jueves, 6 de marzo de 2014

UN PASITO A LA FELICIDAD  ¡Saber decir gracias es la clave!

¿Y si nos acostumbrásemos a decir gracias más a menudo? Pero no deprisa y corriendo, no, ¡un gracias de verdad! El agradecimiento, punta de lanza de la psicología positiva, podría revelarse como el nuevo estilo de vida. El profesor y psicólogo americano Robert Emmons ha puesto de relieve sus virtudes.

A continuación los mejores consejos para apreciar lo que tenemos y dejar de quejarnos por lo que quisiéramos tener.

“Gracias a la vida, que me ha dado tanto…”, cantaba Violeta Parra. ¿Y si seguir este modelo de gratitud fuese la clave para terminar con todas nuestras pequeñas insatisfacciones y carencias? ¿Y si tachar estos últimos de nuestra mente nos permitiese saborear más la vida y sus pequeños milagros y placeres cotidianos?

EXPRESAR GRATITUD

¡Saber decir gracias y expresar agradecimiento

podría ser el camino ideal hacia la felicidad! De hecho, este interés por la gratitud no data de hoy.

Pues las tradiciones espirituales y las grandes corrientes filosóficas alababan ya sus beneficios. Epicuro y su escuela practicaban en el año 300 a.C. el recuerdo de las bellas cosas como ejercicio espiritual.

Apoyándose en estudios científicos, el profesor Robert Emmons, de la universidad de California y gran apasionado de la psicología positiva, lanza de nuevo el debate en torno a esta simple palabra: ¡Gracias!. Y le asigna un lugar de honor.

Una opinión compartida por el filósofo Fabrice Midal, para quien se trata de una simple evidencia: “una vida humana más feliz se basa en la capacidad de demostrar gratitud”.

Sin embargo, más que una fórmula de cortesía, “gracias” es una manera de expresar reconocimiento siempre y cuando se reúnan los tres elementos definidos por Robert Emmons: reconozco (intelectualmente) un acto generoso, lo admito de buena gana y lo aprecio (emocionalmente).

¡Tanto si es un regalo como si se trata del sol que nos calienta generoso con sus rayos!

En marcha cambio de actitud

Ejercicio 1: abrir un cuaderno de agradecimiento

Practicar la gratitud demanda, igual que la gimnasia, un poco de entrenamiento. Tal Ben Shahar, profesor emérito de felicidad en Harvard e investigador en psicología positiva, recomienda un ejercicio muy sencillo:

cada día antes de irte a dormir, anota en tu cuaderno tres hechos por los que te sientes agradecido.

Algo que te ha dicho tu hijo (o tu pareja), algo que has conseguido hacer, el sol que brilla… No tienen por qué ser cosas necesariamente espectaculares, sino pequeños gestos de nada que te hacen sentir bien y que le dan color a la vida.

Ejercicio 2: recordar lo bueno

Independientemente de la fase de tu vida en la que te encuentres, seguro que ha habido personas que te han marcado y te han hecho sentir feliz. El profesor que te contagió su pasión por la música, la amiga que te aceptó tal y como eras, el novio con el que descubriste tu pasión por viajar… ¡Seguro que la lista es larga! .

Apertura frente al mundo

“Sentir gratitud demanda menos egocentrismo”, expone Fabrice Midal. A menudo estamos obsesionados porque todo gire alrededor de nuestro ombligo, y nos es difícil admitir y sentir que también necesitamos del resto del mundo. Como si nuestra existencia fuese solo cosa nuestra y de nuestra voluntad… Cuando en realidad, dependemos de multitud de personas y factores que no podemos controlar. Tanto si nos referimos al agua que bebemos como a la sonrisa de la panadera por la mañana…

“La gratitud nos hace renunciar a nuestro sentimiento de autosuficiencia, nos abre y nos dispone a la vida y al otro”, añade el filósofo.

De esta manera, podemos apreciar nuestra propia vida en lugar de lamentar sus imperfecciones.

En el día a día, cambia tu manera de ver la vida y céntrate en lo bueno y en todas las maravillas que te rodean. Tanto si se trata de trabajo como de la melodía del viento que se enreda entre los árboles.

Virtudes relacionales

Ser agradecidos transforma profundamente nuestra relación con los demás. Cuanto más agradecidos (de manera sincera) somos con nuestros seres cercanos (por lo que nos aportan o simplemente por su presencia), más se lo haremos llegar y más calurosas serán las relaciones.

Un “gracias” de verdad a la camarera que te sirve la comida o a tu vecino por un favor cualquiera ayudan a que se sientan agradecidos, apreciados, e incluso útiles. Como afirma Fabrice Midal, “esa mirada especial hacia el otro da tanto valor a su existencia, como a la nuestra”. Robert Emmons escribe a propósito: “no se puede imaginar un mundo donde las personas no expresen ninguna gratitud entre ellas”.

Todos hemos vivido experiencias minadas por emociones como el odio, la envidia o el resentimiento. Por el contrario, expresar reconocimiento puede ayudar a consolidar la amistad, el respeto o el amor.

Por desgracia, algo que parece evidente se revela un largo camino en el que solo nos queda empezar a andar.


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