lunes, 5 de mayo de 2014

Entre trabajo, ocio y familia



Encontrar el equilibrio perfecto entre las obligaciones del trabajo y de la vida familiar puede ser complicado. Ya sea por decisión propia o por imposición, las responsabilidades, los quehaceres de la casa, los hijos, el trabajo, estudios y hasta la vida social suelen convertirse en un combo explosivo.

La sicopedagoga Cynthia Rivero asegura que a veces los padres consideran, sin analizar las cosas, que se tiene poco tiempo por el trabajo; sin embargo, considera que esto no debe ser excusa. Desde la antigüedad las madres y los padres también trabajaban, quizás no en una oficina o empresa, pero sí lo hacían en sus trabajos de campo o en las labores de la casa.

Entonces, ¿por qué ahora existe la sensación que no alcanza el tiempo? Ese es justamente el punto, dice la terapeuta, es la sensación y organización, además de la prioridad, lo que está fallando.

“Si bien todos los progenitores trabajan, el tiempo en el que están en casa siguen sin contacto con los hijos. Es decir, en lugar de conversar sobre lo que hicimos, lo que nos pasó, qué dudas o preocupaciones tenemos, mirarnos cuánto crecimos, qué tanto engordamos o enflaquecimos o lo lindo que estuvo el día, tanto de los niños a los adultos como de los adultos a los niños, lo pasamos delante de una pantalla, ya sea televisor, computadora, celular, iPad, Wii, PlayStation, Nintendo y otras más”, dice.

Asimismo, la sicóloga Ingrid Saavedra, señala que el sano equilibrio interno, la organización jerárquica de los intereses y necesidades juegan un papel fundamental a la hora de mantener un balance en la vida.

Prioridades en orden
En su opinión, si bien la vida actual y las necesidades pueden ser absorbentes, es muy útil tener en claro las prioridades y planificar tanto los gastos, endeudamientos como la vida familiar antes que tener que lamentar y hacer pagar a nuestra familia por nuestro descontrol personal.

“Es importante saber que no habrá persona que pueda remplazarnos en nuestro rol de padres ni transmitir la educación que deseamos a nuestros hijos, porque además del sustento afectivo, el vínculo es primordial para el desarrollo de la seguridad”, indica Saavedra.

La sicóloga Claudia Tórrez manifiesta que es fundamental un desarrollo equilibrado entre el trabajo, el afecto y las relaciones de intimidad. Advierte que una persona sana es aquella que es capaz de armonizar de una manera justa todas las áreas de su vida, una tarea que no es nada fácil.

Calidad de tiempo
Para la sicóloga Paula Benedict, la calidad de tiempo supone el uso del mismo. Hay que dedicarse, no es suficiente decir que se ama a los hijos si no se aplica tiempo para jugar, para conversar, para escuchar y para aconsejar, todo según las demandas de cada edad.

La calidad, prosigue, supone ocupar un cierto tiempo al contacto directo con los hijos, así como una dedicación personalizada; por ejemplo, que un niño acompañe a su padre al churrasco y fútbol con sus amigos es mucho tiempo, pero sin calidad.

“En los momentos destinados a los hijos ellos deben ser protagonistas, muchas veces media hora de dedicación activa y consciente es más valiosa que horas mirando televisión o haciendo siesta con los hijos”, explica.

No basta el fin de semana
En criterio de Benedict, tampoco basta solo con el tiempo que se comparte el fin de semana, puesto que cotidianamente siempre hay momentos disponibles, aunque ello suponga renunciar al descanso extra o dejar de lado algunas actividades de placer egoísta.

El tiempo destinado a leer un cuento, a jugar una partida de juego de mesa, armar un rompecabezas o un cumpleaños de muñecas, jugar pelota, escuchar a los hijos que van creciendo, pueden tomar unos minutos diarios, serán actividades insustituibles y que son irrecuperables cuando los hijos se hacen más independientes, solo hay que prestar atención y aprovechar los espacios que se presenten.

Añade que no se debe olvidar que la única forma de crear lazos afectivos es mediante un lenguaje accesible a los hijos. Jugar es conversar y enseñar, lo mismo que amar, cuando se trata de los hijos. Cuando los padres están juntos, la tarea es más sencilla pues se reparte entre los dos.

Aprovechar el tiempo
Lo ideal, señala Rivero, es aprovechar el tiempo en casa, apagando todo tipo de pantalla para mirarse, hablar o hacerse escuchar, jugar en familia, ya sea ludo, juego de la oca o juego de cartas, compartir una lectura, religiosa, literaria o científica, cocinar, preparar o armar algo para alguien, se verá cuánto tiempo se tiene en casa.
“Hay que hacer un esfuerzo día a día para darles la atención que los hijos necesitan. Por ejemplo, podemos decir solo por hoy no estaré conectado con el exterior, sino que miraré a mi familia; no usaré internet, cable o televisión, sino que me ‘enchufaré’ con mi esposa y mis hijos, para conocer sus necesidades, sus intereses, ambiciones, deseos, riquezas, chistes, frustraciones, etc. Día a día podemos hacer ese ejercicio, ¡solo por hoy!, no pensarlo como algo de por vida”, argumenta.
Resalta que si el hijo recrimina a sus padres porque no le dedican tiempo, es porque la falta o ausencia es llamativa. Es un tirón de orejas para los progenitores, ya que el hijo está pidiendo a gritos que compartan más con él, que conversen, que lo escuchen, que supervisen y lo ayuden con sus cosas y que participen de sus intereses.

¿Trabajo en casa?
Por otro lado, explica Rivero, el trabajo llevado a la casa puede ser también fuente de crecimiento familiar. Uno de los hijos o el otro padre puede ayudarle llevándole algo para comer, para tomar, cuidando que esté en un lugar ventilado, que le permita concentrarse, bajar el volumen de lo que estemos escuchando, hacer silencio cuando lo necesite o dejar para otro día lo que quisiéramos contar, porque ese día el papá o la mamá tiene que trabajar.
Acota que la persona que haya llevado trabajo, deberá al día siguiente no acumular más para poder estar ‘enchufado’ con su familia. Agradeciéndoles la colaboración del día anterior por medio de algún regalo de agradecimiento, ya sea un caramelo, una flor, un dibujo, etc. Eso también es enseñar a agradecer, a preocuparse por el otro y ceder ante sus necesidades.

Benedict coincide en que ocasionalmente, por alguna emergencia, se puede llevar trabajo para resolver en casa, pero se debe cuidar de que no se convierta en una rutina que atente contra la calidad de vida en familia. Para ello es importante no poner plazos perentorios para ciertas entregas, hay que saber calcular el tiempo que llevará una determinada tarea para no hacerlo contra el reloj.

Para Tórrez, la familia es la que sufre el costo de la sobrexigencia laboral que muchas personas se hacen para ser reconocidas y alcanzar sus logros profesionales, dado que para alcanzar sus metas se requiere de tiempo, el mismo que muchas veces se recorta del que se debe dedicar a los hijos.
Al disminuir los espacios familiares, añade, se produce un balance ‘disarmónico’ entre la dedicación al trabajo y a los seres queridos.

Poner límite al exceso
Por otro lado, dice Saavedra, en muchas ocasiones se cierra la posibilidad de crecimiento e independencia en el trabajo. Del autoconocimiento, comprensión de capacidades y valoración personal pueden surgir una serie de opciones de vida que permitan equilibrar las necesidades humanas y lograr sentirse satisfecho tanto como padres y también profesionales, y por ende gozar de mayor tiempo de calidad y cantidad con la familia.

Muchos padres emprenden un negocio familiar, donde ponen en marcha su talento, haciéndose cargo de sus vidas y manejando su propia producción. Esto es una alternativa para distribuir y equilibrar el tiempo de trabajo, pero, antes de hacerlo, hay que estar seguros de que se cuenta con la capacidad de autosostenerse.

“Poner límites a trabajos excesivos y coordinar otros horarios que no quiten el tiempo de la familia es una buena medida, ya que, como profesionales o especializados en nuestra área, podemos gozar de la capacidad de negociación, el autorrespeto y la organización de nuestras funciones con el jefe superior, si fuera el caso, de lo contrario habrá que estudiar otras opciones a nivel personal”, concluye

Algunas actividades recreativas y educativas para compartir en familia

La terapeuta familiar Paula Benedict da algunas sugerencias de actividades que no demandan mucho tiempo y se pueden realizar en familia. Así los padres pueden darles un poco más de atención a los hijos.

Lo primero es tener claro que el juego es el lenguaje infantil. Todo adulto puede volver a ser niño cuando juega con sus hijos; sabe cómo serlo.

Los niños en cambio no pueden tener experiencias sobre cómo es ser adulto ni posee el mismo desarrollo del lenguaje.

El niño aprende jugando, aprende normas, a esperar, a respetar el turno, a aceptar perder, a compartir, a comenzar y a terminar una actividad; a la par que disfruta de la compañía y del amor de sus padres.

Leer cuentos o compartir lecturas breves es fundamental para el desarrollo cognitivo y de la inteligencia, además de estimular la imaginación.

Paseos por un parque, ya sea caminando o manejando bicicleta. Juegos con pelota u otras de disfrute motriz.

El fútbol es una actividad esencial para los chicos. En el caso de los varoncitos, es una herramienta de integración social, por ello deben aprender a disfrutarlo.

Utilizar algunos juegos didácticos entretenidos, así los niños aprenden jugando.

Compartir actividades creativas como la pintura, el modelado, pequeñas artesanías o reciclaje; será muy divertido.

Escuchar música o bailar un rato será relajante para todos.

Preparar una comida en la que los chicos puedan contribuir activamente. Convertir esto en un juego para toda la familia.

La televisión es solo para cuando los padres no pueden atender a los hijos. Hay que regular el uso y el tiempo, lo mismo con los juegos digitales en general. Las pantallas alejan a los hijos de los padres.

Algunos consejos para encontrar el equilibrio

Recomendaciones

La sicopedagoga Cynthia Rivero brinda algunas recomendaciones para encontrar el equilibrio:
Supervisión. Hay que supervisar las tareas de los hijos y ayudarles a ampliar sus conocimientos escolares.
Acercamiento. Es necesario acercarse a sus actividades e interesarse en saber cómo les va, qué les falta, cómo lo están haciendo, cuáles son sus amigos, cómo es su familia.
Diálogo. Conversar con los hijos, enriquecerlos con la cultura de nuestra familia, las tradiciones, costumbres y hábitos. No dejarlos al cuidado de una extraña, como la niñera o la maestra.

Recetas

También brinda algunas recetas que deben hacer los padres para mejorar su relación con los hijos:

Solo por hoy escucharé a mis hijos, les ayudaré con sus tareas.

Solo por hoy apagaré el celular o computadora cuando esté en casa.

Solo por hoy no encenderé la tele y me enchufaré con mi familia.

Solo por hoy veré lo positivo que tienen y me conectaré con la razón por la cual yo elegí vivir en familia y casarme con esta persona, recordar los primeros años o aquellos momentos que fueron saludables en la familia.

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