domingo, 19 de enero de 2014

Historias de personas que no se casaron, disfrutaron de su libertad y viven felices

Gracias a Dios soy soltero, mi vida, soy soltero... Soy solterito vivo feliz, soy solterito no pido más...”, dice la letra de una canción popular muy conocida y bastante coreada en las fiestas, que se ajusta muy bien a algunas historias de personas que han optado por no casarse y no por ello viven amargadas, aburridas o infelices.
El censo del Instituto Nacional de Estadística (INE) realizado en 2012 da cuenta de que Santa Cruz es la ciudad donde más solteros hay de todo el país, con 713.422 célibes, seguida de La Paz y Cochabamba.

Las hermanas Dolly, Beatriz y Eyda Núñez Viera, José Ernesto Carrera Vespa, Cynthia Rivero Elder y Óscar Alberto Soljancic Roda son simplemente algunos de los cientos de miles de cruceños que han decidido no ponerse una alianza de matrimonio en sus manos.

Todos coinciden en que, pese a no haber formado una familia propia, son personas que viven felices y que disfrutaron y siguen disfrutando de su libertad. Y aunque en algún momento se preguntaron ¿qué habría pasado si llegaban a casarse? prefieren dejar la interrogante en el aire y seguir adelante con su soltería.

Las hermanas Núñez
Su historia es bastante peculiar. De siete hermanos, seis mujeres y un hombre, solo tres contrajeron nupcias. Mercedes (70), la hermana mayor, es monja, mientras que Dolly (69), Beatriz (68) y Eyda (67) nunca se casaron, y no porque no hayan tenido oportunidad de hacerlo, sino porque vieron que ellas no estaban hechas para el matrimonio y se dedicaron primero a estudiar y luego a trabajar para ayudar a terminar de formar a sus hermanos Teresa (65), José (63), ya fallecido, y Marleny Rosario (53), puesto que su mamá murió cuando la menor tenía nueve años y su padre, José Núñez, aunque nunca se desentendió de sus hijos, después de un tiempo formó otro hogar.

“Cuando falleció mi madre, Irene Viera, que tenía 50 años, la única profesional era yo. Mercedes, la monjita, ya se había ido a otro país a servir a Dios, Beatriz estudiaba en la universidad y los otros todavía estaban en el colegio. Fue entonces que hice un compromiso con mi mamá y conmigo misma de que iba a ayudar a mis hermanos a salir profesionales y cumplí. Todos tienen una carrera. Claro que me ayudó también Beatriz, una vez que se graduó, al igual que Eyda”, asegura la señorita Dolly, como la llaman desde que era profesora.

Una familia unida
Agrega que no sintió la falta de una familia ni de hijos propios porque su carrera como profesora le dio la oportunidad de tener muchos, además cuenta con varios sobrinos que son como sus retoños porque los quiere y recibe mucho cariño de ellos. Se siente muy orgullosa de tener una familia superunida que se apoya en las buenas y en las malas. Incluso cuatro hermanas, excepto la religiosa, que está en Paraguay, y Marleny Rosario, la menor, viven en la misma casa hasta ahora. “Nunca me siento sola”, cuenta.

Eyda, que también es maestra, expresa que ella no quiso casarse porque tuvo enamorados muy celosos y eso la hizo pensar bien las cosas. “Con los hombres celosos sufre la mujer y sufre la familia, así que dije que no era para mí la vida de casada y he disfrutado mi vida de soltera. Es verdad que en algún momento uno siente la ausencia de los hijos, pero como profesora me sentí realizada al orientarlos y educarlos. Siempre estuve rodeada de niños y adolescentes y me consideraba como su madre”, remarca.

Pese a ser maestra jubilada, Eyda dice que lleva muy adentro su vocación y por eso sigue dando clases y ayudando en el programa de alfabetización a personas adultas, tanto en Don
Lorenzo, por Cotoca, como en el Convento San Francisco; sin embargo, Dolly desde el 2007 dejó de trabajar y se dedica a los quehaceres de la casa. Bromea y dice que Eyda escapa de la casa porque no le gustan las labores domésticas, a lo que su hermana confirma con una gran sonrisa.



Soltera por vocación
Así lo asegura Cynthia Rivero Elder, una sicopedagoga, de 42 años y la menor de tres hermanas, que al llegar a sus 30 años analizó su vida y vio que el matrimonio no era para ella. Vivió 18 años sola en Argentina. Allá trabajó y estuvo a punto de casarse, pero, gracias a Dios, dice, no lo hizo y volvió a Bolivia hace ya siete años.

“Estoy completamente convencida de que quiero llevar mi soltería hasta el final de mis días. Disfruto estar sola y tener mi propio espacio y, aclaro, no es que viva mi vida de fiesta en fiesta, es más, de mis tres hermanas soy la que menos vida social tengo. Es mi vocación. La relación matrimonial es complicada y yo estoy acostumbrada a mi libertad. Así como los casados se sienten completos con su marido e hijos, yo me siento completa con mi vida organizada, mi trabajo y mi familia”, remarca.

Como terapeuta da pautas y ayuda a muchos niños y a sus padres a superar conflictos y mejorar su familia. Pero añade que ella no podría trabajar y llevar adelante una familia, ya que considera que ¡es demasiado estresante! “Si no puedo conmigo misma, ¿cómo voy a poder con un marido e hijos? O me dedico a mi profesión o a mi familia. Con ambas cosas mi vida se volvería un caos total. Por eso decidí abocarme a mi carrera, así tengo más tiempo para capacitarme y estudiar”, apunta Cynthia, que también tiene su hermana mayor que essoltera y dentro de su familia hay varias personas que no se casaron.

“Lo malo es que en Bolivia se cree que las personas maduras que no se han casado, sean hombres o mujeres, son homosexuales o promiscuos, y esto no necesariamente es así, aunque hay casos en los que se da”, opina.

“Algo que me corrió de las relaciones que he tenido era que me controlaran o que desconfiaran de mí. Si estás con una persona se da un voto de confianza y si dudan de uno, no está bien. Además, tengo muchos amigos varones y dejarlos de lado por un novio, es algo que no acepto. Son complicaciones que no van conmigo”, dice la sicopedagoga.

Soltero por un amor
A los 16 años José Ernesto Carrera Vespa (66) se fue a España a estudiar Lengua y Literatura Española. Allá conoció a la que dice fue el amor de su vida, Francisca, con quien estuvo cinco años y planificó casarse; sin embargo, ella no quiso, venirse a Bolivia porque creía que era un país donde había muchos indios con flechas y bichos, y para él quedarse no era una opción, razón por la cual rompieron la relación y él se vino, pero el amor quedó en el aire.

“Nunca olvidé a Francisca, pero tampoco supe más de ella ni intenté buscarla. Me dediqué a trabajar día y noche como maestro, a escribir y a la dirigencia deportiva. Tuve varias enamoradas y algunas aventuras, pero nunca quise casarme. No me sentía seguro, así que preferí seguir mi vida solo y acompañar a mi madre, Victoria Vespa, hasta que falleció. Lo disfruté, viví en libertad y pensaba que más adelante contraería matrimonio, pero cuando acordé ya habían pasado los años”, cuenta.

Lo bueno de estar soltero, señala, es que la persona es independiente para hacer todo lo que le plazca, ir o venir donde y cuando quiera sin tener que dar detalles a nadie; sin embargo, también cree que tiene su lado negativo, puesto que al pasar los años y fallecer su madre, llegó a sentirse demasiado solo, pero luego lo fue superando.

Ahora, pese a que José Ernesto está un poco enfermo y no puede caminar solo, no pierde la sonrisa y agradece a Dios por cada día de vida que le regala y lleva una vida social activa. Pero dice que no aconseja a los jóvenes a quedarse solteros de por vida, sino que lo ideal es formar su propia familia porque a su edad, se extraña el calor humano de una pareja.

Actualmente vive con una prima que llegó de España y tiene una persona que lo atiende en todo momento, además del apoyo de sus hermanos, Carmen Rosa y Luis Fernando, que están pendientes de él a diario.

“La juventud uno quiere aprovecharla al máximo y deja el matrimonio para más adelante, y cuando acuerda se pasó el tiempo. Por ser tan amante de mi trabajo, del deporte y de mi madre, me quedé soltero”, relata este escritor de poemas de amor, cuentos y novelas, que hace unos años tenía su página fija en la Sección 100 de EL DEBER.
Aún no piensa casarse

Óscar Alberto Soljancic Roda, tiene 35 años y está soltero. No es que le escape al matrimonio, pero cree que todavía no encontró a su pareja ideal y considera que tiene mucha zona para disfrutar de su vida en libertad y todavía no está listo para restringir sus salidas y sus hábitos, porque cree que al contraer nupcias, una persona ya debe dedicarse por completo a su familia.

“He tenido muchas relaciones, pero ninguna me ha llevado al punto de querer casarme. No me voy a unir a alguien solo por la presión del entorno para luego terminar divorciado, como sucede con muchas parejas. El día que me case será para toda la vida, porque quiero que mis hijos crezcan junto a sus padres, como he vivido yo”, argumenta Óscar, cuyos hermanos menores ya están felizmente casados.

¿Es bueno quedarse solo?
La sicóloga Liliana Zabala manifiesta que ser libre sin atadura es unas de las naturalezas del ser humano. El siquismo opera de forma involuntaria en el inconsciente del sujeto. Aunque ser soltero puede tener ventajas como la libertad, el tiempo para uno mismo y un total control sobre sus decisiones, también hay desventajas.
Estar soltero puede tener un efecto negativo sobre el bienestar emocional, las finanzas y hasta la salud, explica la terapeuta. Al momento de decidir sobre el estado de relación ideal, es importante considerar los inconvenientes de estar sin una pareja.

“Creo que ambas situaciones, casado o soltero, son hermosas, ya que tiene su momento y edad. Si una persona joven está enamorada, seguro querrá casarse y si vivenció malas experiencias querrá ser soltero”, señala.

A su vez, la socióloga Jenny Ferrufino indica que el matrimonio es una institución que se respeta y que implica obligaciones. La soltería, acota, tiene un límite ya que la persona por naturaleza tiende a buscar aparearse y gozar de una estabilidad que le da la pareja.

“Necesitamos de una persona con quien podamos compartir nuestros momentos de alegría o de tristeza. Lo natural es llegar a formar una familia, aunque hay personas que optan por quedarse solas porque no quieren asumir riesgos de llegar a fracasar”, expresa la especialista.
Si bien el soltero disfruta de su libertad y de no tener que dar cuentas de nada a nadie, lo mejor es sentar cabeza, no quedarse solos y tener a alguien con quien compartir y conversar hasta el final de sus días

Los pro y los contra de la soltería
Por: Liliana Zabala

VENTAJAS

Tiempo. Tienen todo el tiempo del mundo para sí, hacer lo que quieran y cuando quieran.
Sin compromisos. Pueden estar con quien quieran, sin que nadie se moleste, sin sentirse culpable ni esconderse.
Viajar. Pueden ir a lugares desconocidos, nuevos y exóticos, a los que quizá no podrían ir si tienen pareja.
Relaciones sociales. Pueden pasar tiempo con los amigos, sin preocuparse de la familia.

Carrera profesional. Pueden desarrollarse mejor en su carrera profesional, tener objetivos, metas, proyectos de vida y cumplir sueños en el trabajo.
Tranquilidad emocional. No tienen peleas internas. Pueden estar tranquilos sin que nada ni nadie los desmorone. Evitan sufrimientos por infidelidades, maltratos físicos o sicológicos.

Independencia. No tienen que depender de nadie cuando salen, en actividades o en eventos pueden ser tal y como son sin preocuparse por la pareja. Eso refuerza la autoestima y, por lo tanto su felicidad. Se pierde el encanto del matrimonio y la vida en pareja estable.

Economía. Los gastos son más bajos. No hay responsabilidad económica ni amorosa y no hay conflicto en asuntos del divorcio. Tienen libre disponibilidad del dinero, de sus cosas y de su casa.

DESVENTAJAS

Sin cariño especial. No tienen ese amor, confianza y respeto especial. No hay con quién hablar de los temas sentimentales, esas charlas que llegan al alma. No se puede crecer con esa persona, sentar la cabeza y hacer proyectos a futuro.

Apoyo emocional. No hay quien los ayude en momentos de depresión o de baja autoestima. No tienen a esa persona que los haga fuerte sicológicamente. Se siente la falta cuando están en un momento crítico y necesitan que alguien los escuche y aconseje. No es lo mismo que hablar con los padres o los amigos.

Cuidados y atención. Cuando están enfermos, no tienen una familia que esté al pendiente de la salud y sin la alegría de los niños que los mimen en todo momento. No hay quien les diga frases bonitas al oído y los halague por sus logros.

Mejor dos que uno solo. Algunos paseos son mejores de a dos, ya que se disfruta juntos del paisaje y de la maravilla de la naturaleza. No pueden comentar una película si es que van solos al cine. Se pierden las salidas y cenas románticas e intercambio de diálogos y alegrías.
Realización personal. El individuo necesita realizarse plenamente como ser humano y esto implica todo lo que lleva una relación de pareja, viviendo juntos con problemas o no, pero es realmente necesario para el ciclo de vida de una persona.

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