jueves, 12 de marzo de 2015

Soy papá y no lo sabía



Tenías una vida como la de muchos hombres: trabajo, amores ocasionales, fiestas, amigos, pero un día todo cambia pues te informan que habías sido papá y que la madre decidió tener al niño sin que tú lo supieras.

“Me agarró de sorpresa, no me la esperaba, fue como un balde de agua fría, pero los hijos son bendiciones y hay que recibirlos como tales, finalmente ellos no tienen la culpa de lo que hicieron sus padres”, cuenta Víctor, cuya experiencia es una entre tantas de padres que supieron de su condición sorpresivamente.

La madre del niño decidió criarlo en Estados Unidos, pues su familia vive allá. Un buen día informó al respecto a su expareja y cuando el pequeño tenía cinco años lo trajo a Bolivia para que conozca a su padre.

“Siempre me la pasaba pensando en cómo era: su carácter, su físico, sus cualidades, y el día que lo conocí fue hermoso. Claro, estaba asustado, pero creo que llegamos a entendernos y llevarnos bien, aunque es difícil crear una relación a distancia y peor aún sin que su madre y yo formemos una pareja”, cuenta Víctor.

Según el psicólogo Marcelo Pacheco, para una mujer la expectativa de quedar encinta y la experiencia del embarazo en sí misma es parte de su naturaleza, de sus expectativas sociales y de su integridad femenina. Bajo ningún concepto un varón podría realmente vivir esa experiencia, ya que psicosocialmente nunca estará del todo preparado.

Ahora, cuando el varón no supo del embarazo de la madre, ni estuvo presente en el nacimiento de su hijo, ni en los cuidados posnatales, es probable que éste reciba la noticia con una mezcla poco saludable de frustración e irritación hacia la madre y esperanza e ilusión por el hijo.

“Es importante recalcar el aspecto de ‘poco saludable’ en el sentido solo de las primeras etapas de readaptación y de reacomodo de sus roles como varón, como padre e incluso como trabajador. La ambivalencia de emociones puede conducir incluso a la generación de síntomas psicosomáticos que fluctúan entre el dolor de cabeza e insomnio hasta ataques de pánico, tristeza profunda y ansiedad generalizada, más en el caso de un hombre que se perdió los cuidados antes del nacimiento y no ha podido ver a su hijo en ese preciso instante”, dice el psicólogo.

Es posible que la persona genere inclusive un duelo parcial por el biberón que no ha preparado, por el pañal que no ha cambiado o por la ausencia de tener al bebé en sus brazos en sus etapas más indefensas.

Sin embargo, el problema no es solo para el varón, según la psicóloga Claudia Peredo. Cuando una mujer se ha enfrentado sola y por decisión propia a la crianza de un hijo y luego el padre decide formar parte de sus vidas, las reacciones de ella pueden ser muy variadas según la historia que haya tenido con el sujeto. A muchas mamás también les cuesta asumir la llegada de una persona que estuvo ausente mucho tiempo.

La madre que estuvo sola con su hijo y le brindó todo lo que tuvo a su alcance, vive un impacto cuando se introduce a un padre que desconoce las cosas positivas y también las molestias, preocupaciones y dificultades que acarrea la llegada de un hijo.

En todo caso, según Peredo, la experiencia de conocer al hijo, aun a destiempo, se puede convertir en una gran oportunidad para el padre si éste logra descubrir que el niño lo humaniza, lo contacta más consigo mismo. Hacer que un padre intervenga en la vida de un hijo puede ser enriquecedor para ambos y para ello es importante aprender a incluir al progenitor en este proceso.

Pacheco complementa que también puede servir para solucionar conflictos no resueltos, ya sea con su familia de origen como con él mismo.

Sin rencor

Peredo dice que es importante aprender a incluir al padre, dejando de lado lo que pasó para que el pasado no afecte al hijo.

Nueva familia

La reestructuración de la familia puede ser traumática. Se necesita de la paciencia y la buena disposición de todos los miembros.

Intereses

Muchos hombres que deciden aceptar el rol paterno tienen que balancear la realidad financiera de convertirse en padres y redefinir sus propios intereses de vida.

Fuente: Claudia Peredo (psicóloga) y Marcelo Pacheco (psicólogo y docente de la Universidad Salesiana)


No hay comentarios.:

Publicar un comentario