uso del teléfono, la tablet o el ordenador, el niño se siente mal y siente la necesidad de volver a usarlos.

También debemos considerar la biología, ya que la corteza prefrontal, de la parte del cerebro que controla los impulsos, termina su desarrollo hacia los 20 años aproximadamente. En otras palabras, los padres no deben sorprenderse de que los niños con celulares no tengan control de sus impulsos.

Si tu hijo pasa más tiempo del recomendado, no te agobies, de hecho la mayoría de los niños pasan entre 5 y 7 horas al día. Pero es cierto que debes plantearte actuar al respecto, quizás incluso con la ayuda de una orientación psicológica, para cambiar el comportamiento de tu hijo y prevenir el impacto de este uso excesivo, ya que debe preocuparte.

Algunos estudios indican que una sobreexposición del niño a los dispositivos electrónicos puede tener consecuencias:

- Ven afectado su crecimiento cerebral.

- Poseen mayores dificultades de aprendizaje y a nivel psicomotor, desarrollan más problemas en la infancia (depresión, ansiedad, trastornos del comportamiento, problemas de sueño, etc.).

- Tienen un mayor riesgo de obesidad y, además, un mayor riesgo de desarrollar ciertas adicciones durante la adolescencia.

ENSEÑAR RESPONSABILIDAD

Los padres son quienes determinarán si su hijo realmente necesita un teléfono celular. Comenzar con un aparato menos sofisticado, como teléfonos que solo hacen llamadas o pueden mandar mensajes de texto, y comprobar si pueden utilizar el aparato con responsabilidad. Hay algunas configuraciones telefónicas que pueden ayudar a mantener seguros a los niños. Los padres pueden activar o desactivar; pueden restringir el acceso a contenido para adultos.

lunes, 9 de octubre de 2017

Cómo ayudar a los hijos en la adaptación a la guardería



¿Estará mejor cuidado si se queda conmigo? ¿Cómo se relacionará con otros niños? ¿Lo pasará mal sin mí? ¿Estaré haciendo mal? Todas estas preguntas suceden en la mente de muchos padres. Pero la adaptación a la guardería no tiene por qué ser traumática y está en su mano facilitarles el paso hacia esta nueva etapa.

Sobre esta cuestión, que tan especialmente preocupa a los padres, nos resuelve las dudas Silvia Álava Sordo, psicóloga y directora del área infantil del Centro de Psicología Álava Reyes (España).

“Tenemos que pensar que el problema muchas veces es que los padres lo pasan casi peor que los niños”, apunta Silvia Álava.

Según nuestra entrevistada, debemos comprender que “el temor que podemos sentir es innato y lo tenemos que trabajar“. Asimismo, los padres tienen que ser conscientes “de que en muchos casos tienen que reincorporarse al trabajo y no es posible quedarse con ellos; no queda otra”.

En este sentido, la adaptación a la guardería deberá realizarse tanto para los hijos como para los propios padres. “Es bueno que vayan trabajando y madurando sobre esta cuestión desde el principio. Hay que partir de la pregunta: ¿queremos que nuestro hijo vaya a una guardería? ¿Cuáles son los puntos positivos? Y valorar las opciones”, comenta Silvia.

“Es importante que tengas presente que nadie va a querer a tu hijo tanto como tú (su madre o su padre), pero sí que sus cuidadores lo van a cuidar muy bien. No olvidemos que son profesionales“, matiza.

Así pues, resalta que llevar a los niños a la guardería es una muy buena opción para los niños. Adquirirán una mayor autonomía, sus padres podrán reincorporarse a sus trabajos y, además, los pequeños aprenderán muchísimas cosas: Desde socializar e interactuar con otros niños a estar muchísimo mejor preparados cuando vayan al colegio con tres años.



Aspectos a cuidar para una buena adaptación a la guardería

El proceso va a depender mucho de las características de cada niño. Hay que saber que no todos están preparados. “Hay niños a los que los pediatras recomiendan no llevar porque tienen un sistema inmunológico más débil y contraen muchos virus”, afirma la psicóloga.

No obstante, “a excepción de estos casos, la mayoría están preparados y pueden acudir sin problema y tener una correcta adaptación a la guardería o escuela infantil”, sostiene.

Es muy importante cómo llevamos a nuestro hijo. ¿Llegar a la guardería caminando o en brazos de mamá o papá? Dejar al pequeño a las puertas de la guardería con tristeza infinita “es algo que el niño va a percibir y que les hará echarse a llorar”.

“No nos damos cuenta, pero los bebés tienen una capacidad de observación impresionante y se dan cuenta de nuestras preocupaciones”, señala Silvia Álava.

Así pues, llevar al niño tan abrazado que el educador se lo “tenga que arrancar literalmente de los brazos”, va a ser negativo. Lo ideal es, si el niño ya anda, que llegue andando hasta el centro. Todo ello porque, como afirma Silvia Álava, “la cuestión es darle la máxima naturalizad y desdramatizar”.

Ligado a lo anterior, la experta insiste en que “no puede ser que el niño llegue dormido a la guardería y más tarde se despierte allí”. La sensación de abandono que puede experimentar al despertarse en un sitio completamente extraño estará asegurada.

Se trata de una práctica erróneamente utilizada por muchos padres pensando que es lo mejor para el niño. Según la psicóloga, “aunque dé mucha pena, debemos despertarle y explicarle, por muy pequeño que sea, que vamos a ir esa mañana a la escuela infantil o guardería, que va a estar con más niños, que se lo va a pasar muy bien, etc.”

Generalmente, cada centro posee unos sistemas de adaptación para ir poco a poco. “Hay que respetar los sistemas de adaptación y darles mínimo unos 15 días para ajustarse. Lo más probable es que a los cinco minutos los niños se lo estén pasando fenomenal”, explica la experta.

Por ello, añade: “Es muy importante hablar con los cuidadores sobre cómo pasa el niño el resto del día porque no es lo mismo un niño que se pasa llorando el día entero y que no es capaz de jugar con el resto de compañeros, que un niño que al poco de irse sus padres se le pasa el berrinche”.

Entre los beneficios de las escuelas infantiles destaca el trabajo de la correcta autonomía de los niños.

Una de las bondades resaltada por Silvia Álava es que los profesionales en el cuidado de los pequeños “saben perfectamente cuándo un niño está preparado para hacer control de esfínteres y cuándo lo está para quitarle el pañal, cuándo está preparado para comer solo, cuándo pueden darle cucharadas… o incluso los niños aprenden que después de jugar tienen que guardar todos los juguetes”.

De lo contrario, si un niño se queda en casa “tiene más posibilidades de que se lo hagan todo, ya que los padres se sienten encantados con ello”, advierte.

“Muchos padres creen que sus hijos son más pequeños de lo que en realidad son. Por lo que no se les está exigiendo ni permitiendo que adquieran una autonomía para la que sí están ya preparados”, señala Silvia Álava.



¿CUÁNDO SE DEBE DE ACUDIR A UN ESPECIALISTA?

En ocasiones, puede suceder que la adaptación a la guardería no marche como debiera. El niño ya debería hablar o hacer determinadas cosas que no está haciendo mientras que el resto de sus compañeros sí. En estas circunstancias, habrá que valorar detenidamente qué está sucediendo.

En estas edades, “tenemos que observar que el niño se está desarrollando correctamente y que está adquiriendo los principales hábitos”, sostiene Álava, quien añade que “pueden darse casos de niños que tienen un pequeño retraso madurativo en el desarrollo“.

No obstante, para tranquilidad de los padres, “cuando hay un retraso madurativo en el desarrollo lo detectan muy bien desde las guarderías“.

“Hay que respetar que cada niño hace las cosas a la edad a la que está preparado, pero cuando hay determinadas cosas que sí tendría que haber hecho a su edad y que no ha hecho, es bueno pararnos, evaluarlo muy bien y valorar si hay que remitirles a equipos de atención temprana”.

Es cierto que cada niño tiene sus tiempos, pero si se observa un desfase importante, deberá evaluarse para estimular al niño cuanto antes.

“El cerebro del niño, cuanto más plástico mejor. Los mejores años para estimularle son los primeros seis años de vida y de ellos, los más vitales son los dos primeros. Si no actuamos con ellos, sobre todo en esos dos primeros años de vida, cabrá la posibilidad de que luego vengan los problemas”, concluye la psicóloga.


Mamás dominantes, amores agobiantes



Toda mamá quiere, sin duda, lo mejor para sus hijos, pero a veces sucede que lo que ellas creen que es lo “mejor”, no necesariamente lo es. Ser mamá es una gran responsabilidad y por supuesto que todas comenten errores, pero es importante que se tenga en cuenta que existe una línea delgada entre la lucha por ser una madre equilibrada y razonable, y la de amar patológicamente, que es aquella que considera que sus hijos son su propiedad personal.

“Una madre dominante es la que tiene el control absoluto de sus hijos en extremo, es una madre que, al controlar y realizarles sus actividades, logra generar en ellos una dependencia patológica que conlleva sometimiento, inseguridad, ambivalencia y frustración”, dice la psicóloga Nancy Cristina Rubín de Celis Espinoza, de PsicoConsulting.

Estas mamás están psicológicamente enfermas y tarde o temprano dañarán, algunas de manera irremediable, a sus hijos, no sólo limitándolos en sus capacidades de maduración y de toma de decisiones, sino haciéndolos terriblemente dependientes.

Las madres posesivas impiden que sus hijos crezcan emocionalmente sanos. Cuidan de ellos excesivamente y hasta obsesivamente, volviéndolos débiles emocionalmente, entonces huyen ante cualquier dificultad o problema a los brazos de la mamá para que les solucione el problema.

“Estos hijos sufren tanta angustia que se sienten perdidos sin su mamá. Son madres que con el excesivo amor sobreprotector hacia sus hijos los convierte en tiranos con el resto de la sociedad”, dice la psicóloga.

Probablemente conoces a una mamá con estos rasgos, de hecho podría ser la tuya, la de alguna amiga, prima o de tu novio o esposo.

M consultó con la psicóloga Cristina Rubín de Celis para resolver algunas dudas sobre este tipo de mamá y así puedas evitar convertirte en una o si por el contrario tienes que lidiar con una suegra así, sepas como hacerlo.

¿Cuán dañino es para un hijo (a) el tener una madre dominante?

Es totalmente perjudicial, ya que la dependencia físico-psicoafectiva de la madre al hijo, lo somete a vivir con inseguridad de sus acciones, a no actuar con criterio propio o incluso a no surgir o salir adelante como persona adulta porque siempre esperará que su mamá piense y realice sus actividades. Además de que esta inseguridad no sólo provocará angustia en él, sino conformismo “mi mamá ya lo hará por mí”, ante cualquier burla o amenaza su inseguridad les lleva a ser autoritarios, agresivos, mostrando que tiene la razón cuando no la tienen (porque la mamá los convirtió en tiranos), de sus equivocaciones nunca son culpables, la culpa siempre es de los demás o de las circunstancias. Estos hijos serán personas dependientes. Muchas veces buscan a otra “madre dominante” en su pareja.

¿Qué características tiene un hijo o hija de mamá dominante?

La “madre castradora”, sobreprotege, induce, domina, cuida, guía, orienta, suple, dirige, invade, ante esto, el hijo o la hija pierde sus “alas” para volar y debe mantenerse permanentemente atado al nido.

Es el pago por el cuidado y ellas lo hacen prevalecer, es la extorsión afectiva llevada a su máxima expresión, además del sentimiento de culpabilidad, ella me da tanto debo pagarlo, ella se quedó sola por mí, entonces debo cuidarla o quedarme a su lado y la pareja que escoja tiene que quererme con ella.

Son hijos que incluso en la adultez se muestran flemáticos, sumisos, con cierta inutilidad, ya que no realizan nada solos. Se convierten ante los ojos de los demás en niños grandes, sin metas, incluso sin la capacidad de tomar decisiones.

¿Cómo poner límites a estas mamás si toda una vida se creció así?

Se debe hablar con la mamá, con respeto, en un lugar neutral, siendo asertivos:

1. Confrontarla. Hablar de lo que molesta, usando declaraciones que contengan la palabra “yo” durante la conversación, ser amable, aprender a defender nuestra posición, parecer ceder un poco con palabras como “entiendo tu posición”.

2. Modificar tu pensamiento. Tú tienes el control y no tu mamá. Soy adulto, no niño. No aceptes sobornos como regalos, dinero, bienes, cuando se trate de buscar independencia, es preferible parecer orgulloso que seguir dominado.

3. Toma sus comentarios como un consejo, no como una ley. No aceptes sus comentarios como órdenes si no como sugerencias, no ataques, si estas a la defensiva no avanzarás, ya que generarás de nuevo manipulaciones y sentimientos de culpabilidad.

4. Utiliza comunicación asertiva.

¿Cómo afecta a la vida de casados un hijo (a) que viene de mamá dominante?

Afecta en gran magnitud, ya que hay intromisión de la “madre castrante”, en el matrimonio, logra incluso que la pareja se decepcione de su cónyuge, porque no dará seguridad ni estabilidad una persona inseguridad y dominada, a la nueva familia, tomando en cuenta que es complicado engranar con la pareja y sus costumbres, peor si se debe incluir a un miembro de la familia extensa como es la suegra con sus normas y reglas rígidas e impositivas.

Generalmente, si no asisten a terapia psicológica, después de muchos malestares, incomodidades, peleas, terminan en separación y/o divorcio.

¿Cómo evitar convertirse en una mamá dominante?

Cortar el círculo de madres dominantes, ya que las que somos madres dominantes fuimos hijas dominadas, y asumimos ese rol por lo que anteriormente vivimos.

Debemos dar el rol a cada miembro de la familia, al esposo como padre y autoridad y nosotras como madres llenas de amor sano equilibrado, dejando que nuestros hijos piensen y realicen sus actividades por si solos, guiándolos y apoyándolos hacia su autonomía. /



¿CÓMO IDENTIFICAR A UNA MAMÁ DOMINANTE?

• Una madre sobreprotectora y controladora, los hijos tiene que hacer lo que ella dice.

• Una madre que carece de vida propia, es una madre asfixiante, toda su vida está hecha entorno a sus hijos, incluso de las amistades de sus hijos. Cabe recalcar, que este fenómeno se da especialmente entre madres que por una razón u otra tienen que criar hijos solas. Madres solteras, viudas o divorciadas. No obstante, el fenómeno se da también en mujeres casadas y con pareja estable, pero en situación de que incluso el esposo es sometido o dominado por la esposa.

• Una madre manipuladora, chantajista, que llora, monitorea todo, amenaza, que pide compasión con tal de que sus hijos hagan su voluntad y que incluso las nueras o yernos hagan lo que ella dice (suegra “castrante”). Prohíbe la expresión de sentimientos que supongan algo distinto a lo que ella considera bueno, en ese sentido, es emocionalmente invasiva al “dirigir” la respuesta emocional de sus hijos por el camino que ella supone y decide que es correcto. Busca la forma que sus hijos la necesiten. Para que eso se logre sus hijos tienen que de alguna forma estar indefensos o tienen que ser protegidos, incluso son inductivas a situaciones, como me soñé que estabas mal, ¿te está tratando bien tu esposo (a)?, estas bien?, quieres que te acompañe al médico? Lo que busca es protegerlos y cuidarlos, en otras palabras, dejarlos en situación permanente de dependencia. Ante cualquier indicio de “rebeldía” a lo que ella quiere hacer, es para ella motivo, de creer que son malagradecidos y el sentimiento de culpabilidad que genera en los hijos le permite a ésta madre retornar al dominio.

• Una madre crítica del entorno, de las personas, pero permisiva con sus hijos. Lo que los demás hacen está mal, pero lo que sus hijos hacen o dicen, aunque sea incorrecto jamás será incorrecto para ella, genera en los hijos dependencia a la aceptación de la madre al ver la incondicionalidad y ese amor desmedido que no es recibido por el resto y esa comparación de la aceptación y rechazo tenderá a que siempre busquen la compañía materna.

• Una madre que no acepta que sus hijos crezcan, que sean adultos independientes, no deja que hagan su propia vida, se entromete y quiere dominar incluso a los nietos.

domingo, 8 de octubre de 2017

El adolescente de hoy

PRESENTACIÓN

Los adolescentes de hoy son muy diferentes a los de hace 50 años, la vertiginosa sucesión de cambios en la ciencia, los medios sociales, la conducta, las costumbres es tan rápida que día a día los padres y madres, se sienten más desconcertados por sus propios hijos; ello tiende a provocar su alejamiento y disminuir el mutuo conocimiento.

Al mitigarse las relaciones familiares, los hijos se vuelven reacios a aceptar los consejos de los padres, muchas veces los mismos padres les dejan a sus hijos librados a su propia suerte, de tal manera que se ven obligados a madurar a fuerza de porrazos.

Hay que evitar pues la mutua defraudación, un adolescente que se siente defraudado por los padres o maestras (os) pueden sufrir traumas profundos muy difíciles de curar. Pero la cuestión no es echarle continuamente la culpa a los adolescentes, debemos ver ante todo cómo nos comportamos nosotros para con ellos.

Algunos adolescentes de hoy asumen conductas inadecuadas frente a la desintegración familiar, influencia de amistades, baja autoestima, los padres y madres deben pensar en cada decisión para no tener efecto negativo en la conducta del adolescente.



LOS ADOLESCENTES DE HOY

El adolescente de hoy, requiere ser fortalecido con estrategias en la toma de decisiones ante los males sociales, consumo de bebidas alcohólicas y drogas, pandillas, delincuencia juvenil, violencia escolar, para prevenir y evitar que se conviertan en seres sin futuro.

El adolescente de hoy, requiere que conozcan sus gustos e inquietudes, y ante todo conocer sus problemas y conflictos para apoyarlos oportunamente y pertinentemente.

El adolescente de hoy, en una encuesta de anteriores gestiones pedía a sus maestras y maestros:

• Que comparta sus preocupaciones

• Que estimulen sus trabajos

• Que sean justos en el ejercicio de su autoridad

• Que generen el respeto mutuo excluyendo el miedo

• Que sean honestos y auto críticos

• Que entiendan que su materia no es la única

• Que respeten la divergencia de opiniones

• Que sean coherentes entre lo que dicen y lo que hacen

• Que no vulneren sus derechos

El adolescente de hoy, en el encuentro de Presidentes de Centros de Estudiantes y tomando en cuenta el Modelo Educativo Sociocomunitario Productivo, sueñan con tener el modelo de maestro

• Que tenga compromiso

• Que controle el uso del celular

• Que sea dinámico

• Que tenga seriedad cuando sea necesario

• Que tenga iniciativa

• Que tenga una mente abierta

• Que sean maestros comprensivos con los estudiantes

• Que sean maestros comunicativos con los estudiantes

• Que sean maestros estrictos en el momento que sea necesario

• Que sean maestros que no exageren en tareas

• Que sean maestros más dinámicos y actualizados

• Que sean más responsables

• Que utilicen métodos creativos de enseñanza

• Que sean maestros que incentiven las habilidades de los estudiantes

• Que comprendan el concepto de autoevaluación

• Que fortalezcan lazos familiares

• Que hagan prevalecer el derecho de los estudiantes

• Que se comuniquen con los padres y madres de familia

• Que nos enseñen educación sexual

• Que realicen acciones de prevención

• Que realicen más control sobre los estudiantes

• Que tengan mejor preparación

Los adolescentes de hoy, que piden a sus padres y madres de familia

• Que les dediquen más tiempo

• Que se comuniquen con ellos

• Que compartan actividades del establecimiento

• Que respeten sus gustos

• Que no ejerzan violencia contra ellos para imponer su autoridad

• Que no peleen delante ellos

• Que no se desautoricen entre ellos

• Que pongan reglas en el hogar y sean ellos quienes den ejemplo para su cumplimiento

• Que sean ejemplo en el ejercicio de autoridad

• Que conozcan y acepten a sus amistades

• Que dialoguen con ellos

• Que sean justos

• Que no desintegren la familia

• Que compartan sus problemas y conflictos

• Que sean sus amigos

• Que estimulen sus trabajos

Consideremos estos aspectos que piden y sueñan los adolescentes de hoy, porque no olvidemos que todos y todas las autoridades educativas, municipales, instituciones, la comunidad educativa y población en general, estamos obligados constitucionalmente a compartir la corresponsabilidad con la educación y aportar con la formación integral de los adolescentes.

En la actualidad "necesitamos formar adolescentes capaces de creer y crear", porque "la educación del adolescente de hoy es imposible que sea efectiva sin ser afectiva", para hacer frente a "los males sociales que convierten la vida de los adolescentes en una primavera sin flores, en un cielo sin estrellas".

domingo, 1 de octubre de 2017

Padres adoptivos observan falta de promoción para la adopción

La Asociación de Padres Adoptivos de Oruro, considera lamentable la falta de promoción de la adopción por parte de las entidades públicas nacionales, departamentales y municipales, pues debido a esa carencia se coarta a niñas, niños y adolescentes la posibilidad de ser parte de una familia.

"Lamentablemente en todo el país no existen políticas que realmente promocionen la adopción, hace falta mucho, tenemos en teoría muchas leyes y protocolos de adopción, pero todavía vivimos en ese encierro, con ese tabú tan grande del tema de la adopción, sin pensar en que estamos coartando a niñas, niños y adolescentes de gozar una vida en familia", expresó la secretaria de coordinación de la Asociación de Padres Adoptivos de Oruro, Sonia Medina.

Otro de los problemas que esa entidad ha identificado es la burocracia que existiría en las instituciones que tienen que ver con el proceso de adopción, pues debido a la tardanza en los trámites muchos solicitantes desisten en sus ganas de adoptar.

"La burocracia es otra dificultad en instituciones que están a cargo como son defensorías de la niñez, que ahora tienen el 90% de responsabilidad de hacer el trámite, facilitar y promocionar la adopción e investigar y dar agilidad a los papeles que liberen al niño de los padres biológicos que los han abandonado, para que éstos estén prestos a la adopción", dijo Medina.

La preferencia de los solicitantes, en una mayoría de los casos, es de niños de cero hasta tres años, por temas de adaptabilidad, pero la tardanza en algunos casos evita que los acogidos sean adoptados a la edad mencionada.

La asociación alberga a 96 familias adoptivas en Oruro, quienes realizan actividades para fortalecer las capacidades y roles, tanto de los padres como de los hijos.

"En este grupo nosotros podemos charlar sobre algunos temas que tenemos como padres adoptivos, experiencias que adquirimos con nuestros hijos, ya que no los hemos gestado nosotros, para que podamos crear lazos de amor y respeto, a medida que los hijos van creciendo recién vamos viendo algunas cuestiones que debemos ir mejorando", finalizó.

viernes, 29 de septiembre de 2017

martes, 26 de septiembre de 2017

X, Y, Z ¿A cuál perteneces 1



Alguna vez te preguntaste ¿qué son y quiénes pertenecen a las generaciones X, Y y Z? Mucho se ha dicho acerca de esta clasificación etaria y su vinculación con los avances tecnológicos y los grandes acontecimientos socioculturales, tal como la revolución sexual en la década de los 60.

La generación X —que abarca a quienes vieron la luz entre 1965 y 1980— es quizás la que menores cambios ha vivido. A este colectivo de personas se los ha catalogado de individualistas. Su mayor reconocimiento es la estabilidad laboral que han conseguido, según un estudio del Grupo Nielsen, una corporación mundial de investigación de mercado. También se los ha descrito como competitivos entre sí y que no desaprovechan las oportunidades que se les presentan.

Según una investigación de la Universidad de Michigan en 2011, la generación X, también llamada generación sándwich, es la que más individuos activos, equilibrados y felices tiene.

Douglas Coupland, autor del libro Generación X, los describe como “adaptables a los cambios”, porque vivieron la transición de lo analógico a lo digital, es decir del teléfono de disco al celular, de la máquina de escribir a la computadora.

Y ¿quiénes son los de la generación Y? Se los conoce como millennials y son aquellos nacidos entre 1981 y 1995. En su adolescencia vivieron la transición de un milenio a otro (1000-2000), de ahí el nombre. La personalidad que caracteriza a este colectivo de jóvenes, de entre 20 y 35 años, es el constante cuestionamiento del sistema establecido por generaciones pasadas.

Este grupo es conocido por convivir con la tecnología, ya que —a diferencia de sus predecesores— no tuvo que enfrentar dificultades en la transición al smartphone o a la tablet. Son jóvenes que se proyectan a largo plazo y toman decisiones que generan beneficios a sus comunidades. Las mujeres se perciben a sí mismas como iguales a los hombres.

Desde la mirada de la psicología, ellas ya no luchan por la igualdad de género, en su mayoría la ejercen.

Los nacidos entre 1995 y 2010 forman parte de la generación Z y se los conoce como nativos digitales, porque nacieron en una era donde los avances tecnológicos se centran en lo digital y virtual.

Este es uno de los rasgos que más los diferencia de los millennials. Es la primera generación que ha tenido a su alcance el internet para aprender y sociabilizar desde sus primeros años. Tal vez por eso son dependientes de la tecnología y adictos a los medios virtuales. De acuerdo con el grupo Nielsen, los zillennials, otro nombre que tienen, son emprendedores. Y tú, ¿a qué generación perteneces?

Los millennials

Buscan aparatos tecnológicos inteligentes e interconectados que faciliten su vida. Son nativos digitales.
Prefieren viajar, registrar el mundo en fotografías, en vez de acumular posesiones materiales.
Priorizan los estudios, la superación personal y el bienestar integral.
Son fanáticos de las redes sociales y de estar en ellas, pero sin excesos.
Posponen el matrimonio y el tener hijos porque lo ven como un plan secundario. Su prioridad, responsabilidad y tiempo está en ellos mismos.

Los zillennials

Son emprendedores natos. Poseen grandes iniciativas para generar nuevos negocios, usando su creatividad y la tecnología. Por ejemplo, desarrollan aplicaciones.
Son ambientalistas, e igual que los millennials, se preocupan por su futuro. Piensan a largo plazo, pero en el presente son activos.
Les preocupa su estabilidad económica. Saben lo que el dinero significa para lograr una superación profesional y personal. Pretenden tener una alta calidad de vida.
Los dispositivos móviles como los smartphones, tablets y gadgets (mecanismos digitales pequeños) forman parte de sus vidas y son imprescindibles para ellos.

Generación X

La mayoría de los que pertenecen a esta generación son los padres de los miilennials.
Se caracterizan por ser un colectivo equilibrado respecto a los avances tecnológicos y, sobre todo, en la vida personal y el trabajo.
Son individualistas y tienen creencias de que las adquisiciones materiales son fundamentales para vivir bien y cómodamente.
Buscan desafíos, adrenalina y proyectos. Si es para crecer profesionalmente bien, si además colaboran en mejorar el mundo, mucho mejor para ellos.

Fuente: Grupo Nielsen (Investigación de mercado), Revista Forbes y El País.

Fotos: Internet.




sábado, 16 de septiembre de 2017

Por qué es tan importante el amor

¿Te has parado a pensar alguna vez por qué es tan importante el amor? En la vida hay muchos otros sentimientos, como el cariño, la emoción, el miedo o la rabia. Sin embargo, el amor es realmente el sentimiento que unifica tantas emociones, que acaba siendo vital para nosotros.

Porque en realidad, si lo piensas bien, gran parte de las emociones que sentimos pueden estar englobadas por el amor. Tal vez sientas miedo mientras ves una película de terror, pero también por no sentirte querido o correspondido por otra persona. El amor impregna de su color a todas las emociones de una manera u otra.

Podríamos decir que el amor lo engloba todo. Es un sentimiento enorme, de grandes proporciones, que nos permite sentir todo tipo de emociones hasta poder convertirlas en un carrusel, y que da sentido a nuestras vidas. Por un lado, podemos decir que engloba gran número de emociones porque debido al amor podemos sentir de todo:

Rabia por la persona amada no te corresponde y ha preferido a otro ser.

Cariño por tus sentimientos hacia un hijo o amante, por ejemplo.

Frustración porque la persona a la que amas no te entiende.

Solidaridad porque has entablado una relación de amistad realmente profunda y plena de amor.

Como puedes ver, el amor engloba gran número de emociones, tanto positivas como negativas. Pero por cada una que encuentres y que pienses que te hace sentir dolor, siempre estará su opuesta que te permite gozar de un gran placer íntimo y personal. Piénsalo y date la oportunidad de descubrirlo.

El amor da sentido a nuestra vida desde el primer minuto en el que llegamos al mundo. Todos los niños que son alumbrados viven sus emociones con gran intensidad, pero ninguna como esta, puesto que sus madres son el alfa y el omega de su existencia. Todo empieza y acaba en la persona que le educa, le da cobijo, le cuida, le alimenta, le enseña y, en definitiva, le ama.

Poco a poco, el niño va creciendo y descubre el amor al prójimo. Comienza a conocer a familiares, amigos y compañeros. En ese momento, se empiezan a tejer las relaciones personales que darán sentido a la vida de los pequeños y que sentarán las bases para un futuro en armonía y cariño.

Después llegan los grandes amores de juventud. Un sentimiento tan fuerte, arraigado y profundo, que el chico siente que desfallecerá y su vida acabará si no es capaz de compartirla con la persona amada, en cuyo regazo comienza y acaba una existencia que únicamente tiene sentido a su lado.

Con el paso de los años, los amores se asientan. Las relaciones de amistad, familia y pareja se relajan para ser nuestras eternas compañeras de viaje en un mundo convulso y lleno de sinsentidos. Sin embargo, la solidaridad de los que están a nuestro lado nos permite que todo valga la pena.

Acabamos nuestra vida con los amores crepusculares. Todo se vuelve más tranquilo a la sombra de la experiencia vivida y las heridas sufridas durante los años pasados. Sin embargo, la intensidad de los sentimientos y las emociones permanece intacta.

Así pues, es evidente que el amor es el que mueve la vida de todas las personas. Y darle la espalda por una mala experiencia es un error tremendo que tal vez pagues durante muchos años y que puede hacer desgraciadas a las personas.

Nunca des la espalda al amor. Déjalo fluir por todos los poros de tu cuerpo. Déjale que insufle vida en tu cuerpo cansado. Déjalo que te haga vibrar, sufrir, sentir, gozar… Déjalo correr, porque él y solo él dan sentido a tu existencia. Aprovecha cada día de tu vida como si fuera el último, y ama con todas tus fuerzas, pues solo así conseguirás ser feliz y dar sentido a todo cuanto te rodea.

martes, 12 de septiembre de 2017

Consejos para evitar que los niños se lesionen en casa

En la capital cruceña suceden de forma frecuente accidentes que causan lesiones y hasta decesos de menores de edad, como dos casos registrados en agosto. Médicos del Hospital de Niños Mario Ortiz enseñan cómo cuidarlos

El 11 de septiembre se celebra el Día Mundial de los Primeros Auxilios y organismos internacionales, como la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja, sugieren que estos conocimientos se impartan en todos los países del mundo porque marcan la diferencia entre la vida y la muerte.
Es más, se piensa que los padres de familia deben dominar técnicas de auxilio primario para estar prestos en casos de que sus seres queridos, especialmente bebés, niños y adolescentes, fueran víctimas de percances, incluso fatales, en el hogar.

En agosto, en la capital cruceña, en un intervalo de cinco días, se registraron dos muertes de niños por imprudencia de sus respectivas madres. El primer caso ocurrió en el barrio San Francisco, zona de Los Lotes, donde una niña de un año y medio se ahogó al caer de cabeza dentro de un balde con agua próximo a un grifo.

La progenitora no se percató de la desgracia y pensó que la pequeña se había extraviado. Cuando retornó a su casa, luego de avisar a la Policía sobre su desaparición, halló a la criatura sin vida en el recipiente.

El otro suceso tuvo lugar en un barrio del Plan Tres Mil, donde una madre salió a trabajar por la noche a una rocola y dejó a su bebé de meses en su cuarto, a cargo de una vecina. La mujer retornó a descansar a las 5:00 y notó que el lactante estaba envuelto en una colcha y no se movía. Al no responder a ningún estímulo, lo llevó al hospital municipal Los Pocitos, donde comprobaron que falleció de asfixia por sofocación.

Lecciones prácticas
Otro caso reciente tiene que ver con la explosión de gas licuado en la cocina de una vivienda, en la que siete personas resultaron quemadas, entre ellas un niño de dos años, una adolescente, de 15 años y una joven de 24 años, que murió ayer.

Todos estos percances son evitables, manifestaron Arminda Morón, jefa del departamento de Neonatología, y el médico pediatra Luis Carlos Bernachi, del
Hospital de Niños Mario Ortiz, quienes dieron seis consejos: no se debe echar al lactante directamente después de mamar; ponerlo en posición semierecta para evitar el reflujo; la cuna debe tener un colchón duro sin cabeceras; cuando hay niños que ya caminan hay que cubrir los enchufes eléctricos; revisar periódicamente las conexiones de gas licuado y no darles de tomar o bañarlos con manzanilla y anís, porque son tóxicos.

La doctora Morón explicó que en su unidad las madres reciben capacitación en lactancia materna y la manera de posicionar al recién nacido. “Si preparamos a las madres desde el momento del nacimiento del bebé, vamos a evitar estos problemas que a veces tienen desenlaces fatales.

Antiguamente se recomendaba colocar a los recién nacidos de cúbito ventral (de barriga), después de lactar, pero se ha visto que hacen movimientos y pueden obstruirse las vías aéreas. Ahora se recomienda que los niños deben estar de cúbito dorsal, con la cabeza lateralizada (de lado)”, manifestó Morón.

Luis Carlos Bernachi dijo que uno de cada 900 bebés saludables muere repentinamente en la cuna. Muchas veces no se establecen las causas y se las registra como síndrome de muerte infantil súbita. No obstante, Bernachi recomienda hacer dormir al lactante en un colchón duro, porque un colchón blando puede complicar la respiración. La cuna no debe tener almohada, pues se les puede caer en la cara.

Luego de dar de lactar a una criatura, no hay que acostarla inmediatamente; debe estar en una posición semierecta, para que pueda eliminar gases y para que el contenido gástrico pueda vaciarse, pues si no lo hace el bebé puede vomitar y ahogarse con su propio vómito.

A decir de Bernachi, el reflujo gastroesofágico es otra causa de ahogamiento y muchas veces no se manifiesta con vómito y no siempre se diagnostica. Cuando los niños comienzan a caminar, hay que extremar cuidados con los enchufes eléctricos y con las fugas de gas licuado.

Manzanilla y anís son tóxicos

Bernachi recomendó con énfasis no dar de tomar manzanilla ni anís a los niños, porque estas infusiones les producen intoxicación que incluso les puede provocar la muerte.

“Hay que remarcarlo, la manzanilla y el anís son hierbas tóxicas que no se deben dar a los niños. La manzanilla produce un efecto vasoconstrictor y en un organismo en desarrollo puede causar una distensión abdominal y hasta una perforación gástrica. Es costumbre dar manzanilla. Hace poco hubo un caso de un bebé al que la abuela le daba leche y le alternaba manzanilla en biberón. Dicho paciente llegó a tener daños neurológicos”, aseguró Bernachi.




lunes, 11 de septiembre de 2017

Lo que conlleva ser mamá a los treinta y...



Tienes más de 30 y aún no piensas en ser madre. En este último tiempo te has enfocado en tu carrera y en tu estabilidad económica. Esta tendencia es cada vez más común en mujeres de entre 30 y 40 años, cuando en el pasado la maternidad era aplaudida a los 20.

“Actualmente se va reduciendo el número de mujeres que tienen como plan prioritario la maternidad. Ahora, anteponen su educación, profesionalización, viajes, bienes como departamentos, autos, etc. Por otra parte, muchas sienten que no están hechas para la responsabilidad de ser madres, porque quieren otra cosa en su vida, y eso no está mal”, dice el psicólogo Juan José Vargas.

Una vez apuntadas las causas por las que muchas mujeres postergan la maternidad, también es necesario conocer lo que conlleva la decisión de ser mamá luego de los 30 años.

Como toda elección en la vida, ésta también tiene sus pros y sus contras. Entre lo positivo está que las mujeres que tienen hijos después de los 30 viven más tiempo, según un estudio de la Universidad Coímbra de Portugal, publicado en Journal of Public Health, que analizó las expectativas de vida de las europeas, quienes, en su mayoría, son madres después de esa edad. “Quienes sobreviven a embarazos en edades más avanzadas, con el incremento de riesgos y complicaciones que existen, tienden a tener mejor salud”, dice actitudfem.com.

Entre los contras fisiológico-biológicos, según el ginecólogo Winston Uzín, las de más de 35 comienzan a disminuir la posibilidad de embarazo porque “se acercan a la menopausia y hay dificultad reproductiva. Además, mayor porcentaje de cesárea”.

Otros factores importantes a considerar, tanto en lo físico como en lo emocional, van apuntados en las columnas de la derecha.

Fuentes: Juan José Vargas

(psicólogo / jota2psycho@gmail.com),

Winston Uzín (ginecólogo / doctoruzin@hotmail.com)

VENTAJAS

Situación económica. La madre suele encarar su maternidad con una mayor solvencia económica.
Situación laboral. La mayoría de las parejas cuenta con un trabajo estable.
Situación emocional. La futura mamá sabe mejor lo que quiere para formar una familia.
Deseo de un hijo. El hijo es deseado, planificado y esperado.
Relación equilibrada. La pareja tiene un vínculo más sólido.
Educación del bebé. Los futuros padres se sienten más seguros al enfrentarse con la educación del bebé.
Cuidados del bebé. La pareja ve los cuidados del nuevo integrante como una compensación y no como una carga.

DESVENTAJAS

Fertilidad. Disminución de la fertilidad que puede atribuirse a una menor ovulación o a problemas como la endometriosis, que ocasiona que tejidos similares a los que recubren el útero se adhieran a los ovarios o a las trompas de Falopio e interfieran en la concepción.
Salud materna. La presión arterial alta y la diabetes, que pueden ocurrir por primera vez durante el embarazo, son frecuentes en mujeres de más de 35 años.
Riesgos para el bebé. El riesgo de dar a luz un niño con trastornos cromosómicos se incrementa con la edad de la mujer.
Cesárea. A partir de los 35 años, la tasa de partos por cesárea es más alta debido a que estas mujeres pueden presentar complicaciones durante el parto.

Más y menos en el rol

Menos energía... Las madres de 30 tienen menos energía a la hora de juegos y otras actividades de sus hijos...
... pero tienen más paciencia. Estas mujeres aprendieron con los años tolerancia y serenidad, cualidades básicas para el rol de mamá.
Menos academia.... Tener un hijo a los 30 significa no preocuparse tanto por sus notas o porque sobresalga en el colegio.
...más bienestar. Ella prefiere el bienestar psicológico y emocional de su niño porque con eso podrá enfrentar mejor los retos de la vida.


viernes, 8 de septiembre de 2017

Javier Urra: “Sí, es posible conseguir que los hijos sean obedientes”


Javier Urra ha publicado recientemente su último libro “Primeros auxilios emocionales para niños y adolescentes”. Asegura que sus páginas muestran una realidad muy práctica de lo que necesitan saber los padres para educar a sus hijos. “El libro puede ser criticado, pero lo que no puedo aceptar es que se diga que los niños vienen sin una guía para padres. Lo he escrito porque he estado muchos años en la Fiscalía del Tribunal Superior de Justicia, he sido defensor del menor y he trabajado con padres e hijos. En todo este tiempo me he dado cuenta de que pediatras, psicólogos, psiquiatras... solemos decir lo que hay que hacer a los padres, pero siempre de forma genérica. Ahora no hay excusas de no saber educar porque es un libro muy práctico”.

—¿Por qué hoy hacen falta guías si las generaciones de padres de antes no las necesitaron?

Hace años los niños se morían de polio, de tuberculosis, de problemas respiratorios... Eran los asuntos que preocupaban, mientras que los temas emocionales no se estudiaban ni se tenían en cuenta. Cuando los problemas físicos desaparecen en gran medida y aumenta la esperanza de vida, nos percatamos de que el 20% de los niños tienen problemas psicopatológicos; es decir, uno de cada cinco menores de 18 años. Se habla mucho de TDAH, pero a las consultas llegan niños obsesivos compulsivos, con problemas de trastornos de personalidad, que agreden a sus padres, con pensamientos psicóticos...

—¿Cuál es el motivo principal de estos problemas psicopatológicos?

Se ha acortado el tiempo de la infancia. Hay niños de 13 años que toman cinco copas en una hora y tienen comas etílicos —el año pasado 5.000 casos—. Vivimos en una sociedad estresante y eso a los niños les afecta mucho: sufren separaciones mal llevadas sus progenitores, están sobrecargados de tareas extraescolares, no tienen tiempo para jugar...

Antes educaban los padres, ahora los padres, la escuela, los medios de comunicación y las redes sociales. Las nuevas tecnologías influyen en ellos porque les permiten acceder a páginas que fomentan la anorexia, la violencia, el sexo sin límites... Y quieren emularlo. Sin embargo, les crea un vacío existencial. Yo he preguntado a jóvenes “¿te merece la pena vivir?”, y me miraban sin saber qué responder muy bien. Si no les importa su vida, qué les va a importar la de los demás. En sus vidas falta que aprendan lo que significa el “tú”, el ponerse en el lugar del otro. Hay que ayudarles a ponerse en el lugar del otro y descubran realidades distintas a las suyas. Los padres, por ejemplo, deberían llevarles a un hospital y mostrarles que allí hay niños ingresados niños, menores que van a morir, para que se den cuenta de lo que tienen en la vida y lo afortunados que son.

—¿No se les protege demasiado como para mostrarles esa dura realidad?

Los niños no conocen la muerte, el sufrimiento. Creen que el abuelito “se ha dormido”. La vida hay que mostrarla como es. Hay que llevarles a ver al abuelo con demencia que dice cosas sin sentido, que huele mal por su incontinencia, pero que quiere a su nieto y al que hay que querer. Que le de un beso. Es la verdadera vacuna para convertirle en un ser sensible, afectivo, cariñoso. No hay que ocultarle que la vida es un conflicto –para vivir en pareja, con uno mismo, con los hijos, con el compañero de trabajo...–. Si se le ofrece este tipo de educación, los problemas de psicopatía, de insensibilidad, de falta de empatía desaparecerán.

—¿Se trata correctamente a los niños que sufren depresión?

No exactamente. En el 60% de casos no se tratan. La depresión cursa en los niños de manera sorpresiva para los adultos. Normalmente, cuando una persona se deprime no tiene fuerza, esta triste, se levanta tarde... Pero un niño depresivo puede confundirse con un niño ansioso, nervioso, que corre. Los padres no saben identificarlo. El adulto sabe que las cosas van mal pero que mañana será otro día, relativiza, sabe que hay herramientas para mejorar su situación. El niño, sin embargo, se suicida para mejorar las cosas, teóricamente.

—¿Qué se puede hacer para reducir esta cifra? ¿De quién depende: de la familia, de la sociedad...?

Fundamentalmente de la sociedad. Hay que entender que hay cosas que están bien y otras mal, que hay gente corrupta, sin moral... Hay que ser moral, enseñar a los niños los dilemas. Plantearle a los adolescentes, por ejemplo, las dificultades de un embarazo no deseado, preguntarles qué ha-rían si tuvieran un bebé con un Síndrome de Down...

—¿Hace falta que los padres hablen más con sus hijos?

Los padres hablan más actualmente con los hijos que los de las generaciones anteriores. Hay que fomentar aún más esa conversación y decir a los hijos que nosotros fuimos adolescente y tuvimos problemas, pero también responsabilidades. La familia no es una democracia. Es un lugar donde mandan los adultos que son los encargados de transmitir los valores transcendentes de la vida. Hay muchas formas de hacerlo. ¿Como? Con pequeños gestos cada día. Ejemplos: dándole el fin de semana cuatro euros y sugerirle si quiere dar una parte del dinero a los más necesitados –porque aunque no lo haga, ya se le ha creado la disyuntiva de pensar en la solidaridad–; haciendo que dé un beso a la abuela demente a la que se le cae la baba... para que sea consciente del cuidado a los mayores...

—Pero no siempre obedecen a lo que les dicen los padres. ¿Ha habido una pérdida de autoridad?

La autoridad se ha diluido en general, no solo la de los padres. La misma Policía está preocupada porque los jóvenes les insultan por la ca-lle, sin motivo alguno. ¡Y ellos son la autoridad! O jueces que le dicen a un joven que tiene que ir a un internado y le contesta “¿por qué, porque lo digas tú?”. Ha habido una dejación porque incluso muchos docentes han querido establecer una relación cercana a sus alumnos, como si fueran amigos, y no lo son. Es un error. Y en la familia pasa igual, pero no hay que perder los roles. Uno es el padre y otro el hijo.

—¿Cómo se puede cambiar esta situación?

Habrá que enseñarles a mirar cómo trato yo a los abuelos, que aprecien el respeto, que no les grito... Los niños se rigen por lo que ven que hacen sus padres y la mayoría de la gente es sana. Deben darse cuenta, además, que las normas las ponemos nosotros, y que si no les gusta, se siente. El mundo es un juego de poder y en ese equilibrio deben aprender. Tienen que ver que ellos no pueden imponerse y que si no obedecen deben irse castigados a su habitación, aunque se enfaden. Los choques, chulerías o empujoncitos no se pueden consentir de ninguna manera ni aunque sean pequeños porque después tendrá 26 años y el empujón será peligroso. Si no se cortan este tipo de situaciones, el niño se acostumbra a repetir este tipo de actos y a no obedecer. No puede ser, debe obedecer a la primera. Y si se le castiga, que lo cumpla siempre. Hay que hacerles saber que se le educa así por que se le quiere y porque son las reglas de una convivencia feliz.

—Entonces, ¿es posible cambiar a los hijos para que sean obedientes?

Sí, se puede. Los padres deben invertir en educación sobre todo en los primeros años porque posteriormente los problemas se hacen más difíciles y los hábitos se instauran de forma que resulta cada vez más complicado cambiar. Si no saben muy bien cómo hacerlo en algún momento, los padres deben hablar con los abuelos o, en su caso, con los especialistas, pero que no piensen “ya cambiará”.

Laura Peraita

FUENTE. ABC

martes, 29 de agosto de 2017

Video En Hora Buena: Como hablar de sexo con los hijos?

Cómo ser un adulto resiliente

Gran parte de las investigaciones científicas sobre la resiliencia —nuestra capacidad de recuperarnos de la adversidad— se ha enfocado en cómo desarrollar esta en los niños. Sin embargo, ¿qué hay de los adultos?

Si bien la resiliencia es una habilidad fundamental para un desarrollo saludable en la niñez, la ciencia demuestra que los adultos también pueden tomar acciones para impulsarla; a menudo es cuando más la necesitamos. La adultez puede traer consigo todo tipo de factores que causan estrés, incluyendo un divorcio, la muerte de alguno de los padres, reveses profesionales y preocupación ante la jubilación, pero muchos de nosotros no cultivamos las habilidades para enfrentar tales adversidades, como se requiere para superar estos retos.

La buena noticia es que algunas de las cualidades de una edad más avanzada, como una mejor capacidad para regular las emociones, la perspectiva obtenida a partir de las experiencias de vida y la preocupación por las generaciones futuras, pueden darles a las personas mayores una ventaja sobre las más jóvenes en cuanto al desarrollo de la resiliencia, dijo Adam Grant, profesor de Administración y Psicología de la Facultad Wharton de la Universidad de Pensilvania.

“Hay un conjunto de comportamientos que se pueden aprender de manera natural y que contribuyen a la resiliencia”, dijo Grant, quien escribió junto con Sheryl Sandberg, la directora de operaciones para Facebook, el libro “Option B: Facing Adversity, Building Resilience and Finding Joy”. “Esas son las conductas hacia las que gravitamos cada vez más conforme vamos creciendo”.

El año pasado, Dennis Charney, un investigador de la resiliencia y decano de la Facultad de Medicina Icahn del Hospital Monte Sinaí, en la ciudad de Nueva York, salía de una tienda de alimentos cuando recibió un balazo de un exempleado insatisfecho. Charney pasó cinco días en terapia intensiva y tuvo una recuperación difícil. “Después de 25 años de estudiar la resiliencia, yo mismo tuve que ser resiliente”, dijo Charney, coautor del libro “Resilience: The Science of Mastering Life’s Greatest Challenges”. “Es bueno estar preparado de antemano, pero una vez impactado por un trauma no es demasiado tarde para cultivar la capacidad de salir adelante de manera resiliente”.

Los científicos que estudian el estrés y la resiliencia dicen que es importante pensar en esta última como si fuera un músculo emocional, el cual puede fortalecerse en cualquier momento. Aunque es útil desarrollar la resiliencia antes de que se presente una crisis pequeña o grande, también hay pasos activos que podemos tomar durante y después de las crisis para acelerar la recuperación emocional.

Estas son algunas de las formas en las que puedes cultivar la resiliencia en la adultez:

• Practica el optimismo. El optimismo es en parte heredado y en parte aprendido. Así que, si naciste en una familia de pesimistas, de cualquier forma puedes encontrar a tu optimista interior.

Ser optimista no significa ignorar la realidad de una situación difícil. Después de la pérdida de un empleo, por ejemplo, mucha gente se siente derrotada y piensa: “Nunca me recuperaré de esto”. Un optimista reconocerá el reto, pero con más esperanza, y dirá: “Esto será difícil, pero es una oportunidad de replantearme mis objetivos de vida y conseguir un trabajo que realmente me haga feliz”.

Aun cuando suene trivial, tener pensamientos positivos y rodearte de gente positiva en verdad ayuda. Steven Southwick, profesor de Psiquiatría de la Facultad de Medicina de Yale y coautor del libro de Charney, señala que el optimismo, al igual que el pesimismo, puede ser contagioso. Así que su consejo es: “Júntate con personas optimistas”.

• Reescribe tu historia. Cuando Charney estaba recuperándose del balazo, sabía que su vida había cambiado para siempre, pero reestructuró la situación, enfocándose en la oportunidad que le presentaba ese duro golpe. “Una vez que eres víctima de un trauma, eso se queda contigo”, dijo. “Pero yo sabía que podía ser un modelo. Tengo a miles de estudiantes que observan mi recuperación. Esto me da la oportunidad de usar lo que he aprendido”.

Ha sido demostrado en un estudio tras otro que podemos beneficiarnos de cambiar el discurso personal que moldea nuestra forma de ver el mundo y a nosotros mismos. En estudios sobre escritura expresiva, obtuvieron mejores calificaciones los estudiantes universitarios a los que se les enseñó a reformular sus conflictos como una oportunidad de crecimiento, y fue menos probable que abandonaran sus estudios. Una investigación realizada en Harvard encontró que las personas que consideraban el estrés como un combustible para un mejor desempeño obtenían mejores resultados en sus exámenes y manejaban mejor el estrés –desde el punto de vista fisiológico– que aquellos a quienes se les había enseñado a ignorarlo.

“Se trata de aprender a reconocer la historia explicativa que tiendes a usar para tu vida”, dijo Southwick. “Observa lo que te dices a ti mismo y cuestiónalo. No es fácil. Requiere práctica”.

• No te lo tomes personal. Tenemos la tendencia de culparnos por las adversidades de la vida y rumiar acerca de lo que podríamos haber hecho diferente. En su momento, una situación difícil parece no tener fin. Para fortalecer tu resiliencia, recuerda que incluso si cometiste un error, con toda seguridad hubo varios factores que contribuyeron al problema; cambia tu enfoque hacia los próximos pasos a seguir.

“Decirte a ti mismo que una situación no es personal, que no lo abarca todo ni es permanente, puede ser extremadamente útil”, dijo Grant. “Casi no hay fracasos que sean completamente personales”.

• Recuerda tus recuperaciones. En tiempos difíciles, a menudo recordamos que otras personas —como los refugiados de guerras o un amigo con cáncer— la han pasado peor. Aunque esto pueda ser cierto, obtendrás un mayor impulso resiliente si te recuerdas a ti mismo los retos que tú ya has superado personalmente.

“Es más fácil identificarte con quien eras antes que con alguien de otro país”, dijo Grant. “Recuerda y di: ‘Ya pasé por algo peor en el pasado. Esto no es lo más horrible que he enfrentado o enfrentaré. Sé que puedo lidiar con esto’”.

Sallie Krawcheck, antigua ejecutiva de Wall Street, dijo que después de un despido bastante público, se recordó a sí misma lo afortunada que era de tener una familia sana y un colchón financiero. Aunque nunca ha estudiado la resiliencia, cree que algunos retos que enfrentó a temprana edad —como el que la molestaran en la secundaria (“Fue brutal”, dijo) o pasar por un divorcio doloroso— la ayudaron a recuperarse también en el ámbito profesional. “Simplemente creo en los resurgimientos”, dijo Krawcheck, quien recientemente fundó Ellevest, una plataforma de inversión en línea para mujeres. “Considero estos reveses como parte de un viaje y no un fracaso que pueda terminar con mi carrera. No había nada que pudieran hacerme en Wall Street que fuera tan malo como la secundaria”.

• Apoya a otros. Los estudios sobre resiliencia muestran que las personas son más resilientes cuando cuentan con redes sólidas de apoyo de amigos y familiares que les puedan ayudar a enfrentar las crisis. Sin embargo, puedes obtener un impulso resiliente aún mayor cuando tú das el apoyo.

En un estudio sobre resiliencia psicológica realizado en 2017 entre veteranos del Ejército de Estados Unidos, quienes tenían niveles más altos de gratitud, altruismo y sentido de propósito también presentaban mayores habilidades de resiliencia.

“Cualquier manera en la que puedas acercarte a otros y ayudarlos es una forma de salir de ti mismo, lo que constituye una forma importante de aumentar tu propia fuerza”, dijo Southwick. “Una parte de la resiliencia es asumir la responsabilidad de tu vida y de crear una vida que consideres significativa y con propósito. No tiene que ser una misión elevada: puede ser tu familia. Mientras aquello en lo que participes tenga sentido para ti, eso puede impulsarte a superar todo tipo de adversidades”.

• Descansa del estrés. Los tiempos de estrés manejable representan una oportunidad de cultivar tu resiliencia. “Debes cambiar la manera en que piensas el estrés”, dijo Jack Groppel, cofundador del Johnson & Johnson Performance Institute, que hace poco comenzó a ofrecer un curso de resiliencia. “Debes invitar al estrés a tu vida. Un ser humano necesita estrés; el cuerpo y la mente quieren estrés”.

La clave, dijo Groppel, es reconocer que nunca eliminarás el estrés de tu vida. Por lo tanto, hay que crear oportunidades frecuentes para que el cuerpo se recupere de este, al igual que harías para dejar descansar a tus músculos entre repeticiones de levantamiento de pesas. Tomar una caminata a modo de descanso, dedicarle cinco minutos a meditar o ir a almorzar con alguna amistad son maneras de darles a tu cuerpo y a tu mente un descanso del estrés.

“El estrés es el estímulo para el crecimiento, y la recuperación es cuando el crecimiento ocurre”, dijo Groppel. “Así es cómo desarrollamos el músculo de la resiliencia”.

• Sal de tu zona de confort. La resiliencia no solo proviene de las experiencias negativas. Puedes cultivar tu resiliencia poniéndote en situaciones desafiantes. Groppel está planeando escalar el monte Kilimanjaro con su hijo, por ejemplo. Así que toma unas vacaciones intrépidas o corre un triatlón. Comparte tus habilidades poéticas secretas con extraños en un evento de lectura de poesía.

“Hay algo biológico en ello”, dijo Charney. “Tus sistemas para regular la hormona del estrés se harán menos reactivos al estrés para que puedas manejarlo mejor. Vive tu vida de manera que adquieras las habilidades que te permitan manejarlo”.



STEVEN SOUTHWICK, PROFESOR DE PSIQUIATRÍA DE LA FACULTAD DE MEDICINA DE YALE.

“Mientras aquello en lo que participes tenga sentido para ti, eso puede impulsarte a superar todo tipo de adversidades”.



DENNIS CHARNEY, DECANO DE LA FACULTAD DE MEDICINA ICAHN DEL HOSPITAL MONTE SINAÍ.

“Es bueno estar preparado de antemano, pero una vez impactado por un trauma no es demasiado tarde para cultivar la capacidad de salir adelante de manera resiliente”.

Mi hijo es tímido, ¿qué puedo hacer?



De Mamas y de Papas

Un niño tímido lo es en cualquier circunstancia y evento social que se preste. Sin embargo, aunque todos los niños presentan un cierto grado de timidez o vergüenza en algún momento de su infancia y es normal, existen algunos rasgos que diferencian a un niño tímido por naturaleza de lo que se denomina mutismo selectivo o fobia social (un trastorno diferente que no aparece hasta los 18 años).

¿Cuáles son, entonces, los rasgos que presenta un niño tímido? y ¿cómo podemos ayudar al niño?

La vergüenza es un rasgo común en la infancia. A menudo, los niños pequeños pasan por una etapa en la que se comportan de manera más temerosa hacia las figuras de autoridad o influencias en el entorno que ellos consideran negativas y por las que se puedan sentir agredidos. Julio Bobes, presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría (SEPSIQ) asegura que aparte “de que hay algunos genes relacionados con las conductas de inhibición, lo más relevante es la influencia del entorno”. “Que los niños se muestren tímidos es algo normal, pues es una condición inherente en su desarrollo”, explica. Incluso, el mutismo selectivo, es decir, “niños que no se comunican en el colegio, que son incapaces de leer un libro en voz alta o hablar con sus profesores, pero que hablan cómodamente en casa, también lo es”, añade.

“Normalmente, estos niños se muestran rígidos, sin apenas expresión en la cara, no responden a las preguntas o se camuflan detrás de los pantalones de sus padres”, comenta Bobes. “En estos casos, deben acostumbrarse a exponer sus deberes en el colegio, trabajar en grupos, o realizar actividades que impliquen el contacto verbal con otros niños, si no podrían bloquearse y dar lugar a no atreverse nunca a expresarse en común y comenzar así la evitación social”, agrega el experto. Pero ese es otro tema.

La timidez es un rasgo del carácter

“Es una cuestión de darles seguridad y confianza”, comenta Bobes. “Para no dar lugar a problemas mayores como la evitación social. Lo mejor es involucrar a los niños en actividades de ocio en el colegio: jugar por equipos a cualquier cosa que implique la relación directa con otros niños es lo mejor para empezar”, asegura. Además, Bobes, hace hincapié en la importancia que tiene por parte de los padres el hecho de cuidar el desarrollo sociológico del niño. “Hijos de padres en situación de conflicto -que se pelean mucho- son más propensos a mostrarse más cohibidos en otros contextos sociales, por lo que sería conveniente trasladarlos temporalmente a otros entornos más saludables como los abuelos, o los tíos y primos”, apunta.

Y es que, lo que puede parecer como solo timidez, en realidad tiene sus raíces en la ansiedad, específicamente, es un miedo subyacente a la expectativa de hablar. “Si la ansiedad aparece, habría que apoyar al niño con algún fármaco, pero en principio, la timidez es una forma de ser, una manera diferente de expresarse que, generalmente, se modifica y se supera con el paso del tiempo”. “El trabajo en grupo con sus compañeros del colegio es lo más sencillo para empezar y, otras actividades como el teatro también pueden aportar beneficios para completar el final del proceso”, argumenta.

¿Cuáles son las raíces de la timidez?

La relación entre la ansiedad y el miedo ha sido ampliamente estudiada por los científicos que aseguran que es la causa principal para el desarrollo de la timidez, sin embargo, aún hay mucho por descubrir. Las raíces de la timidez son ambiguas, de hecho, actualmente, un grupo de psicólogos estadounidenses, expertos en el desarrollo emocional infantil, están investigando acerca de su origen.

Vanessa Lobue, profesora de psicología en la RU-N University y una de las autoras, que lleva años observando cómo actúan y reaccionan los bebés en diferentes contextos sociales, sostiene la hipótesis de que los bebés que pasan más tiempo viviendo en entornos hostiles o conviviendo con padres de carácter hosco, arisco o con frecuentes cambios de humor tienen más probabilidades de desarrollar inhibición conductual a medida que envejecen. Por lo tanto, un bebé que pasa más tiempo percibiendo una cara de “enojo puede tener una mayor predisposición a prestar más atención a la información social negativa”, sostiene.

Frente a esto, Bobes considera que los niños, desde que son bebés, deben ser educados en ambientes armónicos ya que son muy sensibles al entorno y cualquier agresión tanto física como psicológica, a la larga, les afecta.

“Lo más recomendable son los ambientes estructurados y sanos, de modo que el niño se pueda desarrollar con la máxima normalidad”, concluye el experto.



¿CONTRIBUYES A LA TIMIDEZ DE TU HIJO?

La educación de un niño tímido puede ser un gran quebradero de cabeza para los padres pues, a menudo, se presentan como personas calladas, temerosas y evitan constantemente las interacciones sociales. Sin embargo, estudios recientes afirman que es una fase por la que todos los niños pasan en algún momento de su infancia. Pero, ¿cómo descubrir la línea que separa un simple comportamiento retraído de una timidez extrema?

La psicóloga clínica Infanto-Juvenil Pino Espegel asegura que el niño tímido sufre cierto malestar en las situaciones sociales, sobre todo, cuando no están presentes sus figuras de apego, en este caso, los padres. “La familia es la base en el aprendizaje de los pequeños. Los niños que aprenden por modelaje -imitación-, si provienen de una familia de padres tímidos, es más probable que ellos lo sean”, explica. “Por otra parte, un niño con padres muy sociales, o que vive bajo la sobreprotección, puede mantener su timidez en el tiempo”, añade.

Según un informe publicado en la revista canadiense Today´s Parent, especializada en salud infantil y de familias, los padres, a veces, sin querer, pueden contribuir a la timidez de sus hijos. En la publicación se recogen las declaraciones del reconocido escritor estadounidense y exprofesor de niños Michael Reist, el cual incide en que: “Cuando los padres u otros adultos hacen intentos de corregir la timidez, el niño intercepta el mensaje y se da cuenta de que no encaja, así que, en su lugar, debemos enseñarles que también está bien no hacer o comportarse igual que todos los demás”, explica.

El peligro de la sobreprotección

Una de las causas principales que genera la timidez es la sobreprotección. Proteger excesivamente a tus hijos puede acarrearles serios problemas de inseguridad y miedo, que influyen en los niños tímidos. Un reciente estudio realizado por The New York Times basado en una encuesta realizada a más de 100.000 estudiantes de la Universidad de Pensilvania aseguró que la ansiedad es un problema de salud bastante común entre los estudiantes y que uno de cada seis estudiantes padece de depresión, estrés o ansiedad. El informe aseguraba que una de las razones principales es la sobreprotección de sus padres. Según el informe “Muchos estudiantes que llegan a la Universidad no tienen la misma capacidad de resistencia que las generaciones anteriores y no soportan el malestar ni tener que luchar frente a las adversidades”.

Numerosos expertos aseguran que cuando los estudiantes llegan a la Universidad, continúan bajo una extrema supervisión por parte de sus padres, por lo que muchos de ellos, parecen incapaces de solucionar sus problemas o mantenerse por ellos mismos. De esta forma, se han generado jóvenes más inseguros y menos motivados a desarrollar sus habilidades para afrontar la vida.

Para la escritora y profesora estadounidense, Susan Cain, autora del libro ‘El poder de los introvertidos’, “si el niño presenta falta de progresión a través de un miedo en particular, llora cuando las lágrimas no se ajustan a la situación, se aísla regularmente o tiene frecuentes arrebatos emocionales, podría estar experimentando un trastorno de ansiedad social, por lo que, en estos casos, el niño debe ser evaluado por un profesional”, declara.

Por ello, si un niño en edad temprana manifiesta fobia social de una manera atenuada y persistente, se puede tratar el problema mediante la psicoterapia. Para Espegel, existen muchas técnicas que se pueden aplicar en estos casos, pero lo más importante es el apoyo por parte del entorno del niño. “Es fundamental contar con el apoyo de los dos entornos externos a la consulta como la familia y el colegio, que actúan como agentes reforzadores imprescindibles”, explica.

Timidez Vs. Introversión

Susan Cain, en su libro, asegura que se tiene la creencia universal de que la persona extrovertida es la personalidad ideal, en contraposición a la persona tímida que se le considera ciudadano de segunda clase pero, con mucho talento, sin explotar. “De hecho, algunos famosos introvertidos como Albert Einstein, JK Rowling y el Dr. Seuss demostraron sus cualidades como la innovación, la creatividad y la sensibilidad e hicieron grandes contribuciones a la sociedad y no destacaron precisamente por sus relaciones sociales”, matiza.

Para Cain, los introvertidos tienen preferencia por un ambiente tranquilo y más estimulante, los define como personas que tienden a disfrutar en silencio. “Los introvertidos tienden a pensar más las cosas, son menos imprudentes y tienen la capacidad de centrarse en lo que realmente les importa. Por el contrario, los extrovertidos se energizan con las situaciones sociales y tienden a pensar en voz alta”, expone.

Pino Espegel denomina a los niños introvertidos como “personas inmersas en sus pensamientos o emociones, que disfrutan en soledad y deciden estar más tiempo solos por decisión propia, no por inseguridad ni ausencia de habilidades”, explica.

Por lo tanto, cada niño, manifiesta su timidez de forma diferente, pero, al final, lo más importante es animarle para que se esfuerce en todas las actividades y diferentes áreas de su vida, de forma que se exprese en los ambientes que le resulten más agradables sin presión ni sobreprotección.