jueves, 30 de abril de 2015

Estos son los cambios psicológicos de una mujer cuando se convierte en madre

«Ya lo entenderás cuando seas madre». No son pocas las mujeres que han dicho u oído esta frase en alguna ocasión dando a entender que cuando una mujer tiene un hijo son muchas cosas las que cambian en la vida.

Tener hijos, deseados o no, es una experiencia vital muy importante para la mujer. No solo les cambia toda la cotidianidad, sino que tienen a su cargo una vida que depende totalmente de ella. «Por ello, se ven obligadas temporalmente, en el caso de no tener ayuda, a abandonar algunas actividades que seguramente también las hacían felices, algo que deben tolerar o solucionar con apoyo», asegura Susana Lorente, psicoanalista y psicóloga.

Lo cierto es que, en realidad, una mujer comienza a ser madre mucho antes de dar a luz. Desde el primer momento donde emprende el deseo de tener un hijo hay quien afirma que estamos frente a una madre.

Pero en el momento en que se entera de que está embarazada es cuando surgen las emociones y cambios psíquicos. Empiezan a surgir distintos sentimientos y dudas: ¿Seré capaz de ser una buena madre? El modo de vivir el embarazo ya van a ir marcando esta respuesta. Un embarazo deseado y vivenciado con tranquilidad y bienestar será muy diferente de un embarazo no deseado y donde se experimente malestar. Los sentimientos oscilan entre preocupaciones, euforia e ilusión por el encuentro con una nueva vida donde cada mujer se posiciona de manera distinta.

Según Verónica Corsini, de Servicios Psicológicos Koan, otra de las cuestiones más importantes que se plantean las mujeres en los primeros meses de embarazo es si su hijo será un niño normal. «Surgen las ansiedades y la angustia frente a este nuevo ser en el que se depositan grandes deseos y esperanzas. Esta duda suele disiparse con las primeras ecografías y la confianza puesta en el ginecólogo. A esto se le suma la preocupación por el parto donde se disparan muchos miedos acerca de lo que siempre se ha escuchado: es doloroso, maravilloso, peligroso, rápido, complicado, con cesaria…».

El sexo del bebé pasa a ser también uno de los asuntos que más tiempo ocupan en el imaginario de la madre. «A esto se le agrega lo que ella desea, lo que se había imaginado y con la realidad que se encuentra —explica Corsini—. Cuando se conoce el sexo, el feto pasa a convertirse ya en un sujeto con nombre, con una cierta imagen y futuro imaginarizado. Esto pasa a ser uno de los cambios psíquicos más importantes y donde la madre se implica una mayor carga de deseo ¿Será como yo?, ¿le gustará lo mismo que a su padre?, ¿se parecerá a mi?… junto con estas preguntas surgen las dudas y elección del nombre lo que ayudarán a concretar a un mayor nivel lo imaginado en el carácter de ese ser que aún no habiendo nacido ya es alguien».

Los cambios físicos son sumamente importantes para la mujer embarazada. «Efectivamente —asegura la especialista de Servicios Psicológicos Koan—. El esquema corporal y, por lo tanto el modo de relacionarse con el propio cuerpo, cambian y son la antesala del cuidado corporal que se otorgará al hijo. Además son muchas las incomodidades sufridas desde los primeros meses con las nauseas hasta lo poco confortable que se convierte la hora de dormir en el último trimestre. ¿Cómo me voy viviendo con este hijo?, ¿como mi cuerpo va recibiendo a este hijo? Son las preguntas que se hace una madre casi sin darse cuenta. Digamos que durante el embarazo, todos los cambios físicos van ayudando a realizar y modificando lo que significa ser madre».
Relación con la pareja y sexualidad

La relación con la pareja también cambia pasando de ser una pareja a una familia y a esto se le suma que el hombre pasa a ser además un padre. ¿Cómo será como padre?, ¿será un buen padre?… Son preguntas que la mujer se va haciendo y respondiendo en la medida en que el hombre va atendiendo a las demandas de esta y viviéndose como padre a su vez.

Otro aspecto importante que señala Verónica Corsini es el de las relaciones sexuales con la entrada de un nuevo miembro que está presente sin poder ser visto. «Surgen ciertos miedos ¿Le haré daño? La sexualidad comienza a vivirse de manera distinta, muchas veces se da un mayor deseo al comienzo que disminuye en la medida en que los cambios corporales aumentan por la incomodidad. Pareciera como si a nivel psíquico, la mujer se estuviese preparando y centrándose más en la función de ser madre y no tanto mujer».

La relación con los propios padres sufre cambios importantes. La mujer pasa de ser hija a ser madre y sus padres en abuelos. Es una nueva posición en la vida, donde muchas veces se da una identificación con la propia madre. «Ahora entiendo a mi madre». Esto se acrecienta con el nacimiento del bebé. Muchas otras veces desde la postura de no querer repetir algunos errores «No quiero que le falte lo que me faltó a mi». «Y todo esto mucho antes de que el bebé haya salido al mundo…», concluye Corsini.





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